El triunfo revolucionario de 1959 marcó el punto de comienzo de una
nueva etapa de la salud pública cubana. A partir de entonces, comenzó
un serio esfuerzo por crear una infraestructura nacional de salud capaz de alcanzar
los más recónditos lugares del país, una de las necesidades
sociales más apremiantes descrita años antes en el histórico
alegato de Fidel en su defensa durante el juicio a los asaltantes del cuartel
Moncada. Los niveles de salud alcanzados a principios de los años 80
en Cuba permitieron iniciar una nueva etapa de desarrollo con el objetivo de
convertirla en una potencia médica mundial.1
Como resultado de un serio esfuerzo en este sentido, muchos admiran, en el mundo,
los múltiples y relevantes logros alcanzados por nuestro país
en la esfera de la salud, a pesar las limitaciones de recursos existentes y
el bloqueo impuesto por los Estados Unidos.
Ahora bien, ocupar un lugar de vanguardia en materia de salud a nivel mundial
requiere de la existencia y el funcionamiento adecuado de un sistema para el
suministro oportuno de información a los profesionales del sector. La
adquisición, el procesamiento y la distribución de información
en salud, como materia prima esencial para la asistencia, la investigación,
la docencia y la dirección en esta esfera, constituye un formidable reto
para convertir a Cuba en una potencia médica mundial. Sin información
ello no se puede lograr.
La información es la materia prima esencial tanto para el funcionamiento
del sistema nervioso en el orden biológico, como para la existencia y
el desarrollo de las sociedades modernas. Se vive un momento trascendental de
la historia del desarrollo humano, se ha impuesto un nuevo paradigma, tecnológico-gerencial,
y se ha abierto un nuevo espacio que comienza a explorarse con posibilidades
inimaginables en el futuro, si se considera su progreso acelerado y asombroso.
El inicio de los años 70 se caracterizó por una gran crisis económica
en los países del primer mundo, que rápidamente se extendió
e impactó todas las esferas de la actividad social. El estancamiento
que experimentó el desarrollo en estos países, generó una
ruptura con el modelo económico y gerencial vigente, que condujo, con
posterioridad, a la instauración de un nuevo paradigma para el progreso.
Dicho modelo, se trasladó con rapidez de una empresa a otra en el sector
privado, un área donde la competencia por la supervivencia es sumamente
fuerte. Sin embargo, su potencial para las organizaciones es tan beneficioso
en los órdenes de efectividad y eficiencia que, unido a la necesidad
que presentan los estados de racionar sus recursos, se ha considerado y, de
hecho, extendido al desarrollo de las actividades del sector público,
un techo bajo el cual se guareció históricamente el quehacer bibliotecario
e informacional.
La llegada de los años 90 marcó el inicio de una profunda revolución,
que estremeció los cimientos conceptuales y prácticos de una esfera
del conocimiento milenariamente establecida. Sus consecuencias positivas son
aún, con certeza, incalculables. Su efecto negativo ha sido más
notorio, pues la inmensa mayoría de las instituciones de información
a escala mundial se hicieron obsoletas en su organización, su estructura,
sus enfoques, sus productos y sus servicios que, en gran parte, pasaron a la
historia de la información. Se impuso entonces un cambio radical que
transformara tanto las concepciones como la práctica de dichas instituciones
para adecuar su actividad al nuevo paradigma de desarrollo establecido.2
La información es actualmente el recurso profesional más importante.
Sin información es imposible perfeccionar el conocimiento y sin él
es imposible el saber.
La ubicación de la actividad de información en salud, en consonancia
con el quehacer nacional en este contexto, requiere primero de la concientización
de la totalidad de los sectores y grupos de profesionales, técnicos y
dirigentes del ramo sobre el valor de la información para el desarrollo
de cualquier actividad en la sociedad moderna; sobre el acelerado deterioro
que experimenta el conocimiento entre aquellos profesionales ajenos al consumo
sistemático de información; así como sobre la connotación
especial que presenta este hecho en el campo de la salud, donde la ausencia
de conocimientos puede provocar daños irreparables e incluso la pérdida
de vidas salvables; de ahí que el aprendizaje continuo se haya convertido,
a escala universal, en una responsabilidad y su ausencia del quehacer médico,
en una negligencia criminal.
La conversión de Cuba en una potencia médica mundial exige, ineludiblemente
de su transformación en una potencia de información en salud.
Esto implica la creación de productos de información de alto valor,
como las revisiones críticas de la literatura, capaces de ofrecer información
científicamente sólida, útil, oportuna y de fácil
acceso; las bases de datos factográficas y los análisis informétricos
a partir de bibliografías realizadas en áreas de interés
especial para la investigación de avanzada; entre otros. La actualización
de nuestros profesionales deberá descansar en mecanismos rápidos,
en ediciones sistemáticas de los textos básicos, en consultas
de referencia con expertos y en otras estrategias. El logro de estos cambios
constituye un formidable reto para cualquier institución. En este empeño
están comprometidas, desde hace años, distintas entidades del
sector de la salud y de la información en el país. Sin embargo,
para Cuba, un país que lucha por sobrevivir en condiciones económicas
difíciles, el reto es muy superior. Para comprenderlo, es necesario,
al menos, esbozar algunos elementos sobre su contenido.
Actualmente, el país experimenta una amplia recuperación económica
con vistas a insertarse a un mundo cada vez más unipolar, globalizado
y normalizado, en el que irremediablemente es necesario competir para sobrevivir.
Se realizan esfuerzos por preservar los logros fundamentales del desarrollo
en el período revolucionario, así como por impulsar nuevos programas
de desarrollo social; se lucha contra el bloqueo de los Estados Unidos; se desarrollan
las transformaciones necesarias en las esferas de la economía y el comercio;
se buscan nuevos mercados; se establecen relaciones con, cada vez, más
países; se firman tratados y otros acuerdos para la integración
a los bloques políticos y económicos regionales; entre otros.
En 1990, el rumbo de la historia de Cuba sufrió un viraje trascendental.
El cambio constituye un reto de hoy para con el nuevo milenio.
Aún, en las difíciles condiciones económicas en que se
desenvuelve el país, el sector de la salud recibe un poderoso apoyo del
estado y gobierno con la finalidad de mantener y mejorar los niveles alcanzados,
razón por la cual se impone trabajar cada vez con más calidad.
Felicidades colegas.
Lic. Rubén Cañedo Andalia.
Red Telemática de Salud en Cuba (Infomed). Centro Nacional de Información
de Ciencias Médicas.
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