
Escuela Nacional de Salud Pública
Lic. Bertha Fernández Oliva1 y Lic. Nidia Nolla Cao2
El presente trabajo tiene como objetivo motivar a los profesionales que se desempeñan en el campo de la Educación Médica a reflexionar sobre las cualidades y capacidades que debe poseer un profesor, como parte de la maestría pedagógica a alcanzar en su práctica profesional, destacando el papel del modelo comunicativo en la enseñanza contemporánea y particularmente en la Educación Médica. Desde una visión actual del proceso docente-educativo y del papel protagónico del estudiante en dicho proceso, se analizan y describen las principales cualidades y capacidades que se consideran que un profesor ha de poseer y fomentar, como elemento esencial para planificar y desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje con la calidad requerida y lograr de esta manera un mejor resultado que se traduzca en la formación de futuros profesionales con sólidos conocimientos científico-técnicos, comprometidos e integrados a nuestra sociedad, con independencia cognoscitiva y creatividad para aprehender su labor profesional.
DeCS: EDUCACION MEDICA/métodos; EDUCACION DE PREGRADO EN MEDICINA/métodos;
PSICOLOGIA EDUCACIONAL; ENSEÑANZA/métodos; APRENDIZAJE.
¿Qué es la maestría pedagógica?... ¿Es un
don natural, un potencial vocacional realizado? ¿Son cualidades de la
personalidad profesoral, espontáneas o formadas? ¿Depende o no
de la preparación pedagógica y psicológica y de la experiencia
docente? Estas y otras interrogantes, se hacen los maestros a lo largo de su
vida profesional y con ellas queremos motivarlos a buscar en estas líneas
algunas de las respuestas pertinentes, pero sobre todo a encontrarlas en sus
experiencias de trabajo, con sus propios alumnos.
Es importante valorar comentarios que escuchamos a los alumnos sobre sus profesores:
...el profesor sabe mucho pero no le entiendo nada, sus clases
son monótonas, sólo él habla y no queda tiempo
para preguntas... Estas y otras sentencias deben preocuparnos en nuestra
autovaloración como profesores y preguntarnos: ¿pensamos en nuestros
alumnos al organizar y planificar las clases?, ¿cómo los vamos
a enseñar y a motivar? ¿cómo vamos a abordar los contenidos?,
¿cuál sería su papel en este proceso? La visión
fundamental sería valorar si estamos a la altura de las necesidades actuales
de nuestra sociedad y si les ofrecemos a los estudiantes, por medio de una enseñanza
activa, la posibilidad de participar y construir su propio aprendizaje para
adquirir las herramientas que van a necesitar, tanto durante el proceso formativo,
como en su desempeño profesional una vez graduados.
Desde el siglo anterior, maestros, psicólogos, filósofos, sociólogos
y otros investigadores en el campo de la Educación se han dado a la tarea
de estudiar la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje y de plantearse
cambios en su concepción, proponiendo nuevos modelos de enseñanza,
y la estructuración de nuevos planes de estudios, acorde con estas concepciones,
pero ¿qué sucede en el salón de clases?, ¿se está
en correspondencia con estas tendencias actuales? Se verá qué
tenemos y qué nos falta, cuál es el reto para este nuevo siglo.
Se quiere que estas líneas movilicen a la reflexión de los docentes
y quizás por qué no, a orientar en cómo lograr estilos
adecuados para la conducción del proceso de enseñanza-aprendizaje
y del papel del modelo comunicativo para enfrentar el reto de trabajar cada
día más por elevar la calidad en el cumplimiento de la misión
de la formación de los futuros profesionales de la salud.
Partiendo de la fundamentación teórica de las tendencias actuales
de la didáctica contemporánea, donde se enfatiza el rol del profesor
como conductor del proceso de enseñanza-aprendizaje, y se privilegia
la acción de la orientación sobre la de información, cuando
se abandona cada vez más la enseñanza de estrado, en el camino
de transformar la práctica metanarrativa por la de la participación
activa de los estudiantes en la construcción de su propio aprendizaje.
Ante este reto al profesor de los albores del nuevo milenio, no le es suficiente
poseer una alta preparación científico-técnica, que se
traduce en el dominio de los contenidos de la enseñanza, sino que requiere
además dominar los elementos fundamentales de la teoría de la
comunicación y desarrollar capacidades pedagógicas y psicológicas
que le permitan aplicar un modelo comunicativo, donde la utilización
del diálogo deviene como elemento esencial de la labor educativa, así
como de los diferentes métodos que contribuyen a estimular la motivación
por el aprendizaje activo de sus estudiantes.
Los modelos activos de enseñanza y comunicativos, propician que el estudiante
sea objeto y sujeto de su propio aprendizaje, que aprenda solo y que desarrolle
las habilidades y modos de actuación que le permitan como futuro profesional
la solución de los problemas que demanda la sociedad (N. Riviera. Fundamentos
metodológicos del proceso docente-educativo. El modelo de la actividad.
ISCM- Habana, 1989).
En la Educación Médica Superior, se necesita formar una serie
de cualidades que deben caracterizar la personalidad de todo futuro profesional,
una de las habilidades imprescindibles en esta formación es la que permite
establecer una adecuada comunicación, por ser ésta un elemento
esencial, para que el médico desarrolle el método clínico,
utilizado en esencia por todos los profesionales de la salud, para realizar
con eficiencia su labor diagnóstica, pronóstica, terapéutica
y de profilaxis.1
Entre los errores señalados por Ilizastegui y Rodríguez Rivera
que vulneran el Método Clínico, se encuentra el no establecer
la adecuada relación médico-paciente, la no comunicación
a colegas de las experiencias obtenidas en el trabajo médico y
la comunicación inadecuada con el enfermo que produce incomodidad
del mismo, humillación y hostilidad.1
Por tanto, añadido a la preparación científico-técnica
de los profesionales y a su conveniente praxis, solo una adecuada comunicación
con los enfermos, familiares y equipo de trabajo, garantizarán el éxito
de la labor del profesional de la salud. De tal magnitud han sido valoradas
las capacidades comunicativas que muchas prestigiosas universidades médicas
del mundo establecen como requisito previo al ingreso que el aspirante sea capaz
de demostrar un nivel básico de la habilidad comunicativa, lo que se
aplica en Cuba, entre un grupo de pruebas de aptitud, desde el año 1982
con la creación del Destacamento de Ciencias Médicas Carlos
J. Finlay,2,3de forma tal que esta habilidad
básica le permita alcanzar su máximo desarrollo a lo largo del
proceso formativo (Reglamento Especial del Destacamento de Ciencias Médicas
Carlos J. Finlay. MINSAP, 1998) (Metodología para el proceso
selectivo del ingreso al Destacamento de Ciencias Médicas Carlos
J. Finlay en el VII Contingente y siguientes, MINSAP, 1998).
Este proceso de comunicación de los médicos y demás profesionales
de la salud con sus pacientes y familiares va a tener una fuerte influencia
en la manera en que se establece el proceso de comunicación de los profesores
y estudiantes, por tanto el primero estará en gran medida vinculado al
estilo de la relación comunicativa en que se formó como profesional,
partiendo de la importancia del profesor como modelo de sus estudiantes, por
tanto una primera capacidad que debe poseer todo profesor es la comunicación
pedagógica.
El profesor en su práctica docente debe garantizar un estilo comunicativo
en el que converse de, con y junto con los educandos, mostrarles el cómo
desarrollar su tarea docente, proporcionándole oportunidades para la
práctica independiente y a su vez supervisarlos, exigirles, evaluarlos
y retroalimentarlos, a fin de que alcancen sus objetivos de aprendizaje.2
Todo lo anterior solo puede lograrse a través de la práctica pedagógica
comunicativa.
La comunicación pedagógica, atendiendo a la teoría general
de la comunicación de Shanon, comprende: la emisión, la
interpretación, la evaluación y la respuesta. Por su sentido de
dirección puede ser:3
Pero en las concepciones más actuales no es suficiente asumir la comunicación
pedagógica a partir de este modelo, es necesario entender que la esencia
de la comunicación es la interacción, la complicidad, el poder
situarse en el lugar del otro.4
Cabe entonces preguntar nuevamente ¿Se puede ser buenos comunicadores
de forma espontánea, o esta capacidad se forma y desarrolla en el proceso
de formación profesional y profesoral?
Sin dudas no puede descartarse la influencia de determinadas cualidades de la
personalidad, y según Catell5
existen alrededor de veinte rasgos o conjuntos de respuestas habituales que
definen la personalidad, tales como: integridad, altruismo, estabilidad emocional,
aceptación de normas morales, confianza, dependencia, autoaceptación,
tolerancia, autocontrol, eficiencia intelectual, flexibilidad; a lo que se añade
por su importancia para la profesión en cuestión las capacidades
histriónicas y empáticas que deben desarrollar en la práctica
docente.
Todas estas cualidades de la personalidad favorecen las capacidades comunicativas,
no obstante ellas por sí solas no son suficientes, se requiere del dominio
del contenido, de lo que se quiere comunicar; por la relación dialéctica
entre contenido y forma, donde están presentes también las habilidades
del uso del lenguaje tales como: fluidez, vocabulario general y técnico,
dicción y la capacidad de transmitir la idea esencial.
En la enseñanza superior la relación adecuada profesor-estudiante
se da precisamente al establecerse entre ellos un alto nivel de comunicación,
basado esencialmente en el respeto y confianza, dado de forma bidireccional.
Este respeto tiene entre sus bases el reconocimiento de los estudiantes del
dominio del contenido de enseñanza por el profesor y el aprecio por su
desempeño profesional y profesoral, convirtiéndose en su modelo,
en alguien a quien quisiera parecerse, es entonces cuando le dice maestro.6
Otro aspecto fundamental para garantizar la comunicación es la capacidad
de escuchar y de captar el contenido del mensaje, lo que permite la retroalimentación
como elemento de cierre en la comunicación como sistema, al menos de
un ciclo dado. Sin embargo esta última, es una de las habilidades comunicativas
menos desarrollada por los médicos, quienes por lo general dedican poco
tiempo a escuchar, quizás porque han sido enseñados más
bien a preguntar.
Para trabajar en la línea del modelo comunicativo es aconsejable que
los profesores antes de determinar la estrategia de trabajo con sus nuevos grupos,
exploren con los estudiantes lo siguiente:
¿Cómo aprenden mejor?: leyendo, haciendo tareas, oyendo conferencias,
o intercambiando ideas en grupo.
¿Cuál es el modo en que prefieren aprender?: solos, con amigos,
en grupos formados por su profesor o en grupos formados por los propios estudiantes.
En esta experiencia, coincidente con la reportada en investigaciones psicopedagógicas,
en respuestas a estas preguntas se han encontrado preferencias por el trabajo
en grupos que propicia una mejor comunicación, a través de intercambios,
discusiones y esclarecimiento de ideas, que a su vez les permite elevar la motivación
y alcanzar más confianza, fortaleciéndose las relaciones interpersonales.
Incluso se han observado estos cambios de actitudes no solo entre estudiantes
en la formación del pregrado sino de manera muy significativa entre profesionales
que durante sus estudios de maestrías, aún compartiendo espacios
laborales con otros colegas, nunca se habían relacionado más allá
de los saludos formales y cotidianos, a pesar de desempeñarse en un mismo
ambiente laboral; sin embargo no habían tenido la oportunidad de disfrutar
las bondades que ofrece la comunicación a través de la interacción
de los grupos, devenidos y nucleados como colectivos, por la probada influencia
de estas dinámicas. Compartimos con M.A. Calviño, en su
texto Trabajar en y con grupos la afirmación de que trabajar
en grupos no es solo una técnica, es un modo de pensar, es por qué
no, una filosofía y una epistemología, es un convencimiento de
que solos se puede, pero juntos es mucho mejor.7
El profesor además de las capacidades comunicativas, las del dominio
de su ciencia y del trabajo en grupo, debe desarrollar y consolidar otras habilidades
vinculadas con los métodos didácticos y la psicología del
aprendizaje, así como de los principios éticos de su profesión.
La psicología pedagógica es la rama que estudia la formación
de cualidades ideológicas, psicológicas, estéticas, morales,
que debe reunir la personalidad del profesor y que tiene como objetivo impulsar
el desarrollo de las capacidades pedagógicas para la realización
efectiva de su labor profesional.
En la estructura de las capacidades pedagógicas se tienen: hábitos
y habilidades pedagógicas, cualidades intelectuales y cualidades afectivo-volitivas.
Por su génesis se pueden plantear que las capacidades pedagógicas
son sociales, se forman y desarrollan en el proceso de la actividad docente.
Las principales capacidades pedagógicas que el maestro debe poseer son:8
La Maestría Pedagógica es por tanto la combinación armónica
de todas las cualidades comunicativas, psicológicas, pedagógicas
e ideológicas y de las capacidades pedagógicas del profesor desarrolladas
en el ejercicio de su profesión y se expresan en el tacto pedagógico
que debe caracterizar al profesor.
Un alto grado de maestría pedagógica se denota en profesores que
han alcanzado:
Tacto pedagógico que se pone de manifiesto en la propia conducción del proceso y ante situaciones incidentales que puedan producirse; lo que ponen en juego el sistema de capacidades pedagógicas logradas y permiten una relación profesor-alumno en función del proceso de formación esperado.
El profesor que alcance como rasgo de su maestría pedagógica el tacto necesario, está en condiciones de:
Como se observa es una actividad sumamente compleja por lo que, además de las cualidades y capacidades referidas anteriormente como favorecedoras del desarrollo de la maestría pedagógica de los profesores, existen otras que debe reunir todo profesional de la educación, a saber:
Socio-políticasSocio-psicológica
Todas estas capacidades y cualidades requieren de una preparación y
de una experiencia en la que se ejerciten y se obtengan las destrezas necesarias,
las que dependerán de las potencialidades y cualidades personológicas
de cada profesor.
Las vías para la formación de capacidades pedagógicas son
múltiples en el campo de la superación profesoral, entre las que
pueden citarse: Seminarios, Preparación Metodológica, Intercambios
de Experiencias, Maestrías y otras formas de Posgrado, sin embargo siendo
consecuentes con una posición constructivista, se concede particular
importancia a la autoeducación, como una constante y sistemática
vía de superación profesional y profesoral, por lo que se cita
a Makarenko, uno de los clásicos de la Pedagogía Universal cuando
dijo El maestro vive mientras estudia, si deja de estudiar muere el que
fuera maestro.
Actualmente en el mundo existen alrededor de 50 000 profesiones, la más
antigua es la de maestro, aunque el tiempo no ha reducido su importancia para
la humanidad, lejos de esto, en los inicios del tercer milenio con el desarrollo
acelerado de las tecnologías de la informatización y las comunicaciones,
no existe lugar a dudas de que el papel del profesor se incrementa cada vez
más por su insustituible función: cognoscitiva, comunicativa y
moral, condicionándose en gran medida el éxito de la influencia
pedagógica a la persona que la ejerza y de cómo sean percibidas
por los educandos. Como dijera el gran pedagogo José de la Luz y Caballero:
Instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo.
Quedan pues invitados, a reflexionar sobre este tema y las interrogantes iniciales,
con el propósito que sirvan como guía de autoevaluación
de cómo están desempeñando su labor pedagógica,
qué cualidades han alcanzado, cuáles deben perfeccionar y cuáles
por su experiencia docente deben añadirse a las expuestas.
The present paper is aimed at encouraging those professionals working in Medical Education to think about the qualities and capabilities that a professor should have as part of the teaching mastery to be attained in his/her professional practice. It also underlines the role of the communicative pattern in the contemporary education, particularly the Medical Education. From a current vision of the educational-teaching process and leading role of the student in this process, the paper analyzes and describes the main qualities and capabilities that a professor should have and develop as a fundamental element for planning and developing a quality teaching-learning process and achieving in this way better results in the formation of future professionals with sound scientific-technical knowledge, committed to and integrated into our society, with cognitive independence and creativity to grasp their professional work.
Subject headings: EDUCATION MEDICAL/methods; EDUCATION MEDICAL UNDERGRADUATE/methods;
PSYCHOLOGY EDUCATIONAL; TEACHING/methods; LEARNING.
Recibido: 12 de octubre de 2001. Aprobado: 3 de marzo de 2002.
Lic. Bertha Fernández Oliva. Escuela Nacional de Salud Pública.
Línea e I. El Vedado. Plaza. Ciudad de La Habana, Cuba.
1 Máster
en Educación Médica. Profesora Escuela Nacional de Salud Pública.
2 Metodóloga MINSAP. Profesora
Facultad Calixto García.