Se estudia la relación entre el grado de desarrollo científico
alcanzado por Cuba durante la etapa prerrevolucionaria y la ausencia de antecedentes
en el campo de la actividad científico informativa en el país en
este período. Se establece el carácter prioritario otorgado a la
actividad científica nacional luego del triunfo revolucionario y se analizan
las principales influencias, provenientes tanto de la Informática como
de la Ciencia de la Información, en la actividad científico informativa
durante las cuatro últimas décadas del siglo pasado en Cuba.
Clasificación: Artículo original
Descriptores (DeCS):
CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN; CUBA
Descriptores (DeCI): CIENCIAS
DE LA INFORMACIÓN/historia; PROGRESO CIENTÍFICO; INFORMATICA; SIGLO
20; CUBA
The relationship beetwen the degree of scientific
development reached by Cuba during the pre revolutionary period and the lack of
antecedents on informational scientific activities during this period was studied.
The priority given to the national scientific activity after the triumph of the
revolution was established and some influences arising from informatics and informational
sciences in informational scientific activities during the last four decades of
the last century in Cuba were analyzed.
Classification: Original article
Subject headings (DeCS): INFORMATION SCIENCE; CUBA
Subject
headings (DeCI): INFORMATION SCIENCES/history; SCIENTIFIC PROGRESS; COMPUTER
SCIENCE; 20 TH CENTURY; CUBA
La Ciencia de la Información es una
disciplina relativamente joven, surgida ante la necesidad de organizar y controlar
el enorme flujo de información científica y tecnológica que,
a causa del fin de la II Guerra Mundial, estuvo a disposición de la sociedad.
Su nacimiento ocurre durante un período histórico en el que el mundo
se dividida en dos bloques antagónicos que sostenían una batalla
muy sutil y atípica: la conocida "Guerra Fría". Es en
este contexto, es que la información comienza a verse como un recurso estratégico
y vital, capaz de acelerar el progreso científico y tecnológico
y, por ende, de asegurar el desarrollo económico y la seguridad militar.
En Cuba, es a partir del triunfo revolucionario, el Primero de Enero de
1959, que comienza a manifestarse un interés por el desarrollo de la ciencia
y la tecnología; se evidencia que para poder lograr este propósito
era imprescindible contar con el apoyo de una base de información especializada.
Por aquel entonces, Cuba era heredera de un pobre legado de la ciencia prerrevolucionaria,
que no permitía hablar de la existencia de una actividad informativa especializada
en función del desarrollo científico del país.
La
revolución produjo transformaciones sociales, políticas, económicas
y culturales de gran magnitud donde hechos como la Campaña de Alfabetización
posibilitaron el acceso de casi toda la población cubana a las fuentes
de información sobre ciencia, tecnología, cultura y economía.
Estos cambios vinieron aparejados con el éxodo de experimentados especialistas
y técnicos hacia Estados Unidos. Se hizo necesario priorizar y crear condiciones
para la formación de nuevos profesionales capaces de enfrentar el reto
de desarrollar una base científica sólida en el país.
Frente a estas razones, se volvió impostergable la necesidad de
establecer entidades de información especializadas que suministraran información
actualizada en las áreas de la ciencia y la tecnología. Como parte
de esa política, el 19 de abril de 1963, se fundó el Instituto de
Documentación e Información Científica y Técnica (IDICT)
que, adscripto a la Academia de Ciencias, tenía entre sus funciones establecer
las bases para la organización de un sistema de información científica
y técnica que se constituyera en un eslabón primario del desarrollo
científico y tecnológico del país.
Para el logro
de este propósito fue de gran ayuda la colaboración brindada por
el Instituto Estatal de Información Científica y Técnica
de la URSS (VINITI). Las relaciones con este instituto facilitaron el acceso a
numerosos recursos de información, la calificación intensiva de
profesionales, así como la transferencia de tecnologías con un elevado
nivel de desarrollo. Posteriormente, la inserción de Cuba en las estructuras
de información internacionales, pertenecientes al Consejo de Ayuda Mutua
Económica (CAME), estimuló directamente en el desarrollo de la actividad
científico informativa en el país que hasta la caída del
socialismo en Europa del Este, estuvo bajo la notable influencia de la vertiente
soviética de la Ciencia de la Información conocida como Informática.
La desintegración del bloque de países socialistas tuvo también
repercusiones en el acontecer de la actividad científico informativa. Enfrentado
el país a una grave crisis económica, se hizo necesario que la esfera
informacional asumiese nuevas funciones dirigidas, en gran medida, a garantizar
el autofinanciamiento de su gestión. Aparecieron, por tanto, nuevos enfoques
y tendencias dentro de la actividad que, a pesar de la crisis, la dotaron de un
alto grado de dinamismo.
El presente trabajo se propone analizar el desarrollo de las ciencias de la información en Cuba. No existen estudios previos que aborden el tema de manera sistemática y profunda, de ahí la importancia de esta investigación, que permitirá ofrecer una visión integradora de las diversas transformaciones que ha experimentado esta área del conocimiento en Cuba y su función como catalizadora del desarrollo, tanto científico, social y económico en el país.
Para abordar el estudio sobre el desarrollo de la actividad científica
informativa en Cuba durante la etapa prerrevolucionaria fue necesario consultar
una serie de documentos que permitiesen conocer, en primer lugar, el nivel de
desarrollo científico que presentaba la isla y sus causas incidían
en esto.
En este sentido, resultó muy útil la consulta
del folleto La Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales
de La Habana, de José A. Bustamante O'Leary, 1979, que ofrece una
panorámica del acontecer en esta institución a lo largo de su siglo
de existencia.
El estudio Momentos y figuras de la ciencia en Cuba,
de Pedro M. Pruna Goodgall, 1994, también aportó una gran
cantidad de elementos de interés para la investigación porque, principalmente
mediante una descripción de los trabajos realizados por las más
importantes personalidades de la ciencia en Cuba a lo largo de la historia del
país, reúne los momentos clave de la actividad científica
cubana.
Hallar fuentes documentales que permitiesen determinar la existencia
de antecedentes de un posible desarrollo de la actividad científico informativa
durante la etapa prerrevolucionaria resultó muy complejo. En las publicaciones
periódicas de la etapa, casi no aparece información que aborde este
tema. Fue necesario, por tanto, buscar aquellos elementos que mostraran la no
existencia de esta modalidad informativa. Para ello, se revisaron todos los números
editados correspondientes a las revistas Boletín de la Asociación
Cubana de Bibliotecarios y Cuba Bibliotecológica.
De la exploración
realizada sólo se encontraron dos artículos en la revista Cuba Bibliotecológica
(v. 1, no. 3, 1956) que hacían referencia específica a esta temática.
Los artículos son los siguientes: "Hacia un catálogo colectivo
de publicaciones científicas", de Carmen Rovira y "El
libro en la biblioteca especializada", de Ana Rosa Núñez.
También se consultó el folleto titulado Cuban Libraries,
de Josefina Mayold y Jerrold Orne, en el que se caracterizan las
principales bibliotecas del país. Además, contiene un epígrafe
en el que se describen las peculiaridades de las bibliotecas cubanas especializadas
en disciplinas científicas y técnicas.
Para abordar el
estudio de la Ciencia de la Información en Cuba a partir de 1959, fecha
clave por significar un giro radical en el devenir político, económico,
social, cultural y científico del país, pudo consultarse una mayor
cantidad de fuentes que posibilitaron realizar un análisis de la evolución
de los distintos fenómenos.
Muy importante resultó la
lectura de la revista hoy conocida como Ciencias de la Información, creada
en 1968 bajo el nombre de Actualidades de la Documentación y que posteriormente
tomó la denominación de Actualidades de la Información Científica
y Técnica, debido a que la misma ha recopilado, a lo largo de 35 años,
el acontecer de la actividad científico informativa del país. De
los diversos artículos revisados por considerárseles afines a la
temática de investigación resultaron muy ilustrativos:
"Palabras
inaugurales de la III Conferencia sobre información laboral celebrada en
el Comité Estatal del Trabajo y Seguridad Social", pronunciadas por
Tirso W. Sáenz. Vol. 11, No. 7, 1980. En este discurso, el entonces
vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, realizó un análisis
del estado de la actividad científico informativa y de las dificultades
experimentadas ante la implementación del Sistema Nacional de Información
Científica y Técnica y de los servicios informativos en general.
"
La divulgación científica y la educación de
usuarios: tareas de los centros multisectoriales de información científica
y técnica", de Tamara Alfonso Otero. Vol. 11, No. 7, 1980.,
resultó muy útil porque enumera los retos más importantes
que debían enfrentar los centros multisectoriales para el desarrollo eficiente
de sus funciones.
"Los centros multisectoriales de información
científica y técnica y su proyección hacia la esfera productiva",
de Isolina Becerra Yañes, Vol. 12, No. 1, 1981., es un artículo
que merece destacarse porque aborda los aspectos relativos a la conformación
del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica
y la creación de los centros multisectoriales; sobre todo, presta atención
a su función como eslabón directo con la actividad productiva.
Una temática similar es también abordada en el artículo:
"Origen y desarrollo de los centros multisectoriales del Instituto de Documentación
e Información Científico-Técnica de la República de
Cuba", de Ramón Aja Castro. Vol. 14, No. 4, 1983. Su estudio
permitió profundizar en las características y funciones de estas
instituciones, y de los organismos de la administración central del estado
en el apoyo a su organización.
"Acerca del trabajo y perspectivas
de desarrollo del Centro Internacional de Información Científica
y Técnica", de L. N. Sumarokov. Vol. 12, No. 5, 1981., posibilitó
conocer acerca de los principales objetivos, las acciones de cooperación
con otros países, así como el funcionamiento del Centro Internacional
de Información Científica.
Al consultar "Intervención
de apertura de la XII Reunión del Comité de Representantes Plenipotenciarios
del Centro Internacional de Información Científica y Técnica"
a cargo de José Altshuler (Vol. 12, No. 5, 1981), puede establecerse
la significación para Cuba tenía su incorporación al Sistema
Internacional de Información Científica y Técnica y la aprobación
del Programa de Asistencia a largo plazo durante el período 1981-1985.
"Veinte años de relaciones IDICT-VINITI", de Emilio
Morales Muñoz y O. I. Globachev. Vol. 14, No, 4, 1983., con motivo
de la celebración del veinte aniversario de la creación del IDICT,
ofrece un esbozo de las relaciones de cooperación establecidas entre estas
dos instituciones y la importancia de la colaboración soviética
en el desarrollo de la actividad científica informativa cubana.
También
interesante, resultó "Algunos aspectos del teleacceso en Cuba",
de Emilio Badía González. Vol. 19, No. 1, 1988. En este trabajo
su autor hace un recuento de la introducción y el desarrollo de las nuevas
tecnologías de información en la actividad científico informativa
en el país y describe los pasos realizados para la implementación
del acceso desde Cuba a la red del Sistema Internacional de Información
Científica y Técnica.
Durante el proceso de búsqueda,
se hallaron fuentes de interés en los fondos de información de la
Biblioteca del Museo de Historia de las Ciencias "Carlos J. Finlay".
Allí existe poco conocida y que trata mayormente el tema de la implementación
y el desarrollo del Sistema Nacional de Información Científica y
Técnica durante los años setenta y ochenta.
Por la utilidad
y precisión de la información que contenían resulta imprescindible
mencionar los siguientes documentos:
Primera Reunión de Información
Científica y Técnica. Memoria, Instituto de Documentación
e Información Científica y Técnica, 1966. Recopila las memorias
de las sesiones de trabajo realizadas durante este evento para la discusión
de los más importantes tópicos concernientes al desarrollo de esa
actividad en el país y que aún era prácticamente desconocida.
Informe sobre la organización de la actividad de información
científico-técnica agrícola, 1973. Es un folleto elaborado
por el Centro de Información y Documentación Agrícola (CIDA),
subordinado al INRA, que analiza los elementos más importantes que incidieron
en el desarrollo de la actividad científico informativa en Cuba. Particulariza
en la actividad realizada por esta institución como primera organización
de información en el país, con condiciones para integrarse al Sistema
Internacional de Información Científica y Técnica del CAME.
También se describen las características y funciones de este sistema
y de otros a los cuales el CIDA estaba incorporado.
Concepción
del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica
y estado actual de la actividad científico - informativa en Cuba. Elaborado
por el Instituto de Documentación e Información Científica
y Técnica en 1973, recoge, en un extenso informe, los resultados de una
encuesta realizada a distintos centros de información científica
y técnica pertenecientes a importantes ramas de la economía nacional,
así como las conclusiones a las que llegaron dos especialistas del VINITI
que visitaron el país con el objetivo concreto de ofrecer su visión
acerca de la implementación del sistema.
Reunión Nacional
de Información Científica y Técnica, 1975. Esta serie de
16 documentos elaborados por la Dirección de Información Científica
y Técnica del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica recopila los
debates y conclusiones, agrupados por temas, de las comisiones de trabajo creadas
durante esta importante reunión.
Bases Metodológicas
para el establecimiento del Sistema Nacional de Información Científica
y Técnica. Es un proyecto elaborado por el Comité Estatal de Ciencia
en 1979, un año antes de su disolución, en el que se propone una
estructura y las funciones correspondientes a las partes componentes más
importantes del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica.
Informe del Estado actual y perspectivas de trabajo de las UDICT, de Ramón
Aja Castro, 1982. En este folleto, el autor enumera y profundiza en los principales
problemas que atentaban contra el óptimo funcionamiento de las unidades
de información científica y técnica creadas para satisfacer
las demandas de información de los diferentes sectores y ramas de la economía
nacional.
Informe de balance. Sistema Nacional de Información
Científica y Técnica 1990. Realizado por el Instituto de Información
Científica y Técnica, constituye un recuento de las tareas más
importantes de la actividad científico informativa ejecutadas durante el
quinquenio 85-90. En este folleto, se hace referencia a la necesidad de reorientación
de la actividad ante la nueva etapa de limitaciones económicas que enfrentaba
la nación.
La consulta de Decretos y Resoluciones relacionadas
con la implementación de una política nacional de información
y que aparecen recopiladas en un folleto aportaron también información
muy importante. Entre ellos resaltan:
La Ley 1011 mediante la cual
se constituye la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba.
La Ley 1107, promulgada el 19 de abril de 1963, en la que se consigna la creación
del IDICT y sus funciones.
La Resolución No. 2 del Comité Estatal
de Ciencia y Técnica, del 17 de septiembre de 1976, con ella se materializa
la creación del Sistema Nacional de Información Científica
y Técnica, se enuncian sus funciones y estructura, y se establece la creación
de las filiales provinciales del IDICT en todo el país.
El Decreto-Ley
No. 31 del Consejo de Estado, dictado el 10 de enero de 1980, con el que se le
asigna nuevamente a la Academia de Ciencias de Cuba la función de organizar,
dirigir y controlar los trabajos de implementación del Sistema Nacional
de Información Científica y Técnica.
La Resolución
No.16 de la Academia de Ciencias de Cuba, emitida el 3 de febrero de 1984, esta
contiene el reglamento para la organización y funcionamiento del Sistema
Nacional de Información Científica y Técnica con el objetivo
de garantizar un trabajo coordinado.
La consulta de varios profesionales
destacados en el ámbito de la actividad de información en Cuba,
generó también información muy relevante a los efectos del
presente trabajo. Ellos fueron:
Como se ha expresado, la Ciencia de la
Información es el resultado de la necesidad imperiosa de garantizar el
rápido acceso de científicos e investigadores al inmenso cúmulo
de información especializada y cualitativamente nueva que, producto del
acelerado desarrollo de la ciencia y la tecnología, se genera a nivel mundial.
Para identificar sus antecedentes en el contexto cubano, primero, es necesario
analizar las peculiaridades de la actividad científica prerrevolucionaria
que sirven para demostrar, o no, si en Cuba, existían condiciones objetivas
para que surgiese esta nueva disciplina.
El nacimiento de la ciencia
en Cuba generalmente se ubica junto al surgimiento, en 1793, de la Sociedad Económica
Amigos del País, primera institución de la isla interesada por el
estudio de las ciencias. En esta motivación, incidió favorablemente
el extraordinario crecimiento azucarero de fines del siglo XVIII. Integrada por
ricos hacendados y figuras relevantes de la sociedad cubana, veían las
indudables ventajas la aplicación de adelantos científicos para
favorecer una producción más eficiente.1
Los primeros intentos por instaurar una Academia de Ciencias Médicas
en La Habana datan del año 1826. Sometida a la consideración de
las autoridades pertinentes, esta primera petición fue desestimada, de
igual modo ocurrió en posteriores ocasiones. Sin embargo, el contexto socioeconómico
en el que se debatía la isla propició que, en el año 1861,
fuera inaugurada, por Real Orden, la Academia de Ciencias Médicas, Físicas
y Naturales de La Habana.
El primer factor que incidió en este
hecho fue el fortalecimiento de una burguesía criolla que comenzaba a aplicar
a la creciente explotación de la tierra y comercialización de sus
productos, nuevas ideas y experiencias provenientes de regiones de mayor desarrollo,
que entraban en contradicción con la propia metrópoli.1
Dos décadas antes, había ocurrido una baja de los precios
del azúcar, debido a que Francia y Alemania habían comenzado a producir
azúcar de remolacha, cuyos costos eran más bajos, y desplazó
del mercado al azúcar de caña. De igual modo, el café cubano
había perdido su espacio en el mercado norteamericano debido a la guerra
de aranceles entre España y Estados Unidos, este último abrió
las puertas al mercado cafetalero brasileño.
A pesar de la introducción del ferrocarril en el país para el traslado de la caña y la modernización de los ingenios, el sistema esclavista constituía un freno para el desarrollo industrial. Resultaba imposible que el esclavo se convirtiese en la fuerza de trabajo que sostendría una economía industrializada. Sometido a constantes maltratos y sumido en la más completa ignorancia era incapaz de adquirir el conocimiento necesario para manipular las nuevas maquinarias o conocer siquiera cómo funcionaban.
La producción azucarera basada en la esclavitud se hallaba abocada a una grave crisis.
Los hacendados
criollos necesitaban nuevos métodos para ampliar las variedades de caña
de azúcar, así como para mejorar el rendimiento de los suelos y
el sistema de cultivo. De este modo, lograrían incrementar sus ganancias
y podrían hacerle frente a las altas tasas de impuestos que la metrópoli
exigía. La necesidad de estas nuevas reformas se esgrimía con mayor
fuerza por parte de los grandes hacendados de Occidente, porque ellos concentraban
el capital que les permitiría convertirse en los precursores de la aplicación
de los adelantos técnicos, a diferencia de sus homólogos orientales.
La crisis hace demostró la necesidad de adoptar una actitud
diferente y las gestiones para contar con una Academia de Ciencias en La Habana,
que a lo largo de estos años no fueron abandonadas, cobraron nueva vitalidad.
La idea dejó, entonces, de ser el proyecto de un grupo aislado de personalidades
y recibió una mejor acogida y apoyo.
Aunque muy relevantes,
no son sólo económicas las causas que favorecieron la conformación
de una institución académica de este tipo en el país, la
vida intelectual de la nación también se había sumergido
ya en un período de cambio y progreso.
El Seminario de San
Carlos, creado en 1773, que contaba con la influencia renovadora y progresista
del obispo Espada, se había contrapuesto al enclaustramiento y dogmatismo
en el que se ahogaba la Universidad de la Habana. Su importancia en la conformación
del pensamiento cubano radica en que no sólo se limitó a impartir
cursos de la carrera eclesiástica sino que amplió su plan de estudios
a materias científicas y humanísticas; así se convirtió
durante una centuria en el centro de instrucción más importante
del país.1
El pensamiento escolástico
cede su lugar y un grupo de nuevas instituciones y hombres desarrollan un pensamiento
renovador y favorecedor, en su justa medida, del desarrollo de las ciencias en
Cuba. Figuras como el obispo Espada, el padre Varela, José Antonio
Saco y José de la Luz y Caballero fueron los principales
exponentes de estos nuevos aires.
Desde su creación, la Academia
de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana representó
la más alta expresión de la ciencia en Cuba. Entre sus miembros,
contó con los más distinguidos y prestigiosos científicos
cubanos de la época. En las sesiones que la Academia convocaba, ellos se
reunían y debatían sobre sus investigaciones.
Como organización,
no poseía unidades de investigación sino que seguía el estilo
francés de corporación. Así, su funcionamiento era mucho
más económico, aunque el efecto de un presupuesto muy reducido fue
una de las limitantes que la Academia tuvo siempre que soportar.
Las
disciplinas científicas que alcanzaron un mayor desarrollo investigativo
fueron la medicina, la biología, la botánica, la química
aplicada al estudio de las plantas y los suelos, la meteorología y la geología.
La mayoría de estas disciplinas tenían una estrecha relación
con el desarrollo agrícola, base económica del país durante
este período.
La Academia disponía de una publicación
propia: la revista Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas
y Naturales de La Habana, cuyo primer número apareció en 1864 y
que se editó hasta 1958. Durante la segunda mitad del siglo XIX, esta revista
constituyó la publicación científica general más importante
de Cuba. En esta institución científica, también radicó
un importante museo, de carácter público, que reunió algunas
de las principales colecciones zoológicas y arqueológicas del país
en aquella época.
La Guerra de los Diez Años (1868-1878)
influyó de manera indirecta en el acontecer de la Academia. La derrota
produjo pérdidas de tierras y riquezas entre los hacendados criollos, porque
al concluir la guerra la gran mayoría se concentró en manos españolas.
El hacendado cubano, empobrecido, dejó de ser el eje de la
dirección económica del país y cedió su espacio, primero
a la metrópoli y, posteriormente, al capital norteamericano, sobre todo
a partir de 1886 cuando comenzaron sus inversiones, una vez abolida la esclavitud.
El estudio de las ciencias aplicadas al desarrollo económico dejó,
por tanto, de ser una prioridad.1
A
pesar de estos hechos, se considera que, entre los años 1870-1908, la Academia
vivió una etapa de florecimiento y plenitud. Este es el momento de notables
aportes de relevantes figuras científicas como la del naturalista Felipe
Poey; de Tomás Romay; de Alvaro Reynoso que fue un profundo
conocedor y estudioso de la caña y la fabricación del azúcar;
de Carlos J. Finlay, descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla,
entre otros.
Otra institución científica que se destacó
en esta etapa a causa de su novedad y carácter único es el Laboratorio
Histobacteriológico. Creado sin el apoyo oficial, sobre la base de recursos
privados, constituyó el primer centro de carácter investigativo
y asistencial del continente latinoamericano. Dicho centro contaba con todos los
recursos necesarios para la investigación bacteriológica y gracias
al trabajo de un equipo de especialistas, encabezado por el doctor Juan Santos
Fernández, quien fuera el gestor de la idea y en cuya casa radicaba
el Laboratorio, se obtuvieron vacunas y diversos sueros contra enfermedades humanas
y animales, fueron los primeros en introducir el tratamiento antirrábico
en América Latina.
El año 1898 marcó el inicio de una
nueva etapa en la historia del país. Cuba dejó de ser colonia española,
pero sin lograr la materialización de sus anhelos de independencia. Se
estableció la ocupación militar norteamericana que solo duraría
dos años pero que sería tiempo suficiente para que Estados Unidos
diseñara y consolidara sus lazos de poder sobre la naciente república
"dependiente"
Paradójicamente, durante estos años
tan convulsos, la actividad de la Academia de Ciencias alcanzó una dimensión
internacional y se dotó de un alto prestigio. Es el momento en que se confirmaron
las investigaciones y teorías del eminente científico cubano Carlos
J. Finlay., sobre la existencia y las características del vector de
la fiebre amarilla y su estrecha relación con la propagación de
las enfermedades tropicales. Fue un descubrimiento de innegable valor para la
ciencia mundial, que recompensó su labor científica de toda una
vida. Fue propuesto dos veces para que le fuese otorgado el Premio Nobel de Medicina.
La influencia norteamericana en todos los aspectos de la vida nacional
se pone de manifiesto cuando, en medio de un proceso de intrigas y subterfugios,
el doctor Walter Reed, quien encabezaba una comisión científica
norteamericana, que vino al país con el fin de corroborar la veracidad
de los estudios, realizados desde el año 1881, por el doctor Finlay,
se adjudicó la gloria del descubrimiento e incluso, aún hoy, se
conoce en Estados Unidos como el descubridor del agente causal de la fiebre amarilla.3
A partir del año 1908, se produjo un estancamiento de la actividad
científica en Cuba e incluso, aquellas que habían alcanzado un cierto
nivel de desarrollo involucionaron. El análisis del contexto político
y socioeconómico en que se debatía la isla por aquel entonces aporta
elementos que ayudan a explicar el porqué de esta situación.
La etapa republicana tuvo como característica más relevante
el hecho de que la economía del país se hallaba completamente dominada
por el capital norteamericano a consecuencia de "las inversiones directas
realizadas por empresarios individuales y corporaciones en una serie de sectores
de la producción y, especialmente, en el sector azucarero."
Un
factor importante que favoreció que las inversiones en esta industria se
reforzaran a partir de la segunda década del siglo fue el comienzo de la
Primera Guerra Mundial. Su inicio provocó la reducción de la producción
de azúcar en Europa y, a su vez, dificultó el transporte del azúcar
desde zonas alejadas del Atlántico, como por ejemplo, desde la isla de
Java.
Los inversionistas norteamericanos avizoraron un momento único
para apostar por el azúcar cubano de acuerdo con el alza de los precios
que había sufrido el producto en el mercado internacional. Cuba, de este
modo, estructura su economía en función de la producción
de azúcar crudo, para vender a precios muy bajos a las compañías
norteamericanas que la procesaban y comercializaban posteriormente.
Empresas industriales de primera importancia, bancos, minas, la generación de electricidad, la refinación de petróleo, la red telefónica y las comunicaciones en general, así como otras importantes ramas, estaban en manos de capital estadounidense.
Con una economía tan débil y dependiente
de los cambios, que ocurriesen en la estructura económica, en el comercio
y en el consumo de la población norteamericana, no resultaba raro que las
crisis se sucediesen una tras otra.
La burguesía industrial
cubana no azucarera, a pesar de verse afectada por la estructura económica
que la penetración norteamericana impuso en la isla no era capaz de establecer
mecanismos para desplazar al capital extranjero y a los grandes hacendados cubanos.
Por el contrario, su estrategia se orientó explotar y reprimir con mayor
fuerza el trabajo obrero.
Internamente, no existía un desarrollo
productivo diversificado e independiente que pudiese satisfacer las demandas del
mercado nacional, por ello era necesario acudir a las importaciones. Se adquirió
una gran cantidad de artículos para el consumo de la población,
artículos que perfectamente podrían haberse producido en el país.
La mayoría de los procesos industriales se realizaban en el extranjero.
La industria azucarera, a pesar de ser el principal renglón económico,
no incorporó al proceso productivo tecnologías modernas: el cultivo
de la caña se realizaba de forma manual, obviaba el uso de fertilizantes,
herbicidas, regadíos y otras técnicas modernas para incrementar
la producción.
Las relaciones de dependencia no sólo se desarrollaron
en el plano económico. La situación política que atravesó
el país durante toda la etapa estuvo permeada de gobiernos corruptos que
mantuvieron como línea política la supeditación a los intereses
de los Estados Unidos. Interesados en enriquecerse lo más posible, los
miembros de las estructuras de poder estaban muy lejos de diseñar y aplicar
medidas que favorecieran realmente las necesidades y expectativas de la nación
cubana.
El nivel educacional de la población cubana durante la etapa
neocolonial era muy precario. El presupuesto que el estado destinaba a la enseñanza
pública era muy reducido y gran parte de estos fondos tenían como
destino el bolsillo de políticos y funcionarios corrompidos.
Por
ley, quedaba establecido que la asistencia a la escuela era obligatoria hasta
los 14 años pero realmente menos del 10 por ciento de aquellos que comenzaban
a cursar estudios primarios terminaban su sexto grado. Cifras oficiales de la
época destacaban que, en el año 1952, sólo el 22 por ciento
de la población era analfabeta pero esta cifra es relativa, si se considera
que sólo 1 de 3 estudiantes pasaba del tercer grado de nivel primario.
Hasta el año 1948, cuando se creó la Universidad de Oriente,
la Universidad de La Habana fue la única institución educativa de
nivel superior en el país aunque existían algunos colegios o escuelas
con nivel equivalente al universitario que pertenecían a la iglesia, pero
su capacidad para acoger estudiantes era muy reducida.
La relación
entre enseñanza y ciencia tampoco vivía momentos afortunados. Muy
pocos alumnos escogían carreras científicas porque sabían
que, una vez graduados, sería muy difícil que lograran establecer
una vida profesional dedicada a la investigación. Los que decidían
cursar este tipo de enseñanza debían afrontar la falta de recursos,
inadecuados laboratorios docentes y escasez de instrumentos y literatura científica
actualizada.
El interés científico había dejado
de centrarse en las disciplinas que experimentaron durante la etapa colonial notorios
avances y que propiciaron momentos de gloria para la ciencia cubana. Ahora, las
principales directivas de la investigación se trasladaban hacia la arquitectura,
el derecho y la medicina.
Durante este período, la Academia
dejó de ser el eje rector del desarrollo científico del país.
Convertida en un aparato burocrático, su actividad científica se
hace casi nula. El espacio científico nacional se fragmentó, sin
una institución que lo lidereara y sin apoyo oficial. La universidad, los
hospitales, las sociedades científicas se constituyen ahora en las nuevas
academias.
El caos y la dispersión en que se sumergió
la ciencia cubana se hace evidente si se repasa a qué estructuras de gobierno
se supeditaban algunas de las más importantes instituciones exponentes
de la actividad. Por ejemplo: la Academia de Ciencias Médicas, Físicas
y Naturales de La Habana se hallaba adscripta al Ministerio de Justicia; La Sociedad
Geográfica de Cuba al Ministerio de Estado y el Observatorio Nacional a
la Marina de Guerra. Así eran de incoherentes las relaciones.
Ante
la falta de apoyo e interés por parte de los distintos gobiernos que plagaron
el convulso espacio político cubano durante toda la primera mitad del siglo
XX, la escasa actividad científica que se generó siempre partió
del esfuerzo y gestión de personalidades individuales o grupos de investigadores
que a veces ni siquiera recibían su salario.
Las condiciones para realizar las investigaciones no eran las adecuadas, especialmente para aquellas que requerían del trabajo de laboratorio, porque las técnicas cada vez eran más complejas, por tanto, los costos aumentaban. Los resultados investigativos se divulgaban pobremente y carecían de una conexión objetiva con las necesidades que atravesaba el país.
Resultaba muy
difícil emprender investigaciones con un grado de complejidad elevado cuando
faltaba financiamiento y se sabía que los resultados no tendrían
repercusión en un país plenamente sujeto a los intereses de las
grandes empresas norteamericanas.
Incluso el trabajo investigativo
del Laboratorio Histobacteriológico comenzó a languidecer y finalmente
decayó hasta convertirse en una simple institución asistencial para
la aplicación de la vacuna antirrábica.3
La etapa republicana no estuvo exenta de descubrimientos o actividad profesional relevante. El problema de esta etapa radica en que los adelantos de la actividad científica no formaban parte de una política oficial estructurada y coherente sino que más bien eran resultado de denodados esfuerzos individuales, a los que el aparato oficial rara vez aportaba su apoyo.
Análisis
de los antecedentes de la actividad bibliotecológica
A partir
del análisis de las fuentes especializadas en la temática y publicadas
durante la etapa republicana, no existen elementos que permitan afirmar que en
este período se vislumbraran antecedentes de una ciencia de la información
en el país .
En Cuba esto no constituiría una necesidad. Como queda expuesto en el epígrafe anterior, la actividad científica nacional se enfrentó a un largo proceso de estancamiento que abarcó toda la etapa neocolonial. Mientras en el mundo, se imponía un desarrollo acelerado de la ciencia y la tecnología, la ciencia cubana se hallaba atada ante la escasez de financiamiento, la ínfima cantidad de científicos y especialistas en ejercicio de su profesión y el interés casi nulo que los variados gobiernos pronorteamericanos destinaron a esta rama de la actividad humana.
Además, el poco desarrollo de la ciencia bibliotecológica
en Cuba, unido a la casi inexistente producción editorial, constituyó
otro factor que también frenó la aparición de signos que
evidenciaran un desarrollo de antecedentes para la actividad informativa especializada
en el área de la ciencia y la técnica.
A la vez que en
el mundo nacían concepciones nuevas como la Documentación, en Cuba,
durante muchos años, las bibliotecas fueron lugares olvidados. No es hasta
la década de los años treinta que comenzaron a darse pasos en aras
de desarrollar y consolidar el movimiento bibliotecológico nacional.
La falta de interés con que la actividad bibliotecológica era acogida por las estructuras de poder en Cuba se hizo evidente en los avatares que sufrió, durante todo el período de la república mediatizada, la Biblioteca Nacional. Dicha institución, con una vital importancia por su función de guardiana del acervo bibliográfico de la nación, no dispuso hasta el año 1958 de un edificio con las condiciones adecuadas para almacenar sus fondos documentales, que por cierto, no eran muy numerosos.
Personalidades con inquietudes intelectuales, de gran prestigio en la esfera, pero que no encontraron apoyo en las instancias de gobierno correspondientes fueron quienes, con sus aportes, impulsaron el desarrollo de las técnicas bibliotecológicas en el país.
Durante los primeros años de la conformación de esta actividad
en Cuba, los esfuerzos de estas figuras se enfocaron hacia la institucionalización
de la enseñanza de esta especialidad. Antes que nada, era necesario establecer
la profesión de bibliotecario con la preparación que exigía
e imbuirla en las concepciones modernas de la actividad.
La formación
de profesionales constituía un tema delicado. El principal problema radicaba
en que no existía personal suficiente e idóneo. La mayoría
de las personas relacionadas profesionalmente con la actividad debían sus
conocimientos, casi totalmente, a una formación empírica.
Los primeros intentos en la preparación de personal especializado se ubican en el año 1936, cuando se organizaron cursos de iniciación bibliotecológica en el Lyceum Lawn Tennis Club de La Habana. En esta institución privada, fundada por un grupo de mujeres de la clase media, se ofrecían cursos de corta duración que sirvieron de punto de partida para la organización y consolidación del movimiento bibliotecario cubano.
A partir de
1938, comenzó a evidenciarse la existencia de un movimiento de este tipo
cuando se celebró la primera reunión de bibliotecarios bajo el nombre
de Asamblea Nacional ProBibliotecas en la Universidad de la Habana. Antes de 1938,
la actividad bibliotecaria no constituía un tema relevante en las esferas
pertinentes de la sociedad cubana. La celebración de esta asamblea, más
que todo, tuvo como objetivo clave impulsar un proceso de respeto y difusión
sobre la importancia de las bibliotecas como herramientas difusoras de la cultura
y el conocimiento. Uno de los acuerdos resultantes fue la decisión de constituir
la Asociación Bibliotecaria Cubana (1948).
En el año
1946, luego de muchas gestiones infructuosas se inician los cursos de verano para
la formación de técnicos bibliotecarios en la Universidad de La
Habana. Sin embargo, sus altos requisitos de ingreso, sobre todo, en cuanto a
conocimientos generales, los hacían prácticamente inaccesibles para
el 90% de los posibles estudiantes. Esto se demuestra en la cantidad total de
estudiantes que lograron obtener certificaciones de graduados tras cuatro años
de instaurados estos estudios: tan solo seis.8
En 1950, se inician, con regularidad, los estudios bibliotecológicos
en Cuba. Se crearon dos escuelas casi a la par. Una, la Escuela Cubana de Bibliotecarios,
adscripta a la Sociedad Económica Amigos del País y la otra, la
Escuela de Bibliotecarios, anexa a la Facultad de Filosofía y Letras de
la Universidad de La Habana.
La Sociedad Económica Amigos del
País poseía una biblioteca pública que era considerada la
más avanzada del país.9 Su directora
en esta etapa, la doctora Berta Becerra había logrado establecer lazos
de cooperación muy estrechos con la Biblioteca del Congreso de Washington.
Gracias a esto, pudo asistir como becaria a esta institución para conocer
y estudiar acerca de la organización de las escuelas de bibliotecarios
en Estados Unidos. Los conocimientos adquiridos se emplearon en aras de contribuir
a la formación de un personal capacitado y gracias, en gran medida, a su
gestión personal, pudo fundarse la Escuela Cubana de Bibliotecarios.8
En el caso de la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de La Habana fue el doctor Jorge Aguayo uno de los principales impulsores de la creación de una escuela de estudios superiores que facilitara la preparación de especialistas. Su proyecto fue aprobado por la Biblioteca del Congreso de Washington y obtuvo un donativo de obras sobre biblioteconomía proveniente de la American Library Association.10
En 1952, se creó
la Asociación Nacional de Profesionales de Bibliotecas que, a partir del
31 de mayo de 1955, se sustituyó por el Colegio Nacional de Bibliotecarios
Universitarios. La organización agrupaba a todos los bibliotecarios graduados
de la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de La Habana y de los cursos
de Técnica Bibliotecaria impartidos en los cursos de verano (1946-1952)
de la propia universidad. Los principios que constituían su razón
de existir eran: uno, la defensa de los derechos de sus miembros y dos, forjar
y mantener sus valores éticos.
Resulta interesante el hecho de que, a pesar de las estrechas relaciones que se mantenían con importantes instituciones norteamericanas en momentos en que, en Estados Unidos, se originaban importantes teorías y aplicaciones tecnológicas que tributaban en un mejor uso de los recursos de información, en las dos escuelas que se crearon se impartiesen como base del programa de estudios las asignaturas tradicionales para la preparación de un bibliotecario y no de un especialista en información.11
El medio adverso en que se desenvolvía la actividad
bibliotecaria no favorecía la existencia y desarrollo de instituciones
especializadas de carácter científico y tecnológico. Sobre
el tema, se conocía muy poco; además, no existía un profesional
lo suficientemente capacitado para ofrecer los tipos de servicios que una actividad
de este género requería. En Cuba, apenas existían bibliotecas
modernas y las bibliotecas de investigación eran prácticamente desconocidas.12
Universidades, organizaciones privadas, academias y sociedades poco a poco
crearon sus propias colecciones. Sin embargo, ellas no estaban estructuradas de
forma que pudiesen garantizar el acceso a las revistas y publicaciones periódicas
más actualizadas. En esto incidían varios factores como: la gran
cantidad de información científica que se generaba en el mundo;
su elevado costo de adquisición, así como el aislamiento en que
se intentaba formar las bibliotecas de investigación, donde cada una de
ellas ignoraba el esfuerzo de las restantes.13
Estas bibliotecas no alcanzaron, en ningún momento, las características
propias de las bibliotecas especializadas; en realidad, siempre conservaron su
carácter de bibliotecas públicas con sus servicios tradicionales.
Las bibliotecas universitarias eran poco utilizadas para la investigación
científica y las colecciones que poseían otros colegios profesionales,
academias y sociedades científicas no eran objeto de frecuente consulta
por parte de sus miembros.12
Una de
las más representativas dentro de este tipo era la Biblioteca de la Academia
de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Fundada en
la colonia, sus servicios se destinaban, en mayor medida, a los miembros de la
Academia pero otros también podían admitirse con un permiso especial.14
El puesto de bibliotecario tenía carácter honorario y solía
entregarse a científicos profesionales con gran experiencia. El bibliotecario
era, a su vez, el editor de la revista Anales de la Academia de Ciencias Médicas,
Físicas y Naturales de La Habana y quien debía redactar un informe
anual sobre el estado de la biblioteca. Contaba con la ayuda de un asistente que
tenía, entre sus tareas, la atención a los lectores.
Los
fondos de la biblioteca se nutrían mayormente de las donaciones y del canje
que se practicaba con la revista por otras publicaciones de carácter científico.
La biblioteca se organizaba por materia y poseía dos catálogos para
la búsqueda: uno de autor y otro de materia.
Existían,
además, otras dos bibliotecas, que contenían colecciones sobre temas
médicos. La primera, la Biblioteca del Instituto Finlay, creada en 1848,
junto con la Junta de Sanidad y que atesoraba la documentación que generaba
dicha junta. La otra, la biblioteca de la Facultad de Medicina, perteneciente
a la Universidad de la Habana, ofrecía sus servicios a estudiantes y profesores
de la Escuela de Medicina y a todos aquellos que tuviesen necesidad y suficiente
conocimiento para saber utilizar la información.
En el caso
de la biblioteca de la Escuela de Medicina, sus directivos eran médicos
profesionales, graduados de la escuela, que sentían interés hacia
la actividad bibliotecaria. La mayor parte de su fondo documental estaba conformado
por publicaciones periódicas y la colección de libros se organizaba,
según la Army Medical Library Classification. La biblioteca sólo
ofrecía préstamo externo.
En la rama de la ingeniería,
se destacaban la biblioteca de la Sociedad Cubana de Ingenieros que sólo
podían utilizar los miembros de la Asociación y la biblioteca universitaria
de la Escuela de Ingeniería y Arquitectura. Dicha biblioteca trabajaba
en régimen de estantería abierta, así sus documentos eran
directamente accesibles a los lectores. Como sistema de clasificación,
utilizaba la Clasificación Decimal de Dewey con algunas modificaciones
que permitiesen separar los libros de ingeniería y de arquitectura de los
que trataban otras materias.
Para la búsqueda de los documentos,
los lectores disponían de tres catálogos ordenados por autor, título
y materia. Prevalecían las colecciones que trataban sobre ingeniería
civil y eléctrica; las de arquitectura constituían la parte más
pequeña de la colección.
En la biblioteca del Colegio
Provincial de Arquitectos, era donde la arquitectura encontraba su mejor representación
como temática. Contenía alrededor de 1 500 volúmenes incluidas
las publicaciones periódicas. Al igual que la Biblioteca de la Sociedad
Cubana de Ingenieros, utilizaba el sistema de Clasificación Decimal de
Dewey y poseía catálogos de autor, título y materia. Durante
una etapa, se pensó combinar estos catálogos con los de la Escuela
de Ingeniería y Arquitectura pero esta idea nunca pasó de ser un
proyecto.
Similares a éstas, durante la república existieron otras bibliotecas cuyos fondos documentales trataban temas científicos pero que nunca funcionaron como centros con servicios especializados sino que se comportaban como bibliotecas que abordaban una temática más específica. Por citar algunas, se pueden mencionar la Biblioteca General de Botánica, la Biblioteca de la Sociedad Geográfica de Cuba y el Museo y Biblioteca de Malacología.
El triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959, produjo profundas
transformaciones en todas las esferas de la vida económica, política,
social y cultural del país.
Ocurrieron modificaciones sustanciales
en la base económica de la sociedad cubana, a partir del establecimiento
de medidas radicales como: el cambio del régimen de propiedad sobre la
tierra y los inmuebles; la nacionalización de las empresas de electricidad,
refinerías de petróleo, empresas telefónicas, centrales azucareros
y otras grandes compañías; así como el restablecimiento de
las relaciones diplomáticas con la URSS. A partir de ese momento, el estado
se encargó de organizar, controlar y dirigir toda la actividad económica
y política nacional.
Dichos cambios tuvieron un gran costo y
repercusión en las relaciones internacionales que el país había
sostenido hasta ese momento, particularmente con Estados Unidos. Medidas como
la supresión de la cuota azucarera, la prohibición del envío
a Cuba de piezas de repuesto y del mantenimiento de todo tipo de relación
comercial colocaron al país ante una situación crítica, donde
el único punto de apoyo posible era el ofrecido por los países socialistas.
A esto, también, debe agregársele el éxodo masivo
de profesionales y técnicos hacia Estados Unidos, que provocó un
gran vacío ante las tareas de dirección y administración
de todo el sistema político, económico y productivo del país.
De esta manera, se tornó insoslayable el impulso a los programas educacionales,
científicos y culturales como vía fundamental para la formación
de profesionales capaces de asumir las transformaciones que se esperaban.
Bajo estas premisas, se desarrollaron cambios profundos en la educación
y la cultura que constituyeron el fundamento de las reformas en todos los niveles
de la enseñanza. Las mismas se plantearon, entre otros objetivos, los siguientes:
Desde 1959,
se realizaron modificaciones en el sistema educacional cubano como la creación
de aulas en el campo, la formación de nuevos maestros y el llamado a alumnos
de la enseñanza secundaria a ejercer como maestros en zunas rurales. El
Consejo de Ministros aprobó la "Ley de Reforma Educacional" y
se había realizado un censo para determinar la cantidad de analfabetos
en todo el territorio nacional.
El 6 de junio de 1961, el Consejo de
Ministros aprobó la "Ley de Nacionalización General y Gratuita
de la Enseñanza" donde se establecía que: el garantizar la
enseñanza como derecho de todos los ciudadanos sin distinciones ni privilegios,
es un deber a cargo del Estado Revolucionario, que no debe ser delegado ni transferido.
Por otro lado, los resultados del censo mostraron el predominio de un bajo
nivel escolar y la existencia de casi un millón de analfabetos. Como consecuencia,
se inició la Campaña de Alfabetización y la extensión
de la enseñanza primaria, media y superior a aquellos que no habían
tenido posibilidades de obtenerlas. También se insistió en ampliar
la educación a las mujeres y a los trabajadores de diversos oficios indispensables
para la Revolución.
El 22 de diciembre de 1961 concluyó
exitosamente la Campaña de Alfabetización16
y se logró extender la enseñanza primaria a toda la población.
Este hecho abrió la posibilidad, a aquellos que poseyeran los conocimientos
indispensables para ello, de cursar la enseñanza media y secundaria.
Otro hecho trascendental ocurrió el 10 de enero de 1962, cuando se proclamó la Reforma Universitaria. Uno de sus aspectos más importantes fue que insistió en el carácter científico de los estudios universitarios y en la importancia de abrir carreras de esta clase, así como las de carácter tecnológico. A su vez, la Reforma enfatizó en que las carreras de humanidades se permeasen de los ideales marxistas-leninistas y ampliasen, lo más posible, su visión. La Revolución, que había establecido su carácter socialista el 16 de abril de 1961, subrayó la necesidad de la preparación intelectual, la formación científica, la educación laboral, el trabajo físico y el deporte como elementos que formaban parte de la educación integral.17
El
triunfo de la revolución cubana tuvo lugar en momentos en los que el desarrollo
de la ciencia y la tecnología, desde hacía algunos años,
cumplía una función estratégica en el plano de las relaciones
internacionales. Ocurrió en la etapa de pleno auge de la "Guerra Fría",
iniciada con el fin de la Segunda Guerra Mundial y que sirvió para impulsar
la ciencia y la tecnología de un modo jamás visto durante toda la
historia de la humanidad, a causa de que ambos bloques de poder otorgaron un lugar
cimero al aumento del poderío militar y tecnológico como mecanismo
de equilibrio.
Fueron, por tanto, momentos en los que el avance científico
y tecnológico adquirieron un notable valor estratégico para el desarrollo
de la nueva sociedad que se deseaba conformar en Cuba y los antecedentes heredados
del período republicano en esta esfera eran insuficientes para abordar
una tarea de tal magnitud. De este modo, la necesidad de crear un potencial nacional
que le permitiese al país, consolidar las bases imprescindibles para la
aceleración del desarrollo económico y social e integrarse a la
revolución científico-técnica que mundialmente tenía
lugar, se convirtió en uno de los objetivos primordiales para el gobierno
revolucionario.
Ante el inmenso grado de deterioro y estancamiento
de la actividad científica en el país, que básicamente se
había sostenido sobre la base de las investigaciones y gestiones individuales,
se hacía impostergable realizar cambios profundos en sus sistemas y estructuras.
A este efecto, la resolución No. 4 del 27 de abril de 1962,
declaró extinguida la antigua Academia de Ciencias Médicas, Físicas
y Naturales de La Habana; dos meses después, se transformó en el
Museo de Historia de las Ciencias "Carlos J. Finlay", que cumpliría,
además, las funciones de un centro para el estudio de la historia y el
desarrollo de las ciencias.
En febrero de 1962, se constituyó
la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de la República
de Cuba y, por vez primera, la Academia adquirió un verdadero alcance nacional.
Entre sus principales funciones, ella debía analizar y disponer la reorganización,
incorporación y disolución de todas las sociedades, academias y
corporaciones científicas que existieran en el país. Esta comisión
ejerció sus funciones mientras se constituía la Academia de Ciencias
de Cuba y se ocupó, además, de:
Desde el principio, el desarrollo de esta esfera se vinculó estrechamente con la concepción de que existía una unidad inseparable entre el progreso técnico y social. Las numerosas transformaciones realizadas en el ámbito educacional también buscaron asegurar que la actividad científica no fuese tan solo privilegio de una clase o grupo social selecto.
Emilio García Capote, cuando se refiere al surgimiento y evolución de la política científica en el país, expresa:
No menor
importancia ocupa el hecho de que mientras la Academia, como institución
científica, iba creando y desarrollando sus institutos, en otros organismos
y agencias estatales, en otros sectores del país se fue desplegando asimismo
una actividad de creación de centros de investigación que respondía
a distintas necesidades sectoriales y ramales agrícolas, industriales y
de los servicios, no abarcadas por la Academia, y a la necesidad de abordar otros
complejos problemas como la alimentación animal, la biomedicina y la salud
animal.
Es decir, que junto a la visible especialización de
la Academia, sobre todo en el estudio multilateral de los recursos naturales,
la construcción de la base científico-técnica nacional se
caracterizó, al propio tiempo, por la pronta y sostenida creación
de lo que no se debe vacilar en denominar "centros de excelencia" en
la más justa acepción del término: centros dotados de tecnología
avanzada --y capaces a su vez de generarla--, que completan el perfil del sistema
nacional de ciencia y tecnología con su dedicación a problemas de
gran vigencia nacional y, casi siempre, internacional.
Por otra parte, desde mediados de la década de los 60, la investigación en las universidades --y en particular, en la Universidad de La Habana-- comenzó a manifestarse con decisión y nitidez crecientes, para hacer buena una de las pautas más significativas de la reforma universitaria de 1962, que definió la promoción y desarrollo de la investigación científica como una misión básica irrenunciable." 17
La
creación del Instituto de Documentación e Información Científica
y Técnica (IDICT)
La urgente necesidad de crear instituciones
de información estaba, por consiguiente, condicionada por su función
estratégica dentro de la sociedad como apoyo al desarrollo científico
y tecnológico. Este tipo de instituciones conformaban el espacio ideal
para facilitar la transmisión a científicos y especialistas de los
datos de la ciencia y la técnica más recientes y valiosos.
Producto de estas condicionantes es que nace el IDICT, el 19 de abril de
1963. Con la Ley No. 1107, el gobierno revolucionario constituyó esta institución
que estaría adscripta a la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias
de Cuba y que tendría como principales funciones:
El Instituto contaría con el apoyo de un Consejo Asesor, presidido por el Director del IDICT e integrado por representantes de los siguientes organismos:
-
Consejo Superior de Universidades
- Biblioteca Nacional
- Junta Central
de Planificación
- Ministerio de Industrias
- Ministerio de Obras
Públicas
- Ministerio de Salud Pública
- Ministerio de Comercio
Exterior
- Ministerio de Transporte
- Instituto Nacional de Reforma Agraria
Además del IDICT, se crearon otras instituciones que se dedicaron
al trabajo con la información científica, principalmente subordinadas
a instituciones de investigación, centros de enseñanza superior
y organismos de la administración del estado, vinculados no sólo
con el campo de las ciencias puras sino también de las aplicadas. El IDICT
sería el encargado, según el artículo 6 de la Ley que le
dio origen, de orientar la organización y metodología que aplicarían
estas instituciones en la actividad de información.
La creación
de una institución con estas características y funciones es una
evidencia de la temprana influencia de la Informática soviética
en la actividad informativa cubana. La estructura interna y proyección
del IDICT compartía rasgos muy similares con la de todos los organismos
centrales de información científica y técnica pertenecientes
a los países socialistas, y prevalecía el principio de la coordinación
estatal de la actividad informativa.
También es importante destacar
en estos primeros años de organización del IDICT, su incorporación,
en 1964, a la Federación Internacional de Información y Documentación
(FID). Para Cuba, era de particular interés participar en los trabajos
de los comités de la FID, particularmente en dos de ellos: el de FID/DC
(países en vías de desarrollo) y el FID/CLA (Comisión de
Trabajo para América Latina). La incorporación al trabajo de estas
comisiones era un modo de ocupar espacios y reinsertarse en el mundo latinoamericano
y, además, propiciaría que Cuba se convirtiese en un puente entre
las naciones latinoamericanas y los países socialistas en el ámbito
de la actividad científico informativa.
En los primeros momentos, el trabajo del Instituto estuvo dirigido hacia las tareas de organización interna. Existía muy poca experiencia en cuanto a la forma de desarrollar la actividad científico-informativa.18 Fue mediante la colaboración internacional que se pudo paliar esta situación, particularmente la ayuda y colaboración recibidas de la UNESCO y del Instituto Estatal de Información Científica y Técnica de la URSS (VINITI).
Las relaciones entre el
VINITI y el IDICT se iniciaron de manera informal antes del 19 de abril de 1963.
A mediados del año 1962, llegó a Cuba Efim Vasillevich Klyaev, un
experto designado por la UNESCO para asesorar a las autoridades cubanas en la
organización de la actividad científico-informativa. Este experto
era funcionario del VINITI, ello facilitó, que durante su estadía,
se establecieran los primeros contactos que se fortalecieron hasta que posteriormente
se formalizaron las relaciones. 19
El
VINITI era uno de los institutos de información nacionales que integraban
la red de organismos de información de la URSS, adscriptos al Comité
Estatal de Ciencia y Técnica y a la Academia de Ciencias de la URSS. Agrupaba
a una inmensa cantidad de trabajadores y colaboradores, en concordancia con la
amplitud de funciones que asumía como encargado de extraer y procesar exhaustivamente
toda la literatura mundial sobre ciencias naturales, técnicas y economía
industrial que utilizarían los científicos, técnicos e ingenieros
de la URSS.20
En el plano metodológico
y organizativo de la actividad, el VINITI constituía una institución
de referencia a la hora de abordar las complejidades de la Informática
como ciencia. Ante la certeza de que el enfoque puramente pragmático no
podía garantizar la eficacia necesaria de las actividades científico
informativas, la labor de ese instituto estuvo particularmente enfocada hacia
la realización de investigaciones amplias y multifacéticas en la
esfera de la Informática.
El Instituto trabajaba en tres direcciones
básicas: científico-informativa, de investigación y de organización
científica. También editaba un conjunto relevante de publicaciones;
entre ellas, se destacaba su Revista Referativa, compuesta por 16 series temáticas,
que abarcaban las más importantes ramas de las ciencias naturales y técnicas
en cuya preparación se empleaba una gran cantidad de fuentes de información.21
Por obvias razones de carácter económico, para Cuba era imposible
contar adquirir el total de fuentes primarias necesarias para las investigaciones
que acelerarían el desarrollo científico y económico de la
nación. A esto, se sumaba la urgencia de la tarea para el país,
la falta de experiencia para abordarla, la carencia de especialistas conocedores
de lenguas extranjeras y de las técnicas para realizar la actividad de
procesamiento.
Debido a estas razones, el IDICT se inclinó por
utilizar el procesamiento analítico-sintético de obras primarias,
realizado por sistemas y órganos de información científica
y técnica de otros países (el VINITI particularmente). Las publicaciones
científicas y técnicas cubanas sí se procesaron por los propios
especialistas del IDICT.
De este modo, las condiciones objetivas llevaron
al IDICT hacia el principio de procesamiento único y utilización
múltiple de la información. El IDICT pudo enriquecer sus fondos
con información actualizada y relevante gracias a que el VINITI enviaba
copias en microfilmes de artículos originales que el IDICT le solicitaba:
colecciones de revistas, publicaciones, documentos que asesoraban en la actividad
metódico-metodológica y de capacitación de especialistas
que se practicó en el propio IDICT.
En el año 1965, visitó el país el director del VINITI, A.I. Mijailov, una prestigiosa personalidad en el campo de la actividad científico-informativa. Entre ambas instituciones se firmó el primer convenio de colaboración sobre la base del intercambio mutuo de experiencias, de materiales informativos y de especialistas. Dicho convenio favoreció mayormente a la parte cubana porque, como se conoce, en aquellos momentos Cuba no poseía las condiciones necesarias que le permitiesen mantener un flujo de intercambio equivalente.
La influencia del VINITI también
fue notoria en el desarrollo de la actividad científico informativa en
Cuba desde el punto de vista metodológico. En este aspecto, se contó
directamente con la asesoría de especialistas soviéticos que realizaban
estancias de trabajo en el IDICT para apoyar el trabajo en estos temas.
Para
garantizar el apoyo documental en dichos aspectos, el VINITI enviaba regularmente
la copia de los acuerdos y recomendaciones del Grupo de Trabajo de los países
miembros del CAME para la información científica y técnica;
estos materiales fueron de gran utilidad para el desarrollo de la actividad de
preparación de especialistas y metódico?metodológica que
se desarrolló posteriormente.19
De
especial importancia fue el apoyo brindado para determinar el sistema de clasificación
que se adoptaría en el país para realizar el procesamiento de la
información, -se escogió la Clasificación Decimal Universal
(CDU) que se aplicaba en los países socialistas- y, al ser un sistema desconocido
en el país, se realizó la necesaria preparación de los especialistas
para su uso.18
Con esta ayuda, poco a poco, los especialistas del IDICT fueron capaces de comenzar a producir sus primeras elaboraciones metodológicas y organizativas, que tomaban, como puntos de referencia, las experiencias más importantes del desarrollo de la actividad científico-informativa de los países socialistas. Así, ellos comenzaron a estar en condiciones de trasmitir sus conocimientos a los demás trabajadores de esta esfera.
Paradójicamente, a la hora
de hacer un recuento histórico de la actividad informativa en Cuba se obvia
la Primera Reunión de Información Científica y Técnica
y sus resultados. Siempre, se toma como punto de partida en la conformación
del Sistema Nacional de Información y una reunión celebrada casi
10 años después y que tomó igual nombre. La Primera Reunión
de Información Científica y Técnica se celebró en
La Habana, entre el 4 y el 5 de febrero de 1966.
Entre los días 1 y 3 de septiembre del año anterior, la Academia de Ciencias auspició la Primera Reunión Informativa sobre Investigación Científica. Una de las comisiones de esta reunión, integrada por representantes de organismos que formaban parte del Consejo Asesor del IDICT,22 dedicó su trabajo al análisis de los problemas concernientes a la información científica y tecnológica. Como resultado, se tomó la decisión de celebrar, al año siguiente, una reunión cuyo objetivo central fuese el análisis de los logros en dicha esfera y sus posibilidades de desarrollo.
La reunión se realizó cuando el IDICT, luego de
definida su función como institución rectora desde el punto de vista
metodológico e investigativo de la actividad científico informativa
del país, arribaba a una etapa en la que se proponía "coordinar
y organizar una red nacional de información que viabilice el desarrollo
de la revolución tecnológica del país."23
El encuentro fue un paso importante ante la necesidad urgente de desarrollar,
cuanto antes, un aparato de información nacional que sirviera de apoyo
al desarrollo de la revolución científico-técnica a la que
se hallaba abocado el país en aras de satisfacer las necesidades de información,
en el campo de la economía, la ciencia y la técnica en todos los
organismos vinculados a la dirección social, económica, científico-técnica
y productiva.
En esta reunión, participaron 382 delegados que representaban a 38 organismos. Sesionaron siete comisiones de trabajo y hubo siempre una representación de la UNESCO en cada una de ellas. Las comisiones organizaron sus debates a partir de los siguientes temas:
1. Fundamentos científico-metodológicos
y organizativos de la actividad científico-informativa en Cuba.
2.
Recursos materiales y humanos.
3. Publicaciones científicas y técnicas.
4. Fondos científicos y técnicos de información.
5. Traducciones
y terminología.
6. Clasificación de materiales informativos.
7. Colaboración de la actividad informativa.
Lo que hace trascendente
a esta reunión es la oportunidad que ofreció a los profesionales
de la información de más de 30 instituciones y organismos del gobierno,
vinculados a la actividad científica y tecnológica, para que se
reuniesen y tuviesen la oportunidad de contraponer y unificar criterios, así
como para compartir sus vivencias.
La riqueza de los debates abrió
el camino hacia el desarrollo de una actividad de alta importancia estratégica
para el país y, si bien es cierto, que muchas de las ponencias presentadas
adolecían de limitaciones conceptuales, debido a la escasa experiencia
de sus ponentes en la actividad, el solo hecho del encuentro y el contar con un
espacio para debatir era un paliativo a la necesidad de superación y formación
profesional.
Desde el punto de vista metodológico y conceptual,
fue una experiencia muy útil. Además de exponer experiencias prácticas,
fue parte del debate la importancia del análisis y perfeccionamiento teórico,
mejorado de acuerdo con el desarrollo y complejidad que la actividad empírica
adquiriera. Al respecto, se llegó a la conclusión de que sin una
base metodológica y una comprensión filosófica de la ciencia
en su conjunto -a partir del estudio de sus leyes particulares y especiales-,
la información científica perdía, valga la redundancia, su
carácter científico.
Con este análisis, se pretendía
incorporar una comprensión filosófica del desarrollo de la ciencia
desde el punto de vista del materialismo dialéctico e histórico,
herramienta que permitiría obtener una visión sobre cómo
dirigir el desarrollo científico. Sin embargo, a la hora de abordar la
actividad científico informativa este enfoque no fue el que prevaleció
en el país; por el contrario, se impuso un enfoque más pragmático.
En la reunión, también se aprobaron los principios generales
de organización de la actividad informativa en Cuba y para la organización
del sistema de información científica que se implementaría,
ellos fueron:
El Sistema Nacional
de Información, que se propuso, quedaría conformado por tres niveles:
En esta reunión, también
se definieron las funciones que el IDICT debía asumir como órgano
rector de la actividad metodológica del Sistema de Información Científico-Técnica
y se enfatizó en el desarrollo de servicios especializados, así
como en la preparación y capacitación de especialistas, tanto del
IDICT como de las demás instituciones y organismos.
En cuanto a los
centros sectoriales de información técnico-económica, que
eran las dependencias de información que se habían constituido en
los organismos estatales, se redefinieron sus funciones y campo de acción:
-
Organizar la red sectorial informativa dentro de la rama correspondiente.
- Compilar y divulgar las experiencias entre los centros de trabajo de cada rama.
- Editar publicaciones especializadas de interés para cada rama.
-
Conocer las necesidades de información de cada frente y proyecto que conformara
su sector y satisfacerlas
Como sistema de clasificación para
el Sistema de Información Científica y Técnica, se adoptó
de manera oficial la CDU, debido a su empleo por parte de los países socialistas.
Hasta ese entonces, el Sistema de Clasificación Dewey era el más
conocido y utilizado en Cuba, la introducción del nuevo sistema trajo aparejada
la necesidad de capacitación de los especialistas para su uso.
Como
conclusiones de la reunión, se resumieron las recomendaciones planteadas
y, una vez analizadas por el Consejo Asesor del IDICT, se conformaron comisiones
de trabajo que tendrían como objetivo planificar y organizar su puesta
en práctica.
A pesar de los acuerdos y tareas resultantes de
la Primera Reunión de Información Científica y Técnica,
su puesta en práctica no tuvo lugar de la forma esperada. Surgió,
entonces, la preocupación de que el país había invertido
gran cantidad de recursos en aras de desarrollar la actividad científico
informativa en el país y éstos no eran debidamente aprovechados
porque predominaba una falta de estabilidad entre los cuadros, una dirección
metodológica, problemas informativos que favorecían la dispersión
de la información y persistían los problemas con la formación
y preparación de los profesionales.24
En el plano de la formación profesional, que era una de las principales
debilidades que enfrentaba la actividad en el país, se creó una
comisión integrada por el IDICT, la Dirección Nacional de Bibliotecas,
la Escuela de Bibliotecarios de la Universidad de La Habana y el Ministerio de
Educación, a fin de preparar cuadros para la actividad informativa y la
implementación de Sistema Nacional de Información.
Ya
en el año 1964, se había decidido fortalecer los cursos de la Escuela
de Bibliotecarios de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad
de La Habana y había comenzado un nuevo plan de estudios, pero su contenido
respondía básicamente a elementos de la disciplina bibliotecológica.
Las nuevas exigencias de la estrategia revolucionaria para el desarrollo de la nación, en la que ocupaba un sitio primordial el acceso y análisis de numerosos volúmenes de información científica en función del desarrollo socioeconómico del país, no podían satisfacerse con la escasa cantidad de profesionales capaces de asumir, con pleno dominio de la especialidad, la actividad científico informativa. De forma independiente, el IDICT comenzó a organizar cursos de superación.
Desde su
creación, el IDICT tuvo entre sus tareas fundamentales la preparación
de especialistas en la actividad. Para ello, se apoyó en las relaciones
de cooperación que se establecieron con los países socialistas que
permitieron que profesionales de estos países visitaran Cuba y desarrollaran
una labor de asesoramiento en todos los aspectos relacionados con la actividad.
A instancias de la Secretaría de Organización del Comité
Central del Partido se creó entonces la Comisión de Información.
Dicha comisión inició sus trabajos en 1968 y éstos
estuvieron dirigidos hacia la organización del Sistema Nacional de Información
Científico-Técnica, la formación de directivos y el estudio
e introducción de las nuevas tendencias y métodos de la actividad
en el país. La comisión no tuvo una larga vida, pero como resultado
de sus labores, en el año 1970, publicó un informe que sirvió
de base y guía para el desarrollo de la actividad científico informativa
y la revisión de los planes y programas de estudios superiores.25
En 1968, se introdujeron nuevos cambios al plan de estudios pero este aún
no satisfacía las expectativas para la formación de profesionales
capaces de enfrentar las complejidades de la actividad científico informativa.
En 1971, se creó la Licenciatura en Información Científico-Técnica
en la Universidad de La Habana.26 Este nuevo
plan de estudios fue el primer intento en aras de incorporar los avances de la
actividad científico informativa al área docente, que hasta ese
momento tuvo su mayor peso en la bibliotecología.27
En el diseño del plan de estudios para esta nueva carrera, confluyeron dos tendencias: por un lado, la influencia de la informática soviética y por el otro, la influencia de los programas de formación profesional del Tecnológico de Georgia, Estados Unidos. De este modo, se buscaba concederle un espacio destacado al estudio de la información científica pero sin desdeñar la importancia de la ciencia bibliotecológica. Con posterioridad, se realizaron nuevas modificaciones al plan de estudios para obtener, en mayor o menor medida, una integración de las disciplinas de la Ciencia de la Información, la Bibliotecología y la Archivística.
En
la década de los años sesenta, la Biblioteca Nacional de Cuba, también,
realizó una labor muy meritoria, y un tanto olvidada, en la tarea de facilitar
el acceso a la información científico-técnica.
Cuando
triunfó la revolución, la dirección de esta institución
la asumió María Teresa Freyre de Andrade, una mujer con una trayectoria
relevante en el mundo de la bibliotecología nacional. Ella siempre fue
una persona con una amplia visión renovadora. Gracias a su esfuerzo personal
y dedicación, fue capaz de llevar adelante una verdadera transformación
de la institución que dirigía y del resto de las bibliotecas del
país, cuando creó la Red Nacional de Bibliotecas Públicas
en 1962.
Entre los cambios a los que estuvo sujeta la estructura de
la Biblioteca en aras de reorganizar su funcionamiento, estuvo la creación
del Departamento Metódico, que fue una de las primeras experiencias en
el país vinculadas a la actividad científico informativa.
Antes
de comenzar a ofrecer sus servicios, sus especialistas hicieron visitas a centros
de producción e instituciones científicas para determinar cuáles
podían ser las necesidades de información más importantes
a satisfacer. Desde los inicios de su conformación, dicho departamento
ofreció asesorías a centros de documentación e información
y su trabajo también se expandió hace otras provincias, a partir
de las ventajas que ofrecía la red de bibliotecas.
En este departamento,
se realizaron compilaciones bibliográficas que recopilaron normas y metodologías,
que sirvieron para poner en marcha maquinarias que habían en desuso al
desconocerse las características de su funcionamiento, su conocimiento
era sólo parte del poder de empresarios o técnicos que habían
abandonado el país ante las radicales transformaciones revolucionarias.29
Sus servicios siempre tuvieron un carácter interactivo; en muchos
casos, eran los mismos usuarios quienes asesoraban a los especialistas de la Biblioteca
sobre las fuentes de información que necesitaban para investigar en sus
temas. Para ofrecerlos, la Biblioteca también disponía de una ventaja
que provenía de su intercambio con organizaciones internacionales con las
que había desarrollado vínculos de trabajo en su carácter
de salvaguarda de la cultura nacional.
Otro elemento que permite resaltar
el notable trabajo que se realizó en la institución fue la creación
del Catálogo Colectivo de Ciencia y Técnica que cubría fondos
hemerográficos de la temática de casi todas las bibliotecas pertenecientes
a las más importantes instituciones del país.
Aunque este catálogo durante mucho tiempo sirvió de apoyo a la actividad científico -informativa como herramienta de localización y búsqueda de informaciones, perdió relevancia para los posteriores directivos y poco a poco cayó en desuso.
En la década de los años setenta, el país comenzó el llamado período "de institucionalización", que se sitúa entre los años 1971 y 1986. Esta etapa tuvo como principal característica que durante ella se le dio fin al carácter provisorio que hasta ese momento habían tenido las estructuras gubernamentales.
Durante este período,
ocurrieron diversos hechos que condujeron a transformaciones profundas del Estado
Cubano y sus correspondientes órganos de gobierno: la celebración
del Primer Congreso del Partido Comunista; la adopción de la nueva Constitución
Socialista; la implantación de una nueva división político-
administrativa; la constitución de la Asamblea Nacional del Poder Popular
como Órgano Estatal Supremo de la nación.30
En los inicios de los años 70, Cuba también estrecha sus
relaciones con los países del campo socialista, particularmente con la
URSS. En 1972, se incorpora al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME)
y se establecen oficialmente relaciones económicas con este organismo sobre
la base de la integración. Ello implicó la adopción de estructuras
similares a las de estos países como parte de la política de compatibilidad
requerida por dicho organismo internacional.
El campo de la actividad
científica informativa también estuvo sujeto a nuevos cambios. En
el año 1971, se iniciaron las relaciones bilaterales para la colaboración
y cooperación intergubernamental entre la URSS y Cuba. De este modo, en
ese mismo año, se creó la Primera Comisión Bilateral para
las relaciones IDICT-VINITI sobre la base de que el IDICT había adquirido
la experiencia necesaria y estaba en condiciones de dialogar, así como
de aportar sus ideas sobre la temática. La creación de la comisión
fue refrendada por las presidencias de ambas academias de ciencias y estaba compuesta
por 3 miembros de cada parte y encabezadas por los directores respectivos.19
Esta comisión tenía como tareas:
a) Establecer, previo
estudio, las líneas maestras de la colaboración en el campo de la
información científica, y presentar las proposiciones correspondientes
a los órganos superiores respectivos;
b) elaborar, sobre la base de
los convenios generales entre las academias, planes de trabajo específicos
que respondieran a las condiciones de cada momento;
c) chequear, mediante
reuniones periódicas en Moscú y La Habana, el estado de cumplimiento
de las tareas enmarcadas en los planes de trabajo.
La comisión
dirigió su atención hacia el envío de equipos y el aseguramiento
de insumos, el completamiento de colecciones, el asesoramiento en relación
con la introducción de las tecnologías de computación en
la actividad científico informativa y el entrenamiento de los especialistas.
La comisión no funcionó durante un largo período
de tiempo, debido a que la presidencia de la Academia de Ciencias de Cuba decidió
la suspensión de esta y otras comisiones bilaterales. Las relaciones continuaron
su desarrollo de acuerdo con lo estipulado en los planes de trabajo bianuales,
basados en los Protocolos de Colaboración Científica entre las Academias
de Ciencias de la URSS y Cuba.
Las direcciones fundamentales de colaboración no variaron y, hasta que ocurrió la desintegración del bloque de países socialistas y sus organismos de integración, se orientaron hacia la creación de Sistemas Integrales de Información; la organización de servicios informativos y de referencia en el campo de las ciencias exactas, naturales y tecnológicas; la preparación y edición de publicaciones informativas, así como la preparación y superación de los especialistas.
La implementación del Sistema Nacional de Información
Científico-Técnica
La puesta en funcionamiento del Sistema
Nacional de Información siempre se concibió como un proyecto a largo
plazo que requería de investigaciones y estudios de carácter aplicado,
razón por la cual, en un inicio, se estableció como fecha tope,
para su estructuración y puesta en acción, el año 1976. Aún
así, hacia el año 1973, las tareas para la implementación
del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica
atravesaban un notorio proceso de estancamiento y descoordinación.31
Por esta razón, durante ese mismo año, el IDICT invitó
a dos prestigiosos especialistas del VINITI: R.S. Guiliarevskii e I. M. Basora,
a visitar Cuba y ofrecer sus criterios acerca del estado de esta tarea. Además,
se decidió realizar una encuesta que tomó como muestra a 27 centros
de información científica y técnica pertenecientes a los
más importantes sectores y ramas de la economía nacional.31
Desde los inicios de la década del 70, había tenido lugar
en el país un incremento de la actividad científico informativa
debido en parte a la creación y revitalización de centros de información
científico-técnica en los organismos centrales y ministerios. En
sus unidades de base, se crearon numerosas bibliotecas científico-técnicas
o departamentos de información técnica.
Se suponía
que estas nuevas estructuras se interrelacionaran en redes de información,
pero no sucedía así en la práctica. En realidad funcionaban
como entes aislados y el IDICT, a pesar de su carácter rector, no era asumido
como tal y eran muy pocas las instituciones que mantenían relaciones con
él.
Como resultado de la información obtenida, a partir del Informe de los especialistas soviéticos, así como la aportada por el análisis de las encuestas se hizo evidente que:
La
falta de uniformidad en las técnicas y métodos de trabajo imposibilitaban
la conformación de un Sistema Nacional de Información Científica
y Técnica y limitaban la incorporación de Cuba a los sistemas internacionales
de información científico técnica, que exigían la
existencia de un trabajo nacional coordinado.
El informe elaborado
por el IDICT, permitió definir todos los factores que, en pro y contra,
incidían en la puesta en marcha del referido sistema. En la búsqueda
de su funcionamiento definitivo, se introdujeron algunos cambios a su estructura
orgánico funcional, aunque mantenía sus tres niveles (nacional,
sectorial y de base), se incorporaron un mayor número de organismos a las
tareas y funciones inherentes al primer nivel.32
También, se llegó a la conclusión de que la estructura
orgánico-funcional del IDICT no estaba de acuerdo con las responsabilidades
que había asumido como institución rectora de la organización,
desarrollo y perfeccionamiento del sistema. Se propuso entonces, la promulgación
de una ley que elevase al IDICT al rango de Instituto Nacional de Información
Científico-Técnica, que le facilitaría un mayor apoyo jurídico-institucional.
Esta proposición nunca se materializó, en cambio, al año
siguiente, se conformó el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica
(1974) y, como parte de él, la Dirección de Información Científica
Técnica, que sería la encargada de promover y controlar la creación
y el desarrollo del Sistema Nacional de Información Científica y
Técnica. Esta dirección tendría a su cargo la dirección
metodológica del sistema, planificaría su perfeccionamiento por
etapas y coordinaría sus relaciones con otros sistemas internacionales.33
La creación del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica estuvo
motivada por el hecho de que la política científica y tecnológica,
aplicada hasta ese momento por el estado cubano, se había inclinado hacia
la creación de un conjunto de instituciones vinculadas al sector investigación-desarrollo,
pero en el país no existía un órgano rector nacional de ciencia
y tecnología que diseñara las políticas de desarrollo para
esta esfera. El Consejo sería el encargado de vertebrar la política
científica nacional y elaborar los planes de investigación e introducción
de los resultados para la solución de problemas económicos y sociales
por los que atravesase el país.30
La conformación de un Sistema Nacional de Información Científica
y Técnica muestra lo permeada que estaba la actividad científico-informativa
cubana de la vertiente soviética. El sistema se diseñó de
acuerdo con la experiencia de los países socialistas y sobre la base de
la compatibilidad con los restantes sistemas nacionales.
Los rasgos que permiten demostrar esta afirmación se manifiestan en el hecho de que el Sistema contaba con una estructura orgánico-funcional adaptada a la estructura establecida para dirigir la economía, la ciencia y la técnica nacionales; se adoptaba un sistema único de clasificación para organizar las colecciones de documentos científicos y técnicos y se combinaba la coordinación centralizada de las actividades de los órganos de información científico-técnica con la descentralización y especialización por ramas de la economía.
Entre las facetas
del CAME, se hallaba la colaboración científico-técnica entre
los países miembros con el propósito de acelerar el desarrollo económico
y lograr una situación de equilibrio entre ellos. Para lograrlo, existían
programas específicos de colaboración a largo plazo en el campo
de la energía, los combustibles y las materias primas, así como
en la construcción de maquinarias, la agricultura y la industria alimentaria.
En 1969, se creó el Centro Internacional de Información Científico Técnica (CIICT), cuya sede radicaba en Moscú. Este organismo tenía como tarea principal la creación y desarrollo del Sistema Internacional de Información Científico-Técnica (SIICT) sobre la base de la cooperación entre los sistemas nacionales especializados y ramales de información científica y técnica de los países socialistas.
Cuba ingresó como miembro plenipotenciario en el CIICT en el año 1973, un año después de su incorporación al CAME.
Esta organización colaboró enormemente con el desarrollo
del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica
cubano. Para ello, envió varias decenas de miles de páginas de xerocopias
y cuadros de microfichas con información de carácter técnico,
normalizativo, científico y metodológico, así como publicaciones
que el propio centro editaba y publicaba. También elaboraron un proyecto
de cooperación a largo plazo que buscaba asegurar la compatibilidad entre
el Sistema Nacional de Información Científica y Técnica de
Cuba y el Sistema Internacional de Información Científica y Técnica.35
Con el desarrollo y aplicación de las nuevas tecnologías
a la actividad, el CIICT amplió sus funciones de trabajo. De este modo,
también se vinculó al diseño de sistemas automatizados, la
experimentación y puesta en práctica de las técnicas de teleacceso
a bases de datos de información científica y técnica.
El CIICT participaba además en el Sistema Internacional de Información
Nuclear, de Viena; en el Sistema Internacional de Referencia sobre fuentes de
Información sobre el Medio Ambiente en el marco del Programa sobre Medio
Ambiente de las Naciones Unidas y también constituía Centro Regional
del Sistema Internacional de Datos sobre Publicaciones Periódicas en el
marco del Programa General de Información de la UNESCO.
Como se dijo anteriormente, la principal tarea del CIICT era la conformación de un Sistema Internacional de Información Científico-Técnica, que partía del criterio de que el progreso científico-técnico estaba condicionado por el desarrollo y uso eficaz del potencial científico-informativo de cada uno de los países miembros del CAME.
La conformación
del Sistema se concibió por etapas, durante un período de 3 años
(1972-1975), a partir de la cooperación de los diferentes sistemas nacionales.
Se crearían sistemas por sectores (organizados por subsistemas y por tipos
especiales de información).36 La función
de organismo rector lo desempeñaría una de las organizaciones nacionales
designadas.
Para Cuba era de gran importancia participar en el SIICT,
incluidos los subsistemas especializados y ramales porque le ofrecía la
oportunidad de tener un rápido acceso al conocimiento de los logros científico-técnicos
a escala mundial. Significaba, además, el acceso a numerosas fuentes de
información, publicadas o no publicadas, así como a relevantes trabajos
de investigación.
Como miembros de este Sistema, los órganos
nacionales designados para representar al país ante los distintos subsistemas
tenían la oportunidad de participar en la elaboración de planes
(quinquenales, bianuales o anuales). Tenían, además, la potestad
de emitir observaciones sobre proyectos de documentos técnicos y metodológicos
elaborados por órganos nacionales de información de los demás
países miembros.
El primer Sistema de Información del
CAME al que Cuba se integró totalmente fue AGROINFORM. Este era un subsistema
del Sistema Internacional de Información Científico-Técnica
que cubría el sector de la agricultura y la silvicultura. Cuba se vinculó
a este subsistema en 1973. El organismo nacional designado para representar al
país ante este subsistema fue el Centro de Información y Documentación
Agropecuaria (CIDA), uno de los centros que en esta etapa logró vertebrar
un trabajo muy sólido y coordinado con relación a la actividad científico
informativa.
La incorporación de Cuba al CIICT también
resultó muy beneficiosa en el ámbito de la superación profesional.
Muchos trabajadores cubanos recibieron los beneficios de las pasantías,
becas y estancias de trabajo que el campo socialista ofrecía y que duraron
hasta la desintegración de la URSS y el desmembramiento del CAME. Por ejemplo,
el Centro Internacional de Información Científica y Técnica
organizaba Escuelas de Verano en las que los trabajadores de la actividad científico
informativa tenían la oportunidad de adquirir experiencias provenientes
de prestigiosos profesionales.
También es necesario mencionar la importancia que en este sentido tuvo el Instituto para la Elevación de la Calificación de los Trabajadores de la Información (IPKIR) que funcionaba como sede para la superación de trabajadores de la información científica de todos los países miembros del Sistema Internacional de Información Científica y Técnica. A su vez, organizaba simposios internacionales y cursos por correspondencia como otro medio de ayuda a la formación de especialistas, fundamentalmente de aquellos provenientes de países en vía de desarrollo.
En
1975, se celebró el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba donde
establecieron las líneas de desarrollo del país. El desarrollo científico
en función del progreso económico y social se incluyó en
la estrategia política de desarrollo. Como resultado del Congreso, se trazó
la política científica nacional, que consideraba como aspecto primordial
para su posible aplicación la creación y desarrollo de un sistema
nacional de información científica y técnica que contemplara
el aprovechamiento máximo de la información internacional que obtuviese
el país, y especialmente la colaboración de los países integrantes
de la comunidad socialista.37
A finales
de ese mismo año, con el propósito de evaluar la situación
de la actividad científico informativa en el país, entre los días
20 y 22 de noviembre, se celebró la Primera Reunión Nacional de
Información Científica y Técnica (denominada como Primera
al igual que la celebrada en 1966).
El encuentro fue el marco propicio
para el intercambio de experiencias y el conocimiento mutuo entre todos los órganos
relacionados con la actividad científico informativa cubana. De igual modo,
a la realizada en la década anterior, volvieron a analizarse los factores
que en esos momentos incidían en el desarrollo de la actividad como:38
Gracias a la confrontación de ideas y el intercambio de experiencias, se identificaron aquellas causas que atentaban contra la conformación de un sistema de trabajo coordinado, elemento indispensable para la puesta en marcha de un sistema que, como tal, debía funcionar de modo armónico a nivel nacional, ellas eran:38
Su significación
como encuentro se debe a que permitió definir, de manera objetiva y concreta,
la política de desarrollo de la actividad científico informativa
del país. El resultado material fue un conjunto de documentos y recomendaciones
para la implementación definitiva del Sistema.39
Desde el año 1974, el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica,
como órgano central encargado de formular una política científica
y tecnológica integral, se había designado para asumir las tareas
relativas a la conformación del Sistema Nacional de Información
Científica y Técnica. A este efecto, su Dirección de Información
Científica y Técnica creó comisiones de trabajo para acelerar
el proceso de implementación del Sistema.
A modo de apoyar
lo planteado en la política científica nacional, en septiembre de
1976, el Consejo emitió la Resolución No. 2 en la que se establecía
la creación oficial del Sistema. Sin embargo, tan solo dos meses después
se produciría un nuevo cambio en las estructuras que lo dirigían.
Como parte del proceso de institucionalización, en noviembre de 1976, se dicta la Ley 1323 sobre "La Organización de la Administración Central del Estado" a partir de la cual se crean los comités estatales, con características estructurales similares a los soviéticos. La incorporación de Cuba al CAME implicaba la adopción de infraestructuras organizativas compatibles con las de los demás países miembros y estos insistían en el establecimiento, en la Administración Central del Estado cubano, de "organismos rectores" de actividades horizontales.17
A
través del Artículo 56 de la Ley anteriormente citada, se establecía
la creación del Comité Estatal de Ciencia y Técnica, constituido
oficialmente en 1977. Este sería el encargado de dirigir, coordinar y controlar
la aplicación de la política del estado y del gobierno en materia
de ciencia y técnica. Era, por tanto, el rector nacional de todo lo relativo
a las tareas científicas y técnicas ejecutadas por los diferentes
organismos e instituciones del estado cubano.
En este año también
quedó legislada la obligatoriedad de crear consejos técnicos asesores
en todos los organismos para guiarlos en el desarrollo científico y tecnológico
y el establecimiento de direcciones de ciencia y técnica en el aparato
central de los distintos organismos.
Como parte del modelo económico socialista habían comenzado a diseñarse los planes quinquenales y, como tarea del quinquenio a cumplir, el Comité Estatal de Ciencia y Técnica debía desarrollar el Sistema Nacional de Información Científico-Técnica. Para lograr vertebrarlo, definitivamente, se redefinieron y asignaron las funciones a asumir. El IDICT pasó a ser el responsable de asegurar la unidad metodológica de todo el Sistema Nacional de Información.
Históricamente,
las provincias del país habían experimentado un mayor atraso que
la capital en todo lo referente a la actividad científico informativa.
Aunque existían centros de información especializados pertenecientes
a los anteriores órganos de poder, alguna de ellas, luego de la nueva división
política-administrativa del país, no contaban con centros de este
tipo.
Este último aspecto motivó que en el año
1976, por resolución del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica,
se le asignara a la Academia de Ciencias, la tarea de crear centros provinciales
de información científica y técnica en calidad de filiales
del IDICT.
Estas filiales contarían con un fondo de información y referencia que respondería a las necesidades de información de los usuarios de la provincia, fuesen colectivos o individuales, en temáticas estrechamente relacionadas con los planes específicos de la ciencia, la producción y los servicios del territorio que abarcasen. Además, tendrían a su cargo la organización y control del flujo de información ascendente (los documentos no publicados) desde la base hasta los órganos sectoriales y nacionales y también contarían con el apoyo de éstos para la prestación de los diversos servicios de información.
La
Academia de Ciencias y el IDICT se dieron entonces a la tarea de realizar contactos
con diferentes centros nacionales de información científico- técnica
para proponerles su integración a la actividad de las provincias. Algunos
ministerios ya poseían centros provinciales de este tipo. Este era el caso
del Ministerio de Agricultura cuyo Centro de Información y Documentación
Agropecuaria (CIDA), que poseía filiales en provincia las cuales se integraron,
material y humanamente, a los nuevos centros de la Academia de Ciencias que se
conformaban. Incluso, en algunos casos, se utilizaron las propias instalaciones
de las filiales del CIDA para establecer los centros provinciales de información
científico técnica.40
Otros,
como el Ministerio de la Industria Azucarera (MINAZ), no disponían de filiales
provinciales pero en cambio, con fondos de los que disponía en su sede
central, hizo el primer aporte a la conformación de los fondos documentales
de estas filiales.
Con la creación de estos centros, se trataba
de cubrir la carencia de información que afrontaban todos los sectores
económicos y productivos en las provincias y por otro lado, así
como lograr la unificación de los recursos humanos, materiales y de información.
Además, ellos tenían como ventaja, la racionalización del
trabajo técnico y la posibilidad de aplicar una política paralela
de divulgación de información y de educación de usuarios,
este último, uno de los principales factores que atentaban contra el buen
uso de los recursos informativos.41
En
los inicios, fue necesario lidiar con la falta de recursos y las pocas condiciones
objetivas para mantener un servicio de este tipo. Motivo del atraso histórico
al que se habían visto confinadas las provincias en relación con
la capital era necesario habilitar los locales escogidos como sede a fin de que
contasen con las condiciones adecuadas para desarrollar este tipo de actividad.
También era impostergable la preparación y capacitación del
personal encargado de dirigir la actividad e interactuar con los usuarios.
El primer centro se creó en las Tunas, en junio de 1977. Ese mismo
año fueron creados otros siete. En el año 1980, se completó
la red de centros multisectoriales en las restantes provincias del país,
a excepción de La Habana y Ciudad de La Habana donde no se fundaron por
su cercanía a los organismos matrices. Estas filiales comenzaron a ofrecer
sus servicios contando con una cantidad mínima de trabajadores (entre 4
y 6) al igual que de recursos materiales (una modesta instalación con muebles
y equipos menores, un lector de microfilm y una o dos máquinas de escribir).40
Los centros multisectoriales debían asegurar el suministro de información
a investigadores, a especialistas y trabajadores vinculados al proceso productivo,
a los directivos, a los profesores y estudiantes universitarios. Muchos de estos
centros se sumaron a la divulgación de la actividad científico técnica
mediante el diseño de modalidades de servicios que acercasen a los diferentes
usuarios a la labor que ellos realizaban, por ejemplo, a partir de la proyección
de películas que abordasen temáticas afines y la organización
de exposiciones, eventos científicos, conferencias y seminarios.42
Para garantizar el trabajo coordinado de estos centros, en cada uno, se
estableció un consejo científico técnico asesor. En este
consejo, se encontraban representadas empresas, instituciones y organismos provinciales.
En esencia, funcionaba como un órgano asesor para los trabajadores de la
actividad científico informativa y constituía el eslabón
directo que éstos podían establecer con la actividad productiva.
El escaso conocimiento de las posibilidades que ofrecía una institución de ese tipo atentó, en los primeros tiempos, contra la labor que ellas realizaban. En muchos casos, el pobre hábito de utilización de la literatura especializada, por parte de los técnicos y especialistas, provocó el desconocimiento o la escasa consulta de la información científico-técnica que se encontraba a su disposición. En los peores casos, condujo a la duplicidad de la realización de numerosos trabajos de investigación científica.41
A finales de los años 70, el gobierno cubano decidió realizar
una serie de reformas a las estructuras estatales que se habían creado
como resultado del proceso de institucionalización realizado en el país.
Como parte de dicho proceso, se fundó el Comité Estatal de Ciencia
y Técnica, al que se hizo referencia anteriormente.
La atención
a la actividad científica informativa se mantuvo a cargo de la Dirección
de Información Científica y Técnica de este Comité,
a la cual el IDICT se subordinó metodológicamente. A partir de ese
momento, el establecimiento, dirección y control del Sistema Nacional de
Información Científica y Técnica pasó a ser competencia
de esta Dirección, mientras la Academia quedó establecida como un
organismo administrativo con el estatus de Instituto Nacional.
Como
parte de las tareas que este Comité desempeñaba, en 1978, se organizó
un grupo de trabajo encargado de elaborar, por primera vez en el país,
normas para la actividad informativa. Este grupo mantuvo un trabajo sostenido
hasta el año 1990; durante ese tiempo, elaboraron alrededor de 43 normas
aplicables, tanto al Sistema Nacional de Información, como al Sistema de
Bibliotecas Públicas y al Sistema de Bibliotecas Escolares. Durante esa
etapa, el cumplimiento de las normas era de carácter obligatorio.43
La creación del Comité Estatal de Ciencia y Técnica
también hizo evidente la influencia soviética. Se había copiado
la estructura estatal de la URSS y se instituyeron igual número de comités
estatales que los que existían en ese país, algo que era innecesario
en un país mucho más pequeño y menos complejo. Las funciones
de los comités estatales y los ministerios se entrecruzaban, lo que en
muchos casos provocó la duplicación innecesaria de tareas.
Ante lo evidente del error, en el año 1980 se decidió realizar
una reestructuración de los organismos de la administración central
del estado y para ello, el 10 de enero del propio año, el Consejo de Estado
dictó el Decreto-Ley No. 31 sobre "La Reducción de Organismos
de la Administración del Estado".
Como parte de dicha Ley,
quedó establecido que el Comité Estatal de Ciencia y Técnica
se desintegraría. Ambos órganos de dirección (El Consejo
Nacional de Ciencia y Técnica y el Comité Estatal de Ciencia y Técnica),
con mandatos y acciones diferentes, habían introducido una nueva etapa
en la evolución de la política científica del país:
el modelo de dirección centralizada que perseguía ordenar a nivel
nacional la generación de conocimientos científicos y tecnológicos
y garantizar su utilización práctica.
Sin embargo, estos
objetivos nunca pudieron ser alcanzados en su totalidad debido a dos razones clave:
el potencial alcanzado había tomado grandes dimensiones y se hacía
muy difícil la tarea de conciliarlo y coordinarlo y lo más importante,
no se logró involucrar en esta tarea a los posibles beneficiados.17
Las funciones que hasta ese momento había asumido el Comité Estatal de Ciencia y Técnica pasaron a la Academia de Ciencias. Esta asumió, por tanto, las tareas equivalentes a un organismo rector de la ciencia y la técnica con rango ministerial.
De este modo, regresaron a la Academia de Ciencias
de Cuba y a su órgano especializado, el IDICT, las funciones rectoras de
la organización, desarrollo y perfeccionamiento del Sistema Nacional de
Información Científico-Técnico de Cuba.
Aunque
desde 1976 se había logrado la creación de nuevas estructuras de
información, desplegadas a lo largo del país y la consolidación
de muchas de las que existían anteriormente, el Sistema Nacional de Información
Científica y Técnica seguía pareciendo más bien una
aspiración que una realidad concreta.
Algunos sistemas de información sectorial, unidades y redes de información de los organismos y los centros multisectoriales provinciales sí constituían ya realidades en desarrollo y en su conjunto creaban las bases adecuadas para el desarrollo del sistema. Sin embargo, para lograr la articulación de éste era imprescindible expandir el trabajo coordinado hacia todas las instituciones de información implicadas.
Las dificultades fundamentales que afectaban los servicios nacionales y sectoriales de información y al Sistema en su conjunto podían resumirse en:44
El Sistema carecía de una actividad articulada, de una
estructura de dirección y coordinación adecuadas. Para suplir estas
deficiencias, la Academia de Ciencias, mediante la Resolución 621/80, instrumenta
la creación del Consejo de Coordinación del Sistema Nacional de
Información Científica y Técnica.
El Consejo tendría
como principales funciones:
Para garantizar un desarrollo normal del trabajo del Consejo de Coordinación se creó un Buró de Coordinación encargado de desarrollar iniciativas, emitir recomendaciones y constituir grupos de trabajo especiales para la conformación de propuestas relativas al mejor funcionamiento del sistema.45
En el año 1981, se celebró en La Habana la XXII
reunión del Comité de Representantes Plenipotenciarios de los países
miembros del CIICT. Este Comité era el órgano superior para la dirección
de la actividad del CIICT. Estos encuentros se realizaban con el objetivo de impulsar
las tareas de organización, desarrollo y perfeccionamiento del Sistema
Nacional de Información Científica y Técnica mediante el
incremento de la colaboración en esta esfera entre todos los países
miembros del CAME.
Un encuentro de tan alto nivel era inusual en Cuba y en América Latina. Para Cuba, además de las posibilidades de ayuda al desarrollo del Sistema, significó la oportunidad de estrechar los lazos de trabajo con tan importante organismo internacional.
Además, en
esta reunión fue aprobado el punto referente a la ayuda a los países
miembros del CAME que poseían un considerable atraso en su desarrollo científico-informativo,
a fin de equipararlos al resto.
El Subprograma,17
como parte del Plan para el Desarrollo Acelerado de la Ciencia y la Técnica,
se analizó y aprobó en esta reunión; dicho plan contemplaba
la ayuda en esta esfera a los países de menor desarrollo miembros del CAME
(Cuba, Viet Nam, Mongolia). La aprobación de este Subprograma se tradujo
en un incremento de la asistencia técnica, de los aportes de medios materiales
y de las facilidades para el entrenamiento de los profesionales.35
En el caso particular de Cuba y, como parte de este Subprograma, en la
reunión se aprobó el Programa de Asistencia a largo plazo a la República
de Cuba en el desarrollo del Sistema Nacional de Información Científica
y Técnica para el período 1981-1985. El financiamiento para este
programa de ayuda era asumido con cargo al presupuesto del CIICT dentro de la
partida destinada a "Gastos para la asistencia a la República Socialista
de Viet Nam, la República de Cuba y la República Popular de Mongolia".
El Subprograma17 se convirtió así
en la principal fuente de financiamiento externo que aseguraría la consolidación
de la infraestructura de los servicios de información en Cuba.
Las
líneas fundamentales de asistencia estaban dirigidas a tareas concretas
como:
En
el año 1984, por resolución de la Academia de Ciencias de Cuba,
se establece finalmente el Reglamento para la organización y el funcionamiento
del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica,
donde aparecen enunciados los principios que regulan su organización y
puesta en acción. También, se estipula que en lo adelante se le
nombrase como "Sistema de Información".
Con este Reglamento
se intentaba articular el Sistema como un organismo coordinado al definir sus
funciones específicas, describir sus niveles estructurales, enunciar las
áreas temáticas que cubriría y enumerar las relaciones e
interrelaciones que se establecerían entre los diferentes componentes del
Sistema. Finalmente, se contaba con un documento definitivo que establecía
las bases jurídicas de su funcionamiento.
Luego de establecido
ese Reglamento, el IDICT comenzó a emitir una serie de Resoluciones Conjuntas
con los Organismos de la Administración del Estado mediante las cuáles
se buscaba tener una mayor influencia en la regulación de la actividad
de información de esas organizaciones; sin embargo, esto tampoco resolvió
el problema de la ausencia de coordinación entre los distintos componentes
del Sistema.
A partir de 1989, se estableció una nueva variante
organizativa de ellos: los comités de información sectoriales. Estos
constituían un mecanismo de dirección colegiada que favorecía
la cooperación y la coordinación de las distintas actividades, a
partir de la fusión de intereses comunes para enfrentar los problemas.46
De esta manera, a partir de la iniciativa del Subsistema de Información Científica para la Economía (SICE) que había vinculado la labor de todos los centros de información de los organismos económicos para lograr una mayor unidad de trabajo y mejor uso de los recursos materiales y humanos, fueron creados el Comité de Ciencias Económicas (COSDE), el Comité Agroindustrial, el Comité de Ciencias Sociales y el Comité de Cooperación para la Industria Sidero-Mecánica.
La presencia
de las nuevas tecnologías de computación en la actividad científico-
informativa en Cuba.
En la década de los años 80, la
actividad científica informativa en Cuba experimentó visibles pasos
de avance. Esto se evidenciaba en la introducción y desarrollo en el país
de redes de intercambio automatizado que posibilitaban la comunicación
con servidores y bases de datos a nivel mundial. A partir de estos avances tecnológicos,
se introdujeron nuevos servicios a la dinámica de la actividad informativa:
el teleacceso, el correo electrónico, el acceso en línea a bases
de datos.
Desde la incorporación de Cuba al CAME, en el país
comenzaron a realizarse investigaciones relacionadas con la introducción
de la técnica digital para la automatización de los procesos de
información. El desarrollo de la llamada industria de las bases de datos,
así como de la telemática constituían un reto para los países
socialistas que realizaban grandes esfuerzos para desarrollar y asimilar esta
tecnología.47
En el año
1983, se constituyó un grupo de trabajo como parte del Sistema Internacional
de Información Científica y Técnica para la creación
y desarrollo de la Red Automatizada de este sistema internacional.
Durante los meses de marzo y abril de 1983, tuvieron lugar varias sesiones de teleacceso a base de datos situados en el CIICT. La primera sesión se realizó el 10 de marzo en presencia de los participantes a la XXVIII Reunión del Comité Plenipotenciarios para la Colaboración Científica y Técnica de los países miembros del CAME que se celebraba en La Habana. La segunda serie de experimentos tuvo lugar en septiembre de ese mismo año, pero esta vez se amplió a la cantidad de centros de bases de datos con los que se pudo establecer comunicación.48
De
esta manera, se abrió la posibilidad para Cuba de acceder de manera directa
a las bases de información situadas en otros países del campo socialista,
en particular de la URSS (a partir de tecnología exclusivamente socialista).
Por la parte cubana, además del IDICT, participaron en esta primera prueba
especialistas del Instituto Nacional de Sistemas Automatizados (INSAC), el Ministerio
de Comunicaciones, la Empresa de Telecomunicaciones Internacionales (ENTELCUBA)
y el Centro Internacional de Mantenimiento de las Telecomunicaciones (CINT). Por
la parte extranjera participaron especialistas del CIICT.49
En junio de 1983, por resolución de la Academia Nacional de Ciencias
de Cuba, el IDICT comienza a desempeñar las funciones correspondientes
a un Centro Nacional para el Intercambio Automatizado de Información. Esto
significaba que el IDICT sería el encargado de impulsar y coordinar con
los demás organismos nacionales el desarrollo de redes computadoras y bases
de datos nacionales de información científica y técnica.49
Como resultado de esta resolución emitida por la Academia de Ciencias, se firmaron convenios de colaboración bilateral entre la Academia de Ciencias y el Comité Estatal de Ciencia y Técnica de la URSS, lo que facilitó la introducción de esta nueva tecnología en el país.
En
esta primera etapa, se comenzaron a prestar servicios de forma experimental desde
la terminal de comunicaciones instalada en el IDICT. También fue necesario
el adiestramiento del personal que operaría esta nueva técnica y
que, a su vez, sería el responsable del adiestramiento del resto de los
usuarios de todo el país.48
A
partir de 1984, nace en Cuba, un interés creciente por la utilización
de la computación en la actividad científico informativa. Mediante
conferencias y demostraciones ofrecidas a organismos e instituciones, concentradas
mayoritariamente en la capital, comenzó la difusión de esta nueva
tecnología. El uso de estas tecnologías favorecía el logro
de un flujo de información más ágil y posibilitaba que fuesen
mayores los intercambios de información, tanto interna como externamente
(fundamentalmente con los países socialistas).50
Poco a poco, el servicio se extendió y se comenzaron a realizar
pruebas de transmisión de datos desde siete provincias del país.
También se ampliaron las posibilidades de acceso a nuevos centros de bases
de datos ubicados en los países socialistas. A finales del año 1986,
había mejorado la infraestructura de telecomunicaciones de manera tal que
hacía posible la conexión desde el IDICT a todas las redes de transmisión
de datos del mundo.
Al año siguiente se celebró el Encuentro
sobre Sistemas para Información Científico-Técnica y Bibliotecas
en Microcomputadoras. El Encuentro se celebró del 13 al 15 de noviembre
en el IDICT y convocado por su área de automatización. Su objetivo
era reunir experiencias y mostrar las ventajas del uso de esta tecnología
en la actividad al facilitar un flujo de la información mucho más
ágil. También, se mostraron sistemas creados por especialistas de
diversos organismos del país a partir de las ventajas que proporcionaban
estas tecnologías.51
Y desde aquel entonces, el uso de las nuevas tecnologías de computación se concibió como una herramienta inseparable de la actividad científica informativa en Cuba. El conocimiento y dominio de las técnicas de computación le imprimió una ágil dinámica a la actividad y facilitó el acceso a fuentes de información que hasta ese momento eran desconocidas o inalcanzables.
Otros elementos a destacar en el desarrollo de la Ciencia
de la Información en Cuba durante este período
Otro hecho
relevante de esta década es la constitución, el 24 de junio de 1985,
de la Sociedad Cubana de Información Científica 52 (SOCICT) con
el propósito de contribuir al desarrollo de la Actividad de Información
Científico y Técnica, en correspondencia con las necesidades del
desarrollo social, político y económico del país.53
La constitución de la Sociedad favoreció, en gran medida,
la promoción de intercambios científicos de conocimientos en este
campo mediante reuniones, seminarios, jornadas, informes y publicaciones; además
de ser un organismo que favorece el intercambio con sociedades y organizaciones
científicas y técnicas nacionales e internacionales relacionadas
con la actividad de Información Científica y Técnica.
A lo largo de sus años de existencia, la SOCIT ha trabajado en estrecha
colaboración con el IDICT y demás organizaciones pertenecientes
a la esfera de la actividad científico informativa en el país en
la preparación de seminarios, talleres y congresos nacionales e internacionales
que sobre la temática se han realizado.
La creación,
en el año 1988, de la Biblioteca Nacional de Ciencia y Técnica también
significó un hecho relevante para el desarrollo de la actividad científico
informativa en el país. La Biblioteca tenía como misión garantizar
la entrega de un servicio sostenido con información actualizada a las líneas
priorizadas de investigación del país, particularmente las vinculadas
al frente biológico, el de proyectos y el de Electrónica.
Resulta
también importante mencionar la celebración, en el año 1988,
del Primer Congreso INFO que tuvo como precedente las jornadas científicas
que durante esa década se celebraron en el IDICT. Dicho Congreso, internacional,
agrupó a especialistas de diversos países y, con ello, propició
el intercambio de experiencias. Su éxito fundamental consistió en
demostrar que las condiciones estaban creadas para poder preparar y desarrollar
en lo adelante eventos de esa calidad y magnitud.
A partir de este primero, los congresos INFO se han celebrado cada dos años de forma ininterrumpida, y coincidió en 1990 con la celebración en Cuba del 45 Congreso y Conferencia de la Federación Internacional de Información y Documentación (FID). A partir de entonces, se han celebrado en los años 1993, 1995, 1997, 1999 y 2002. Los principales temas han enfatizado los retos que imponen las nuevas tecnologías de información y comunicación, los nuevos paradigmas de gestión de las organizaciones, los nuevos enfoques gerenciales y las nuevas exigencias que se imponen a los profesionales e instituciones de información.
Durante tres décadas,
Cuba había mantenido relaciones económicas con los países
socialistas, basadas en precios preferenciales, créditos para el desarrollo,
ayuda técnica y militar que le permitieron sortear las difíciles
condiciones impuestas por el mercado mundial a los países subdesarrollados.
Al ocurrir la desintegración del bloque socialista y del CAME, el país
tuvo que integrarse por sí solo a la dinámica económica mundial.54
La economía cubana se vio abocada hacia un proceso de reestructuración
en un intento por lograr su reinserción en el mercado internacional a partir
de una reforma del sistema económico sin cambiar el carácter socialista
de la sociedad.
Al desaparecer el bloque socialista del Este Europeo
como modelo político, social y económico, la Informática,
como vertiente de la Ciencia de la Información, también desaparece,
al hallarse muy estrechamente vinculada al modelo estructural del llamado "socialismo
real". Para Cuba, esto significó, en gran medida, la desarticulación
de su Sistema Nacional de Información, que se había concebido e
implementado sobre la base del apoyo que se recibía de estos países,
principalmente de la URSS.
Las instituciones de información
también tuvieron que enfrentar un proceso de cambio. De organizaciones
subsidiadas tuvieron que comenzar a asumir funciones más comerciales con
el objetivo de garantizar el autofinanciamiento de su gestión. La situación
coincide con un momento en que, a nivel mundial, ocurría una gran transformación
en los enfoques, contenidos y procedimientos de trabajo por parte de las entidades
del sector de la información.
Desde la década anterior,
en los países más desarrollados había comenzado a producirse
un cambio en los enfoques, contenidos y procedimientos que caracterizaban a la
actividad informativa. La principal tendencia mundial era el desplazamiento de
la economía del sector productivo hacia el sector de los servicios y, por
consiguiente, los servicios de información también comenzaron a
operar bajo esos conceptos.55
El sector
de la información cubano sufrió una brusca afectación en
su conjunto. La actividad que mayor impacto sufrió fue la relativa a la
adquisición de fuentes de información. Entre 1986 y 1988, se habían
dado las cifras más altas de todos los tiempos para la compra de publicaciones
seriadas pero a partir de 1988, se interrumpió abruptamente la ejecución
de los planes de compra.50
Era vital buscar nuevas vías para la obtención de información. Una de las alternativas fue el incremento de las relaciones de canje y la recepción de donativos a partir de los esfuerzos particulares de cada organismo y empresa. Sin embargo, las limitaciones en los recursos obligaron a suspender la edición de publicaciones seriadas nacionales en 1990, ello provocó dificultades para cumplir los compromisos de canje preestablecidos.
La única forma
de aliviar estos efectos era comenzar a asumir funciones más comerciales
que garantizasen el autofinanciamiento de la organización o éstas
caerían en la más total decadencia.
El sector de la información
cubano estaba obligado a transformarse si no deseaba desaparecer. Nuevas concepciones
comenzaron a introducirse y la información, por parte de algunas organizaciones,
comenzó a verse como una de las más importantes armas estratégicas
para insertarse en un mercado mucho más dinámico y prácticamente
desconocido.56
Así, poco a
poco, el sector científico-informativo comenzó a familiarizarse
con concepciones mercadológicas y gerenciales. El enfoque hacia el usuario,
a partir del estudio de necesidades y la confección de productos y servicios
informativos a la medida y de alto valor agregado, fue otra nueva tendencia que
comenzó a notarse en el panorama nacional. También, la infraestructura
tecnológica en función de la información asumió un
valor mucho más estratégico y, de este modo, comenzó a experimentar
un acelerado desarrollo y a convertirse en una herramienta imprescindible para
la actividad.
Esto, a su vez, implicó que el profesional de
la información tuviese que asumir tareas nuevas, al incorporarse a la actividad
conceptos y funciones muy diferentes a los que durante las últimas tres
décadas había desempeñado. Ante sí, tenía como
exigencia el dominio de las técnicas y herramientas de la gestión,
el manejo de nuevos medios electrónicos de almacenamiento y de transmisión
de información y el empleo de herramientas de marketing para el diseño
y puesta en funcionamiento de productos y servicios competitivos.
La influencia de la vertiente anglosajona y sus nuevos enfoques, comenzó a hacerse notar con la aparición de los anteriores elementos en el panorama de la actividad científica informativa cubana.
La institución de información
que mantuvo una posición de líder ante estos nuevos cambios fue
el IDICT. Las primeras transformaciones estuvieron relacionadas con una reestructuración
de la institución que se produjo en el año 1990, tras una reingeniería
organizativa que generó una organización por divisiones. La organización
adoptó una nueva denominación oficial: Instituto de Información
Científica y Tecnológica, aunque mantuvo sus siglas tradicionales.
En aquellos momentos, el IDICT adoptó una nueva visión de
trabajo ante los organismos nacionales de información y comenzó
a potenciar su función como facilitador de las actividades que estas instituciones
realizaban. Los antecedentes de esta nueva función se aprecian desde la
década anterior, cuando, mediante con el teleacceso posibilitó el
acceso de estas instituciones de información a bases de datos internacionales,
cuando introdujo, por vez primera en el país, el uso del correo electrónico,
así como cuando diseñó y condujo acciones de capacitación
en la creación y manejo de bases de distintas bases de datos.57
En el año 1992, se constituyó el Centro de Estudios y Desarrollo
Profesional en Ciencias de la Información (PROINFO), división del
IDICT destinada al desarrollo profesional de todos los recursos humanos componentes
del Sistema que hasta ese momento fueron su eslabón más débil.
Por esta razón, PROINFO enfocó su trabajo hacia el desarrollo del
potencial humano, a partir de diferentes mecanismos.
Se impartieron
una serie de cursos, seminarios y entrenamientos que buscaban facilitar al profesional
un espacio donde actualizar sus conocimientos y llenar vacíos sobre temáticas
que no eran objetivo de estudio en la enseñanza de pregrado; con ello,
se convirtió en un complemento de la enseñanza universitaria de
esta disciplina.
Las temáticas impartidas por PROINFO abarcaban
temas como: marketing de productos y servicios de información, gerencia
de información en las organizaciones, nuevas tecnologías de información,
informetría/bibliometría, teoría de los fondos documentarios,
gestión de la calidad y la productividad de los sistemas de información,
estudios de necesidades de los usuarios y sistemas organizacionales de información
de inteligencia.
Otra acción importante fue la preparación
de eventos de carácter nacional e internacional que constituyesen un medio
de compartir experiencias y criterios. PROINFO, a partir del año 1993,
fue el encargado de organizar los eventos bianuales INFO y es importante señalar,
además, la preparación de dos Seminarios en colaboración
con la Universidad Complutense de Madrid, uno celebrado en La Habana en 1990 y
otro celebrado en Madrid en 1992, que sirvieron para favorecer la presencia de
Cuba en el Congreso de la FID que tuvo lugar en España en el propio año
1992.
PROINFO desarrolló una forma renovadora de poner en práctica
la actividad científico informativa. Con la presencia de un destacado equipo
de especialistas organizó toda su labor con el propósito fundamental
de servir de puente del conocimiento a los profesionales de la información,
tanto nacionales como extranjeros.
También, debe destacarse
su trabajo orientado hacia el desarrollo de líneas de investigación
en Ciencia de la Información como un modo de consolidar sus propias fuerzas
organizativas y de propiciar el enriquecimiento teórico de sus estudiantes.
PROINFO tuvo a su cargo el diseño de tres diplomados: en Servicios, en
Procesos y en Gerencia. También trabajó, en colaboración
con la Universidad de La Habana, en la preparación de la maestría
de esta disciplina que actualmente se imparte en la Facultad de Comunicación.
Otra de las tareas que asumió fue la edición de la revista
especializada Ciencias de la Información que, con un perfil y propósitos
más abarcadores, sustituyó a Actualidades de la Información
Científica y Técnica (1973-1990) -que, a su vez, había dado
continuidad a otra serie anterior: Actualidades de la Documentación (1968-1973).
Resulta necesario hacer un aparte y destacar la importancia formadora
que ha tenido esta revista para el profesional cubano de la información.
Durante sus primeros diez años de existencia, sólo recopiló
artículos provenientes de publicaciones extranjeras, como una forma de
facilitar el desarrollo profesional de los especialistas cubanos a partir de las
experiencias en la disciplina obtenidas en los distintos países que integraban
el campo socialista.
Es a partir de 1978 que la revista conforma plenamente
sus ediciones con artículos de autoría cubana; se convierte así
en el medio fundamental mediante el cual los especialistas cubanos han dado a
conocer el resultado de sus experiencias e investigaciones en la materia.
PROINFO se destacó, además, por diseñar y aplicar
servicios y productos de alto nivel añadido, que incluían la generación
de productos electrónicos educativos sobre la especialidad, la creación
de directorios sobre diversos aspectos de la actividad informativa en el país,
la edición del Manual Práctico de Catalogación Descriptiva
para Libros y Folletos, el diseño y creación del Repertorio de Bases
de Datos Cubanas, la creación del Catálogo Colectivo de Publicaciones
Seriadas en Ciencias de la Información, de acceso en línea, entre
otros.
En el propio año 1992, se fundó la casa consultora
BIOMUNDI. Esta organización inició los trabajos de consultoría
y de inteligencia empresarial para servir al Polo Científico del Oeste
en función del desarrollo de la industria de biotecnología y la
farmacéutica.58
BIOMUNDI se
concibió para ofrecer servicios y productos de alto valor añadido
como: consultoría e información tecnológica, económica
y comercial, producción de bases de datos y directorios, anuarios para
instituciones de la industria biotecnológica, médico-farmacéutica
y las biociencias y desde su creación, junto a su consolidación
como organización, amplió su esfera de acción.
Con
la creación de BIOMUNDI, se introdujo en el país una nueva forma
de manejar la información en función de la inteligencia empresarial,
léase: estudios estratégicos, de mercado, monitoreo de información
y de tendencias. BIOMUNDI, además de ser la primera en ofrecerla, se ha
especializado en la organización de talleres y seminarios que posibiliten
el conocimiento de las tendencias relacionadas con la gestión del conocimiento
y la inteligencia.59
En 1994, en el
proceso de reorganización de la Administración Central del Estado
cubano, la Academia de Ciencias, que sumó su estructura a las de la Comisión
Nacional de Medio Ambiente y Recursos Naturales y la Secretaría Ejecutiva
de Asuntos Nucleares, se convirtió en Ministerio de Ciencia, Tecnología
y Medio Ambiente (CITMA). Este Ministerio pasó a ser, entonces, el organismo
encargado de dirigir, ejecutar y controlar la política del estado y del
gobierno en la actividad científica y tecnológica, la política
ambiental y de uso pacífico de la energía nuclear, todo para propiciar
una integración coherente que contribuya al desarrollo sostenible del país.
A partir de ese momento, el IDICT se subordina administrativa y metodológicamente
a este Ministerio. Cuando en el año 1995, como parte de la adopción
de una estructura más flexible se funda la Agencia de Información
para el Desarrollo, se determina, por parte del Ministerio, que el IDICT quede
subordinado a esta metodológica y administrativamente.
El IDICT
fue el primer proveedor de Internet en Cuba. La red CENIAI-INTERNET, se gestó
en el año 1996 y funcionó en el IDICT alrededor de tres años
para luego fusionarse a la red de alcance nacional de la Empresa de Tecnologías
de Información y Servicios Telemáticos Avanzados (CITMATEL), perteneciente
al CITMA donde se unieron todas las tecnologías de la información
de este Ministerio.
Mientras tanto, la labor informacional en las provincias
también se había desarticulado como consecuencia del Período
Especial. Poco a poco, el trabajo se rediseñó y organizó
con una óptica diferente, dirigida hacia la gestión de la información
y la explotación de las nuevas tecnologías. De este modo, luego
de la puesta en vigor de la Resolución No. 113/99 del CITMA, los antiguos
centros multisectoriales adquirieron un nuevo nivel legal, para convertirse en
Centros de Información y Gestión Tecnológica (CIGET).60
Estos centros brindan una cartera de productos y servicios de alto valor agregado, servicios que abarcan la gestión de información científico tecnológica para la toma de decisiones o investigaciones, la conectividad a Internet y el correo electrónico, el registro de marcas y patentes para la protección de la propiedad industrial, la realización de consultorías de gestión empresarial para la mejora institucional, la elaboración y evaluación de proyectos de ciencia y técnica, el fomento de la cultura de gestión tecnológica y la formación profesional.
Entre los años
1997 y 1998, un grupo de trabajo integrado por especialistas de todo el país,
tuvo a su cargo la elaboración de la Política Nacional de Información,
la que, en el año 1999, fue aprobada por el Consejo de Dirección
del CITMA. Ella tuvo como antecedentes la celebración de tres Seminarios
sobre Política Nacional de Información, el primero en 1992, el segundo
y el tercero en 1996, que perseguían elaborar una propuesta de políticas,
principios y recomendaciones a implementar que posibilitaran la inserción
exitosa en la economía nacional e internacional de los sistemas y servicios
de información cubanos desde una óptica diferente.
Con
esta política, se perseguía redefinir el sector de información
en el país, reestructurar el Sistema Nacional y su mecanismo de coordinación,
así como fortalecer las tareas de investigación mediante el aseguramiento
de su impacto económico, social y científico. Todo esto se realizó
a partir de un nuevo enfoque: considerar a la información como un bien
económico y como un recurso productivo.
El objetivo clave de
esta nueva política era que todas la empresas, unidades de ciencia y técnica
y demás entidades del país incorporaran la información como
un recurso activo en su dinámica de trabajo. De este modo, la información
pasa a ocupar un lugar determinante en el desarrollo nacional y se asume la necesidad
de:61
En estos momentos,
la estrategia de desarrollo de los países del llamado "Primer Mundo"
apunta hacia la llamada Sociedad del Conocimiento. Esta nueva forma de economía
se sostiene por la creación de un sistema de redes tecnológicamente
nuevas que admiten la interactividad plena y la integración máxima
de recursos y servicios. El valor del conocimiento, su creación y generación
es la tendencia predominante.
La Ciencia de la Información en Cuba también pretende encaminarse hacia esos derroteros. A pesar de la brecha de desarrollo digital de la cual el país no escapa, se cuenta con un recurso imprescindible: el potencial humano. De esta manera, las experiencias resultantes de los aciertos y desaciertos a la hora de desarrollar esta disciplina en el país hacen posible el diseño de una estrategia de desarrollo que se apoye en el crecimiento de las infraestructuras informativas, la integración de aplicaciones en redes y la conceptualización y diseño de los flujos informativos como salidas en forma de nuevos productos y servicios (anexo).
Al profesor Radamés Linares Columbié, mi tutor, y a la licenciada Luisa Pedroso, quienes, con su ayuda desinteresada y esfuerzo, posibilitaron que alcanzara los ambiciosos objetivos que se planteó este proyecto.
Anexo. Cronología de hechos que han incidido en el desarrollo de la Ciencia de la Información en Cuba (1959-1999).
| 1961 | |
| enero-diciembre | Se realiza la Campaña de Alfabetización. |
| 6 junio | El Consejo de Ministros aprueba la Ley de Nacionalización General y Gratuita de la Enseñanza. Con esta ley el estado asume el deber de garantizar el derecho de todos los ciudadanos cubanos a la educación. |
| 1962 | |
| 10 de enero | Se proclama la Reforma Universitaria. |
| 20 de febrero | Se crea la Comisión Nacional de la Academia de Ciencias de la República de Cuba. |
| 1963 | |
| 19 de abril | Se crea el Instituto de Documentación e Información Científica y Técnica (IDICT). |
| 1964 | |
| septiembre | Comienza
a aplicarse un nuevo plan de estudios con el fin de fortalecer los estudios bibliotecológicos
de nivel superior. El IDICT se afilia a la Federación Internacional de Información y Documentación (FID). |
| 1965 | |
| noviembre?diciembre | A. I. Mijailov, director del Instituto Estatal de Información Científica y Técnica de la URSS (VINITI) visita Cuba y firma el primer convenio oficial de colaboración entre el IDICT y el VINITI. |
| 1966 | |
| 4-5 de febrero | Se realiza la Primera Reunión de Información Científica y Técnica |
| 1968 | |
| septiembre | Se efectúan
nuevas modificaciones al plan de estudios de nivel superior de la carrera de Bibliotecología Se crea la Comisión de Información adscripta a la Secretaría de Organización del Comité Central del Partido Comunista de Cuba |
| 1971 | |
| septiembre | La Universidad
de La Habana creó la Escuela de Información Científica (sustituye
a la escuela de Bibliotecarios anexa a la Facultad de Filosofía y Letras)
en los marcos de su Facultad de Humanidades. septiembre El IDICT creó en su sede un curso de nivel superior para formar a profesionales de la información que dos años más tarde se fundiría con el de la Universidad de La Habana Se creó la Primera Comisión Bilateral para las relaciones IDICT-VINITI |
| 1972 | |
| 11 de julio | Cuba se incorporó al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) |
| 1973 | |
| Cuba ingresó
al Centro Internacional de Información Científica y Técnica
como miembro plenipotenciario. El Centro de Información y Documentación Agrícola (CIDA) es el primero del país en incorporarse a uno de los subsistemas del Sistema Internacional de Información Científica y Técnica | |
| 1974 | |
| 7 de junio | Se creó el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica como el órgano rector nacional encargado de vertebrar la política científica nacional. |
| 1975 | |
| 17 de diciembre | Como resultado de la realización del Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba, se trazó la política científica nacional donde se enfatizaba en la necesidad de crear un Sistema Nacional de Información Científica y Técnica que apoyase el proceso de industrialización del país. |
| 1976 | |
| 17 de septiembre | El Consejo Nacional de Ciencia y Técnica emitió la resolución No. 2 donde establecía la creación oficial del Sistema Nacional de Ciencia y Técnica. |
| 20-22 de noviembre | Se celebró la Primera Reunión Nacional de Información Científica y Técnica |
| 30 de noviembre | El Consejo de Ministros dictó la Ley 1 323 sobre "La Organización de la Administración Central del Estado" a partir de la cual se creó, entre otros, el Comité Estatal de Ciencia y Técnica. |
| 1977 | |
| 24 de junio | Quedó constituido el primer centro multisectorial del país en la provincia de las Tunas. Durante ese mismo año, se fundaron otros seis centros hasta que tres años más tarde la red llegó a extenderse por todo el país. |
| 1978 | El Comité Estatal de Ciencia y Técnica creó un grupo de normalización encargado de elaborar, por primera vez en el país, normas cubanas sobre la actividad científico-informativa. |
| 1980 | |
| 10 de enero | El Consejo de Estado dicta la Ley No. 31 "Sobre la reducción de los organismos de la administración central del estado", donde se declaraba la desintegración del Comité Estatal de Ciencia y Técnica y el traspaso de sus funciones a la Academia de Ciencias de Cuba. |
| 6 de octubre | Se creó el consejo de coordinación del Sistema Nacional de Ciencia y Técnica. |
| 1981 | |
| 18-23 de mayo | Se celebró en La Habana la XII Reunión del Comité de Representantes Plenipotenciarios de los países miembros del Centro Internacional de Información Científica y Técnica, donde se aprobó el Programa de Asistencia a largo plazo en el desarrollo del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica para el período 1981-1985. |
| 1983 | |
| marzo-abril | Se realizaron las primeras sesiones de teleacceso desde La Habana a bancos de datos situados en el Centro Internacional de Información Científica y Técnica. |
| junio | El IDICT comenzó a desempeñar funciones correspondientes a un Centro Nacional para el Intercambio Automatizado de Información. |
| 27- 29 de diciembre | Se celebró la Primera Jornada Científica del IDICT en el marco de su 20 aniversario. Fue el primer evento de este tipo, con carácter nacional, donde se trataron asuntos netamente científicos en el marco de la actividad de la información científica. |
| 1984 | |
| 3 febrero | Quedó establecido el reglamento para la organización y funcionamiento del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica. |
| 14 de marzo | Se le asignó al IDICT la función de actuar como Centro Nacional de Intercambio Automatizado de Información Científica y Técnica (CENIAI) con las redes de computadoras y bancos de datos extranjeros |
| 1985 | |
| 24 de junio | Constitución de la Sociedad Cubana de Información Científica (SOCIT) |
| 22-23 de noviembre | Se celebró la Segunda Jornada Científica del IDICT |
| 1987 | |
| 13-15 de noviembre | Tuvo lugar en el IDICT el Encuentro sobre Sistemas para Información Científico-Técnica y Bibliotecas en microcomputadoras |
| 1988 | |
| 19-21 de abril | III Jornada Científica del IDICT, que fue coauspiciada por la Sociedad Cubana de Información Científica y Técnica (SOCICT) y la Asociación Cubana de Bibliotecarios (ASCUBI), debido a lo cual adquirió un carácter nacional. |
| 18 julio | Fidel Castro inauguró la Biblioteca Nacional de Ciencia y Técnica. |
| 17-22 de octubre | Se celebró el Primer Congreso INFO El IDICT creó el primer disco compacto con contenido informacional en el país. |
| 1990 | |
| 19-21 septiembre | Celebración en Cuba del 45 Congreso y Conferencia de la Federación Internacional de Información y Documentación (FID) |
| 1991 | |
| Las instituciones de investigación dedicadas a la Biotecnología y la Industria Farmacéutica comenzaron a agruparse en Polo Científico del Oeste. | |
| marzo | La revista Ciencias de la Información sustituyó a Actualidades de la Información Científica y Técnica (1973-1990) -que, a su vez, dio continuidad a Actualidades de la Documentación (1968-1973), con un perfil más abarcador |
| 24 octubre | Tuvo lugar el Encuentro sobre Comunicación Usuario-Sistema en la Actividad Informativa y Bibliotecaria, organizado por la SOCICT |
| 1992 | |
| Se fundó el Centro de
Estudios y Desarrollo Profesional en Ciencias de la Información (PROINFO) septiembre Se estableció la casa consultora BIOMUNDI | |
| 17-19 de diciembre | Se celebró el Primer Seminario de Política Nacional de Información. |
| 1993 | |
| 3-7 de mayo | Se realizó INFO'93 cuyo tema central fue "La información electrónica: un desafío en los años'90". |
| 1994 | |
| 4 marzo | Se celebró el I Encuentro de Profesionales y Usuarios de la Información del Polo del Oeste |
| 21 de abril | Se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) |
| 21-28 de agosto | Se produjo en La Habana, la Sexagésima Conferencia General de la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecas e Instituciones (IFLA) |
| 1995 | |
| 6-10 de marzo | Se celebró el Encuentro en Gestión de Información. Fue organizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) mediante su Centro Latinoamericano de Documentación Económica y Social (CLADES) en coordinación con el Centro de Estudios y Desarrollo Profesional en Ciencias de la Información (PROINFO) |
| 25-26 mayo | II Encuentro de Profesionales y Usuarios de la Información del Polo del Oeste |
| 25-29 septiembre | Se realizó INFO'95 bajo el lema "Información: un factor para el éxito en el desarrollo humano". |
| 1996 | |
| 24-26 de enero | Se celebró el Segundo Seminario de Política Nacional de Información |
| 9-11 de mayo | Se realizó el Primer Congreso Nacional de Telemática Ariadna'96, donde se abordaron las experiencias en el desarrollo de las redes en Cuba con vistas a facilitar el acceso a la información nacional y del resto del mundo. |
| 14-18 de mayo | II Encuentro sobre Gestión de la Información, organizado nuevamente por el Centro Latinoamericano de Documentación Económica y Social (CLADES) en coordinación con PROINFO. |
| 23-24 de mayo | III Encuentro de Profesionales y Usuarios de la Información del Polo del Oeste |
| 13-15 de junio | II Taller sobre Adquisición por Vías no Comerciales: Canje y Donación |
| 16-19 de julio | Se celebró el II Congreso y Conferencia de la Sociedad Cubana de Información Científica y Técnica (SOCICT) |
| 24-25 de septiembre | Se realizó el Tercer Seminario sobre Política Nacional de Información, dedicado al profesional moderno de la Información |
| 10-12 Diciembre | Se produjo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el Primer Encuentro Iberoamericano de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM 96) |
| 1997 | |
| El IDICT se afilió a IFLA | |
| 13-17 de octubre | Se realizó INFO'97 bajo el lema "Información - Conocimiento - Globalización" |
| 1998 | |
| 8-11 diciembre | Se celebró en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, el Segundo Encuentro Iberoamericano de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación (ICOM 98) |
| 1999 | |
| marzo | Se aprobó la Política Nacional de Información. |
| 27 diciembre | Se constituyeron los Centros de Información y Gestión Tecnológica (CIGET), un nuevo enfoque al trabajo de los antiguos centros multisectoriales de las provincias del país. |
Recibido:
24 de noviembre del 2003. Aprobado: 12 de enero del 2004.
Lic. Evelyn Pedroso
Izquierdo. Centro de Estudios Europeos. Ave. 3ra No. 1805 e/ 18 y 20. Miramar.
Playa.
Correo electrónico: evelyn@cee.co.cu
1Licenciada en Información
Científico-Técnica y Bibliotecología. Centro de Estudios
Europeos.