
DeCS: PERSONAJES; HISTORIA DE LA MEDICINA; CRONOLOGIA
Subject headings: FAMOUS PERSONS; HISTORY OF MEDICINE; CHRONOLOGY.
Si se piensa en los precursores de la Medicina científica moderna en Cuba, el primer nombre que acude a la mente es el de Tomás Romay, considerado con toda justicia como uno de las personalidades forjadoras del sentimiento nacional cubano de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. Menos conocido, sin embargo, es quien le sucediera como cabeza reconocida de la comunidad médica avanzada en Cuba durante buena parte del siglo XIX, el Dr. Nicolás José Gutierrez, a cuya obra fundacional en la medicina y la ciencia cubana dedicamos estas breves palabras.
Este ilustre médico cubano nació en La Habana el 10 de septiembre de 1800 y desde temprano se destacó por su aplicación a los estudios y vivo interés por nuevos y mayores conocimientos. Su primer contacto con la formación médica se produjo al inscribirse como alumno - cuando cursaba aún estudios de bachillerato en filosofía- del curso sobre anatomía descriptiva que impartiera en La Habana el destacado médico italiano José Antonio Tasso, el que pronto cobró simpatía al avezado discípulo y llegó a tomarlo en varias ocasiones como ayudante en operaciones quirúrgicas, pese a no tener éste por entonces mayor formación médica que dichos estudios anatómicos.
Al término del mencionado curso, mereció un premio de la Sociedad
Económica de Amigos del País, que supuestamente le permitiría
costear sus estudios médicos en Francia o España. Llegada su graduación
de Bachiller en 1920, el premio no llegó a materializarse, por lo que
el joven Gutiérrez matriculó Medicina en la Real y Pontificia
Universidad de San Jerónimo de La Habana, en la que venció sucesivamente
los distintos escalones que incluía por entonces la educación
médica: cirujano latino, bachiller en medicina, médico licenciado
y doctor en medicina.
Desde la propia época en que realizaba sus estudios de Medicina, en 1826, el estudioso joven propuso la idea de constituir una academia médica en Cuba, semejante a las que por entonces existían ya en varios países de Europa y América. Reunió entonces la cantidad de firmas necesarias para sustentar ante la Corona Española tal solicitud y la redacción estuvo a cargo nada menos que del propio Tomás Romay, cuyo prestigio personal en Cuba y España suponían los solicitantes que aseguraría el éxito de la gestión. La petición fue entonces denegada, pero Nicolás José Gutiérrez no cejaría en esa iniciativa, en la que tenazmente insistió hasta lograr la instalación, 35 años después de ese primer intento, de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Continuando el orden cronológico, a poco de doctorarse de medicina en 1827, fue nombrado por el recordado Obispo Espada como cirujano del hospital de caridad de mujeres y desde entonces comenzó a introducir, en el ámbito de su influencia, importantes reformas en la práctica quirúrgica. En 1830 obtuvo por oposición la cátedra de Anatomía General, y en 1835 obtuvo también la cátedra de Patología General en la Universidad, de la que fue catedrático hasta 1839. Durante 1836 y 1837 realizó estudios en afamadas clínicas de París y a su regreso a La Habana dicta un curso sobre grandes operaciones, el primero en Cuba, y otro de clínica quirúrgica, también por primera vez. Desde entonces, lleva a cabo con éxito una serie de arriesgadas intervenciones, que le ganaron general reconocimiento. Se haría larga la lista de técnicas quirúrgicas introducidas por él en nuestro medio.
Mencionaré, a manera de ejemplo, las destacas por el historiador López Sánchez: primera tenotomía y primera talla hipogástrica, practicadas ambas en 1842, las ligaduras de la arteria femoral y la ilíaca interna así como la primera rinoplastia. Al decir de López Sánchez, los doctores Nicolás José Gutiérrez, Fernando González del Valle y Vicente Antonio de Castro, constituían la trinidad quirúrgica de salvación en aquella década del 40 al 50 del siglo XIX. De esa gran trilogía, correspondieron a Gutiérrez, que era el único con formación complementaria en el exterior, las más novedosas. A él corresponde también el mérito de dar a conocer en Cuba el estetoscopio, el fórceps obstétrico y el enyesamiento de las fracturas.
Fue también Nicolás José Gutiérrez el fundador de la primera revista médica cubana, Repertorio Médico Habanero, redactada bajo su dirección por los doctores Ramón Zambrana y Luis Costales, cuyo primer número vio la luz en 1840.
En marzo de 1847, uno de sus más connotados colegas, el mencionado Vicente Antonio de Castro, da a conocer haber hecho uso por primera vez en Cuba de la anestesia por éter con fines quirúrgicos, apenas cinco meses despúes de haberse descubierto en Boston este procedimiento, y menos de noventa días después de comenzar a usarse en Europa. Acicateado tal vez por este relevante logro, un poco después, a principios de 1848, Nicolás José Gutiérrez emplea por vez primera en Cuba el cloroformo, obtenido por el Dr. Luis Le Riverend, para la ablación de un cáncer de pecho a la señora hermana del Conde de Fernandina. De esta intervención no hubo en su época reflejo en la prensa médica, quizá por reserva hacia una paciente tan prominente, pero el propio Gutiérrez la relata en detalle en una comunicación que mucho después le rindió a la Academia. La investigación realizada al respecto por López Sánchez permite fijar la fecha de esta operación entre el 26 de enero y el 13 de febrero de 1848, es decir, apenas tres meses después que este proceder anestésico fuera dado a conocer por Simpson a la Sociedad Médico-Quirúrgica de Edimburgo.
Gutiérrez no había olvidado, empero, su aspiración de que La Habana contara con una academia médica. En 1841 había reiterado su solicitud y sólo había obtenido por respuesta que... "ocupándose el gobierno de la reforma de la universidad, y debiendo establecerse una inspección de estudios con sección médica, no era de accederse a la súplica". A partir de 1855 reactiva sus gestiones para lograr la creación de la academia y es finalmente en 1860 que, ante su insistencia, y la de un numeroso grupo de facultativos, farmacéuticos y naturalistas de La Habana, el capitán general Serrano obtuvo finalmente de la reina Isabel II, la autorización para fundar una tal institución en nuestra capital. Debemos a José de la Luz y Caballero, amigo cercano de Gutiérrez, el persuadir a este último de que dicha institución debía extender su original concepción estrictamente médica para dar cabida a las ciencias físicas y la historia natural (zoología, botánica y geología).
Es así como el 19 de mayo de 1861 se inagura la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, la que resulta la primera de su tipo en todo el continente americano, y Nicolás José Gutiérrez es proclamado su presidente. Durante 30 años mantuvo este distinguido cubano esa posición, la que lo convirtió en testigo excepcional de la exposición y debate de los más relevantes trabajos científicos del país en ese período, entre ellos los de Carlos J. Finlay, Felipe Poey y Luis Montané. En el seno de esa Academia tuvieron lugar trascendentes discusiones teóricas, pero se elaboraron también importantes recomendaciones prácticas, entre ellas las relacionadas con estudios higiénico-epidemiológicos, cuyo desarrollo llegó a sustentar tradición en ella. Uno de sus miembros más preclaros, Enrique José Varona, afirmó con respecto a aquella academia que la misma reunía"la mayor suma de conocimientos" que tuvo nuestro país en el siglo XIX.
Al frente de la prestigiosa Academia Nicolás José Gutiérrez percibió cabalmente el papel que una institución como esa podía y debía desempeñar en el desarrollo de la cultura nacional y el afianziamiento de valores patrióticos y de servicio al país. Dejó constancia de su pensamiento, al afirmar en cierta ocasión:
"Siquiera no fuese más que por orgullo nacional, debiera hacérseles entender a los forasteros y extranjeros, principalmente, que no nos ocupamos sólo en hacer azúcar y cosechar tabaco, sino que cultivamos también las ciencias".
Recibido: 29 de noviembre de 2002. Aprobado: 4 de diciembre de 2002.
*Tomado del discurso pronunciado por el Dr. Ismael Clark en
ocasión de la entrega a la ENSAP de la condición de Institución
auspiciadora de la Academia de Ciencias.
1 Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba.