El nombre aborigen de Guantánamo se lo daban los primitivos habitantes
de la porción oriental de Cuba a un río, una bahía, un
poblado y a su región colindante, todo enclavado en el cacicazgo indio
de Bayatiquirí o Baitiquirí, también llamado Baiquirí
y Bayaquitirí. 1
El 29 de abril de 1494 el Almirante Cristóbal Colón, en su segundo
viaje a América, descubre la hermosa bahía y lleno de admiración
le pone por nombre Puerto Grande.
En marzo de 1740 el Almirante inglés Edward Vernon entra en la bahía
de Guantánamo, se establece en ella y dispone la construcción
de una población a la que le nombre de Cumberland en honor del Duque
de Cumberland, hermano del Rey Jorge II. En julio de 1741 invade con el General
Wentsworth y unos 5 000 hombres el territorio de Cuba (Santiago de Cuba) con
suerte tan adversa, que en noviembre del propio año se retiran de toda
la región guantanamera. En esta contienda bélica contra los ingleses
se destacan los tiradores del ya antiguo poblado de Tiguabos, mandados por el
Capitán Pedro Guerrero.
En 1797 el Brigadier Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, Conde
de Jaruco y de Santa Cruz de Mopox, recibió del Gobernador General de
la Isla el encargo de reconocer el territorio con el objetivo de colonizarlo,
pero la muerte repentina del Conde, el 6 de abril de 1807, impide la gestión.
En 1819 el Gobierno Central envía un nuevo emisario, el Coronel Juan
Pío de la Cruz, quien encontró por la zona de la hacienda Santa
Catalina una buena producción de café y tabaco, en parte, debida
a la presencia de industriales franceses emigrados de Santo Domingo.
Las autoridades coloniales, ganadas por el informe favorable elevado a ellas
por el Coronel de la Cruz, hicieron repartir, en 1822, solares a colonos de
buena conducta y con familias y se erigió un modesto templo, auxiliar
de la Parroquia de San Anselmo de Tiguabos, bajo la advocación de Santa
Catalina de Ricci o Rizzi, lo que fue sancionado muchos años después,
el 29 de diciembre de 1893, por el Gobernador General D. Juan de Pezuela, Conde
de Cheste y la población surgió en los contornos de dicha iglesia
con el nombre de Santa Catalina del Guaso o de Guantánamo. En 1836 el
Arzobispo de Santiago de Cuba, Cirilo de Alameda y Brea, erigió en Parroquia
tal templo, el que llegó a Vicaría Foránea en 1843 y diecisiete
años más tarde a Parroquia de Ascenso.2
En 1843 se le concedió a la zona la categoría de Tenencia de
Gobierno con el nombre de El Saltadero. Al pueblo cabecera se le conocía
con el nombre de Santa Catalina del Saltadero o Santa Catalina del Guaso. La
aduana y otras dependencias radicaban en el caserío de Cerro Guayabo
o Caimanera a orillas de la bahía, habilitándose el puerto para
el comercio extranjero en 1845.
En 1847 se reconstruye la iglesia con mayores dimensiones y mejor arquitectura
a expensas del vecindario, del Arzobispado de Santiago de Cuba y de varios hacendados
pudientes, contaba entonces el pueblo cabecera con 29 casas de mampostería,
46 de embarrado y guano y 913 habitantes, comenzando desde esa fecha su verdadero
progreso.
El 1ro de marzo de 1860 se crea su Ayuntamiento, de segunda clase, con 21 concejales
y a petición del propio Consistorio, Su Alteza el Regente del Reino de
España, General Francisco Serrano, le otorga el título de Villa
con el dictado, que aparecía en su escudo, de Ilustre y Leal Ayuntamiento
de Guantánamo, el 20 de agosto de 1870, según el historiador Ricardo
V. Rousset Rodríguez,3 aunque el notable
poeta e historiador guantanamero Regino E. Boti Barreiro4
da como fecha el 6 de octubre de ese propio año.
Se hace imposible escribir sobre la historia de El Caney, de Limonar de Tiguabos
o de Guantánamo sin citar muchas veces el apellido Pérez. El Teniente
Coronel del Ejército Libertador e historiador santiaguero Lino D'ou Ayllón5
los hace descender de los Pérez de Corcho y les da dos lugares cubanos
de procedencia: El Caney y Trinidad. Pero Regino E. Boti4
afirma que llegan a la región de Guantánamo desde El Caney en
la persona de un descendiente de Diego Pérez.
Casado con Beatriz Almenares, Diego Pérez va a ser el tronco originario
conocido de este apellido en la región más oriental de Cuba. Hombre
muy longevo, documentalmente se sabe que bautizó a su hijo Pedro en 1700,
en la iglesia de El Caney y en 1785 apadrinaba con su esposa a Manuel José,
hijo de Pedro de Rojas y de Petronila Montoya.
Uno de sus hijos, Pedro Pérez Almenares, casó con Josefina Ianuaria
Montoya y tuvieron 9 hijos. De uno de ellos, Pedro Manuel Pérez Montoya,
Teniente de Urbanos, conocido como Teniente Rey de los Indios, deriva toda la
descendencia Pérez que vino a determinar una gran parte del destino de
Guantánamo.
Pedro Manuel Pérez Montoya casó en primeras nupcias con María
Caridad Pérez y Heredia, su prima y tuvieron 7 hijos, entre ellos Fernando
Pérez Pérez de gran influencia posterior en el desarrollo económico
de la región guantanamera.
En segunda nupsias casó Pedro Manuel Pérez con Juana Acosta y tuvieron también 7 hijos. Nativo de El Caney se radica después con su numerosa familia en Limonar de Tiguabos, verdadero feudo de los Pérez y termina por ser un explorador de esa, entonces casi desconocida comarca. Allí enriqueció, empobreció más tarde y falleció.
Eliceo Reclus en su justamente célebre Geografía Universal, afirma que "todavía, en 1847, no lejos de Tiguabos, en alguno de los valles de la Sierra Maestra que se inclinan hacia la bahía de Guantánamo, existía una familia de indios puros que constaba de más de cien individuos, con hijos, nietos y biznietos". Regino E. Boti,4 por su parte, no alberga la menor duda, de que por esa época la familia a que se refiere el famoso geógrafo francés no puede ser otra que la de los Pérez y que no vivía en valle alguno, sino en el propio Tiguabos.
Limones o Limonar de Tiguabos o San Anselmo de Tiguabos eran ya un caserío
cuando no existía el poblado de Guantánamo y las fiestas de su
patrono San Anselmo eran famosas cuando el de Guantánamo era un caserío
sin patrona y sin iglesia y se puede afirmar que la hacienda Santa Catalina
fue un desprendimiento de Limones o Tiguabos.
Entre las familias que emigraron de El Caney con los Pérez, se encontraban
los Almenares, los Rojas, los Montoya y los Olivares. Estos nuevos vecinos dieron
incremento a las rancherías y fueron los verdaderos fomentadores de Tiguabos.
Sus tiradores contuvieron a los ingleses en 1741. Levantaron iglesia, mandada
a construir por los esposos Bartolomé Rojas e Isabel Pérez, que
fue erigida Parroquia. Tuvo el poblado categoría de Tenencia de Partido
en 1812 y de él nació toda la población de la comarca de
Guantánamo.
Fue desde un principio muy numerosa la familia Pérez, las ramas directas y colaterales de este apellido son tantas y se entrecruzan de tal manera que es casi imposible no hallarlo en la genealogía de todas las familias guantanameras.
Primeramente se cruzó con Almenares, Montoya, Rojas, Rodríguez, Heredia, Andújar, Soto, Correa, Collantes, González y Castellanos; se extingue una de sus ramas en Rufo y pasa a segundo apellido con Domínguez y Sánchez. En menos proporción y tanto por la rama Pérez como por la Rojas Pérez se entremezcla con Aquiles, Romero, Gómez, Herrera, Tamayo, Avilés, Aranda, Lozano, Galbán y otros muchos que dan al apellido Pérez en la comarca guantanamera, según frase feliz de Regino E. Boti "la apariencia de un cedro inmenso cuyas ramas se extienden muchas leguas a la redonda, ramas de las que los otoños arrebatan hojas, pero de las que las primaveras prenden renuevos".4
Ya por gestión personal en la denuncia de realengos o remates de ellos, ya por matrimonios, compras, cambios o herencias toda tierra en Guantánamo fue, en determinado período de tiempo, propiedad de los Pérez.
A principios del siglo XVIII Juan Bautista Pérez, que según Lino D'ou5 era de la rama original de Trinidad, pidió fijaran linderos a sus tierras de Boca de Jaibo y fueron de sus anexos: Laguna Abajo, Las Lajas y Las Playas, parte de esta última tuvo por nombre Playa de Mariana Pérez. Caimanera se edificó en tierras de los Pérez y documentalmente consta que Jacinto Pérez al vender "se reservó media caballería, deslindándola, en el pueblo de Caimanera".4 En la loma El Cuzco existía el rancho de Diego Pérez.
Como dato curioso diré que entre 1757 y 1793, aproximadamente, fueron propietarios o vecinos: de Jamaica, Francisco Ramírez; de San Andrés, José Olivares; de Yateras Arriba, Francisco Antonio Macedo; de Santa Catalina, Manuel Jústiz; de Matabajo, Pedro Pérez; de Río Seco, Baltasar Díaz; de Los Caños, Pedro Antonio Mustelier; del Purial, Juan Bautista Pérez; de Arroyo Hondo, Tomás María Creagh; de El Cuzco, Pablo Rojas y de Tiguabos, Cristóbal de Rojas.
Antes de 1840 la hacienda Santa Catalina, ya pueblo en su cabecera o sitio, era propiedad de los Pérez y en 1840 todo el asiento de la después ciudad de Guantánamo y sus puntos cercanos fue vendido por ellos. Aparece la venta por manzanas, solares, caballerías, para la edificación y el fomento. Las nueve décimas partes de esas enajenaciones corresponden a los Pérez, en primer lugar Pedro Manuel y después Pedro María, Juan Bautista, Feliciana, Manuel de Jesús, Micaela, Agustín, Luis Francisco, Antonio, Fernando y Manuela. Frente a ellos quien más vende es Gaudencio Boti, en representación de la casa Arché y Co., tierras estas últimas adquiridas de otros antiguos propietarios.
Los Pérez aprovechando el sobreprecio que tenían en la población
y sus cercanías vendieron, pero como al parecer no podían vivir
sin la posesión de las tierras, compraron más adelante y así
entre 1840 y 1868, comienzo de la Guerra de los Diez Años, son propiedad
de los Pérez: Matabajo, Palma de San Juan, Hondones de Ponciano, Yateritas,
Ocujal, Mayal, Lajas, Boquerón, Las Playas, Cacimbas, El Naranjo, Achotal,
Jobito y Platanal. Por lo que afirma Regino E. Boti que en ese período
de tiempo no hay un pedazo de tierra que no sea propiedad de los Pérez.
El propio autor al refutar documentalmente la imposibilidad de la fundación
de la actual ciudad de Guantánamo por el comerciante catalán José
Rafart y Martí, concluye que "es imposible quitarle ese honor a
los Pérez y de ellos, elegir a Pedro Manuel Pérez, iniciador de
la venta social de la tierra, en el mismo asiento que hoy tiene la población
y que data de más de un siglo".5
Esto fue escrito en 1912.
El historiador Gerardo Castellanos García resumiría de los Pérez:
"Eran poderosos terratenientes. Valientes, corajudos, con ramalazos indios.
Dominaban por su prosapia, por su arraigo, por la labor honda y fructífera
en los campos y porque no se dejaban dominar [...]. Probablemente ninguna otra
jurisdicción de Cuba ha producido con tan robusto desarrollo una estirpe
igual a la de los Pérez con sus múltiples enlaces [...] raro es
el sector [en Guantánamo] donde no campea un Pérez".6
Hasta el final de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) los Pérez
fueron fieles a la metrópoli española. El tronco originario, Diego
Pérez, era peninsular y su influencia fue grande en su descendencia,
a pesar de que todos fueron cubanos.
De los defensores de la causa hispana el de más renombre lo fue Miguel
Pérez y Céspedes. Nació en Tiguabos en 1800 y ya a los
17 años ingresó en el Cuerpo Disciplinado de Milicias de Santiago
de Cuba y Bayamo. Fiel a la tradición familiar iniciada en el siglo XVIII
por Pedro Manuel Pérez Montoya, Teniente de Urbanos, quien conocido como
Teniente Rey de los Indios, fue implacable en la persecución de los palenques
de cimarrones, Miguel Pérez lo fue igualmente en su época en la
destrucción de cuantos de éstos refugios de esclavos había
en zona guantanamera. Por esos tristes méritos al inicio de la Guerra
de 1868 ostentaba el grado de Capitán de Partida.
El gobierno español conocedor de sus dotes militares le facilitó
el presupuesto necesario para crear numerosas Cuadrillas o Escuadras en Guantánamo
(1869), que así llamaban a los grupos guerrilleros, poniéndolas
a las órdenes directas de sus hijos y sobrinos y todas subordinadas a
él, quien recibió el grado de Comandante del Ejército Español.
Estas fuerzas nombradas oficialmente Cuadrillas de Indios de Santa Catalina
del Guaso estaban integradas por indios de Baitiquirí y Caujerí,
por delincuentes que hasta su ingreso huían de la justicia, vagos y por
verdaderos mercenarios que peleaban por la paga que recibían y por el
botín de las acciones de guerra. Para el historiador Juan Jerez Villarreal
las componían 300 hombres en total.7
Toda su zona y principalmente las de los pueblos de Tiguabos, Macurijes, Mayarí
y Sagua de Tanámo, se convirtió en bastión inexpugnable
de la causa hispana y sus vagas, entre las que se encontraban, como es de esperarse,
las de los Pérez, se mantenían libres de la tea incendiaria mambisa.
Un historiador tan cubano y guantanamero como el ilustre poeta Regino E. Boti,
tantas veces citado en estas páginas, tuvo sobre dicho contradictorio
personaje palabras llenas de comprensión:
"Miguel Pérez y Céspedes era de buena presencia, alto, trigueño,
pelo negro y bigote escaso. Era de carácter afable; y aunque sus ideas
políticas no fueran las de sus hermanos en armas, no por eso hemos de
dejar de reconocer sus méritos y su valor, mucho más cuando cada
cual es libre de sustentar las ideas de sus simpatías y máxime
cuando estas ideas, como en el caso de Pérez y Céspedes, se abrazan
con sinceridad".8
Su importancia militar era tan valorada por los cubanos que cuando el Mayor
General Máximo Gómez Báez dio las órdenes al entonces
Comandante José Guillermo Moncada para iniciar la invasión de
la imprescindible zona de Guantánamo, le expuso entre otras cosas:
"Usted irá al mando de la vanguardia; nuestras fuerzas irán
detrás y no olvide, que el aniquilamiento de Miguel Pérez es para
nosotros cuestión vital".9
Ya en la zona Guillermón Moncada, sus hombres le llevan un mensaje de
Miguel Pérez escrito en un papel dejado en uno de los caminos:
"A Guillermón Moncada.
En donde se encuentre, Mambí.
No está lejos el día en que pueda, sobre el campo de la lucha,
bañado por tu sangre, izar la bandera española sobre las trizas
de la bandera cubana.
Miguel Pérez y Céspedes"10
La respuesta de Guillermón fue inmediata al dorso del propio papel y
dejado en el mismo camino:
"A Miguel Pérez y Céspedes.
En donde se hallare.
Enemigo: por dicha mía se aproxima la hora en que mediremos nuestras
armas. No me jacto de nada; pero te prometo que mi brazo de negro y mi corazón
de cubano tiene fe en la victoria. Y siento que un hermano extraviado me brinde
la triste oportunidad de quitarle el filo de mi machete. Mas, porque Cuba sea
libre, hasta el mismo mal es bien.
Guilllermón".10
Y comienza la cacería por los dos bandos. Guillermón para provocar
a Miguel Pérez incendia los cafetales en todas las cercanías de
Ojo de Agua, lo que se divisa desde Tiguabos, cuartel general del jefe de las
Cuadrillas de Guantánamo. El 5 de mayo de 1871 a las 4 de la tarde sale
Miguel Pérez con su Escuadra incluyendo una pieza de artillería
y el encuentro se produce en la zona de Yateras. En un principio el cuadrillero
ataca con violencia y toma las mejores posiciones. Las pérdidas humanas
son numerosas por ambas partes. Guillermón se da cuenta en la situación
de desventaja en que lo ha colocado el jefe enemigo y dando muestra de sus extraordinarias
cualidades militares, va tomándole sus ventajosas posiciones hasta dejarlo
con sus tropas en medio de un estrecho cerco, después de 5 horas de reñido
combate cuerpo a cuerpo.
Al cerrar la noche todos se dispusieron, aparentemente, a esperar el día
para continuar el combate. Pero ese fue el momento que Miguel Pérez aprovechó
para tratar de salvar lo que quedaba de su Escuadra y dio la orden de salida,
de uno en fondo, para romper el cerco por lo más espeso del monte. Al
aviso de "¡ Se va Miguel Pérez¡ ¡Que se escapa
Miguel Pérez¡", dado por el Capitán Mengana y sus hombres
de avanzada, se escucha el grito atronador de Guillermón Moncada, "Al
machete, alante mambises", y él mismo, machete en mano, inicia un
combate cuerpo a cuerpo en la oscuridad de la noche, de los más encarnizados
que se recuerdan en aquella sangrienta Epopeya de los Diez Años, que
terminó con la total destrucción, muertos todos sus miembros por
el acero mambí, de la tristemente célebre Escuadra de Miguel Pérez.
Junto a su cadáver ensangrentado, como dando un ejemplo de máxima
lealtad, se encontraron sin vida su asistente y su perro inseparable, así
como el mulo, mal herido, que utilizaba el cuadrillero en sus marchas.
Al día siguiente el Mayor General Máximo Gómez recibía
el parte de la victoria, la espada y las insignias de Miguel Pérez. La
respuesta del jefe mambí no pudo ser más elocuente: ascenso inmediato
superior de toda la tropa y el grado de Teniente Coronel para José Guillermo
Moncada. De esa forma gloriosa entraba Guillermón en la historia de Cuba
para permanecer en ella eternamente.
El recalcitrante periódico español de La Habana "Juan Palomo"
informaba escuetamente: "La muerte del Jefe de las Escuadras de Guantánamo
Don Miguel Pérez y Céspedes que en setenta y un año de
edad, llevaba cincuenta y cuatro de numerosos servicios a España".11
Un hermano de Miguel Pérez, Francisco Pérez y Céspedes,
segundo jefe de las Escuadras, en el combate de Filipinas, a finales de 1869,
cayó en poder del Coronel José Policarpo Pineda, el legendario
Rustan de la Guerra del 68 y fue fusilado por éste en Vuelta Corba, en
represalia por el asesinato del patriota cubano Arturo Casimajan, hecho prisionero
por Miguel Pérez en el combate de El Vínculo.12
Este suceso fue narrado, muchos años después, a José Martí
de manera diferente y muy curiosa, quien anotó en su Diario de Campaña:
"Salimos del campamento de Vuelta Corba. Allí fue donde Policarpo
Pineda, el Rustán, el Polilla, hizo abrir en pedazos a Francisco Pérez,
el de las escuadras", para agregar más adelante al hablar sobre
Miguel Pérez, "Y al otro Pérez, dice Luis, Policarpo le puso
las partes de antiparras. ' Te voy a cortar las partes', le gritó en
pelea a Policarpo.- ' Y yo a ti las tuyas, y te las voy a poner de antiparras'.
Y se las puso".13
Otro gran defensor de la causa hispana lo fue Santos Pérez Ruiz, hijo
de Miguel Pérez y de su esposa Cecilia Ruiz, bondadosa mujer. Nació
en Tiguabos y desde muy joven actuó con su padre en las Cuadrillas. Al
comienzo de la Guerra de los Diez Años fue nombrado por éste,
al frente de una de las recién creadas Escuadras. Su labor fue tan destacada
que pasó después al ejército regular español como
oficial y terminó la guerra con el grado de Coronel.
Hombre muy taimado, aunque valiente como su padre, se comprometió con
los cubanos, en los preparativos de la Guerra Chiquita (1879-1880), a alzarse
en armas por la independencia, junto al jefe del naciente Partido Liberal Autonomista
en Santiago de Cuba, doctor Urbano Sánchez Hechavarría, pero ambos
faltaron a su palabra al conocer de la detención de algunos de los dirigentes
del movimiento revolucionario. Los Sánchez Hechavarría constituían
una de las familias más distinguidas de la capital oriental, pero de
ideas muy disímiles, de los otros tres hermanos, Francisco fue General
de División del Ejército Libertador en las tres guerras independentistas,
Pedro médico destacado en Santiago de Cuba y activo patriota y Ulpiano,
el mayor, Brigadier del Ejército Español.
La actuación del Coronel Santos Pérez va a ser muy importante
en el final desastroso, para la causa cubana, de la más corta de nuestras
guerras independentistas y poco después fue ascendido a Brigadier. El
historiador y Comandante del Ejército Libertador Rafael Gutiérrez
Fernández, que lo conoció personalmente, lo calificó como
"el valiente entre los más valientes".14
Por el contrario otros numerosos miembros de la familia van a luchar por la
independencia de Cuba a partir de la Guerra Chiquita y entre ellos quien inscribió
su nombre indeleblemente en nuestra historia, el Mayor General del Ejército
Libertador Pedro Agustín Pérez y Pérez, el célebre
Periquito Pérez.
Discutida personalidad, fue el más Pérez de todos los Pérez
de Guantánamo. Nació en Tiguabos, cuna por excelencia de los Pérez,
el 17 de abril de 1844, hijo de dos miembros de la familia, Eligio del Carmen
Pérez y Pérez y Lucía Pérez y Céspedes, hermana
de Miguel Pérez. Casó con una prima suya Juana Pérez Gutiérrez
y su única hija Ruperta Pérez Pérez casó a su vez,
con otro primo, José Francisco Pérez Pérez, que murió
como un héroe en el combate de Jobito, cumpliendo riesgoza orden de su
primo y suegro. Esta conducta emocionó tanto al Lugarteniente General
Antonio Maceo que después de la victoria y en el mismo campo de batalla,
colgó los grados de Capitán del héroe caído sobre
el pecho de uno de sus hijos Jesús Pérez Pérez, niño
de diez años de edad.
Muy influido por la personalidad de su tío Miguel Pérez, Periquito
fue nombrado por éste al frente de una de las Escuadras de Guantánamo
desde los comienzos de la Guerra de los Diez Años. En los años
finales de la contienda el futuro jefe mambí comprendió que la
causa que defendía no podía ser la de un verdadero hijo de estas
tierras y comenzó a buscar la ocasión más propicia para
integrar las filas independentistas, a la par que muy cautelosamente trataba
de convencer de sus nuevas ideas a los hombres de su tropa, los que sentían
por él extraordinario cariño y respeto. Su primo el Coronel Santos
Pérez sospechando las intensiones de Periquito y queriéndolo mantener
a toda costa fiel a la causa española, lo nombró jefe de la Comandancia
Militar de Palma de San Juan, pero este ascenso, aceptado por el experimentado
cuadrillero, no impidió que continuara sus actividades conspirativas.
Cada día más evidente su conducta, recibió de agentes
españoles la calumniosa acusación de "dilapidación
de haciendas", por lo que fue detenido y pudo salir en libertad gracias
a que intercedió en su favor, ante las autoridades superiores, su tía
Cecilia Ruiz, viuda de Miguel Pérez y madre de Santos Pérez.
Terminada la Guerra Grande y comenzados, menos de un año después,
los preparativos para una nueva contienda bélica, Periquito recibió
la falsa noticia de Santos Pérez, a quien creía en la conspiración,
para que se alzara en Palma de San Juan que él lo haría en Guantánamo.
Engañado cumplió la orden y su pequeña tropa fue atacada
y dispersa y él finalmente, llevado prisionero al castillo de El Morro
de Santiago de Cuba. Su hermano Federico, compañero suyo en estos trajines
revolucionarios, fue traidoramente asesinado en el monte.
Encerrado en una celda de la fortaleza, de manera increíble, se lanzó
desde su única ventana al pararrayos del castillo, bajó de él
por las fuerzas de sus brazos y se evadió atravesando las afiladas rocas
que rodean la entonces sombría fortaleza.
Y volvió a la guerra. El General de Brigada Guillermón Moncada
lo nombró Comandante:
"Cuartel General
Primer Cuerpo
Por convenir así al servicio, y a fin de poder llevar a cabo con más
prontitud la organización de este Cuerpo, atendiendo a sus méritos
y a su adhesión a la causa de la Revolución Redentora que con
las armas defendemos, esta jefatura ha tenido a bien nombrar a usted Comandante
del Ejército Libertador con la antigüedad que se le consignará
en su diploma. Patria y Libertad ".11
Al final de la contienda ostentaba el grado de Teniente Coronel. Su primo Santos
Pérez volvió de nuevo a tratar de convencerlo. Le escribió
una carta con ese fin, que recibió como respuesta colgarlo si se aparecía
en el campamento. Pero el hijo de Miguel Pérez se presentó solo,
desarmado y fumando tranquilamente un tabaco. Hablaron. El militar enemigo le
informó de los jefes prisioneros, de las conversaciones de paz, de las
presentaciones. Periquito se mantuvo firme y algún tiempo más
tarde, sin comunicación con jefe alguno, disolvió sus tropas y
él permaneció errante por los montes.
Por intersección del rico hacendado español, amigo suyo, Manuel
Miyares, ante los Generales españoles Camilo Polavieja del Castillo y
Luis María de Pando, estos le prometieron dejarlo en libertad bajo promesa
de no conspirar en el futuro. Periquito aceptó y fue con su familia,
primero, a su finca La Pulsera, donde recibió una sarcástica comunicación
de Santos Pérez donde le decía que permaneciera tranquilo, que
ya llegaría el momento de gritar ¡ viva Cuba libre ¡, y después
pasó a Laguna Abajo, donde poco tiempo más tarde fue detenido,
llevado a Santiago de Cuba y encerrado en la fragata Numancia.
El feroz General Camilo Polavieja, en una entrevista que le concede, le echa
en cara su conducta antiespañola a pesar de su historial en las Escuadras
de Guantánamo y su parentesco con Miguel y Santos Pérez. Lo insta,
además, que pida lo que quiera del gobierno español y al negarse
Periquito a aceptar nada, lo pone en libertad bajo la amenaza de fusilarlo de
continuar conspirando, pues no sería benévolo con él si
caía preso por cuarta vez.
Mantiene, sin embargo, Periquito sus contactos con los Generales Antonio y
José Maceo y Guillermo Moncada y con el Coronel Victoriano Garzón.
En 1893 se le nombra Delegado del Partido Revolucionario Cubano en Guantánamo
donde todos los separatistas lo consideran su jefe natural. La denuncia de un
traidor, después del fracaso del prematuro alzamiento de los hermanos
Manuel y Ricardo Sartorio en Purnio y Velazco, Holguín, el 27 de abril
de 1893, lo hace partir solo a los montes donde vive errante desde septiembre
de ese año, en espera, con las armas en la mano, del comienzo de nueva
guerra independentista.
Perseguido y acusado de vulgar asaltador de caminos, a los ocho meses de esta
situación fue visitado por su primo el hacendado Tiburcio Pérez
Pérez, vicepresidente del Partido Liberal Autonomista en Guantánamo,
en nombre de los hacendados de la región, para que desistiera de sus
propósitos, tan contrarios a sus intereses y con todas las garantías
embarcara al extranjero con su familia. Le hacían, además, el
ofrecimiento, en nombre del gobierno español, de 20 000 pesos para que
rehiciera económicamente su vida.
Rechazadas tales propuestas por el jefe mambí, el gobierno español
no cesó entonces en el empeño de asesinarlo, para lo cual trató
de sobornar a dos miembros de la familia, "Cheché" y Marcelo
Pérez, a los que ofreció 20 000 pesos por su cadáver. Los
dos familiares lejos de cumplir tan baja misión huyeron al monte y se
refugiaron en lo más intrincado de la loma de La Piña.
El 17 de febrero de 1895 recibe Periquito la orden de Guillemón para
el levantamiento. Manda avisos a los jefes de barrios con el día y la
hora del alzamiento y como debían hacerlo: José Mejías,
en Yateras; Pedro Ramos y Enrique Brooks, en Santa Cecilia; Agustín Araujo,
en El Yarey; Pedro Mestre y Bartolomé Cuza, en Río Seco; Luis
González Pineda, en Baitiquirí; José Pérez, en los
Caños; Enrique Thomas, en San Miguel; Pablo Salomón, en Tiguabos;
Evaristo Lugo y Prudencio Martínez, en San Andrés y los hermanos
Enrique, Emilio y Vicente Tudela en la parte occidental de la costa, entre las
desembocaduras de los ríos Guantánamo y Baconao. Señala
un lugar para la reconcentración de las fuerzas. El 24 de febrero, alrededor
de las 9 de la mañana, en unión de su yerno José Francisco
Pérez Pérez, su cuñado Francisco Castillo y otros familiares,
en su finca Matabajo, juran hacerle la guerra a muerte a España. Parten
después rumbo a la finca "La Confianza" del patriota Luciano
Peguero, donde firman el acta redactada por el después Coronel Emilio
Giró y Odio, con el testimonio de la declaración e inicio de la
guerra y juramento de luchar hasta morir en defensa de la independencia de Cuba.
Se dan vivas a Cuba libre. Se iza una bandera cosida por Juana Pérez,
esposa de Periquito. Enrique Tudela a las 3 de la tarde toma el fuerte de Hatibonico,
haciéndole al enemigo, muertos, heridos y prisioneros y ocupa armas y
cartuchos. El 25 de febrero tiroteo del cuartel de la Guardia Civil en Guantánamo
y toma del fuerte de Sabana de Coba en la costa. La guerra comenzaba impetuosa
en Guantánamo, a su frente con el grado de Coronel, conferido por el
Mayor General Guillermón Moncada, desde el mismo día del levantamiento,
Pedro Agustín Pérez y Pérez. Sobre estos hechos dejó
el propio Periquito un imprescindible artículo titulado "Mi recuerdo",
en el folleto Datos para la Historia, Guantánamo, 1901.
Regino E. Boti en su trabajo de ingreso como académico correspondiente
en Guantánamo de la Academia de la Historia de Cuba, la monografía
"El 24 de febrero de 1895. Exposición crítica de los más
importantes estudios publicados hasta hoy sobre la fijación histórica
del grito de independencia", leída en la sesión extraordinaria
del 4 de septiembre de 1919, concluye que:
"[...] si sus promotores propendían a un fin, la prioridad de alzamiento
débesele adjudicar a quien con más celo cumplió su cometido
desde el primer instante [...]. Ese laurel debe corresponderle a Pedro Agustín
Pérez", para agregar finalmente, "Y si la verdad de la Historia
le sigue llamando al de nuestra guerra de independencia el grito de Baire, la
verdad de los hechos, que está por encima de la verdad de la Historia-
y en la cual ésta debe informarse- le llamará el grito de Guantánamo".
Junto a Periquito desde el propio 24 de febrero de 1895 se encontraban los
siguientes miembros de la familia: su yerno y primo José Francisco Pérez
y Pérez, héroe y mártir de Jobito; su cuñado Francisco
Castillo; sus nietos Francisco José y Jesús Pérez Pérez,
este último su compañero inseparable desde los 8 años,
en los días de errante solitario por los montes antes de la guerra, que
fuera incluido entre los " Niños Gigantes de la Revolución
Cubana" por el historiador y eminente cirujano doctor Benigno Souza Rodríguez15
y otros primos y familiares como: Rafael, Simón, Blas, José, Quintín,
Francisco, Genovevo, Tiburcio (no el autonomista) y Mariano Pérez Pérez,
Gabino González Pérez, Leocadio Socías Pérez y Estanislao
Pérez Bonilla, a los que después se unirían otros como
el licenciado Gonzalo Pérez André, más tarde Teniente Coronel
y Auditor de su Estado Mayor; Antonio, Julián y Emilio Pérez Pérez
y José Demetrio Pérez. En la toma del poblado de Caimanera en
diciembre de 1897 se incorporaron Carlos, Ramón e Ignacio Pérez.
Su actuación en la última de nuestras guerras independentistas
contra España (1895-1898) fue extraordinariamente brillante. Protegió
con sus fuerzas, después de sus desembarcos, las expediciones de Máximo
Gómez y José Martí y de Antonio Maceo y con ello salvó
la Revolución al decir del historiador y General de Brigada del Ejército
Libertador Enrique Collazo Tejada.16 En el
combate del El Cedrito, el 12 de mayo de 1895, el Lugarteniente General Antonio
Maceo lo ascendió a General de Brigada. Caída prisionera su numerosa
familia, que lo acompañaba en la guerra, en el asalto al campamento de
Ocujal, logra astuta y valientemente rescatarla los días 31 de octubre
y 1ro de noviembre de 1896, en el primero de esos días a la anciana María
Pérez y a su sobrina " Chimí" y en el segundo a Juana
Pérez, su esposa; Ruperta, su hija; y los demás familiares: Narcisa,
Josefa, Agripina, Catalina, Jesús, José (Mayarí), Juan,
Pedro y Custodia, depositándolos en la finca de Majín Borrero,
donde se hizo cargo de su cuidado su primo Hilario Pérez.
Peleó valientemente junto a los Mayores Generales Antonio y José
Maceo Grajales y Agustín Cebreco Sánchez. Tuvo la gloria de salvar
la vida del General José Maceo y después el inmenso dolor de participar
en el combate de Loma del Gato en el que el General José encontró
la muerte. Pierde a su yerno el arrojado Capitán José Francisco
Pérez en el combate de Jobito en cumplimiento de una orden dada por él
para alcanzar el triunfo a cualquier precio y participa en victorias tan sonadas
como: Ramón de las Yaguas, Sabana de Coba, Arroyo Hondo, Sao del Indio,
Yerba de Guinea, Ullas, La Yaya, El Palmar y cuanto combate importante tiene
lugar en el territorio de su mando. Merece ascenso a General de División
el 13 de agosto de 1896, conferido el grado por el Lugarteniente General Antonio
Maceo.
Al intervenir Estados Unidos de Norteamérica en la guerra, como interesado
aliado, las fuerzas de Periquito hacen posible el desembarco de parte de las
tropas norteñas por Playa del Este y es allí donde el Coronel
Enrique Thomas, a sus órdenes, en fiero combate salva del desastre las
fuerzas de los Comandantes Mc Calla y Ryan. Termina la guerra con el grado de
Mayor General, otorgado en mayo de 1898 y el cargo de Jefe de la Primera División
del Primer Cuerpo de Ejército, que comprendía los Términos
Municipales de Guantánamo, Sagua de Tánamo y Baracoa. En su Estado
Mayor figuraban: Coronel Emilio Giró Odio, Jefe del Estado Mayor; Teniente
Coronel, licenciado Gonzalo Pérez André, Auditor del Estado Mayor;
Teniente Coronel, Silverio Guerra Téllez; Comandante Juan Martí
Alayo; Capitanes Rafael Jústiz Sáenz, Agustín Veranes y
José Sánchez y el Teniente Jesús Pérez Pérez,
su nieto inseparable.
José Martí escribió de él en su Diario de Campaña:
"A la tarde, Pedro Pérez, el primer sublevado de Guantánamo:
de 18 meses de escondite, salió al fin, con 37 hombres, seguido de muerte,
y hoy tiene 200. En el monte, con los 17 de la casa, está su mujer, que
nos manda la primera bandera. ¡Y él sirvió a España
en las escuadras, en la guerra grande!. Lealtad de familia a Miguel Pérez.-
Apoyado en su bastón, bajo de cuerpo, con su leontina de plata, caídas
las patillas pocas por los lados del rostro enjuto y benévolo, fue con
su gente brava, a buscar a Maceo en vano por todo Baracoa, en los dientes de
los indios: su jipi-japa está tinto de púrpura y bordada de mujer
es la trenza de color de su sombrero, con los cabos por la espalda. - El no
quiere gente a caballo, ni monta él, ni tiene a bien los capones de goma,
sino la lluvia pura, sufrida en silencio".13
Lino D'ou que lo conoció personalmente en la guerra y en la paz lo describe
como de "valor a toda prueba, serenidad, sagacidad, modestia i una bondad
imposible de superar".5
Regino E. Boti que fue su amigo y recibió de él valiosos testimonios
de la guerra, escribió:
"Periquito Pérez tenía claro espíritu militar. Era valiente. Conocía su comarca palmo a palmo. Practicaba diestramente nuestra peculiar táctica de guerrillas. Los príncipes de nuestra milicia que lo tuvieron bajo su mando lo mostraban como modelo de soldado organizador, disciplinante y disciplinado. José Maceo quiso tenerlo siempre a su lado [...]. Connatural en él la conspiración y la guerra, logró ultimar matemáticamente la revolución en su territorio; siendo sus tropas las únicas que desde el reclutamiento fueron dirigidas y organizadas militarmente".17
Para Gerardo Castellanos, "Periquito Pérez fue una brillante figura
de nuestra final guerra emancipadora. Y por esa razón sobrada tienen
los guantanameros en venerar su memoria. Llena la comarca. Es el primero en
todos los labios y corazones. Si se necesitare un hombre para resumir a Guantánamo,
estoy seguro que, a una, todos proclamarían a Periquito".6
Su entrada en Guantánamo, finalizada la guerra, fue verdaderamente apoteósica
el 11 de octubre de 1898. Al siguiente año se le nombró Alcalde
Municipal y por elección en 1900, primeros comicios electorales después
de la derrota española. Reelegido en las elecciones del 1ro junio de
1901, esta vez por cuatro años, renuncia en 1903 y lo sustituye el Tesorero
del Ayuntamiento, su antiguo jefe de Estado Mayor y amigo íntimo, Coronel
Emilio Giró Odio. Al comenzar la segunda intervención norteamericana
en Cuba como consecuencia de la guerra civil de agosto de 1906, es destituido
el Coronel Giró Odio y vuelve el General Periquito Pérez a la
Alcaldía de Guantánamo hasta la toma de posesión, en enero
de 1909, del candidato electo en los comicios de 1908, el Comandante Juan Martí
Alayo, también de su Estado Mayor en la guerra. Su gobierno en la Alcaldía
fue al decir de Lino D'ou "honrado y progresista".5
A pesar del verdadero fanatismo que por él sentían los guantanameros
y las grandes simpatías que tenía en toda la provincia, en las
elecciones del 31 de diciembre de 1901 fue derrotado como candidato de la Coalición
Masoista a Gobernador de la Provincia de Oriente por el General de División
Francisco Sánchez Hechavarría, del Partido Nacional Coligado.
También fue derrotado el General de Brigada Demetrio Castillo Duany,
candidato del Partido Republicano.
Organizó en Oriente el Partido Republicano Federal que desapareció
en 1905. Militó después en el Partido Liberal y como presidente
de la Conjunción Patriótica en Guantánamo, que se había
separado del Partido Liberal, apoyó la candidatura victoriosa del Mayor
General Mario García-Menocal Deop y del sabio filósofo doctor
Enrique José Varona y Pera, aspirantes a presidente y vicepresidente
de la República respectivamente, por el Partido Conservador en las elecciones
generales de 1912. Fue ésta su última actividad pública,
pues murió en su finca Boca de Jaibo, Guantánamo, el 13 de abril
de 1914, a los 70 años de edad, constituyendo su sepelio la mayor manifestación
pública de dolor llevada a cabo en Guantánamo en todos los tiempos.
Hoy su recuerdo persiste como un verdadero culto en la actual Provincia de Guantánamo
y sus restos reposan en un imponente mausoleo.
Su heredero político lo fue su primo el Teniente Coronel Gonzalo Pérez
André. Hijo de Tiburcio Pérez Pérez y Justa Andrés
Fleming, ambos naturales de Guantánamo, nació en la propia ciudad
en 1869. Se graduó de Licenciado en Derecho Civil y Canónico en
la Universidad de La Habana. A pesar de ser su padre Vicepresidente del Partido
Liberal Autonomista en Guantánamo y Segundo Jefe del Batallón
de Urbanos (Voluntarios) de la ciudad, se incorporó a las filas del Ejército
Libertador junto a su primo el Mayor General Periquito Pérez y al terminar
la contienda bélica ostentaba el grado de Teniente Coronel y el cargo
de Auditor del Estado Mayor de la Primera División del Primer Cuerpo
de Ejército.
En la paz siguió políticamente a su jefe en la guerra y lo heredó
como caudillo en Guantánamo. Fue Senador de la República por el
Partido Liberal de 1909 a 1917. Cuando la guerra civil de febrero de 1917, ante
el fraude electoral del Mayor General Mario García-Menocal, ocupó
el cargo de Jefe Civil de los alzados en Guantánamo. Combatió
la dictadura del General Gerardo Machado Morales y a su caída, el 12
de agosto de 1933, fue nombrado Gobernador de facto de la Provincia de Oriente,
para morir en dicho cargo en octubre de 1934.
El último de los Pérez destacado nacionalmente lo fue el doctor Ángel Pérez-André López, hijo natural del Teniente Coronel Gonzalo Pérez André y de Julia López Fuentes, habanera. Nació en plena guerra independentista, en el barrio de Caimanera, Guantánamo, el 2 de agosto de 1897, pero fue inscripto en el Partido de Tiguabos, terminada ésta, el 3 de agosto de 1899 como Ángel Temístocles Pérez López. Por certificación expedida por el Director de los Registros del Notariado de 11 de mayo de 1926 se le autorizó a adicionar a su apellido Pérez el de Andrés en plural, aunque tanto él como su padre siempre usaron el apellido André en singular.
Fig.16. Dr. Ángel Pérez-André López (1897-?).
Se graduó en Farmacia en el Colegio Médico Quirúrgico
de Philadelphia, Departamento de Farmacia, el 9 de junio de 1916. Realizó
los ejercicios de incorporación en la Universidad de La Habana el 29
de noviembre de ese año y se le expidió el título de Doctor
en Farmacia el 20 de febrero de 1917. Se graduó de Bachiller en Letras
y Ciencias en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río
y se le extendió el título el 3 de octubre de 1917. Realizó
los ejercicios para el grado de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana
el 7 de julio de 1922 y se le extendió el título ocho días
después. Años más tarde en la propia Universidad se graduó
en el Seminario de Derecho Diplomático y Consular y se le expidió
el título el 22 de febrero de 1927. Un año después aprobó
con sobresaliente la asignatura de Biología, en la Facultad de Ciencias
Naturales, de su Alma Mater habanera, el 23 de julio de 1928.18
El 17 de mayo de 1924 fue nombrado por oposición ayudante graduado de
la cátedra de Terapéutica con aplicación a la Clínica
de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana, primer
escalón en el profesorado de dicha Facultad. Mantuvo el cargo por dos
oposiciones sucesivas y tomó posesión el 30 de septiembre de 1925
y el 1ro de octubre de 1927. El 23 de mayo de 1928 tomó posesión
del cargo de profesor auxiliar interino de la misma cátedra. Por Decreto
Presidencial de 2 de marzo de 1929 fue nombrado por oposición, en propiedad,
en dicha plaza. Al fallecer el Profesor Titular de la cátedra doctor
Antonio M. Valdés-Dapena Victorio el 28 de mayo de 1952 fue nombrado
el doctor Pérez-André, por Decreto Rectoral de 5 de junio de ese
año, Profesor Titular por ascenso.19
A la muerte de su padre, lo sustituyó como Gobernador de facto de la
Provincia de Oriente en octubre de 1934. En las elecciones generales de 1936
fue electo en el mismo cargo y tomó posesión el 23 de mayo de
ese año. Resurgían con él las esperanzas políticas
de los Pérez en Oriente. En las elecciones generales de 1940 se postuló
por el Partido Unión Nacionalista para Representante a la Cámara
por la misma provincia y quedó en el décimo lugar de los suplentes
de dicho partido, víctima de los rejuegos electorales de las llamadas
"Piñas Agrias" y "Piñas Dulces", dominantes
entonces en Oriente, por lo que se alejó de la política activa.
Fue entusiasta dirigente de la Confederación Nacional de Profesionales
Universitarios; presidente del Instituto del Café; miembro de honor de
la Asociación Farmacéutica Nacional; miembro titular de la Sociedad
de Estudios Clínicos de La Habana; fundó la Sociedad Cubana de
Terapéutica en 1954 y ese mismo año publicó su libro de
texto Terapéutica Clínica, Ediciones Isidro Hernández,
La Habana, 2 tomos y 1095 páginas, en colaboración con los profesores
de su cátedra doctores Rafael Cowley Campodónico y Juan M. Rodríguez
de la Cruz y el médico asociado doctor Carlos Menéndez Roque.
Apasionado de la hidrología y climatología fue un asiduo colaborador
de la Sociedad y el Instituto de dichas ramas de las ciencias aplicadas a la
medicina. Publicó, principalmente, algunos artículos científicos
sobre estas materias.
En 1955 fue electo Vicedecano de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana en momentos muy críticos del enfrentamiento de dicha institución docente contra los desmanes de la dictadura del General Fulgencio Batista y en 1958, ya suspendidas sus actividades docentes, fue electo Decano. Caída la dictadura es depuesto de su cargo por el llamado "Colinazo Universitario" el 2 de febrero de 1959, pero reconocido oficialmente como Decano se mantuvo en el cargo hasta que se le aceptó la renuncia, por enfermedad, el 7 de marzo siguiente. En diciembre de ese año se le sometió a expediente de depuración ante el Tribunal Depurador de la Escuela de Medicina, pero unos meses después era declarado absuelto. En la borrascosa reunión del Claustro de la Facultad de Medicina del 29 de julio de 1960 el doctor Pérez-André votó a favor de la moción que no aceptaba la Junta Superior de Gobierno de la Universidad, recién creada en sustitución del Consejo Universitario y se declaró, con parte del Claustro, en rebeldía contrarrevolucionaria, por lo que dicha junta el 1ro de agosto siguiente lo suspendió de empleo y sueldo y lo sometió a expediente disciplinario. El propio nuevo organismo universitario en sesión de 19 de octubre de 1960, tomando en cuenta que el doctor Pérez-André tenía 63 años de edad y 36 de docencia en la Universidad, dictó solución concediéndole la jubilación. Cesó oficialmente como Profesor Titular, en esos momentos de Medicina Interna, el 31 de octubre de l960. (19) Unos años más tarde muy avanzada la enfermedad invalidante que lo aquejaba, Mal de Parkinson, marchó a los Estados Unidos de Norteamérica, con su familia, donde falleció algún tiempo después.
* Trabajo escrito a sugerencia del Prof. Dr. Francisco Lancis
Sánchez, Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias
Médicas de La Habana.