Lic. José Antonio López Espinosa1
Se relacionan las primeras diligencias realizadas entre 1670 y 1717 por los
frailes dominicos para crear, por primera vez en La Habana, una institución
de enseñanza superior. Se brindan algunos detalles acerca de la organización
y evolución de la Universidad de La Habana durante los 115 años
de su etapa pontificia (1728-1842). Se refieren las gestiones, llevadas a cabo
a partir de 1949, por el doctor Luis Felipe Le Roy Gálvez para encontrar
el principal documento relacionado con la historia del alto centro docente,
del cual se muestra la copia del original en latín, recuperada en el
Vaticano, así como la última traducción de su texto al
español.
Clasificación: Artículo histórico
Descriptores DeCS): UNIVERSIDADES/historia; CUBA
Descriptores (DeCI): UNIVERSIDADES/historia; DOCUMENTO APOSTÓLICO;
BREVE; CUBA.
The first arrangements carried out by Dominican friars between 1670 and 1717
to create, for the first time in Havana, a higher learning institution are related.
Some details are provided on the organization and evolution of Havana University
during the 115 years of its pontifical period (1728-1824). The steps carried
out by Dr. Luis Felipe Le Roy Gávez starting form 1949 in order to find
out the main document related to the history of the higher teaching center are
referred to. The copy of the original document in Latin, retrieved in the Vatican,
as well as the last Spanish translation of its text, appear in the article.
Classification: historic article
Subject headings (DeCS): UNIVERSITIES/history; CUBA
Subject headings (DeCI):UNIVERSITY/history; APOSTOLICAL DOCUMENT; APOSTOLIC
BRIEF; CUBA
Durante más de tres décadas, la Universidad de La Habana ha graduado
un gran número de estudiantes en las Licenciaturas de Información
Científico-Técnica y Bibliotecología en las Facultades
de Artes y Letras y de Humanidades y, más recientemente, de Ciencias
de la Información en la Facultad de Comunicación. Muchos de estos
egresados han dedicado sus esfuerzos a la atención directa al usuario,
al procesamiento de la información, a la docencia, a la investigación,
a la aplicación de las nuevas tecnologías al desarrollo de las
fuentes y los servicios de información y al trabajo metodológico
en el Sistema Nacional de Información de Ciencias Médicas. Tanto
ellos, como el resto de los profesionales de otras especialidades salidos de
las aulas universitarias en distintas épocas, son eternos deudores del
Alma Máter donde adquirieron los conocimientos básicos para enfrentar
los retos que han encontrado en el ejercicio de la disciplina escogida. De ahí
que este trabajo se haya dedicado a activar la memoria donde se atesoran acontecimientos
que sirvieron de antecedentes a la instauración del máximo centro
docente y, en particular, a facilitar a la generación actual y a las
futuras de técnicos y especialistas en Ciencias de la Información
el conocimiento de un documento que es raro, por existir en Cuba un solo ejemplar
de su copia auténtica, y trascendental, pues se trata de creación
de la Universidad de La Habana.
Según el Diccionario Manual de la Lengua Española de Cervantes,
el vocablo BREVE se identifica, en una de sus acepciones, como un "documento
pontificio menos extenso que la BULA" la cual a su vez se define como "un
documento pontificio autorizado con el sello de su nombre en tinta roja".1
El término pontificio viene de lo relativo al pontífice, es decir,
al dignatario supremo de la iglesia católica.2
Por otra parte es oportuno conocer que el convento de San Juan de Letrán,
lugar que fuera la primera sede de la Universidad de La Habana, pertenecía
a los religiosos dominicos o de la Orden de Predicadores y fue dedicado a San
Juan el Bautista, conocido también con el nombre de San Juan de Letrán,
como recordación a la erección en el siglo IV de la célebre
basílica consagrada a su culto en el mismo solar ocupado por el antiguo
palacio de Letrán, así llamado por haber pertenecido durante la
época de la antigua Roma a la noble familia de los LATERANI. El calificativo
de religiosos dominicos se originó en la fe por ellos predicada a Santo
Domingo de Guzmán, prócer español fundador de la referida
Orden.3
Erección y evolución de la Universidad de la Habana en su primera
etapa
Los detalles en relación con la fundación de la Universidad
de La Habana están muy bien definidos en obras escritas en diferentes
épocas, entre las cuales sobresalen la de Cowley,4
Dihigo,5,6 Le Roy7-9
y Delgado.10,11 En estos autores se
concentra, si bien en algunos casos con distintas interpretaciones, la información
más exhaustiva y plausible sobre el tema. De ahí que hayan sido
sus trabajos las fuentes principales de donde se han tomado los datos para la
confección de este artículo.
La primera persona que recomendó la creación de una Universidad
en La Habana fue el padre dominico fray Diego Romero, Prior de la provincia
eclesiástica de Santa Cruz de las Indias, quien en 1670 se hallaba en
La Habana y pudo participar en una reunión del Cabildo, celebrada el
12 de septiembre de ese año, en la cual solicitó al Ayuntamiento
informara al Rey de España sobre la conveniencia de crear en la capital
de la isla un centro de enseñanza superior similar al existente en el
convento de Santo Domingo en la ciudad de igual nombre en la isla La Española.
Esta primera gestión no reportó resultados positivos, como tampoco
prosperó la que realizara en 1699 directamente con el Rey fray Diego
de la Maza, también dominico y Prior del propio convento de Santo Domingo.
En 1717 se llevó a cabo el tercer intento por parte de otro dominico,
el maestro fray Benardino de Membrive, Procurador General de la Orden de Predicadores
en las Filipinas, México y La Habana. En esa ocasión el Rey Felipe
V de Borbón encargó a su Arzobispo, el Cardenal Aquaviva, que
intercediera en su nombre ante Su Santidad el Papa para que se le otorgara la
gracia pedida a los dominicos de La Habana. Estas diligencias lograron por fin
el objetivo deseado, pues cuatro años más tarde, exactamente el
12 de septiembre de 1721, Su Santidad Inocencio XIII concedió un breve
apostólico, mediante el cual se otorgaba a los religiosos de la Orden
de Predicadores, radicados en el convento de San Juan de Letrán de La
Habana, la facultad de conferir grados en las enseñanzas que allí
se profesaren, con los mismos privilegios, gracias y honores que disfrutaba
el convento de Santo Domingo en La Española.
Así, por disposición del Gobernador y Capitán General Dionisio
Martínez de la Vega, el 5 de enero de 1728 se convocó a un acto
solemne en el convento de San Juan de Letrán, para inaugurar allí
la Real y Pontificia Universidad del Máximo Doctor San Jerónimo
de La Habana. Una vez establecida, el Rey Felipe v de Borbón la aprobó
y la confirmó por Real Cédula del 23 de septiembre de 1728 y el
26 de julio de 1734 sancionó sus Constituciones y Estatutos, según
los cuales se tomó a San Jerónimo, entonces máximo doctor
de la iglesia, como su patrón y para darle nombre. En aquellos tiempos
su sede radicó en el edificio del convento, sito en la manzana conformada
por las calles O'Reilly, Mercaderes, Obispo y San Ignacio en la actual Habana
Vieja. Allí se mantuvo desde la fecha de su inauguración, hasta
la primera semana de mayo de 1902, cuando se trasladó al lugar que ocupa
hoy día.
En la Real y Pontificia Universidad se cursaban estudios de Teología,
Cánones (Derecho Canónico), Leyes (Derecho Civil), Medicina y
Artes (Filosofía). Estos estudios otorgaban el grado menor de Bachiller
y los llamados grados mayores de Licenciado y Doctor, salvo en los de Artes
o Filosofía, en los que se expedía el título de Maestro
en vez del de Doctor. Además de estos estudios con categoría de
Facultad, existían las cátedras para la enseñanza de Matemática,
Retórica y Gramática.
La institución mantuvo su prestigio durante casi un siglo, hasta que
comenzó a declinar su esplendor como centro docente y en 1820 entró
en un período de franca decadencia. A partir de entonces comenzaron a
ser cada vez más escasos los alumnos, varias cátedras se quedaron
sin profesores y algunas cerraron. En 1840 se hallaba prácticamente desprovista
de toda actividad docente. Esto conllevó que en 1842 el Gobernador y
Capitán General de la Isla don Gerónimo Valdés propusiera
la reforma de la Universidad bajo nuevos Estatutos y Reglamento, aprobados por
Real Orden del 24 de agosto de ese año, a fin de secularizarla en virtud
de la disposición aplicada un año antes, según la cual
quedaban extinguidas todas las comunidades religiosas en el territorio nacional,
con la consiguiente enajenación y venta de sus bienes. En lo adelante
al establecimiento dejó de llamársele Universidad Pontificia,
para adquirir la denominación de Real Universidad Literaria y fue recuperando
poco a poco su prestigio.
La suma de todos los egresados de la Universidad de La Habana durante su etapa
Real y Pontificia ascendió a 858. En los 115 años transcurridos
desde su fundación en 1728 hasta 1842, año en que tuvo lugar el
primer cambio fundamental en su historia, la totalidad de los estudiantes graduados,
distribuidos por Facultades, fueron 265 en Leyes, 196 en la Sagrada Teología,
185 en Artes o Filosofía, 121 en los Sagrados Cánones y 91 en
Medicina.
El breve apostólico
De todos los documentos relacionados con la historia de la Universidad de
La Habana, el fundamental es, sin duda, el breve apostólico de Su Santidad
el Papa Inocencio XIII, por el cual se autorizó en 1721 a los religiosos
de la Orden de Predicadores erigir una Universidad en su convento de San Juan
de Letrán. Hasta mediados del pasado siglo XX se sostenía que
la creación de la institución había tenido lugar por una
bula de concesión del Papa, sobre la base de los testimonios al respecto
de personas del prestigio de Rafael A. Cowley,4
Juan M. Dihigo,5 Antonio Bachiller
y Morales12 y Jacobo de la Pezuela.13
Sin embargo, el viernes 13 de mayo de 1949 salió publicado en el periódico
"El País" un artículo, rubricado por el doctor Horacio
Abascal Vera, en el cual este aclaraba que la universidad habanera se había
fundado por un breve y no por una bula, como se había afirmado hasta
entonces.14 A finales del mismo año,
el doctor Luis Felipe Le Roy y Gálvez, profesor de la Facultad de Ciencias
del alto centro docente, emprendió una investigación para encontrar
el valioso documento y de paso comprobar si en definitiva se trataba de una
bula o de un breve. Tras perseverante y minuciosa actividad de búsqueda
dentro y fuera de la isla, que se extendió a cerca de dos años,
pudo al fin localizar el original redactado en latín, nada más
y nada menos que en la Cancillería de Breves de la Secretaría
de Estado del Vaticano. Justo es poner de relieve la eficaz ayuda que tuvo Le
Roy en la última etapa de su investigación de parte del Embajador
de Cuba ante la Santa Sede, el doctor Alfonso Forcade Jorrín, gracias
a cuya gestión pudo él obtener incluso una copia auténtica
del breve. Esa reproducción, hecha por un pendolista con tinta china
sobre un pergamino con medidas de 14 por 19 pulgadas, fue donada en 1951 por
Le Roy al Rectorado de la Universidad de La Habana (anexo 1).
En el curso de sus indagaciones por conocer el paradero del breve, este investigador
tuvo noticias de que en el Archivo de Indias de Sevilla se guardaba gran número
de documentos relativos a la fundación de la universidad habanera. En
virtud de ello, dirigió una carta al Director del Archivo, Don Cristóbal
Bermúdez Plata, quien le dio detalles acerca de su ubicación exacta.
Con los datos precisos, extendió una comunicación al entonces
Rector de la Universidad, el doctor Clemente Inclán Costa, donde expuso
la conveniencia de obtener copia de esos documentos y presentó el importe
de los gastos que conllevaría la gestión. El Rector dio calor
a la sugerencia y la sometió a la consideración del Consejo Universitario.
Después de realizados los trámites de rigor, el máximo
organismo universitario acordó, en reunión celebrada el 1ro. de
marzo de 1950, aprobar la propuesta y trasladar el asunto al Consejo Económico
para la concesión del crédito necesario. Una vez obtenido el crédito,
se giró a Sevilla la cantidad estipulada y, el 3 de mayo de 1951, se
recibieron desde allí por correo aéreo certificado cinco paquetes
cuidadosamente sellados, contentivos de un rollo de microfilm y un total de
1494 copias fotográficas positivas de los documentos solicitados, pero
entre ellos no estaba el original en latín del breve.
Por ello, el doctor Le Roy continuó su búsqueda en el propio Archivo
de Indias, en el Convento de los Dominicos y en la Casa Generalicia de la Orden
radicada en Roma. Todas esas pesquisas resultaron infructuosas, pero no desmayó
y, con el apoyo del Embajador de Cuba ante el Vaticano, logró al fin
encontrar el tan buscado documento en la Cancillería de Breves de la
Secretaría de Estado de esa Santa Sede y, por si ello fuera poco, obtener,
como ya se dijo, una reproducción auténtica del original.
La única traducción al español que se conocía entonces
del breve apostólico de Inocencio XIII (hasta aquel momento erróneamente
llamado bula), de la cual se conserva una copia en el Archivo General de Indias
de Sevilla,15 se hizo en 1722 por el padre
Francisco Gracián en Madrid. De esta traducción, que forma parte
de una pieza compuesta por 1494 folios de 56 documentos relacionados con la
historia de la Universidad de La Habana de 1717 a 1748 -como se apuntó
con anterioridad, también adquiridos por gestiones del doctor Le Roy-,
se atesora una copia en microfilm en el Departamento de Documentos Raros y Valiosos
de la Biblioteca Central de la docta institución.
Según el propio Le Roy, esta traducción del latín al castellano
antiguo "deja mucho que desear en lo relativo al espíritu de la
letra escrita, y la forma de expresión no es la que con más claridad
representa lo que se dice en el breve".16
Por ello, Monseñor Arcadio Marinas, Vicario General del Arzobispado de
La Habana y hombre de reconocida capacidad como latinista, hizo en 1951 una
nueva traducción del texto recuperado en el Vaticano (anexo 2).
De cualquier manera, la posibilidad de consultar en Cuba las copias de los 56
documentos más antiguos de la historia de la Universidad de La Habana,
entre ellos el breve por el que se concedió en 1721 el permiso a los
frailes dominicos para que la pusieran a funcionar en su convento de San Juan
de Letrán, es algo muy atractivo, además de un privilegio para
los egresados del alto centro docente, documentalistas, historiadores y otros
interesados.
Con este artículo se ha querido llamar la atención sobre un
asunto de interés para todo el que entre o haya entrado en las aulas
universitarias y, muy particularmente, para quienes en ellas se forman o se
han formado como profesionales de las ciencias de la información, los
que, con independencia de la labor específica que realizan, responden
en primera instancia a la función ostensible de gestionar información
y conocimiento para satisfacer necesidades cada vez más exigentes y complejas.
Como de gestión de información y de conocimiento se trata y, en
atención a que una parte esencial de su desempeño está
basada en la existencia de los documentos en cualquiera de sus formatos y soportes,
se ha dedicado un espacio a dar cuenta de un escrito, tal vez hasta ahora desconocido
para muchos, acerca del cual, por razones obvias, todo el que practica la disciplina
debiera estar al tanto. De ahí que al lanzar al dominio público
por este conducto los resultados de las pesquisas realizadas al respecto por
el doctor Le Roy, se haya tenido el doble propósito de agradecer su gestión
y de contribuir modestamente a divulgarla, para el beneficio de los que hoy
día pasan por la vida y de quienes en tiempos venideros pasen por ella.
Este trabajo se ha redactado pues para que se reconozca en su justo valor el
documento en él reseñado y, de paso, se recuerde el nombre del
doctor Luis Felipe Le Roy y Gálvez, hijo menor de quien también
fuera el padre de las estadísticas médicas en Cuba, el ilustre
doctor Jorge Le Roy y Cassá, y quien al igual que su progenitor, hizo
aportes de gran significación a la bibliografía nacional, primero
como profesor de Análisis Químico en la Universidad de La Habana
y luego desde su puesto de Asesor e Investigador de Asuntos Históricos
en la propia institución.
En consecuencia, el contenido aquí expuesto debe convertirse en un eslabón
en el tiempo entre la contribución del doctor Le Roy hijo respecto al
breve apostólico que autorizó erigir la Universidad de La Habana
y la satisfacción de necesidades de información de carácter
histórico, principalmente de aquellos que consagran su labor a la búsqueda,
procesamiento, utilización, estudio y difusión de documentos.
Anexo 1
Texto original en latín del breve de fundación de la Universidad de La Habana
Anexo 2
Traducción al español, hecha por Monseñor Marinas, de la copia auténtica del breve.
INOCENCIO XIII
Para futura memoria
Habiendo sido elevado por designio de la Eterna Sabiduría, aunque sin
mérito nuestro, al gobierno de la Iglesia Católica, extendida
por todo el mundo, gustosamente prestamos la especial atención que pide
Nuestro oficio pastoral, a los laudables esfuerzos de quienes proveen a la instrucción
y formación de los fieles en la sana doctrina, particularmente de aquéllos
que viven en regiones muy aparta-das de la Santa Sede, siempre que esto se nos
pide, y según lo juzgamos conveniente en el Señor, después
de estudiarlo todo detenidamente. Y habiéndonos hecho saber recientemente
nuestros ama-dos hijos, los frailes de la Provincia de Santa Cruz de la Orden
de los Predicadores de las Indias Occi-dentales, que en su Convento de San Juan
de Letrán de la ciudad de La Habana y Diócesis de Cuba en las
dichas Indias florecen prósperamente desde hace muchos años, con
notable progreso de las di-versas ciencias los estudios de Gramática,
Filosofía y Sagrada Teología, de los cuales, según consta
por la experiencia, se han seguido hasta aquí grandes frutos, gracias
al cuidado y solicitud de dichos religiosos, y que, aunque hubiera podido esperarse
asimismo copiosa mies para el futuro, los supradi-chos relatores han de resignarse
no sin dolor a que así no suceda, por haberse casi frustrado las espe-ranzas
de obtener títulos académicos en dicha ciudad por falta de Academia
y de Universidad de Es-tudios generales para la colación de grados, y
que la más cercana, que es la de México, dista de La Habana trescientas
leguas, y a la otra de la Isla Española, que rige y gobierna el Convento
de Santo Domingo de la misma Orden, únicamente se puede llegar tras largo
viaje marítimo y no sin gran peli-gro de la vida: a fin de restablecer
el antiguo fervor en los estudios y despertar de nuevo la emulación en
la juventud, desean ardientemente los recurrentes que se conceda por Nos al
referido Convento de San Juan de Letrán la facultad de conferir dichos
grados, con los mismos privilegios, honores y gra-cias de que goza el Convento
de la Isla Española. Así, pues, nos han hecho llegar humildes
súplicas para que nos dignáramos proveer convenientemente a las
necesidades expuestas, y concederlo con nuestra Benignidad Apostólica,
como más abajo lo hacemos. Por lo tanto, queriendo Nos otorgar es-peciales
favores y gracias a los recurrentes, y absolviéndonos a ellos y a cada
uno de los frailes del primer convento citado, y teniéndolos absueltos
para el futuro, de cualesquiera censuras y penas a iure vel ab homine* de excomunión,
suspensión y entredicho, o de cualesquiera otras sentencias eclesiásticas,
impuestas en cualquiera ocasión o por cualquier motivo, en que de cualquier
modo hayan podido incurrir, y esto sola y exclusivamente a los efectos de las
presentes letras: accediendo a las súplicas presentadas, y con el consejo
de Nuestros Venerables Hermanos los Cardenales de la Santa Romana Iglesia, Encargados
de los asuntos y consultas de Obispos y Regulares, quienes han visto las relaciones
del Venerable Hermano el Obispo de Cuba y el actual Prior General de la misma
Orden sobre todo lo expuesto, que les han sido presentadas: con Autoridad Apostólica
y a tenor de las presentes concedemos y perpetuamente otorgamos a los actuales
frailes del mencionado Convento de San Juan de Letrán, y a los que en
tiempo fueren, la facultad de conferir grados en las ciencias y fa-cultades
que se enseñan y leen en su Convento, al igual que la Academia del referido
Convento de Santo Domingo de la misma Orden de la Isla Española, y con
los mismos privilegios, honores y gra-cias de que éste goza y disfruta
en la actualidad, salva siempre, empero, en todo lo dicho la autoridad de la
Congregación de dichos Cardenales. Decretamos que las presentes Letras
sean ahora y en lo sucesivo firmes, valederas y eficaces, y que surtan plenos
e íntegros efectos, y que en todo y por todo valgan a quienes corresponde
o correspondiere en el decurso del tiempo, y que así, y no de otra ma-nera,
deben ser juzgadas y definidas siempre por cualesquiera Jueces Ordinarios y
aun por los Audi-tores Delegados de las causas del Palacio Apostólico,
dando por nulo y de ningún valor todo lo que en contra de lo que aquí
establecido fuese atentado por alguien, a sabiendas o por ignorancia, cual-quiera
que sea su autoridad. No obstante las Constituciones y Ordenaciones Apostólicas,
ni, en cuan-to fuesen necesarios, los estatutos y costumbres de dicha Orden,
aun corroborados con juramento, confirmación Apostólica o cualquiera
otra firmeza; y así como cualesquiera privilegios o indultos y letras
Apostólicas que en cualquiera forma se hubiesen concedido, confirmado
o renovado y sean contrarios a lo arriba declarado. Todos y cada uno de los
cuales, teniendo sus tenores por plena y su-ficientemente expresados y textualmente
insertados en las presentes, por esta sola vez y a los efectos de lo expuesto,
especial y expresamente derogamos, quedando en su fuerza y vigor para todo lo
de-más, así como también derogamos todo lo demás
que haya en contrario. Y queremos que a las copias manuscritas, o ejemplares
de las presentes letras, aun impresas, firmadas por algún Notario público
y autorizadas por el sello de persona constituída en dignidad eclesiástica,
se les dé en juicio y fuera de él la misma fe que se daría
a las presentes si fuesen exhibidas o mostradas. Dado en Roma, en Santa María
la Mayor, bajo el anillo del Pescador, el día 12 de septiembre de 1721,
de nuestro Pontificado año primero.
F. Cardenal Oliveri.
L.S.**
Concuerda con el original que se guarda
en el archivo de breves Apostólicos de
la Secretaría de Estado.
CONFRONTADO
(Fdo.) Guildo Brugnola.
Regente del Despacho de Diplomas
Dado en el Vaticano, el día 1
del mes de mayo del año 1951.Vice-Prefecto del Archivo
(Fdo.) Mario Belardo
(Hay un sello seco con las armas pontificias que dice en su
borde:
Segreteria di Stato di S. S. Brevi Apostolici)
* A iure vel ab homine. Se refiere a las penas impuestas por el Derecho
y a las penas impuestas por la autoridad.
** Iniciales de las palabras Locus Sigilli, que en latín significan
lugar del sello.
Recibido: 12 de febreo del 2002
Aprobado: 21 de febrero del 2002
Lic. José Antonio López Espinosa.
Red Telemática de Salud en Cuba (Infomed). Calle 27 No.110 entre M y
N, El Vedado. Ciudad de La Habana. Correo electrónico: jale@infomed.sld.cu
1 Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología.