Rev Cub Hig y Epi (3)2002
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Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas


Historia de la Medicina


El doctor Manuel Delfín Zamora y la primera revista cubana especializada en Higiene

Lic. José Antonio López Espinosa1 y Dr. Enrique Beldarraín Chaple2

 

Resumen


El próximo año 2003 se cumplirán 40 años de la puesta en circulación del BOLETÍN DE HIGIENE Y EPIDEMIOLOGÍA, antecedente de la actual REVISTA CUBANA DE HIGIENE Y EPIDEMIOLOGÍA. La ocasión resulta propicia para dar a conocer a la actual y a las futuras generaciones de higienistas y epidemiólogos, a los historiadores, documentalistas y a otros interesados en el tema, los aspectos formales y de contenido más importantes de LA HIGIENE, publicación precursora de la literatura periódica cubana sobre esta disciplina, así como algunos datos útiles acerca de la vida y la obra de su fundador, el doctor Manuel Delfín Zamora. Con este artículo se trata de rescatar del olvido una revista de gran trascendencia en los últimos años de la etapa colonial y a su creador, quien, desde su modesto origen pudo hacerse de un nombre científico y llegar a ser considerado por sus contemporáneos un noble benefactor de la humanidad.

DeCS: PERSONAJES; BIBLIOGRAFIA DE MEDICINA; HIGIENE; PUBLICACIONES PERIODICAS/historia.

 

"De la vida de los grandes hombres que han señalado su paso con un rayo de luz duradera, recojamos piadosamente, para la enseñanza de la posteridad, hasta sus menores actos susceptibles de dar a conocer lo más íntimo de su alma"
Pasteur

Tuvieron que transcurrir más de dos siglos desde la llegada a Cuba de los colonizadores españoles para que éstos repararan por primera vez en la necesidad de aplicar medidas de carácter higiénico dentro de su territorio; las más antiguas de que se tiene conocimiento se atribuyen a los capitanes generales Juan F. Güemes y José de Espeleta. El primero ordenó en 1735 la limpieza de las calles habaneras; mientras que por edicto del segundo, fechado 30 de octubre de 1786, se sabe que entonces las autoridades coloniales volvieron la vista de nuevo a la incomodidad y el desorden ocasionados por la oscuridad y a los padecimientos de las ciudades por la falta de limpieza de las casas y calles.1

Por otra parte, fue al cabo de transcurridos casi dos tercios de centuria desde la introducción de la imprenta en la isla, que aparecieron los primeros documentos dados a la publicidad sobre asuntos de higiene, los cuales datan del último decenio del siglo XVIII.

El 22 de diciembre de 1791 vio la luz en una de las columnas de la página 404 del PAPEL PERIÓDICO DE LA HAVANA un breve trabajo con recomendaciones a la población para que aprendiera el modo de conservar su salud durante el invierno. Luego de casi dos años y medio, salió en las páginas 129 y 130 de la misma publicación el 24 de abril de 1794, un artículo, cuyo texto divulgaba los beneficios que desde el punto de vista higiénico podía reportar la actividad física, especialmente la práctica del deporte ecuestre. Después, hubo que esperar cerca de cinco años para ver aparecer en las páginas 25-27 del número correspondiente al 24 de enero de 1799, otro trabajo sobre la materia, que abordaba la importancia de la renovación del ambiente para la salud y la vida. Por último, entre las páginas 175 y 177 de la entrega del 5 de junio de 1800 hay una divulgación de varios medios para disminuir la insalubridad de las habitaciones demasiado húmedas por inundaciones u otras causas.2

Se puede decir que el iniciador de la Higiene como disciplina independiente en Cuba fue el doctor Tomás Romay y Chacón (1754-1849), clínico sagaz y observador talentoso y erudito, que a principios del siglo XIX propugnó la creación de cementerios para que los enterramientos se realizaran en las afueras de las ciudades y no en las iglesias, como hasta entonces; además de haber introducido la vacunación en el país. Estos acontecimientos, con justeza considerados como puntos de partida de la ciencia médica cubana, conllevaron la aparición de mayor cantidad de trabajos sobre Higiene en publicaciones populares como el PAPEL PERIÓDICO DE LA HAVANA, en las MEMORIAS DE LA SOCIEDAD ECONÓMICA DE AMIGOS DEL PAÍS y también de monografías de contenido relativamente extenso en relación con el tema.3

Con el establecimiento en 1840 de la prensa médica periódica fue mucho más abundante la producción de artículos sobre la materia, sobre todo en publicaciones de tanto prestigio como el REPERTORIO MÉDICO HABANERO, la pionera de las revistas médicas cubanas,4 los ANALES DE LA ACADEMIA DE CIENCIAS MÉDICAS, FÍSICAS Y NATURALES DE LA HABANA y la CRÓNICA MÉDICO-QUIRÚRGICA DE LA HABANA, entre otras.

Durante la década de los años 1880 se advirtió en Cuba un mayor desarrollo intelectual en general y de la Medicina en particular, al punto de que en esa época, la isla llegó a tener una de las sociedades más progresistas de toda la América. De tal modo, a la introducción de la Anatomía Patológica con el doctor Nicolás José Gutiérrez Hernández (1800-1890) a la cabeza; al anuncio público del agente transmisor de la fiebre amarilla por el sabio Carlos J. Finlay Barrés (1833-1915) y al inicio del tratamiento antirrábico, gracias a la iniciativa del célebre doctor Juan Santos Fernández Hernández (1847-1922), por sólo citar algunos de los logros de ese período, se unió una mayor preocupación por las cuestiones higiénicas. De lo último fueron expresiones, la fundación en 1891 de la Sociedad de Higiene de La Habana, así como la puesta en circulación el mismo año de la revista LA HIGIENE.

La epidemia de viruela que en 1887 ocasionó sólo en la capital 1 654 defunciones, tuvo su origen en los vapores españoles de la Compañía Trasatlántica, donde venían los primeros afectados de la enfermedad, que luego se propagó por toda la provincia. En consideración a que de España podían venir más epidemias -era una de las naciones civilizadas de Europa más abandonadas en lo relativo a la higiene pública- el doctor Antonio González Curquejo (1847-?) lanzó desde las páginas de su revista REPERTORIO MÉDICO FARMACÉUTICO Y DE CIENCIAS AUXILIARES la conveniencia de crear en La Habana una Sociedad de Higiene que contribuyera a propagar los conocimientos de esta ciencia y sobre todo, a mejorar el estado de salud de la población.5,6 La idea fue acogida de modo muy favorable, lo cual facilitó que el proyecto se realizara en breve tiempo y, por una coincidencia digna de notarse, casi en los mismos días de mayo de 1891 en que el doctor González Curquejo dio a la publicidad su iniciativa, vio la luz el primer número de un semanario titulado LA HIGIENE, fundado y dirigido por un laborioso e inteligente médico y farmacéutico, el doctor Manuel Delfín Zamora (1849-1921).

El año 1891 fue por lo tanto de gran trascendencia para la HIGIENE cubana, pues en su transcurso surgieron la primera corporación científica y la primera revista de la especialidad.

Síntesis biográfica


El doctor Manuel Delfín Zamora nació el 28 de febrero de 1849 en Baracoa, antigua provincia de Oriente, donde aprendió las primeras letras. Continuó sus estudios en Santiago de Cuba y después en La Habana. Ingresó en el Colegio de Belén, donde obtuvo el título de Bachiller. En la Universidad de La Habana cursó un año de ampliación para luego comenzar los estudios de Farmacia. Terminada esta carrera, emprendió la de Medicina y, a pesar de las numerosas dificultades que enfrentó por carencia de recursos, pudo hacerse farmacéutico en La Habana y después médico en Madrid, hacia donde se vio obligado a viajar con motivo del fusilamiento de los estudiantes de Medicina en 1871.7

De regreso a Cuba fue a residir al poblado de Los Palacios en Pinar del Río, donde fundó el periódico El VEGUERO, que por aquella época gozó de gran favor del público. En la provincia pinareña contrajo matrimonio y fue propuesto candidato a Diputado, hizo campaña abolicionista y de protección al niño y fue el más celoso centinela de la educación popular.

No obstante ejercer lejos de la capital, el doctor Delfín mantuvo relaciones científicas con la revista CRÓNICA MÉDICO-QUIRÚRGICA DE LA HABANA, de la que fue uno de sus más antiguos y activos colaboradores. Por ello, en 1887 año en que el cuerpo de redacción de esta revista estableció el Laboratorio Histo-Químico Bacteriológico y de Vacunación Antirrábica, fue uno de sus más entusiastas profesores y puso a su servicio su excepcional laboriosidad e inteligencia, sobre todo en su sección de Investigaciones Médico-Legales sobre Higiene, creada por iniciativa del doctor González Curquejo.8

En 1893 fue elegido Académico de Número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana; su Vicesecretario de 1895 a 1897, su Secretario de 1897 a 1899 y Miembro Honorario en 1913.9 También fue nombrado socio corresponsal de la Sociedad de Higiene de París.10

Aunque incursionó en varias disciplinas médicas, dedicó su mayor atención a la Higiene y a la Pediatría. En relación con esta última especialidad, fue el iniciador en Cuba de los dispensarios para niños al crear primero el que se conoció con el nombre de "La Caridad", luego la asociación "La Casa del Pobre" en la barriada de Luyanó y, por último, la "Granja Modelo" en Jesús del Monte, que funcionaba para librar del contagio a niños propensos a la tuberculosis.10,11

En 1899 lo nombraron Secretario de Beneficencia, pero renunció al cargo por motivos de carácter político. Además de fundar en 1891 LA HIGIENE, revista que dirigió durante 16 años, tuvo siempre un espacio reservado en el periódico DIARIO DE LA MARINA, donde escribió muchos artículos sobre esta materia. Aparte de los trabajos que preparó para las citadas publicaciones, escribió varias obras y tratados sobre Pediatría, Higiene y Medicina Legal e infinidad de folletos relacionados con el niño, que se distribuían gratis entre las familias.7

El doctor Delfín desempeñó la dirección de sanidad durante el gobierno de Tomás Estrada Palma y fue largo tiempo Presidente de la Junta de Educación, dejó de existir luego de tres años de cruel padecimiento, el 18 de abril de 1921, al poco tiempo del fallecimiento de su esposa.


Revista LA HIGIENE

De la síntesis biográfica anterior se deduce la estela de servicios y buenas obras sociales que dejó el doctor Delfín a su desaparición. Una de ellas fue la creación de LA HIGIENE, semanario con el que se propuso combatir lo más posible la ignorancia del pueblo y popularizar los conocimientos necesarios para evitar enfermedades y prolongar la vida.

Para dar una visión más exacta del objetivo de la revista, procede reproducir textualmente algunas consideraciones emitidas por su fundador en el prefacio del primer número, dado a la publicidad el 30 de mayo de 1891."Es indispensable que nuestros pueblos sacudan el letargo en que viven, esperando que el gobernante ofrezca todos los beneficios a que aspiran. Se hace necesario llevar a la humilde barraca del obrero los beneficios de la ciencia; lo mismo que a los palacios de los poderosos y he aquí nuestro empeño: difundir aquellos conocimientos que son indispensables para la vida culta e inculcar al pueblo de esta Isla las doctrinas de la Higiene, que no es una ciencia misteriosa ni debe estar oculta a la vista de los profanos. Sus límites son indefinidos, pues en todos los momentos de la vida se la ve promulgar sus preceptos y está constituida por un conjunto armónico de los conocimientos que contribuyen a la conservación de la salud y al perfeccionamiento de la raza humana. Propagar esos conocimientos es nuestro propósito: dar a conocer por la estadística la situación sanitaria de la ciudad, por la meteorología la situación atmosférica, por la climatología las regiones habitables, por la bromatología la calidad de los alimentos que ingerimos. En una palabra, poner en íntimo contacto al hombre de ciencias con el hombre ajeno por completo a la Medicina."12

Si bien el doctor Delfín brindó las páginas de su revista a colegas dispuestos a secundarle, algunos de los cuales contribuyeron con valiosos artículos, lo cierto es que él solo hizo las funciones de director, redactor, traductor, corrector de pruebas y administrador, por lo cual podía cobrar cada mes 50 centavos por ejemplar a los suscriptores que podían pagarle, pues más que el lucro lo que buscaba era la propagación de buenas ideas. Como auxiliares tenía reporteros que le hacían llegar a diario las defunciones por enfermedades y las direcciones de los lugares donde éstas ocurrían; así como noticias que él publicaba a fin de obligar a los dueños de las casas a que las limpiaran y desinfectaran antes de alquilarlas, lo que servía a su vez a los inquilinos para que tomaran precauciones en ese sentido.13

Por esa época no eran pocas las enfermedades causantes de un alto índice de mortalidad en la población. La fiebre amarilla, la viruela, el tifus y el paludismo eran endémicas, aparte de otras que también coexistían como la tisis pulmonar, la difteria, el tétanos y el muermo. A cada una dedicaba el doctor Delfín artículos breves para explicar su origen, sus síntomas y los medios para evitarlas.

En cuanto a los niños, explicaba el peligro que significaba la oftalmia purulenta y las medidas para prevenir la ceguera, de la misma manera que recomendaba el mejor medio de curar el ombligo. Con referencia a la lactancia, daba prioridad a la materna o, en su defecto, a la de una buena nodriza. Trató extensamente el asunto de la dentición, el modo de curar las lombrices y combatió la nociva costumbre de algunos niños de chuparse los dedos.

En casi todos los números salía una sección con el nombre de Mañanas Científicas, en la cual se establecían diálogos muy amenos entre "el doctor" y su criada Filomena, que eran muy útiles y constituían una permanente enseñanza de aspectos de gran interés para la población. En ellos "el doctor" explicaba entre otras cosas qué eran los microbios; la manera de distinguirlos por medio del microscopio; cómo podían destruirlos los desinfectantes; el daño que podían causar algunos alimentos como la leche adulterada, los vinos falsificados, los quesos en descomposición y otros.

En relación con la higiene privada, el doctor Delfín se ocupó de los medicamentos de uso peligroso, de la regularidad a la hora de ingerir alimentos, de la forma de administración de los fármacos, de los baños, de los beneficios de la práctica de ejercicios físicos y del modo de vestir según las estaciones del año. El director de la revista no sólo abordó la higiene en aspecto médico, sino también desde el punto de vista moral, al demostrar los perniciosos efectos de ciertos hábitos como el alcoholismo, las visitas reiteradas a las casas de juego y la lectura de bibliografía pornográfica, entre otras cuestiones.

Las páginas de LA HIGIENE atesoran también, por supuesto, las actividades de la Sociedad de Higiene de La Habana,14 además de una serie de interesantes artículos titulada "Médicos cubanos contemporáneos".15

En sus inicios, la revista se publicó con periodicidad semanal hasta que, probablemente con motivo de la Guerra de Independencia contra España, se suspendió su salida en diciembre de 1895 como órgano de la Sociedad de Higiene de La Habana. Reapareció en una segunda época en enero de 1900, aunque con otra frecuencia, pues a partir de entonces sus entregas se comenzaron a efectuar los días 10, 20 y 30 de cada mes, hasta que se dejó de publicar definitivamente en 1907.

Durante los dos períodos en que circuló, LA HIGIENE acumuló un total de 13 volúmenes, con más de 500 páginas cada uno.

 

 

Consideraciones generales

En este artículo se ha puesto a disposición de los interesados en el tema una información extraída de las sombras impuestas por el implacable paso del tiempo, acerca de los antecedentes de la bibliografía cubana en materia de Higiene. Uno de sus máximos representantes fue sin duda el doctor Manuel Delfín Zamora, médico filántropo nacido en Cuba en 1849 que se dedicó como publicista a difundir en los hogares de su país cualquier información que fuera útil para promover la salud.

El galeno criollo, que demostró una marcada inclinación por mejorar la calidad de vida de la población en general y de los niños en particular, fundó en 1891 una revista que llegó a convertirse en constante pregonera de conocimientos provechosos, aun cuando nunca llegó a contar con los recursos necesarios para hacer realidad el programa que se había propuesto de inicio, lograr tiradas suficientes para que no quedara una familia cubana sin recibir un ejemplar y para que nadie en la isla permaneciera ajeno a los preceptos de la ciencia.
La mayoría de los trabajos publicados en LA HIGIENE se rubricaron por su director. Todos se orientaban a promover la salud desde una perspectiva higiénica, al igual que las escasas contribuciones firmadas por otros médicos cubanos y las traducciones y reseñas aparecidas originalmente en fuentes extranjeras.

Actualmente los especialistas en Cuba cuentan con la REVISTA CUBANA DE HIGIENE Y EPIDEMIOLOGÍA, en cuyas páginas se nutren de información actualizada sobre higiene del ambiente y de los alimentos, epidemiología, medicina del trabajo y otras ramas afines, a la vez que pueden enriquecerla con los nuevos conocimientos que generan en su actividad científica, pero se consideró necesario dedicar unos párrafos a recuperar del pasado colonial los aspectos formales y de contenido más importantes de la publicación que fuera su más remota precursora. Esta contribución para que el manto del olvido no llegue a cubrir para siempre a LA HIGIENE, es a la vez un modesto homenaje al aniversario 40 de la revista que hoy día patrocinan el Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología, la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología y el Ministerio de Salud Pública de Cuba.

 

Summary

The 40th anniversary of the first issue of the Boletín de Higiene y Epidemiología, the introduction to the current Revista Cubana de Higiene y Epidemiología, will be marked this year. This is an opportune occasion to make the present and future generations of hygienists and epidemiologists, historians, documentation specialists and other interested people know the most important formal and contents aspect of La Higiene, the preceding publication of the Cuban periodicals in this discipline, as well as some other useful data about the life and work of its founder Dr. Manuel Delfín Zamora. We intend with this article to contribute to save from ignorance and oblivion a journal of great importance in the last years of the colonial period and its creator who, despite his modest origin, managed to hold a social position, to make a scientific name for himself and to be considered a noble benefactor of mankind by his contemporaries.

Subject headings: FAMOUS PERSONS; BIBLIOGRAPHY OF MEDICINE; HYGIENE; PERIODICALS/history.

1 Licenciado en Información Científico-Técnica y Bibliotecología. Instructor de la Escuela Nacional de Salud Pública "Dr. Carlos J. Finlay". Investigador del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas.
2 Especialista de II Grado en Epidemiología. Instructor del Departamento de Salud Pública e Investigador del Centro de Estudios Humanísticos de las Ciencias Médicas de la Facultad "Gral. Calixto García".

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