Antes de Hipócrates - en los tiempos de Hamurabise cortaba la mano del médico cuando hacía uso indebido de ella; en la Facultad de Medicina de Sucre, la conducta moral del médico, estuvo siempre sujeta al grado de cultura, de espiritualidad y moralidad que ella y el medio social le hubo formado, como juzgador supremo de esa conducta moral.
Hispaniola -hoy Santo Domingo- de una afección cardiaca consecuencia
de la gota -según unos- o de su reumatismo crónico -según
otros-; estos mismos fueron los primeros médicos que habitaron el
Mundo de Colón. Habiendo armado los españoles -su tienda
de conquista en Panamá-, la sed de riqueza y el hambre de poderío,
les hizo llegar hasta el Imperio de los Incas.
Bachiller Marin y Bachiller Hernán Enriquez, los mismos que pusieron sus armas científicas al servicio del primer paciente español en el Antiguo Perú, don Diego de Almagro, a quien los indios le vaciaron el ojo izquierdo de un flechazo.
Don Faustino José de Armuña -graduado en la Universidad de Toledo- y que precisamente, nos servirá su diploma para abrir las puertas del conocimiento sobre dos aspectos: juramento y vestimenta. Pues, el pergamino otorgado con el sello a la cabeza : Hispaniarum Rex Phillipus iv-D.G. había llegado a Potosí, el mismo que se halla en medio de uno de esos legajos del Archivo de la Real Casa de Moneda, que el investigador desata con la emoción de una profanación.2
San Lucas por los compañeros muertos y ser inexorable con los que practicaran ilícitamente la medicina.2
Aristóteles, sino por que ponía en movimiento la sangre
residencia de lo celestial del alma, como expresara el médico y
prosista William Harvey.2
Durante la época colonial, no faltaron físicos en
el alto y bajo Perú. El cuerpo médico estuvo formado por
los latinos o médicos graduados en Universidades y por los romancistas
o médicos prácticos -pupilos de los anteriores-. A estos
profesionales, se añadían los auxiliares en el arte de curar
y se los denominaban cirujanos y éstos fueron los barberos, que
practicaban las ventosas sajadas o escarificadas y extraían las
muelas; los sangradores que ejecutaban las sangrías; los "clistereros"
que propinaban los enemas; los hernistas y los topilleros o barchilones
que realizaban curaciones menores.
La astrología o arte de escrutar el firmamento, servía
para dar con el diagnóstico de las enfermedades según las
fases que presentaban los astros y también, para orientar el tratamiento
con las sangrías, purgas, clísteres, emplastos de mazamorra,
polvos de piedra de Buga con chicha y miel para su aplicación locus
dolenti.
La mula, era el vehículo de transporte
de médico y medicinas.
El salario del cirujano, sólo se hacía
efectivo cuando curaba la afección; así la desconcertadura
de un brazo -vale decir una luxación del hombro- siempre que el
paciente levantase el brazo sin ayuda de nadie y alcanzase la oreja del
lado opuesto, recién se hacía efectivo el pago.
Por lo brevísimo expuesto, se ve que en las ciudades señoras
y sedes de Audiencias Reales -Lima y Charcas- se carecían de estudios
médicos, teniendo que acudir a ellas "físicos" franceses,
ingleses y sobre todo españoles.

En el siglo xvii -en la Ciudad de los Reyes- se establecieron los
estudios de la medicina; los zambos, mulatos y cuarterones eran por desgracia
los que se dedicaban preferentemente a este estudio, razón por la
que se desprestigió tan noble profesión, hasta que Abascal
en 1808 -invirtió 74,941 pesos y 4 reales en la organización
del nuevo Colegio, empezando desde esa época para la medicina peruana
su verdadera historia de progreso con Hipólito Unánue y José
Pezet.
Fue precisamente cuando funcionaban las clases de medicina en
el Colegio de San Fernando, donde el Acto de Colación de Grado de
Doctor en Medicina, se llevaba a cabo en el capilla de la Virgen de la
Antigua en la Iglesia Mayor de Lima; luego se preparaba un estrado y en
él, varias mesas con bandejas de plata, en donde se depositaban
la borla, el anillo y el libro, así como la espada, espuelas, propinas
y los guantes del graduando. Luego, el recipiendario, colocado en una improvisada
cátedra, exponía oralmente lo que se llamaba "proposición
doctoral" -vale decir su tesis-. Después venía el Acto del
Vejámen, es decir la composición festiva, en verso o en prosa,
en la que un estudiante o un doctor, solía decir en alta voz -medio
en broma, casi de veras- los defectos, intrigas y pasioncillas del graduando,
aumentando grotescamente las tachas.
A continuación, venía la aplicación por el
maestrescuela de las insignias doctorales. El Rector se las colocaba, dándole
antes un ósculo en la mejilla, diciéndole: Recibe el beso
de paz como señal de fraterna amistad y de unión con nuestra
Academia y luego, le colocaba el anillo pronunciando la siguiente frase:
Recibe el anillo de oro como señal del desposorio y consorcio entre
tí y la sabiduría como esposa gratísima.
Después le colocaba en sus manos el libro de Medicina de
Hipócrates, Galeno o Avicena -Padres de la Medicina- diciéndole:
Recibe el libro de la Sabiduría para que puedas libre y públicamente
enseñar a otros. A continuación, le ceñía la
espada dorada expresándole: Recibe la espada dorada como señal
milicia, pues no menos luchan los Doctores en Medicina atacando enfermedades,
que los valientes soldados venciendo a los enemigos.
A continuación le calzaba la espuela de oro, con la siguiente
frase: Recibe las espuelas de oro, pues a la manera que los jinetes penetran
violentamente en las filas de los enemigos, así también los
Doctores en Medicina contra las múltiples enfermedades.
Luego el Rector le llevaba hasta la tribuna -improvisada- y le
decía: Sube a la Cátedra, y siéntate en ella, para
que como Hipócrates y Galeno puedas explicar e interpretar.
Y, como final del Acto de Colación de Grado, el graduando,
arrodillado ante los Santos Evangelios, recibía el Grado, con la
siguiente fórmula: Con la autoridad Pontificia y Regia que desempeño
en este ramo, te concedo a tí, Licenciado en la Facultad de Medicina,
por imposición de este birrete, todos los privilegios, inmunidades
y excepciones.**)
En torno a la célebre Audiencia de Charcas -la provincia
capital del alto Perú- y a pesar de ser la ciudad noble, leal y
valerosa, gozar su Universidad de todos los honores y prerrogativas concedidas
a la Universidad de Salamanca por gracia de 15 de febrero de 1785, la Real
Cédula de 10 de abril de 1798 no se cumplió con la instalación
de los estudios médicos en la ciudad de La Plata -hoy Sucre- hasta
el advenimiento de la República.
Fue necesario llegar a los primeros días de la Epoca Republicana
y que el Cirujano Mayor del Ejército Libertador y Médico
Honorario de la Asamblea Deliberante de 1825 Dr. Miguel Antonio Luna, ejerciera
acción directa para que se estableciera -en Charcas-, la primera
clase de enseñanza médica particular (1826), Matías
Agois (limeño), Carlos Augusto Torrallly (francés), José
Passaman (español), Laiseca (colombiano), Juan Martín y Pedro
Barrio Nuevo (de la escuela de París) y José María
Santivañez fueron los promotores de la instalación de cursos
o clases de medicina en el país.
La piedra fundamental de esa aspiración, estuvo prevista
en el reglamento de 28 de octubre de 1827 dictado por el filósofo
y Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. El Protomedicato,
institución que había sido instaurada en España por
Felipe ii en 1555, y también en sus colonias, fué en Bolivia
-de 1830 a 1845- un tribunal de médicos o facultativos o profesores
que tenían bajo su jurisdicción la dirección de las
clases, de la enseñanza y asuntos de Gobierno de medicina, cirugía
y farmacia así como de la administración de la justicia para
corregir y evitar los excesos facultativos y disponer la recaudación
e inversión de los fondos provenientes de los derechos de exámenes.
Este tribunal aprobaba la suficiencia de los que aspiraban a ser profesionales
y cobraba $ 8.00 por el derecho de la prueba de los médicos, $ 4.00
por el de farmacéutico y $ 6.00 por la de cirujano.
El director, profesores y alumnos, cuando funcionaba el
Colegio Médico, asistían de etiqueta a las funciones públicas
y ceremonias.
El tratamiento social del Presidente del Protomedicato era el
de usía (U.S.) y ocupaba el asiento contiguo al del Fiscal de la
Corte Superior del Distrito.
Usaba casaca azul de corte diplomático con bordado de plata
en el cuello y en la bota y en medio del primero los emblemas de Esculapio;
calzón y chapín de color ante, medias blancas, sombrero de
dos puntas orlado con plumas negras y con escarapela nacional, además
llevaba el bastón. Una cinta de los tres colores del pabellón
nacional con una medalla de oro de 14 líneas de diámetro,
pendía del cuello y en la que la Diosa Minerva estaba grabada.
Los profesores usaban casaca azul cerrada y sin solapa con los
emblemas de Esculapio en los lados del cuello, bordados con plata, vivos
blancos, pantalón de color ante y sombrero apuntado sin pluma.
Los alumnos llevaban un sombrero redondo de color negro, pantalón
y casaca cerrada sin solapa y de paño azul, con botonadura y vivos
amarillo; en los lados del cuello de la casaca, llevaba una serpiente bordada
con seda amarilla enlazada con hojas de cascarilla en seda verde.
El protomédico general, de acuerdo con su alta función
científica y social, era el que extendía u otorgaba el Diploma
para el ejercicio libre de la profesión. He aquí, el título
profesional que por sí solo nos reflejará las atribuciones
del médico y su juramento. Dice así: República
Boliviana. Nos el Presidente y Jueces examinadores Doctor Don José
Claudio Quiroga, Protomédico General, Doctor Don José Lázaro
Carrillo, Doctor Don José Ignacio Cordero, etc. Por cuanto el Bachiller,
Ciudadano Tomás de Tezanos Pinto, natural de la ciudad de Sucre,
se ha presentado ante nuestro Tribunal solicitando el Diploma de profesor
de medicina (en otro documento igual se confirió el de Cirugía
y Obstetricia), en cuyas facultades se le ha examinado, y obtuvo la correspondiente
aprobación, según consta del respectivo libro y expediente
formado al intento, que existen en la Oficina del escribano del Tribunal;
por tanto mandamos librar en favor de aquel el actual título y licencia
necesaria con plena facultad para que libremente, sin pena ni calumia alguna
pueda usar y ejercer la Facultad de Medicina y los casos y cosas a ella
tocantes y concernientes. Declaramos que el referido Bachiller ciudadano
Tomás de Tezanos Pinto ha prestado ante el Tribunal juramento de
usar fiel y legalmente de su facultad, de asistir gratuitamente a los pobres
de solemnidad, y de estar sujeto al Protomedicato General de la República
Boliviana. En esta virtud, exhortamos a los señores jueces y funcionarios
de la comprensión de este Tribunal, le permitan usar y ejercer la
Facultad de Medicina, sin ponerle traba ni impedimento alguno, y que le
hagan guardar todas las preeminencias, honores, gracias, libertades y exenciones
que como a tal Profesor le corresponde. Para lo cual le libramos el presente
Diploma firmado de nuestra mano, sellado con el Oficio y refrendado por
nuestro infrascrito Escribano Público y de este Tribunal. En la
Ciudad de la Paz de Ayacucho a tres de octubre de mil ochocientos cuarenta
y dos. Un sello de lacre, Doctor José Claudio Quiroga, Doctor José
Lázaro Carrillo, Doctor José Ignacio Cordero. Por mandato
de su señoría Mariano Tapia Escribano Público.3
Una clara visión en medio de esta penumbra, oteó
el futuro de la enseñanza médica, el Ministro de Instrucción
Pública doctor Tomás Frias. Pues, se dictó el Decreto
Supremo de 12 de noviembre de 1846 expedido por el Presidente José
Ballivián, por el que se fundaron las Facultades de Medicina en
la República, con Jerarquía de Instituciones Universitarias.****
El libertador Simón Bolivar, en 20 de diciembre de 1825, fundó por D.S. la clase de medicina en Sucre; el 3 de febrero de 1826 se fundó en Cochabamba; en 2 de marzo de 1826 en Potosí; en 28 de abril de 1826 en La Paz. Los 3 últimos fueron fundados por el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.
Entonces, los Grados se conferían en el Salón de
la Universidad el día domingo a horas doce con asistencia de todos
los miembros de la Universidad, de los alumnos de los colegios y de todas
las personas que quisieran concurrir al acto. Luego que el Cancelario anunciaba
la solemnidad con un toque de campanilla, el Secretario leía en
alta voz el decreto motivado que admitía al aspirante a la recepción
de tal Grado. El Cancelario en seguida le proponía un problema de
la Facultad del Grado, para que lo resuelva y demuestre, en 6 minutos.
Concluido este acto, el graduado, puesto de rodillas ante los Santos Evangelios
y con la palma de la mano derecha sobre éstos, prestaba el juramento
de ley, con esta fórmula que pronunciaba el Cancelario: Juráis
por Dios y estos Santos Evangelios ser fiel a la Constitución Política
del Estado, a la Religión y Gobierno que ello establece, observar
los Estatutos y Reglamentos de la Universidad y defender la Concepción
Inmaculada de María Santísima, si así lo hiciereis,
Dios os ayude; y si no, El y la Patria os lo demanden. -Amén. Entonces
el Cancelario al colocarle la insignia correspondiente al Grado, pronunciaba
esta fórmula: autoritate suprema nobis a lega data, conferimus tibi
gradum Doctoris in Facultatibus Medicus huyus Universitatis, qui tibi Dec
Favente, felix sit, in nomine Patris et Filis et Spíritus Sancti,
Amén.
Su traducción es como sigue: Con la autoridad Suprema que
nos ha sido dada por la Ley, te conferimos el grado de Doctor de la Facultad
de Medicina de esta Universidad, el cual, con la ayuda de Dios, sea para
tu felicidad, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Así sea.
Concluido este acto, el graduado tomaba asiento en señal
de posesión, en el destinado para el grado universitario de Doctor;
el padrino nombrado por el graduado de entre los doctores de cualquier
Universidad -para solemnizar más este acto-, pronunciaba un discurso
en castellano.
La fórmula del juramento que antecede, fue sustituida por
otra que, de acuerdo con el Decreto Supremo de 16 de julio de 1868,
fué promulgado por el Presidente Mariano Melgarejo, y es como sigue:
Juráis por Dios, y prometéis a la Patria ejercer la Profesión
de Médico con todo el honor y decoro que corresponde a la alta misión
que tenéis que cumplir en bien de la humanidad; no administrar venenos
ni abortivos, sino con el objeto de curación; asistir gratis a la
clase menesterosa y estar sujeto a las órdenes que sobre asuntos
de medicina, emanen de la Facultad. El candidato respondía: Sí,
juro. Si así lo hiciéreis, Dios os proteja; y si no, Él
y la Patria os lo demanden.
De 1868 a 1895, la instrucción oficial de la enseñanza
de la medicina decayó bastante, y en cambio tomó incremento
la enseñanza libre en los Institutos Cuellar, Libertad
y el Liceo Olañeta de la ciudad de Sucre.
En la primera Facultad Oficial de Medicina en Sucre (1882), el
juramento de ley, servía tanto para el médico, cirujano y
farmacéutico, y su contenido fue el siguiente: ¿Juráis
por Dios y esos Santos Evangelios, desempeñar con dignidad e ilustración
la profesión médica y ejercerla gratuitamente en favor de
los pobres?. El funcionario respondía Sí, Juro -Juráis
asimismo que introducido en el lugar doméstico, vuestros ojos serán
ciegos, vuestra lengua
será muda para no revelar los secretos que os confiaren
vuestros enfermos con carácter reservado, y que no usaréis
de vuestra ciencia en contra de la humanidad. Sí, Juro, era la respuesta.
Si asi lo hiciéreis, Él os proteja y si no, Él os
lo demande.4
Como la enseñanza libre ni la primera Facultad Oficial
de Medicina no satisfacían las exigencias técnicas y científicas
de la época, el 3 de febrero de 1896 se fundó el Instituto
Médico Sucre con cinco Quijotes que arremetieron lanza en ristre
contra los molinos de la incomprensión y organizaron la segunda
Facultad Oficial de Medicina, hoy, la Facultad de Medicina de la Universidad
Autónoma de San Francisco Xavier. En ésta segunda etapa oficial,
se impuso una nueva fórmula de Juramento Médico que se recibía
en manos del Sr. Cancelario de la Universidad delante de un crucifijo acompañado
de dos bujías encendidas y el misal abierto con los Evangelios;
el postulante arrodillado y con la mano derecha sobre éste, juraba
el ejercicio de su profesión con el siguiente tenor: ¿Juráis
por Dios y estos Santos Evangelios, desempeñar la profesión
médica con estricta sujeción a sus progresos y a los dictados
de vuestra conciencia?. Contestaba el aspirante. Sí, juro. ¿Juráis
además que introducido en el seno de las familias, vuestros ojos
serán ciegos, vuestra lengua callará los secretos que os
fueren confiados y que vuestra profesión no servirá para
corromper las costumbres y favorecer el crimen.? Sí, juro
-Si así lo hiciéries Dios os ayude y si no El y la Patria
os lo demanden.5
Luego, el Sr. Cancelario, llamaba al postulante a ocupar un asiento
en la testera del Salón y el Padrino de Grado pronunciaba un discurso.
El flamante doctor -vestido de etiqueta- acompañado del padrino,
ponía en marcha a la comitiva de médicos, profesionales y
amigos con rumbo a su casa, donde en la puerta de la calle colgaba un pelícano,
que al ingresar éste, le hacía llover pétalos
de flores, y, en el patio la banda de música municipal o el piano
del salón de recepciones, desgranaban las notas del pentagrama poniendo
en movimiento las articulaciones de los concurrentes y en funcionamiento
el aparato digestivo y sus anexos.
Como los estudios de Farmacia habían tomado una nueva orientación,
en clases o cursos diferenciados de los de Medicina, hubo de darles un
trato diferente como a auxiliares de la medicina/ imponerles una fórmula
de juramento especial que dice como sigue: (1902) ¿Juráis
por Dios y estos Santos Evangelios desempeñar con asiduidad é
inteligencia, estricto sigilo y exactitud en el despacho, las obligaciones
de farmacéutico y no hacer valer vuestra profesión para corromper
las costumbres y favorecer el crimen?. A lo que contestaba el postulante:
Sí, juro -Si así lo hiciéreis Dios os ayude y si no
El y la Patria os lo demanden.6
Llamado a ocupar un asiento en la testera del Salón, el
Padrino de Grado, le obsequiaba con un discurso de felicitación.
