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Rev Cubana Educ Med Sup 1999;13(1):60-69
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Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología. Habana Vieja

Contribución al estudio de la bibliografía cubana sobre geografía médica

Dr. Enrique Beldarraín Chaple1 y Lic. José Antonio López Espinosa2
 

Resumen

Se explica brevemente la significación de la Geografía al lado de la Medicina y se fundamenta la interdependencia existente entre ambas ciencias. Se describen las primeras comunicaciones sobre la Geografía Médica surgidas al nivel universal y los documentos que dieron inicio a la bibliografía cubana sobre esta disciplina. Se relacionan las obras más importantes escritas al respecto en Cuba a lo largo de los siglos XIX y XX, y se incluyen trabajos del doctor Carlos J. Finlay y artículos publicados en 2 de las revistas médicas cubanas más prestigiosas de todos los tiempos. Mediante este inventario bibliográfico se puede disponer de una referencia científicamente fundamentada acerca del surgimiento, evolución y desarrollo de la documentación científica nacional en el campo de la Geografía Médica.

Descriptores DeCS: GEOGRAFIA; BIBLIOGRAFIA DE MEDICINA; CUBA.

 

La Geografía y las enfermedades han estado siempre tomadas de las manos, y ello se remonta al mismo momento, hace ya miles de años, en que comenzó la práctica de la Medicina como una danza o como un conjuro para aliviar los males de las tribus. No obstante, la ciencia de la descripción de la tierra adquirió su justo valor al lado del arte de curar cuando el hombre (o el médico) comenzó a hacer un recuento sobre la naturaleza de las enfermedades, trató de indagar desde cuándo se padecían las diferentes dolencias o de saber cómo éstas se manifestaban en el pasado.

En un principio, el ser humano concentró su atención en estudiar los sitios en que se padecían unas y otras afecciones, es decir, a localizarlas geográficamente. Más tarde, se preguntó en cuáles épocas del año éstas se manifestaban con más o menos intensidad o las características climáticas que predominaban en determinados lugares cuándo aparecían.

Fue así que la Geografía se introdujo en el mundo de la Medicina y se comenzó a producir la interdependencia entre ambas ciencias, fortalecida mucho más con el surgimiento de la epidemiología como rama particular, pues cuando el hombre reparó en la existencia de enfermedades contagiosas, capaces de producir grandes epidemias y terribles secuelas de mortandad y discapacidad, se dedicó por vez primera a hacer el recuento histórico y geográfico de los males que atacaban simultáneamente a muchas personas en un mismo lugar.

Tiempo después, cuando al fin se pudo probar la etiología de los contagios, en virtud de la tremenda fuerza con la que irrumpió la Microbiología, la Geografía pasó a ser una parte esencial para la acción de los epidemiólogos. Pero ello no quedó ahí, por cuanto el desarrollo posterior de las ciencias médicas trajo consigo el surgimiento del salubrismo, la organización de los servicios de salud y su planificación estratégica, fase en la que la Geografía hizo nuevamente acto de presencia para ayudar al salubrista en su trabajo.
 

Los primeros documentos escritos sobre geografía médica

Desde la época de Hipócrates (460-373 (?) a.n.e.), los factores climáticos se relacionaron con la aparición de algunas dolencias, hecho que se puede apreciar en su tratado Del aire, las aguas y los lugares, considerado el primer libro escrito sobre Geografía Médica, Climatología y Antropología.1 Este tratado inspiró una tradición ambientalista mantenida por milenios, la cual tomó su forma en lo que últimamente se ha llamado enfoque ecológico de las enfermedades.

Durante los siglos XVIII y XIX, el ambientalismo trajo consigo un acercamiento, desde el punto de vista geográfico, de los factores condicionantes de las enfermedades, que tuvo por consecuencia la entrada en escena de una modalidad de publicaciones genéricamente llamadas topografías médicas.2

Entre las obras más importantes de este movimiento se incluyeron, además de la de Hipócrates antes citada, los trabajos del árabe Abdollatif (Abu Muhammad Abduíllatif), quien vivió en plena Edad Media entre 1162 y 1231 y escribió Historiae Aegypti Compendium. Se trata de un texto bilingüe árabe-latín, que brinda una lúcida descripción de la flora y la fauna de Egipto, de sus habitantes y de sus enfermedades.3 Aunque no fue hasta 1800 que esta obra se publicó como libro, es de suponer que su manuscrito se conocía desde mucho antes.

En 1672 se publicó De aere, locis, et aquis terrae angliae, deque morbis Anglorum vernaculis, de Charles Clermont (Clarmontius), el cual contiene una topografía médica de Inglaterra.4

En 1759 se conoció Observations on the changes of the air and the concomitant epidemical diseases in the island of Barbados, que es la primera obra de este tipo referente al continente americano, y en la cual William Hillary trató acerca de los cambios en el aire y los relaciona con la aparición de enfermedades epidémicas en la isla de Barbados.5

En 1770 John Rutty dio a la publicidad A chronogical history of the weather and seasons, and of the prevailing diseases in Dublin y seguidamente, en 1776, vio la luz An account of the weather and diseases of South Carolina.

El último de ambos libros editados en la ciudad de Londres, es el segundo que hace referencia al continente americano, y en él se establece una relación entre el clima y el surgimiento de varias enfermedades en las zonas correspondientes a las regiones sureñas de los actuales Estados Unidos.

A los anteriores se suman crono-lógicamente los trabajos de John Fothergill (1712-1780), entre los cuales se destacó Observations on the weather and diseases in London, publicada igualmente en la ciudad de Londres en 1783.

William Currie (1754-1828) siguió en el tiempo con la publicación de su An historical account of the climates and diseases of the United States of America, editado en Filadelfia en 1792.

Después de los antes citados, fue que se empezaron a publicar los grandes trabajos acerca de la Geografía Médica propiamente dicha, los cuales ejercieron una favorable influencia en la Medicina de la época.

Como ejemplos de ellos se pueden mencionar el del alemán Leonard Ludwig Finke (1747-1837), quien entre 1792 y 1795 publicó Versuch einer allgemeinen medizinisch-praktischen Geographie, del cual se produjeron 3 volúmenes en la ciudad de Leipzig; el del también germano Handbuch der historischen-geographischen Pathologie, que se ha considerado como un clásico del tema y cuyos 2 volúmenes se editaron en Erlangen entre 1860 y 1864, y el del francés Henri Clermand Lombard (1803-1895), cuyos 4 volúmenes se editaron en París con atlas entre 1877 y 1880 bajo el título de Traite de climatologie medical.

En medio de estos grandes tratados geograficomédicos, con los que se ratificaba, sobre todo la influencia del clima en la aparición de diversas enfermedades en distintas regiones del planeta, justo es nombrar también A sistematic treatise, historical, etiological and practical, on the principal disease of the interior valley of North America, obra publicada en Cincinatti por el norteamericano Daniel Drake (1782-1852) en 1850.6
 

Los inicios de la bibliografía cubana sobre geografía médica

El florecimiento de la Medicina en Cuba se produjo en el siglo XVIII. Los jóvenes que en aquel entonces deseaban consagrarse a ella, podían optar por estudiarla en cualquiera de las antiguas y famosas Universidades de la Península Ibérica, o bien dirigirse a México, donde por mucho tiempo adquirió su formación gran parte de los estudiantes criollos, no sólo de Medicina, sino también de Filosofía, Teología y Derecho.

La apertura en 1728 de la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, significó la primera posibilidad de hacer dichos estudios en la isla, con independencia de que desde hacía 2 años se venían impartiendo algunas lecciones de Anatomía en el convento de San Juan de Letrán.

Sin embargo, ya fuera por la fuerza del hábito o por descontento en virtud de las limitaciones de la enseñanza en el alto centro docente, lo cierto es que muchos cubanos mantenían su preferencia por estudiar en el exterior.

A mediados del siglo XIX, un importante grupo de jóvenes comenzó a viajar a París, quizás llamados por el iluminismo de la cultura francesa, por la fama de su Escuela de Medicina, o en mera señal de protesta contra el régimen colonial español.

Parece ser que la novedosa Geografía Médica, sirvió de estímulo a los cubanos que estudiaban Medicina en diversos lugares del mundo para investigar la influencia que la topografía y el clima de su patria podían ejercer en la etiología de ciertas enfermedades. Es muy posible que en ello también haya pesado el estudio de algunas de las obras clásicas españolas como la Historia natural y médica del Principado de Asturias, de Gaspar Casal y Julian (1679-1759), publicada por M. Martin en Madrid en 1762, la cual es doblemente importante, pues incluyó la descripción nosográfica de la pelagra y el primer planteamiento moderno de las afecciones carenciales. Topografía médica de Valencia y su zona, de Juan Bautista Peset y Vidal, publicada en 1878 y la famosa Epidemiología española e historia cronológica de las pestes, los contagios, las epidemias y las epizootias que han acaecido en España desde la venida de los cartagineses hasta el año 1801.2,6

Las primeras noticias sobre Geografía Médica en Cuba se remontan a la época en que la prensa periódica no se había especializado por ramas del conocimiento. En el Papel Periódico de La Habana, primera publicación periódica producida en la isla a partir del 24 de octubre de 1790,7 vieron la luz los primeros artículos relacionados con el clima y su influencia sobre la aparición de algunas enfermedades en la población. Un año después, en el mismo se comenzó a publicar quincenalmente el resumen de mediciones de variables climáticas como la temperatura, la humedad, las nubes, las lluvias, los vientos, etc. y, en ocasiones, se podía leer un comentario acerca de las enfermedades aparecidas masivamente en el período que abarcaba la noticia en cuestión.

Por ejemplo, el domingo 8 de enero de 1792, se dio a conocer que los fríos excesivos del mes anterior, que incluían escarchas en algunos lugares, habían producido una epidemia de catarros secos, causados por una ligera inflamación del pulmón, afectado a su vez por la demasiada humedad del aire y su frigidez seca. Se comentó, además en este número, el regreso de la viruela y que los niños habían padecido apostemas, y también se informó que se mantenía la disentería haciendo estragos. A modo de resumen, en el trabajo se afirmó que el origen de estos males estaba en la supresión de la transpiración por el abrigo excesivo del frío imperante.8

Otra noticia de las tantas de este tipo atesoradas en las páginas del mencionado periódico, fue la del domingo 4 de agosto de 1793, con la que se hizo saber que la sequedad de la atmósfera durante el mes anterior y los vientos reinantes del este, posibilitaron la desaparición de la epidemia catarral que afligía a la ciudad de La Habana.9

Estos artículos de análisis climatológicos y sus relaciones con la salud de la población, que aparecían sin firma, contenían una información muy valiosa para los médicos de la época, por cuanto ésta les servía para mantenerse al corriente de lo que acontecía en la ciudad en el terreno sanitario, en una época en la cual no disponían de otras fuentes y en la que los servicios de sanidad no estaban aún desarrollados.

El insigne médico cubano Tomás Romay y Chacón, a quien mucho debe el desarrollo de las ciencias médicas en el país, particularmente en las esferas de la Higiene y la Epidemiología, incursionó en el terreno de la Geografía Médica cuando estudió la fiebre amarilla, hecho que quedó demostrado cuando en 1797 publicó su famosa obra titulada Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito negro, enfermedad epidémica de las Indias Occidentales, la cual marcó el inicio de la bibliografía cientificomédica de la nación. En la primera parte del texto, el autor presenta un breve panorama histórico de la enfermedad y de los primeros sitios del Caribe en los que ésta hizo su aparición, además de relacionar el inicio de las epidemias con el arribo de barcos procedentes de zonas con brotes. En otra parte del documento, el doctor Romay se refirió al clima como causa externa condicionante de la aparición del vómito negro.10

Si bien estaba aún lejana en el tiempo la solución del problema etiológico de la fiebre amarilla, así como del papel vectorial en su transmisión, no es menos cierto que en el verano y durante la época de lluvias había más propensión a contraerla, dada la mayor proliferación de mosquitos.

Otro galeno interesado en el tema, fue el doctor José Fernández de Madrid, cuya conferencia presentada en la sesión del día 16 de diciembre de 1822 en la Sociedad Económica de Amigos del País, se concibió como respuesta a un programa propuesto en el seno de la agrupación. El trabajo, que bajo el título de Sobre el influjo de los climas cálidos y principalmente de La Habana, en la estación del calor se publicó en 1824,11 se inicia con una explicación de la necesidad de conocer la topografía y el clima, para poder establecer con precisión su influjo sobre las enfermedades. En la ponencia se hace asimismo un comentario de la situación higiénica de las aguas del río y de las malas condiciones sanitarias de la Zanja Real como condicionantes de la aparición de trastornos como diarreas, disenterías y dispepsias. También se señala al calor y a la humedad como productores de enfermedades de la piel y de los sistemas sanguíneo y digestivo y se afirma que el primer efecto del calor es acelerar la circulación, hacer latir el corazón con más frecuencia, llevar la sangre de manera impetuosa a la cavidad encefálica, activar su circulación en sus capilares en general, pero sobre todo en los de la piel y el tejido subcutáneo, además de aumentar de manera considerable la irritabilidad de todas las extremidades nerviosas.

La obra es pues una disertación sobre la influencia climática, en específico del calor, sobre la fisiología del organismo humano, aunque también hace referencia a la acción del aire húmedo en el surgimiento de enfermedades epidémicas y de fiebres intermitentes y remitentes.

Tiempo después, salió a la arena periodística la Breve exposición topográfica de la ciudad de Cuba, de Tomás Betancourt, en la cual aparece un análisis de la Geografía y el clima santiaguero y sus enfermedades.12

La región del país que más atención despertó entre los estudiosos del tema fue la Isla de Pinos, donde se produjo una polémica, que duró muchos años, en relación con el efecto beneficioso o dañino de las características de su clima y entorno en la evolución y la curación de la tuberculosis.

Esta polémica conllevó a la aparición de varios trabajos relativos a ese territorio. El primero de ellos lo escribieron los doctores Ramón Piña y Peñuelas y D. Gombau, quienes lo publicaron en 1850 con el título de Noticias históricas, topográficas y médicas de la Isla de Pinos y de varios puntos del departamento oriental de la isla.13 Ese mismo año se dio a conocer también Breve ojeada histórica, hidrográfica y topográfica de la Isla de Pinos, de Andrés Poey Aguirre,14 y La tuberculosis pulmonar y la Isla de Pinos, del doctor Ranz de la Rubia.15 Por otra parte, José de la Luz Hernández publicó, en 1857, Memoria sobre la salubridad de Isla de Pinos,16 y, en el bienio 1877-1878, sus Consideraciones acerca de la topografía médica en general y en particular sobre la villa de Guanabacoa y de Isla de Pinos.15

Por esa misma época, el doctor Marcial Dupierris había redactado su libro Memoria sobre la topografía médica de La Habana y sus alrededores , publicado en 1857, que entre otras cosas se refería a la importancia de conocer la topografía para poder percatarse de las enfermedades que aparecían en un país, principalmente de las epidemias; fundamentaba el papel de las lluvias en tanto promotoras de inundaciones productoras de enfermedades, explicaba lo perjudicial que resultaban para la salud los vientos del sur y estudiaba la contaminación del medio provocada por los comercios y los lugares de expendio de alimentos.17

El doctor Manuel Pérez Beato escribió la obra titulada Topografía médica de La Habana, que estuvo inédita durante un tiempo, hasta que en 1893 se publicó un prospecto de la misma.15

Durante el año 1872, Juan García Zamora había dado a luz Memoria topográfica médica de la ciudad de Santa María del Rosario y sus baños medicinales,18 y Esteban Navea Ponce su Topografía médica del distrito municipal de San José de las Lajas.15

Otras obras de este tipo aparecidas en la década de los años 70 del siglo XIX se titularon El pueblo y jurisdicción de San Diego de los Baños y Apunte para la topografía médica del pueblo de Candelaria, de Manuel S. Castellanos y Luis Valdés de la Puente, respectivamente.15

Posteriormente, en 1885 se publicó el libro clásico de Ramón Piña y Peñuelas Topografía médica de la isla de Cuba, considerado como uno de los textos más abarcadores y completos sobre el tema.19 Una localidad para tuberculosos fue el título del discurso leído por el gran médico cubano Joaquín Jacobsen y Cantos, el día 1ro. de junio de 1894, para su ingreso en la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, editado posteriormente en forma de folleto.15

En 1898 se publicó Servicios sanitarios y topografía de Mariel a la trocha de Majana, de Jaime Mitjavilla,20 y Sebastián Cuervo Álvarez terminó su obra inédita Noticia médico-topográfica de Sancti Spíritus.15
 

La geografía médica en la obra del doctor Carlos J. Finlay Barres

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el genial médico cubano Carlos J. Finlay incursionó también en el terreno de la Geografía médica. En 1872 presentó su trabajo de ingreso en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana Alcalinidad atmosférica observada en La Habana, donde quedaron expuestas sus observaciones acerca de este tópico desde 1858, y donde demostró sus conocimientos climatológicos y de Química Analítica.21

Finlay estudió la climatología concienzudamente y realizó algunas investigaciones, para lo cual hubo de utilizar las instalaciones del Observatorio del Colegio de Belén. Estos estudios permi-tieron al sabio publicar otros trabajos en relación con el clima y la alcalinidad de la atmósfera y su influencia sobre la aparición de enfermedades, específicamente de la fiebre amarilla.22,23

Es justo recalcar que el doctor Finlay se mantuvo muchos años estudiando la fiebre amarilla y que pudo aproximarse a ella desde todos los ángulos posibles de su época, hecho que lo convirtió en un experto en el conocimiento de su historia y de su distribución geográfica. En este sentido fue también muy meritoria su labor de revisión bibliográfica, que lo llevó a ser un profundo conocedor de todo lo publicado sobre el tema.
 

La bibliografía sobre geografía médica en las revistas cubanas del siglo XIX

Los citados trabajos, salidos de la pluma del doctor Finlay,21-23 se publicaron como artículos en los Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la revista órgano de la corporación del mismo nombre, que se inició en 1864 bajo la dirección del doctor Antonio Mestre y circuló hasta 1958.

El autor con mayor número de contribuciones sobre el tema en esta publicación, fue el doctor Ambrosio González del Valle y Cañizo, quien divulgó 4 trabajos a través de sus páginas, referentes a las constantes climatológicas del estudio de la atmósfera, los suelos y las aguas; a la necesidad de que los médicos conocieran estos detalles para atenuar los efectos de las enfermedades tanto endémicas como epidémicas,24,25 a la relación que guardaba la epidemia del cólera con las características ambientales en 1868, a la incidencia de la enfermedad y a la mortalidad causada por la epidemia,26 y a la relación entre las lluvias y la aparición de la fiebre amarilla, a la calidad de las aguas y a la comparación de la mortalidad causada por fiebre amarilla y viruela durante el primer semestre de 1874 y 1875.27

En 1880 se publicó en los Anales un artículo de Antonio Mestre y Domínguez, en el cual se puede observar el cuadro epidemiológico de San José de las Lajas y sus relaciones con la Geografía y con el clima de la región.28

Otro trabajo atesorado en esta revista es la ponencia del doctor José Francisco Vélez, galardonada por la Academia en 1929 con el "Premio Presidente Gutiérrez", cuyo contenido aborda la geografía médico-sanitaria de Mariel.29

Otra revista en la que se publicaron varios artículos relativos a Geografía Médica, fue la Crónica Médico Quirúrgica de La Habana, fundada por el famoso médico Juan Santos Fernández y Hernández, y que circuló entre 1875 y 1939. Ya en su primer número apareció un trabajo del doctor José Argumosa Bonilla, valorado como excelente estudio geográfico y climático, con un informe de lo que hoy día se considera una epidemiología descriptiva de la región de Vuelta Abajo, que incluye sus enfermedades endémicas.30

En 1880 el doctor Ambrosio González del Valle y Cañizo publicó en esta revista una contribución, donde se hacía un balance de las dificultades higiénicas en la ciudad La Habana y sus alrededores, así como de su influencia sobre el surgimiento de enfermedades contagiosas.31

En 1884 apareció en la Crónica un artículo de Baldomero Simo, que analizaba las características climáticas de Madruga, sus aguas y las patologías en que estaba indicado su uso.32 Ese mismo año, Luis Valdés de la Puente y Juan Brunet publicaron sus respectivos artículos sobre la topografía médica del pueblo de Candelaria y de Macurijes.32,33

José M. Pardiñas analizó las aguas minero-medicinales de Madruga, y en 1889 las páginas de la revista brindaron los resultados de sus observaciones.34,35

José Miguel Cabarroury entregó varios manuscritos, en los cuales refería la historia de los manantiales de San Diego de los Baños, la composición y propiedades químicas de sus aguas, así como las enfermedades para las que se recomendaban baños.36

Al doctor Enrique Ranz de la Rubia se debe un extenso artículo, que trata acerca de las aguas minero-medicinales de Santa Fe en Isla de Pinos y que se publicó en varios números de los años 1891 y 1893.37,38

Otro estudio sobre las aguas minero medicinales fue el publicado en 1892, donde José Morales Moreno brindó detalles acerca de las aguas de San Vicente.39

Del fundador y director de la revista salió en 1893 un artículo, en el que se refutaba la teoría de que la intensidad de los rayos de sol en Cuba predisponían las enfermedades oculares.40 En el mismo año vio la luz un trabajo relativo a la Geografía Médica de Consolación del Norte.41

En el último artículo publicado en este título con relación al tema de la Geografía Médica, salió de la pluma de José Primelles, quien en su escrito defendió la pureza del agua que se utilizaba en La Habana. Esta contribución se dio a conocer en 1915.42
 

Algunos trabajos sobre Geografía Médica escritos en Cuba durante el siglo XX

Antes de la aparición de las contribuciones registradas en las 2 revistas del siglo XIX antes referidas,29,42 el siglo XX se había iniciado con la obra escrita por Angel de Larra Cerezo, que se dio a conocer en el año 1901, bajo el título de Datos para la historia de la campaña sanitaria en la guerra de Cuba. También el doctor Luis Ortega Bolaños había dado a la arena periodística en 1905 Estudio de la distribución geográfica de la tuberculosis en Cuba, que incluía mapas y planos.15

En el I Congreso Médico Nacional, celebrado en La Habana en 1905, el doctor Juan B. Pons y Fonolls presentó una ponencia acompañada de fotos y mapas, donde planteó que la Sierra del Escambray tiene todas las condiciones para la cura de la tuberculosis, por poseer un aire puro cargado de ozono y libre de polvo, humos e impurezas (Pons Fonolls JB. Apuntes para el estudio de la topografía médica de Cuba. Distrito municipal de la Sierra. La Habana: I Congreso Médico Nacional. Libro de Actas: 475-90).

El doctor Jorge Le Roy Cassá publicó en 1930 un extenso y notable trabajo sobre la fiebre amarilla y la epidemia de 1648, en el que hizo un magnífico análisis de la mortalidad en La Habana en el siglo XVII, además de un importante recorrido historicogeográfico en relación a la aparición del mal en América, particularmente en la zona del Caribe y las Antillas.43

José A. Martínez Fortún y Foyo, después de rastrear por todos los medios a su alcance los datos relativos a los brotes epidémicos ocurridos en Cuba desde 1502, publicó en 1952 los resultados de su estudio.44

Más recientemente, el doctor Gregorio Delgado García, realizó un documentado estudio historicogeográfico de las 3 entradas de cólera en Cuba, cuyos resultados publicó en 1993.45
 

Consideraciones finales

En este trabajo se ha brindado un conciso panorama acerca de la evolución de la bibliografía cubana, relativa a la ciencia que se ocupa por definición de estudiar la influencia de las condiciones climáticas y ambientales sobre la salud y la enfermedad.46

Aunque se supone que la producción bibliográfica sobre el tema es mucho más amplia, no es menos cierto que el poco espacio con que se cuenta para redactar un artículo de esta naturaleza no permite ser más extenso.

Por otra parte, se ha querido demostrar que la Geografía Médica ha estado siempre asociada al estudio de las enfermedades y de los distintos factores presentes en su evolución. Esta alianza se manifiesta hoy día, principalmente, en los servicios de control de enfermedades y en los de planificación de salud.
 

Summary

The significance of Geography side by side with Medicine is briefly explained and the interdependence existing between both sciences is defined. The first communications that appeared in the world about Medical Geography, as well as the documents that gave rise to the Cuban bibliography an this discipline are described. The most important works written in Cuba during the XIX and XX century are mentioned, including papers of Dr. Carlos J. Finlay and some articles published in two of the most prestigious Cuban medical journals of all times. With this bibliographic inventory it is possible to have a scientifically founded reference about the appareance, evolution and development of the national scientific documentation in the field of Medical Geography.

Subject headings: GEOGRAPHY; BIBLIOGRAPHY OF MEDICINE; CUBA.
 

Referencias Bibliográficas

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Recibido: 10 de junio de 1999. Aprobado: 13 de julio de 1999.
Dr. Enrique Beldarraín Chaple. Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología, Habana Vieja. Calle Habana e/ Obispo y Obrapía. Habana 1, Cuba. CP 10100.

1 Especialista de I grado en Epidemiología. Investigador del grupo de Filosofía e Historia de las Ciencias. Unidad Municipal de Higiene y Epidemiología de La Habana Vieja.
2 Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Departamento Procesamiento de la Documentación. Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.
 

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