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Acimed 2006; 14(5)

¿Catalogación en el entorno digital?: una breve aproximación a los metadatos

Lic. Ania Torres Pombert1

Resumen

Se exponen los conceptos y principios fundamentales de la organización de la información. Se abordan las características de los documentos en Internet como aspecto fundamental para su descripción. Se describen brevemente la evolución de la catalogación bibliográfica tradicional y su influencia en la generación de los metadatos como proceso de descripción de los documentos en Internet, sus características y funciones, así como el lugar de los profesionales de información en el paradigma actual.

Palabras clave: Organización de la información, recursos de información, Internet, catalogación bibliográfica, catalogación en Internet, metadatos.

Abstract

The concepts and fundamental principles of the organization of information are exposed. The characteristics of the documents in Internet, as a fundamental aspect for their description, are approached. The evolution of the traditional bibliographical cataloguing and its influence on the generation of metadata as a process of the description of documents in Internet, its characteristics and functions, as well as the place of the information professionals in the present paradigm, are briefly described.

Key words: Information organization, information resources, Internet, bibliographical cataloguing, cataloguing in Internet, metadata.

Copyright: © ECIMED. Contribución de acceso abierto, distribuida bajo los términos de la Licencia Creative Commons Reconocimiento-No Comercial-Compartir Igual 2.0, que permite consultar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente y utilizar los resultados del trabajo en la práctica, así como todos sus derivados, sin propósitos comerciales y con licencia idéntica, siempre que se cite adecuadamente el autor o los autores y su fuente original.

Cita (Vancouver): Torres Pombert A. ¿Catalogación en el entorno digital?: una breve aproximación a los metadatos. Acimed 2006;14(5). Disponible en: http://bvs.sld.cu/revistas/aci/vol14_5_06/aci09506.htm [Consultado: día/mes/año].

El crecimiento exponencial de la literatura, sobre todo científica, unido al incremento y perfeccionamiento acelerado de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que colocan a disposición de la comunidad académica y científica una gran variedad de recursos, no genera solo beneficios porque, cada vez, se requiere una mayor inversión de tiempo y esfuerzo para la consulta, evaluación y asimilación de la información disponible, y por eso, es sumamente difícil acceder a aquella que se considere relevante.

En la medida que Internet se impone como la fuente de consulta universal, se han desarrollado y perfeccionado las herramientas que asisten a los usuarios en el proceso de búsqueda en la gran red de redes. Herramientas como los buscadores tipo directorios, los motores o robots y los metabuscadores, entre otros, han evolucionado e incorporado a sus sistemas opciones más sofisticadas de búsqueda e interfaces más amigables.

Sin embargo, esta gran variedad de herramientas no significa que esté resuelto el problema; este se remite más allá del propio proceso de búsqueda, y es que los documentos del Web no se han diseñado a partir de esquemas de organización de la información a diferencia de los documentos impresos, y esto dificulta sobremanera su descripción y organización, y como resultado su búsqueda y recuperación.

Hace unos años se pensaba que la simple importación de reglas y normas de la bibliotecología pura y tradicional resolvería el problema de describir y recuperar los recursos digitales. Pasch, por ejemplo, cita un trabajo sobre el proyecto InterCat de OCLC, donde sus autores aseguraban que el formato MARC y las Reglas de Catalogación Angloamericanas eran herramientas suficientes para describir los recursos de Internet y, en este sentido, se elaboraron manuales y se hicieron arreglos a dicho formato, que obviamente no produjeron resultados satisfactorios.1 En el mismo trabajo, se refiere que estos autores actualmente han cambiado su opinión al respecto y abogan porque “en algún momento, usar o adaptar MARC/ AACR para proveer acceso a recursos Web pudo ser útil, pero ese tiempo pasó hace mucho”.2

Y es que el incremento de los servicios en línea y la mayor disponibilidad de los documentos virtuales, creados en una textualidad invertebrada, no lineal, basada en el hipertexto obliga, cada vez más, a reconocer sus particularidades, y con esto, a tomar un camino más eficiente en cuanto a la descripción de este tipo de documentos que se imponen actualmente y, sin embargo, se pierden en la recuperación de la información. E n este sentido, se ha desarrollado la estructura de los metadatos, que ha cobrado actualmente fuerzas.

