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ACIMED 2000;8(3):165-6
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EDITORIAL

Un mensaje de despedida

Hace algo más de nueve años, redacté un escrito a la dirección del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (CNICM) en el cual manifesté mi intención de crear una revista, en la que se pudieran registrar los resultados de la labor científica de los profesionales del Sistema Nacional de Información de Ciencias Médicas (SNICM). Tal iniciativa tuvo una favorable acogida, a pesar de que Cuba comenzaba a sufrir los embates de una profunda crisis económica.

En circunstancias tan poco propicias, tuve la fortuna de contar con algo más eficaz que la audacia y el entusiasmo personal para acometer dicho empeño; pues en el esfuerzo desinteresado, en la frase alentadora y en la inapreciable colaboración de indulgentes compañeros, encontré el apoyo necesario para vencer los obstáculos impuestos por los rigores que acompañaron a los primeros años del "período especial".

Por eso, deseo manifestar a través de estas líneas mi gratitud al doctor Jeremías Hernández Ojito, Director General del CNICM, por haberme dado su anuencia para darle nacimiento a ACIMED, y haber confiado en mí como iniciador de una gesta que hoy día trasciende las fronteras nacionales. Por otra parte, no encuentro palabras o frases adecuadas para agradecer como merecen a mis tan estimados colegas integrantes del Comité de Redacción durante estos años y, muy especialmente, al licenciado Rubén Cañedo Andalia, cuyo tesón y laboriosidad se han hecho sentir con vehemencia desde los días inolvidables de 1993, año en que vio la luz por primera vez la revista, y cuya actividad ha sido determinante en su desarrollo posterior.

Cuando redacté el primer editorial de ACIMED para presentarla, lo hice consciente del gran reto que debía enfrentar, al tener sobre mis hombros la máxima responsabilidad en el compromiso contraído con la dirección del CNICM de crear y hacer permanecer un medio de difusión de la cultura científica y de estímulo del espíritu investigativo en los colegas del SNICM.

Aunque no pretendo atribuirle proporciones exageradas a la labor realizada hasta ahora en ese sentido, no puedo negar mi orgullo como individuo, por haber trabajado con un colectivo tan valioso, al volver la vista atrás y contemplar la utilidad de su esfuerzo. Con esto quiero dejar sentado que han sido ellos los principales protagonistas en el cumplimiento del mencionado compromiso.

Ahora bien, la vida tiene sus leyes independientes de la voluntad y de la conciencia de los hombres, y casi siempre ocurre que, por uno u otro motivo, más tarde o más temprano, estas se imponen. De acuerdo con esas leyes, las obras iniciadas un día, podrán tener otro día su final inevitable, al igual que todo lo existente. De ahí mi gran asombro por la permanencia de las pirámides de Egipto y de todo lo que se les asemeja.

Con estos renglones que escribo un día de junio del año 2000, doy a conocer a los estimados lectores el cese de mis funciones como director de ACIMED, al igual que un día de enero de 1993 redacté el primer editorial para presentarla. Otra obra está esperando mi tiempo y esfuerzo, cuya mayor parte he consagrado hasta ahora a mi querida revista, la cual es por cierto mi mayor satisfacción, en cuanto a logros se refiere, en más de 20 años como profesional de las ciencias de la información.

La decisión de retirarme de esta cautivadora actividad responde a la imposibilidad real de dedicarme a ella como hasta ahora, dadas las exigencias de las nuevas tareas que tengo por delante, vinculadas a la investigación de la historia de la bibliografía médica cubana; a la necesidad de ACIMED de que se le continúe brindando la merecida atención; y a la certeza de que hay ya muchos compañeros capaces de cumplir tal requisito igual o mejor que yo, pues su competencia, experiencia y deseos de hacer aseguran un futuro luminoso a la publicación.

Por ello, estoy convencido de que ACIMED mantendrá y será capaz de superar la trascendencia lograda bajo mi dirección, en virtud de las personalidades tan prestigiosas que fortalecerán su Comité de Redacción, unidas a los colegas que hasta hoy me acompañaron en esta empresa.

Sólo me resta exhortar a los autores para que contribuyan a este empeño, con el envío de contribuciones cada vez mejores, así como a los lectores para que continúen haciendo llegar a la Redacción sus valiosas sugerencias. Con esto está garantizado el destino de la Revista Cubana de los Profesionales de la Información en Salud.

Hasta siempre.

Lic. José Antonio López Espinosa
Departamento Procesamiento de la Documentación
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas
 

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