Lic. Yuniet Rojas Mesa1, Lic. Guzmán Cabrales Hernández2, Lic. Orlando Gregorio Chaviano3, Lic. Magday Santos Jiménez2 y Lic. Ana María Molina Gómez4
Se reflexiona sobre la importancia de una actitud ética para el desempeño
de la actividad de información en lo nuevos ambientes bibliotecarios,
caracterizados por el uso intenso de las nuevas tecnologías y la explosión
de la información. Se enumeran, tanto las cualidades esenciales como
los compromisos y dilemas, que enfrenta a diario el trabajador de la información.
Descriptores (DeCS): ETICA PROFESIONAL; BIBLIOTECAS.
Descriptores (DeCI): ETICA PROFESIONAL; BIBLIOTECARIOS; TECNOLOGÍA
DE LA INFORMACION; SIGLO XXI.
A reflection on the importance of an ethic attitude in information activities
in the new library environment, distinguished by an intensive use of new technologies
and the information outburst is provided. The main features, compromises and
dilemmas that face the information professional daily are also enumerated.
Subject Headings (DeCS): ETHICS, PROFESSIONAL; LIBRARIES.
Subject Headings (DeCI): PROFESSIONAL ETHICS; LIBRARIANS; INFORMATION
TECHNOLOGY; SIGLO XXI.
Los conceptos del "bien", "la justicia", "la felicidad",
"la conciencia" son de dominio común. Aun, cuando tienen una
naturaleza difícilmente aprehensible ejercen sobre el hombre un inmenso
poder. ¿ En qué reside su fuerza, de dónde proviene su
poder mágico sobre la persona? ¿ Es capaz nuestra mirada consciente
de penetrar en lo profundo de las inquietudes morales de los hombres?. Puede
vivirse la vida de cualquier manera pero, también, se puede aspirar a
vivir una vida digna.
Pero, y ¿qué es una vida digna?. ¿Cuál es el sentido
de la vida humana y cómo se satisface la sed ilimitada del hombre de
ser mejor, más puro? A estas y otras preguntas análogas está
llamada a responder la ética, una rama antiquísima de la ciencia
filosófica.1
El término "ética" procede del vocablo griego antiguo
ethos, que significaba en un principio: estancia, vivienda común. Posteriormente
adquirió otros significados: hábitos, temperamento, carácter,
modo de pensar.
La ética es la ciencia que trata sobre la moral (moralidad). Como filosofía
de la moral, se pregunta: por qué se consideran válidos unos comportamientos
y otros no; compara las pautas morales que presentan diferentes personas o sociedades,
busca su fundamento y legitimación; investiga aquello que es específico
al comportamiento moral; enuncia principios generales y universales inspiradores
de toda conducta.1
Tan antiguo como la misma humanidad, es el interés por regular, mediante
normas o códigos, las acciones concretas de los seres humanos; en todas
las comunidades, pueblos, sociedades y culturas, existen prescripciones para
un buen comportamiento, las mejores prácticas y prohibiciones que definen
su ética y moral.
En la esfera estrictamente profesional, la ética proporciona un marco
de trabajo para dirigir las funciones esenciales de los especialistas, establecer
políticas y desarrollar estrategias para los servicios o bienes que producen.
Es difícil establecer una definición de ética para el
trabajador de la información. Pero pudiera decirse que comprende las
acciones y decisiones morales relacionadas con la actitud profesional ante las
actividades, problemas y tendencias en el campo de las ciencias de la información.
Ella sustenta la toma de la decisión correcta, la determinación
del beneficio en relación con el perjuicio; lo justo ante lo injusto
y qué debe hacerse en el contexto de la atención bibliotecaria
de acuerdo con la disposición de hacer el bien.2
Existen, desde hace algunas décadas, evidencias que demuestran la preocupación
de los bibliotecarios por el prestigio, la disciplina y el establecimiento de
principios básicos para obtener una práctica y un comportamiento
mejor de sus especialistas. Numerosos son los códigos de ética
establecidos por diversas organizaciones nacionales e internacionales con dichos
propósitos.
El primer código deontológico elaborado por los bibliotecarios,
se gesta desde 1939 y se publica en 1948, por la Asociación de Bibliotecarios
Americanos (ALA).3 Posteriormente, surgen otros códigos de ética
para bibliotecarios en otras latitudes, entre ellos pueden mencionarse: el código
brasileño de 1986, el de Jamaica de los años 90. El código
mexicano, aprobado por el Colegio Nacional de Bibliotecarios en 1992 y el de
Hong Kong en 1995. En Europa, surgen otros de cortes y planteamientos diferentes:
Croacia, 1992; Eslovenia, 1995; Italia, 1997; Suiza 1998; etcétera.3
En Cuba, existen preocupaciones en este sentido desde fechas tempranas. La
Junta Directiva de la Asociación Nacional de Profesionales de Bibliotecas,
por ejemplo, elaboró un código de ética profesional, que
se aprobó definitivamente el 19 de diciembre de 1952, por el acuerdo
número 133, que se publicó textualmente en la revista Cuba Bibliotecológica
en su primer número de marzo de 1953.2
Durante el 45 Congreso y Conferencia de la FID, celebrados en La Habana del
19 al 22 de septiembre de 1990, sesionó paralelamente el simposio sobre
Ética del trabajador de la información. En este evento, se presentó
el documento titulado "Fundamentación del código de ética
del trabajador de la información", que fue discutido por los trabajadores
asistentes.2
Los códigos de ética han reflejado siempre las peculiaridades
y necesidades de los profesionales del campo, acorde con intereses y problemas
concretos, propios de los marcos temporales y espaciales en que surgieron. En
este sentido, las condiciones y ambientes actuales del trabajo de los bibliotecarios
distan significativamente de sus homólogos en la década de los
años setenta y ochenta. Nos toca interactuar con el surgimiento de las
nuevas tecnologías de la información, la aplastante explosión
y comercialización de la información, su visión economicista
-si no se paga, no hay información- así como una tendencia al
control y a la censura en detrimento de la libertad.
En la década de los años 90, se produjo un crecimiento fenomenal
de la información. Internet presenta un caos informacional sin precedentes,
la industria editorial se democratiza a niveles antes insospechados, nacen millones
de páginas y, ni siquiera los potentes robots de Google, Yahoo, Altavista,
o los integradores de Copernic, son suficientes para la indización automática
de la información publicada en la red. Se plantea, por ejemplo, que un
buscador como Google, con sus millones de respuestas a cualquier solicitud de
información, sólo es capaz de indizar el 12 por ciento de la información
disponible en Internet.
Se presentan entonces dos aristas importantes en lo que a aspectos éticos
se refiere. La primera podría llamarse "ética de la información",
que trata todo lo relacionado con el uso y mal uso de la información
y que incluye: propiedad intelectual, acceso a la información libre o
restringida, censura, uso de información del gobierno, intimidad y confidencialidad,
integridad de los datos, flujo internacional de información, etcétera.
La segunda trata el comportamiento profesional específicamente, la "ética
profesional", es decir, cómo se aplican los principios éticos
a la toma de decisiones y acciones de los profesionales de la información,
cómo se desempeñan, elevan su prestigio y competencia.4
A la luz de los hechos expuestos, es precisamente el objetivo del presente trabajo reflexionar sobre la ética del profesional de la información ante su nuevo lugar, funciones, tecnologías y ambientes de trabajo.
Los países del primer mundo transcurrieron por la sociedad de la información
y hoy se dirigen hacia la sociedad del conocimiento, a partir de la formación
de un gran capital humano. Las naciones se distinguen en el siglo XXI, no por
sus recursos naturales, sino por la formación y capacitación de
su población. La globalización económica alcanza los puntos
más aislados del planeta, pero ello no significa necesariamente una mejor
distribución de la riqueza, por el contrario, la brecha entre países
ricos y pobres se acentúa cada vez más. La solidaridad es una
bandera que debe levantarse para evitar esta polarización. A los bibliotecarios
también corresponde extender la solidaridad: irradiando información,
conocimiento; alfabetizando tecnológicamente a las nuevas generaciones;
diseminando información relevante a cada área específica
de la ciencia, incrementando la calidad y funcionalidad de sus servicios y elevando
el sentido de la profesionalidad.
Para lograr un desempeño satisfactorio en esta misión y gestionar
la avalancha de información que se produce actualmente, no sólo
en papel, sino también en soporte digital, se requieren profesionales
realmente competentes y capaces de utilizar criterios acertados para la selección
de dicha información; ello ha motivado una especialización cada
vez mayor de las funciones de los especialistas en información -se entiende
por especialista en información a los profesionales que laboran en centros
de análisis de información, centros de información, archivos,
bibliotecas, centros de referencia... y otros que basan su actividad en la adquisición,
procesamiento, diseminación de la información, así como
generación de nuevos productos de información, estudios del comportamiento
de los procesos de comunicación escrita y los métodos y técnicas
de informar e informarse- y, en correspondencia, las distintas instituciones
dedicadas al trabajo de la información desde la perspectiva de la bibliotecología,
la ciencia de la documentación y de la información, perfeccionan
continuamente sus enfoques y procedimientos; siempre apremiados por la presión
que ejercen los intensos cambios sociales y tecnológicos.
Ante estas determinantes, cobran vital significación los temas éticos,
porque una de las obligaciones morales inherentes a cualquier grupo profesional
es proporcionar un servicio que reúna requisitos mínimos de calidad.
Un factor fundamental en ello, es el trato que reciben los usuarios. Esto implica,
básicamente, que debe tratárseles con dignidad y respeto, y que
tienen el derecho a recibir servicios de excelencia, que exigen del profesional
de la información un profundo conocimiento del contenido de los recursos
de información, así como de la capacidad de evaluarlos, filtrarlos
y analizarlos críticamente. A su vez, debe sensibilizar a los que le
rodean de la importancia de su trabajo y de la influencia de la información
en la toma de decisiones y en la investigación; ser un conocedor de los
temas que trata la organización o la empresa en que se desempeña
y trabajar en consonancia con las metas, objetivos y misión de su institución.
Del mismo modo, debe incluir entre sus tareas primordiales: el estudio sistemático
de las necesidades de su comunidad de usuarios, para desarrollar, en función
de la satisfacción de éstos, servicios eficientes, accesibles
y con valor agregado, que lo conviertan en un facilitador de información
por excelencia.
En el desempeño de las funciones básicas del profesional de la
información, se observa un tránsito hacia niveles superiores.
Ha mejorado considerablemente el modo de realizar sus labores, ha ganado en
eficiencia, rapidez y exactitud con la introducción de las nuevas tecnologías
en su campo. Actualmente, se enfrenta al reto de su autopreparación y
aprendizaje, y a la renovación de técnicas y procedimientos, porque
es imprescindible emplear tecnologías para seleccionar, adquirir, organizar,
recuperar y diseminar información, así como para el desarrollo
y la automatización de productos de uso interno -tesauros, sistemas estadísticos-
y externo -catálogos en línea, boletines electrónicos.
Cambian, con los nuevos entornos y exigencias, los usuarios, que demandan servicios cada vez más rápidos y eficientes, profundos y especializados, que le ahorren tiempo y esfuerzo. Son por eso, más complejas las funciones como especialistas en información y como difusores de una cultura saludable, respetuosa y democrática en el consumo de la información. Para Chacón Alvarado, citado por Pineda J.M, "la era de la información es todo un desafío para la bibliotecas y los bibliotecólogos.
En la actualidad, se oye hablar de biblioteca virtual, digital, biblioteca
sin paredes, biblioteca electrónica, etcétera. Esto lleva a preguntarnos
cuál es el papel del bibliotecólogo en esta maraña informativa.
Antes que todo, se requiere de este profesional, un cambio de actitud. El bibliotecólogo
en la actualidad debe ser un experto en la manipulación y acceso a la
información, capaz de traerla al usuario que la demande, desde cualquier
punto que se encuentre." 5
Los cambios en el contexto de la actividad informativa exigen modificaciones
en la forma de enfrentar el trabajo y, por ende, en la ética del trabajador
de la información, que no consisten en variaciones de la esencia moral,
sino en la introducción de nuevas conductas éticas necesarias
para un renovado entorno.
De acuerdo con la Special Libraries Association, los profesionales de la información
requieren:6
Por otra parte, con frecuencia surgen dilemas éticos, situaciones en
las que es necesario definir qué es una conducta buena o mala. Algunas
involucran con mayor o menor nivel de responsabilidad al profesional de la información
y definitivamente, son consecuencia directa del auge y relevancia que, en estos
momentos, ha cobrado la información, su valor como recurso, como instrumento
esencial en la toma de decisiones y factor determinante en la notoriedad, productividad
y renombre de un individuo o institución.
Se trabaja a diario rodeado de prácticas faltas de ética en el uso de la información A continuación se presentan algunas de ellas:
A menudo, los conflictos de normas morales, que aparecen cuando se deben tomar
decisiones, son el motor que impulsa una reflexión a nivel ético.
En algunas ocasiones, no se define con claridad lo que constituye un comportamiento
ético, sobre todo, en materia de nuevas tecnologías, así
como en el uso racional y coherente de Internet. En los últimos años,
la línea que separa lo correcto de lo incorrecto se ha tornado algo más
borrosa. En la mayoría de las ocasiones, los profesionales de la información
no están conscientes de las implicaciones éticas de lo que hacen.
Su comportamiento suele basarse en las costumbres y hábitos. Los desacuerdos
de carácter ético sólo aparecen cuando se dan circunstancias
especiales.
Varias asociaciones y organizaciones han reaccionado ante estos problemas desde
varias direcciones: preparan y distribuyen códigos de ética para
orientar a sus profesionales y usuarios con respecto a dilemas éticos;
ofrecen seminarios, talleres y programas similares de capacitación para
tratar de mejorar el comportamiento ético y han creado mecanismos de
protección para sus informaciones, publicaciones y software.
Los recursos informáticos y la información están a disposición
de los usuarios para ayudarles en la consecución de sus metas. Para promover
el uso más eficaz y participativo de estos recursos, localizar la información
realmente relevante y de respaldo científico, está el especialista
de la información. De ellos, se espera que se conviertan en fieles promotores
y maestros del respeto a la propiedad intelectual y de la información,
tanto en forma electrónica como impresa, sólo interesados en el
uso y acceso democrático a la información. Por eso, creemos que
nuestros especialistas poseen compromisos sociales que definitivamente hablarán
de su prestigio, honestidad y profesionalidad, algunos de ellos son: Actuar
con diligencia profesional.
Los valores, la ética e integridad definen la identidad y la misión de cada organización, grupo profesional o individuo. Cuando están explícitamente definidas, las personas saben por qué están ahí, qué quieren alcanzar y cómo evaluar los resultados. Cuando las organizaciones se dirigen por valores, están claras sobre asuntos éticos y afirmados en la integridad, sus integrantes son capaces de elegir conscientemente, de definir públicamente y vivir de acuerdo a sus más altos valores. Desdichadamente, en esta materia, no todas las organizaciones proceden con la misma exigencia y preocupación. Muchas ignoran los valores, la ética e integridad, solo tienen en cuenta leyes, reglas y regulaciones, y sin pensarlo reducen sus valores al mínimo común denominador.
Recibido: 5 de marzo del 2004. Aprobado: 20 de marzo del 2004.
Lic. Yuniet Rojas Mesa.
Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas de Cienfuegos.
Calle 51 y Avenida 5 de Septiembre. Cienfuegos. Cuba.
Correo electrónico: yuniet@jagua.cfg.sld.cu
1 Licenciada en Información Científico-Técnica
y Bibliotecología. Centro Provincial de Información de Ciencias
Médicas de Cienfuegos.
2 Licenciado en Información Científico-Técnica
y Bibliotecología. Centro de Información. Centro de Bioplantas.
Universidad de Ciego de Ávila. Cuba.
3 Licenciado en Información Científico-Técnica
y Bibliotecología. Centro de Información. Instituto de Biotecnología
de las Plantas (IBP). Universidad Central de Las Villas Marta Abreu.
4 Licenciada en Lengua Española. Centro
Provincial de Información de Ciencias Médicas de Cienfuegos.