Sin embargo, existen muchas lagunas porque para muchos hablar de metadatos es totalmente desconocido e incluso para algunos que se insertan en el tema, quedan aún por responder interrogantes como: ¿será el proceso de descripción de los documentos de Internet igual a la descripción de los documentos convencionales?, ¿será importante y necesario extraer de la catalogación bibliográfica, los elementos necesarios y adaptarlos?, ¿será la creación de metadatos la solución para la organización y recuperación en Internet?. La respuesta a esta última pregunta, ciertamente, no está en manos de nadie, pero en la medida que se encuentren respuestas para el resto y otras tantas relacionadas con el tema, se estará mucho más cerca del fenómeno y, por tanto, se tendrán más herramientas para enfrentarlo. Definitivamente, se va en busca de la solución y parece ser que queda mucho camino por andar.

Con la presente contribución se intenta, en primer lugar, reflexionar sobre la relación entre la catalogación bibliográfica y la descripción de los recursos en Internet; por otra parte, sin analizar profundamente las diferentes clasificaciones y formatos de metadatos existentes, se pretende realizar una breve aproximación al tema.

Características de los documentos en Internet

Para abordar la descripción de los documentos en Internet es imprescindible, en primer lugar, considerar que las diferencias entre estos y los impresos parecen ser la causa fundamental por la que el tratamiento para ambos difiere. Una breve reflexión al respecto permitirá conocer por qué.

Muchas son las opiniones, pero en la mayoría de los casos, existe coincidencia al enunciar como características más sobresalientes y distintivas de estos documentos las siguientes:

Con respecto a esta última característica, sugieren Van Nuys y sus colaboradores que difícilmente puede establecerse dónde comienza y dónde termina un documento de Internet, y esto permite inferir que antes de describirse estos, un elemento de vital importancia será determinar el objeto de descripción, que podría ser una página Web completa o un recurso dentro de ésta.3 Vale apuntar en este sentido que puede considerarse recurso "cualquier cosa accesible por una dirección mediante un URL".4

Obviamente, los documentos han cambiado en su tipología como han variado sus soportes, y aunque no se piense que el papel pueda ser sustituido por el soporte digital, la imposición de este último es evidente y las necesidades de información siguen latentes y frente a múltiples barreras para ser satisfechas.

La catalogación bibliográfica y los recursos digitales

A partir de las reflexiones anteriores, puede inferirse que la catalogación bibliográfica no se concibió para considerar todos los aspectos inherentes al documento digital, como se refiere al principio de este trabajo. Pero, ¿se habla de dos procesos divorciados? Al hablar de la catalogación como proceso, con independencia del contexto en que se sitúe, está claro que se está en presencia de una actividad propia de la organización de la información. Según Hsieh-Yee, los principios que rigen esta actividad son:5

Este trabajo con los libros y otros impresos se ha visto favorecido por la normalización en el campo editorial, que demoró muchos años en instituirse, y quedó establecido que en estos aparezcan una serie de elementos que lo describan e identifiquen en cualquier contexto, por lo que no es necesario un análisis profundo para determinar el título, autor, lugar de publicación y año, entre otros.

Una vez que comenzó en los años 60 la informatización de la Biblioteca del Congreso apareció el convencimiento de que eran necesarias las normas, sobre todo, con el objetivo de promover el intercambio internacional, además de que era evidente que resultaba mucho más económico procesar un registro una sola vez. Las normas que se elaboraron para el registro bibliográfico son las International Standard Bibliographic Description, publicadas por la International Federation of Library Associations en 1970 para la descripción bibliográfica de diversos materiales impresos, las Reglas de Catalogación Angloamericanas , para la elección y asignación de los puntos de acceso, y el formato MARC, para los registros electrónicos.6

Otro formato muy conocido para la descripción bibliográfica es el formato MARC (Machine Readable Catalogue Format), que se comenzó a utilizar por la Biblioteca del Congreso para el intercambio de información bibliográfica en soporte electromagnético. Sin embargo, muestra inconvenientes por el retraso que se produce entre las actualizaciones que se realizan al formato y la adaptación de estos a los softwares de gestión que se utilizan.7

Sin dudas, las opiniones varían, es común encontrar en la literatura criterios que acentúan la influencia de las normas de catalogación y el formato MARC para la descripción de los recursos digitales, pero también se encuentra, con frecuencia, a quienes enfatizan en sus imperfecciones y supuesta inefectividad en el entorno digital, aunque no necesariamente entren en contradicción. De cualquier manera, es sumamente valioso el aporte de esas reflexiones.

Además de las incongruencias posibles de estos formatos para aplicarlos a los documentos digitales, que no pretendo llamarle ineficiencia porque no se crearon con la visión del paradigma actual, se conoce que estos documentos, como se ha referido, muchas veces no poseen todos los elementos para llenar cada área bibliográfica, según exigen estas normas, y por otra parte tienen otros atributos que merecen describirse; sin embargo, quedarían sin definir con la catalogación bibliográfica.

Pero está claro que, no por diferentes, deban excluirse. Van Nuys y sus colaboradores se hacen eco de una importante reflexión de Nancy Ol sen, al exponer tres razones básicas por las cuales los documentos de Internet deben ser catalogados:3

Nótese, además, que esta autora plantea que “deben ser catalogados” y no le llama de otra forma, por lo que se puede inferir que considera el proceso de catalogación válido en este entorno. En definitiva, cada norma ha surgido según las necesidades existentes, y en ese sentido han evolucionado.

Entre las tareas de la biblioteca tradicional ha estado siempre presente la organización de los documentos físicos, a partir de los datos secundarios que se producen como resultado de los procesos de catalogación, indización y clasificación. De manera general, esas reglas, normas y procedimientos que se han desarrollado en el entorno bibliotecológico y que evidentemente no son suficientes para lograr una completa descripción de los documentos en el entorno digital han tenido, y tendrán, un impacto mucho más significativo en la generación de los metadatos como proceso para describir dichos documentos.

Conceptos de metadatos

Para muchos, el término metadatos podría parecer un concepto totalmente nuevo; sin embargo, su esencia demuestra que existe desde la aparición de la descripción de documentos. El análisis de algunos conceptos que aportan los expertos en la materia corrobora esta afirmación.

Weibel, por ejemplo, coincide totalmente con la afirmación anterior y destaca que metadatos es el término más comúnmente utilizado por la comunidad de Internet, mientras que la comunidad bibliotecaria siempre le llamó catalogación o descripción de recursos.8

Cathro apunta que aún cuando existe cierta dificultad para definir claramente este concepto, su esencia establece que son los datos que describen un recurso de información o ayuda a proveer acceso a este, y coincide en que un registro del catálogo de una biblioteca es una colección de elementos de metadatos.9

Por su parte, Hakala y sus colaboradores plantean que la asignación de metadatos es una descripción de objetos, documentos o servicios que pueden tener datos sobre su forma y contenido, y afirma también que un registro del catálogo de una biblioteca es el metadatos más conocido, aunque estos también se utilizan con mucha frecuencia en los archivos, museos y otras instituciones.10

Cravero y sus coautores, al referirse a trabajos de otros autores, exponen que existen tres dimensiones diferentes relativas a los datos en la organización de los documentos, y una de ellas se refiere precisamente a los datos secundarios, a los que llama también metadatos, que no son más que los conocidos datos provenientes de los productos de la catalogación y que se conocen como registros catalográficos o, por qué no, los registros de las bases de datos bibliográficas.11

En esta misma dirección, se muestra la definición de Miller cuando afirma que “los metadatos son datos sobre datos, y por tanto, proporcionan información básica como el autor de un trabajo, la fecha de creación, enlaces a otros trabajos relacionados” y agrega además, que “una forma reconocida de metadatos es el catálogo de fichas de una biblioteca, la información de la ficha es una serie de metadatos de un libro ”.12

Desde este punto de vista, pudiera decirse que si los metadatos no son más que datos referentes a datos, siempre han existido en cualquier entorno aunque se denominaran de otra forma. No por casualidad, en todas las definiciones anteriores se reconoce al registro del catálogo de la biblioteca como un tipo de metadatos.

Pero también existen otros conceptos mucho más demostrativos de la relación del término metadatos con la catalogación bibliográfica. Un ejemplo, se aprecia en la siguiente afirmación: "Realmente, metadatos solo son datos sobre datos; un registro de catálogo son metadatos; la cabecera TEI, también, o cualquier otra forma de descripción. Los podríamos llamar catalogación, pero, para algunas personas este término tiene demasiadas connotaciones, como las Anglo-American Cataloguing Rules y el U SMARC . Así, hasta cierto punto se trata de una situación del tipo: you call it corn, we call it maize (vosotros los llamáis alubias; nosotros, judías), pero "metadatos" es un buen término neutro que cubre todas las bases".13

La definición anterior deja muy clara la visión del autor, y es que sea el documento que fuera, el proceso de descripción es el conocido proceso de catalogación y el hecho de llamarse metadatos es solo una forma de situarlo en el paradigma actual, donde evidentemente se impone la necesidad de una descripción mucho más amplia del documento de acuerdo con sus características.

Una opinión muy oportuna, al respecto, la ofrece Gradmann, cuando enuncia que: “el contexto general de producción y uso de esta información es substancialmente diferente y se impulsa para ir más allá del paradigma tradicional de la catalogación: Considerar que el proceso de creación de metadatos es un tipo de catalogación simplificada, sería probablemente un error importante”.14

Mucho hay de cierto en esta afirmación, porque no es precisamente un proceso “simplificado”. Sin embargo, no se debe perder la perspectiva de que, como proceso de descripción de documentos, debe considerarse un tipo de catalogación. Al respecto, Hsieh-Yee , afirma: “el paralelismo entre los metadatos y el registro bibliográfico es evidente, y la creación de metadatos, utilizada en el entorno digital es lo que en la bibliotecología se denomina catalogación”.5

Todas las definiciones anteriores abordan el concepto de metadatos desde un punto de vista funcional y no técnico, por lo que para algunos podrían existir algunas dudas para entenderlo desde un enfoque más práctico en el medio digital. Los metadatos son, en efecto, datos más o menos estructurados sobre datos, los cuales no se colocan en una ficha como los datos catalográficos, sino que se almacenan en una base de datos con una referencia al texto completo o se incluyen mediante metaetiquetas HTML, o los llamados encabezamientos SGML en la fuente de los documentos, o en algún fichero relacionado, de manera que puedan recuperarse por un buscador; un proceso transparente para el usuario.

Ciertamente, todos los apuntes son válidos, queda claro que los metadatos son los datos que describen o caracterizan a un libro, recurso o página Web, aunque la mayoría de los autores se refieren al término en el entorno digital.

Funciones de los metadatos

Los metadatos tienen como objetivo describir un documento en una colección, proveer de múltiples vías para obtenerlo y poner su contenido en contexto con otra información, tanto en el entorno bibliotecológico, donde se almacenan en catálogos y describen documentos físicos para ayudar a su búsqueda, como en el contexto digital.

Una particularidad en este entorno es que los metadatos buscan facilitar el funcionamiento y la capacidad de compartir los datos entre los buscadores, a elevar su precisión, para hacer más efectivo el proceso de búsqueda y recuperación en el Web y, de esta manera, permitir a los usuarios, conocer los datos sobre los recursos que necesitan.

Al abordar este tema, no es posible ignorar en qué condiciones realizar la asignación de los metadatos de manera que los buscadores encuentren los datos que necesitan. Y es que obviamente los documentos digitales no se diseñan para su adquisición por una biblioteca donde labora un catalogador para describirlo y representarlo para, finalmente, colocarlo a disposición del usuario, además de que no existen procedimientos normalizados para eso y, por tanto, no aparecen reflejados en un catálogo central que registre todas sus páginas.

En este sentido, existen diversos puntos de vista pero, casi siempre, giran en torno a la opinión de que, efectivamente, el propio autor del documento debe generar los datos para describirlo, y esto constituye otra de las características distintivas de los metadatos.

Si se cumple fielmente con la descripción de los elementos que distinguen al documento, donde efectivamente el creador ocupa un lugar importante, los metadatos no solo permitirán conocer que existe el recurso sino que sabrá dónde está, si es auténtico, si es útil, cómo adquirirlo y cómo transferirlo desde su ubicación remota hasta el sistema local, donde el usuario pueda establecer sus propias medidas de almacenamiento y atesoramiento de la información.

En este sentido, Martínez subraya las funciones de los metadatos en tres direcciones:15

Van Nuys y sus colaboradores, quienes destacan la gran diversidad de formatos de metadatos existente, plantean que, a pesar de eso, todos tienen en común el hecho de ayudar a describir y a encontrar los documentos más valiosos en una colección, incluso aquellos que no sean candidatos para altos niveles de catalogación.3 Esta reflexión no solo resume una importante función de los metadatos sino que nos introduce en otro aspecto importante en este proceso en la actualidad, y se trata del nivel de uso y estandarización. Al respecto, Xu plantea que los metadatos en Internet no tienen estándares bien regulados y ampliamente establecidos, lo que les permitiría fomentar su misión de descubrir recursos de una manera más acertada.16

Según Rusch, los metadatos se utilizan para describir recursos digitales y no digitales y para ser efectivos deben normalizarse, y pone, como ejemplo de metadatos tradicionales, los formatos, esquemas y reglas de catalogación utilizados en las bibliotecas. La autora plantea que es la expansión de la información electrónica la que popularizó, a su vez, el uso del término metadatos como un reflejo de las necesidades de descubrir y emplear información en un ambiente novedoso, pero que, en definitiva, los metadatos incluyen la misma información bibliográfica, como información sobre requerimientos técnicos para el uso del recurso, el acceso, tipo y tamaño, entre otros.17

Muchos años tardó la catalogación bibliográfica para normalizarse y, en la medida que esto se logre en el entorno digital, los niveles de precisión y recobrado en la búsqueda en el Web, se incrementarán.

Hakala y sus coautores apuntan que, en resumen, la función principal de los metadatos es incrementar las posibilidades de recuperar un documento, así como ayudar en el control y gestión de las colecciones.10

Aplicaciones de los metadatos y la función de los profesionales

La convergencia de los elementos bibliotecológicos e informáticos en la creación de metadatos conlleva necesariamente un trabajo conjunto entre las ciencias de la información y las ciencias de la computación con vista a desarrollar los estándares que rijan esta actividad; por lo que no se considera válido abordar el tema de los metadatos sin reflexionar al respecto.

Se han abierto los horizontes hacia otras profesiones que están llamadas a cooperar: profesionales de la información, diseñadores de sistemas, proveedores de datos, editores, vendedores, archivistas, ingenieros y especialistas en codificación de texto electrónico, cuyas opiniones y experiencias permitan desarrollar las interfaces correspondientes que faciliten la localización, manipulación, recuperación y uso de la información digital.5,11 Sin embargo, existe una preocupación por el hecho de que se hayan convocado muy pocos catalogadores a aunar esfuerzos en los proyectos existentes para la creación de metadatos, aún cuando se ha reconocido la influencia de la catalogación bibliográfica.

No se trata de lograr, por una parte, que los sistemas informáticos, los lenguajes de programación y los protocolos sean compatibles, y por otra, que la descripción de los documentos se realice con los métodos y normas establecidos en determinados escenarios; es necesario que ambos aspectos vayan de la mano.

Falgueras expone una reflexión muy acertada al referirse al trabajo de los bibliotecarios, cuando afirma que: “su trabajo no se concentraría exclusivamente en la tecnología (downloading) de recursos de información interesantes, sino que, cada vez más, existiría el proceso inverso (uploading): la edición y confección de nuevos documentos, elaborados a partir de las fuentes de información”,18 es decir, que más que una función de intermediario entre los usuarios y la red debe convertirse en un creador de información nueva a partir de la existente.

Como Internet no tiene un propietario y es libre para publicar, no es posible una selección y adquisición, control y evaluación previa centralizada de aquello que aparecerá en ella, es absurdo pensar en la solución inmediata para establecer el uso obligatorio de los metadatos como herramienta para la descripción y organización de la información. Es lógico pensar que, a pesar de todos los esfuerzos que persigue la normalización para la descripción de los recursos digitales, no estará disponible la solución definitiva tal vez en muchos años.

Por ejemplo, un análisis interesante de 10 sitios cubanos en Internet sobre el uso de los metadatos muestra como conclusión general, que estos apenas se utilizan para describir los recursos disponibles en sus sitios y, en el mejor de los casos, se concede importancia solo a los campos título, palabras clave y dirección. Un modelo, en este sentido, es la Red Telemática de Salud en Cuba (Infomed) que, aún cuando no es el único ejemplo, es uno de los más efectivos.19

No obstante, se considera que Internet está en un momento de cambio, porque existe una cantidad enorme de proyectos para la creación de metadatos, se han establecido normas, creado formatos, grupos de investigación, desarrollado conferencias, talleres y seminarios internacionales para fomentar las investigaciones, y tal vez lo más importante: se han dado pasos hacia la normalización, dentro de un país, en una determinada esfera de las ciencias o la economía, fundamentalmente a partir del uso del formato Dublín Core que ha resultado ser, tal vez, el más extendido.

Por el momento, una buena opción sería poner al alcance de todos en el Web, cuantos formatos existan y se presente comprobada su efectividad. Xu señala la necesidad de construir en Internet un repositorio de metadatos que sea lo suficientemente funcional para facilitar la creación portable de metadatos, la búsqueda sofisticada de metadatos, el mapeo e intercambio, así como su fácil actualización y eliminación.16

Una tendencia actual es la creación de catálogos locales, bibliotecas virtuales o de las también llamadas pasarelas temáticas (subject gateways) con recursos tomados de Internet, que resulten punteros en cada temática, que funcionan como buscadores para los usuarios potenciales de una organización. Esta es una gran oportunidad para los bibliotecarios de crear catálogos con recursos muy bien descritos por medio de metadatos y de proporcionar a sus usuarios los puntos de acceso a los recursos que pudieran ser más relevantes para su búsqueda.

Está claro que los metadatos constituyen una metodología nueva y que requiere de su extensión a un marco más amplio, no solo en el mundo de bibliotecólogos e informáticos, sino que deben asumirse también por los generadores de la información para concebirlos y por los motores de búsqueda para reconocerlos y descubrir recursos, pero sentarse a esperar que llegue la gran solución, que defina el gran fenómeno no debe ser la estrategia a seguir.
Consideraciones finales

Sin dudas, la catalogación es un proceso que se refiere a la descripción de los documentos, sean cuales sean, independientemente de sus características, de quiénes los describan o del momento del ciclo de vida de la información en que se realice, y los beneficios que, en cualquier caso, son los mismos. Si bien en el Web los metadatos parecen ser más profundos, es válido destacar que el documento que ellos describen lo amerita pero, de cualquier manera, son esquemas que se basan en elementos tradicionales de la catalogación bibliográfica, a pesar de las diferencias existentes entre el modelo “libro” y el modelo “Web”, que son bien significativas.

En ninguno de los casos, una sustituye a la otra, ni absorberá a la otra en tanto que no debe sustituir el documento digital al impreso en su totalidad. No es justo decir que una es superior a la otra, sencillamente ambas nacieron en contextos diferentes, para solucionar problemas similares, pero en entornos bien distintos.

Aún queda abierto el tema de los metadatos, la tendencia puede ser a confeccionar más formatos, asumir los existentes y adaptarlos al medio en que se requieren, simplificar los formatos existentes o incluir cada vez más elementos, cuando en realidad las personas que se dedicarán a la tarea prefieren la menor cantidad, en esquemas bien sencillos; éstas y otras son solo alternativas pero la solución definitiva está aún por llegar.

Como en cualquier actividad, la normalización está llamada a simplificar y racionalizar las tareas, y en el mundo de las bibliotecas tradicionales, virtuales o digitales resultará siempre un elemento clave para la transferencia de datos, información y conocimiento con vista a superar todas las barreras.

Referencias bibliográficas

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Recibido: 6 de julio de 2006. Aprobado: 31 de julio de 2006.
Lic. Ania Torres Pombert. Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos. Calle 200 esq. 21, Atabey, Playa. Ciudad de La Habana. Cuba. Correo electrónico: atorresp73@yahoo.com

1Máster en Bibliotecología y Ciencia de la Información. Centro Nacional Coordinador de Ensayos Clínicos.

Ficha de procesamiento

Clasificación: Artículo teórico

Términos sugeridos para la indización

Según DeCs1

INTERNET; ALMACENAMIENTO Y RECUPERACIÓN DE LA INFORMACIÓN; CATALOGACIÓN.  

INTERNET; INFORMATION STORAGE AND RETRIEVAL; CATALOGUING.

Según DeCI2

INTERNET; WWW; RECUPERACIÓN DE LA INFORMACIÓN; CATALOGACIÓN; METADATOS.

INTERNET; WWW; INFORMATION RETRIEVAL; CATALOGUING ; METADATOS.

1BIREME. Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS). Sao Paulo: BIREME, 2004.

Disponible en URL: http://decs.bvs.br/E/homepagee.htm

2Díaz del Campo S. Propuesta de términos para la indización en Ciencias de la Información. Descriptores en Ciencias de la Información (DeCI). Disponible en URL: http://cis.sld.cu/E/tesauro.pdf

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