A partir del 19 de abril de 1922, por acuerdo del Consejo de profesores,
el juramento de ley actualmente en vigencia para Doctor en Medicina y Cirugía
y Licenciado en Farmacia, dice así: ¿Juráis por Dios
y estos Santos Evangelios
desempeñar la profesión médica (farmacéutica)
con estricta sujeción a la ciencia y a los dictados de vuestra conciencia?.
Sí, juro. ¿Juráis asimismo que introducido en el seno
de las familias, vuestros ojos serán ciegos, vuestros oídos
sordos y vuestra lengua no revelará los secretos que os fueren confiados
y que no haréis valer vuestra profesión para corromper las
costumbres o favorecer el crimen?. Sí, juro. Si así lo hiciéreis
Dios os ayude y si no El y la Patria y vuestra conciencia ante quienes
sois responsable, os lo demande.7
El postulante, luego, obsequia con un discurso generalmente de
reconocimiento a sus maestros y familiares. El padrino del Acto de Colación,
casi siempre se refiere a la responsabilidad que ha asumido -el flamante
Doctor- ante Dios y su conciencia, para con la Sociedad. Hasta 1932, el
padrino obsequiábale un bastón, en señal de su ascensión
doctoral y el postulante vestía de etiqueta.
He ahí, el Juramento Hipocrático y las fórmulas
derivadas de él.
Ya sea del Maestro -Hipócrates- o de su Escuela; de los
Colegios Médicos, Escuelas o Facultades el Juramento Médico
y las fórmulas expuestas constituyen para el profesional médico
de todos los siglos, la estrella del portal de Belén por la que
se anuncia el nacimiento de la bondad y solidaridad humanas entre el médico
y su enfermo, y también por la que aquél promete fidelidad
a la profesión y respeto al honor y a la dignidad del hombre enfermo;
oídos a su llamado, mutismo y sordera para revelar los secretos
de su enfermedad; respeto al producto de la concepción; espíritu
de sacrificio para cumplir con decoro y dignidad la profesión y
ejercerla sin mácula ni perversión. Esa responsabilidad implica,
días y noches en vela para mitigar el dolor y salvar la vida de
los semejantes sin escatimar sueño, esfuerzo y tiempo que minuto
a minuto y segundo por segundo, golpea el corazón y muerde la conciencia.
En el Alto Perú, el Acto de Colación de Grado y
Juramento Médico, es un rito cultural que conserva la Facultad de
Medicina de la Universidad de San Francisco Xavier, desde su fundación
hasta nuestros días.
El postulante al Grado de Doctor en Medicina y Cirugía,
oficia su juramento ante el Altar de la Ciencia -que exige todo un examen
de conciencia y, desde luego una profesión de fé- ante sus
sacerdotes -que son sus Maestros- y ante sus sacramentos- que
son las fuerzas Divinas, el Honor, la Conciencia y la Patria.
Este acto y su fórmula sacramental, deberán continuar
por siempre jamás, por que confieren impulso creador, guardan tradición,
restringen cargos de conciencia y constituyen acicate del deber con la
obligación indeclinable de respetar las fuerzas y los intereses
morales de la profesión médica y de la humanidad.
** Capítulo del libro: "Historia de la medicina en el antiguo Perú" por Emilio Fernández M. Copia en archivo de la oficina del historiador del Ministerio de Salud Pública.
*** La fórmula del acto de Colación de Grado, escrito en latín, ha sido traducido por el Rector del Colegio Sagrado Corazón de Sucre R.P. Alejandro Mester, del libro Historia de la Universidad. Tomo V. Historia de la Medicina Peruana por Juan B. Lastres. Volumen II. La Medicina en el Virreinado. Lima. 1951.
**** El libertador Simón Bolivar, en 20 de diciembre de 1825,
fundó por D.S. la clase de medicina en Sucre; el 3 de febrero de
1826 se fundó en Cochabamba; en 2 de marzo de 1826 en Potosí;
en 28 de abril de 1826 en La Paz. Los 3 últimos fueron fundados
por el Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre.