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Aballí Arellano, Ángel Arturo*

por el

Prof. Gregorio Delgado Fernández**

Notable médico pediatra, profesor y escritor científico. Nació en la ciudad de Matanzas el 30 de septiembre de 1880 y falleció en La Habana el 22 de julio de 1952. Cursó sus estudios primarios en el colegio "El Siglo" de su ciudad natal, en cuyo Instituto Provincial de Segunda Enseñanza obtuvo el diploma de Bachiller en 1894, distinguiéndose como Alumno Eminente de dicho plantel. Trasladado a La Habana hizo su ingreso en la Universidad Nacional y por oposición desde 1896 figuró, junto al profesor José L. Yarini, como Ayudante del Disector Anatómico de la Escuela de Medicina. En 1900 ocupó el puesto de Alumno Ayudante de la Cátedra de Medicina Legal y Toxicología junto al profesor Antonio de Gordon. En 1901 se graduó de Doctor en Medicina y en noviembre del mismo año fue declarado Alumno Eminente por el Claustro de Profesores de la Facultad de Medicina y Farmacia, a la sazón ocupaba el cargo de Alumno Ayudante de la Cátedra de Fisiología junto al profesor Miguel Sánchez Toledo. Por ese motivo se le adjudicó la primera beca de viajes bianuales que le permitió perfeccionar y ampliar sus conocimientos científicos en las Universidades de New York, París y Berlín. Tuvo -expresa uno de sus biógrafos- la idea de dedicarse a la oftalmología; pero el vigoroso movimiento pediátrico impulsado por Czerny y Heuber en la Escuela de Berlín lo impresionó y le reveló su verdadera vocación.

En New York realizó estudios en histología, bacteriología y hematología con los profesores Dunham, Park y Goldhorn. En París recibió lecciones de Marfan y Nobécourt, y en Berlín hizo estudios de química, anatomía patológica, pediatría y oftalmología con los maestros Salkowsky, Somerfield, Orth, Baginsky y Freff. Desde aquellas ciudades comenzó a remitir sus primeros trabajos científicos que merecieron los honores de la publicación por acuerdo de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana. En su estancia en Alemania conoció al gran pediatra Finkelstein, expulsado de su país posteriormente por Adolfo Hitler y exilado en Chile. Pero quien ejerció en el ánimo de Aballí verdadera influencia, normando su futuro profesional, fue el eminente pedíatra alemán Baginsky, médico que había sido del Zarevich de Rusia.

En 1903 regresó a La Habana, nombrándosele médico del Dispensario "Tamayo". En 1904 entró a desempeñar, en la Universidad Nacional, el cargo de Ayudante Graduado del Laboratorio de la Cátedra de Histología Normal y Anatomía e Histología Patológicas en el servicio del profesor Julio San Martín, en cuyo cargo se le continuó confirmando por oposiciones anuales hasta 1906 en que, también por oposición, fue nombrado Profesor Auxiliar, Jefe de Clínica de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles. Sus oposiciones para dicha cátedra, contra los doctores Armando de Córdova y de Quesada, Luis Ortega Bolaños y otros distinguidos compañeros, fueron notables por su brillantez. En 1908 era ya encargado oficialmente de la enseñanza de la patología y clínica infantiles de la Escuela de Medicina. En 1923 fue ascendido a Profesor Titular de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles. Obtenida la cátedra en propiedad, impuso Aballí en ella sus modernas ideas, sus profundos conocimientos abrieron nuevos horizontes a esa importante rama de la medicina, y con la creación de la Escuela Cubana de Pediatría a él debida, dio comienzo a los cimientos de la reputación que, gracias a los tenaces esfuerzos de su creador, disfruta hoy en los mas altos centros científicos de América y Europa y, por consiguiente, muerto el uruguayo Luis Morquio, era Aballí considerado el primer pediatra de habla española. Desde entonces, hasta 1949 en que fue exaltado a Profesor Eméritus, se consagró por entero a la enseñanza y ejercicio de la medicina en su especialidad, aureolado por merecidísima fama y creando discípulos que como los doctores Hurtado, Valledor, Castellanos, Jiménez, Valdés Díaz, Casañas, Villasuso, Cardelle, Gómez del Río, Cabrera Calderín, Gómez Tejera y otros, disfrutan hoy del bien ganado prestigio. Sus actividades desde aquella oportunidad fueron múltiples y variadas, aunque siempre dentro del campo de la medicina. Con la colaboración de uno de sus mejores discípulos, Felix Hurtado, fundó la Sociedad Cubana de Pediatría, que presidió, y creó su Boletín como órgano de publicidad. En 1917 fue electo Vicepresidente del IV Congreso Médico Nacional, en 1918 asumió la dirección de la Revista Médica Cubana, y fue electo Miembro de Número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. En 1920 se le eligió Presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en cuyo puesto se reeligió en 1922. En este año fue nombrado igualmente Miembro Corresponsal en Cuba de la Societé Medical des Hospitaux de París y al siguiente año verificó su ingreso en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, como Miembro de Número, para cuyo puesto había resultado electo, como ya se ha dicho, desde 1918. En 1924 fue honrado con el título de Miembro Corresponsal de la American Pediatric Society y designado, por aclamación, Presidente del VI Congreso Médico Nacional celebrado en La Habana, y en 1925, igualmente designado Presidente de la Delegación de Cuba al VII Congreso Latino Americano en México. En 1926 fue nombrado Delegado e Invitado de Honor a la Conferencia de Teachers of Diseases of Childrens en Dallas, Texas. En 1925 se le contó entre los fundadores y segundo Presidente (el primero por muy breve tiempo lo fue el doctor Juan Guiteras Gener) de la Federación Médica de Cuba, en cuyo cargo fue electo el 24 de octubre de dicho año y para su defensa fundo en 1926 y dirigió el periódico "El Cubano Libre", de corta duración, pero en cuyas columnas libró recia campaña, no solamente en defensa del gremio médico, sino de los más puros ideales nacionalistas. Su actuación como dirigente de los médicos en relación con el mutualismo, que dio origen a la huelga médica en las instituciones mutualistas, le ganaron justa fama en ese campo. En 1927, presidiendo dicha Federación Médica, se le designó para la Presidencia de su Junta Nacional, desde cuyo cargo continuó sus esfuerzos en favor de la superación económica y social de sus compañeros de profesión. En 1928 fue nombrado Delegado al Comité Ejecutivo de dicho máximo organismo colegial, en cuyo puesto resultó reelecto sucesivamente en 1930, 1932, 1934, 1936 y 1937, en este último año se le designó Contador del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta 1939, en que paso a figurar entre los miembros del Consejo Supremo.

Fig. 5. El doctor Ángel A. Aballí en 1906, cuando comenzó su enseñanza pediátrica como Jefe de Clínica Infantil de la Cátedra No.6, Clínica Médica y Patología y Clínica Infantiles.

Al finalizar su período se retiró de las luchas colegiales, no obstante lo cual continuó siendo electo anualmente delegado ante todas las asambleas nacionales del Colegio Médico Nacional. El Colegio Médico de La Habana lo designó como uno de sus Presidentes de Honor, distinción que siempre se dispensa a personalidades muy destacadas del gremio médico. En 1935 fue nombrado director técnico del Hospital Municipal de la Infancia de La Habana, que fundó, hasta 1947. En 1936 ocupó el Decanato de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional, cargo en el que fue reelecto y cuyo edificio construido durante su decanato, lleva su nombre, como también el de niños tuberculosos en el Hospital Antituberculoso de La Habana, al cual regaló su espléndida biblioteca. Igualmente lleva su nombre, como homenaje a sus desvelos en pro de la niñez, la Escuela Pública Número 14 de la ciudad de La Habana. Por largos y fructíferos años, hasta su jubilación voluntaria, ocupó según llevo expresado, la dirección técnica del Hospital Municipal de la Infancia de La Habana, de cuya actuación dio cuenta en una muy interesante memoria. Además fue director del Servicio del Niños del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" y director fundador del de las Damas Isabelinas de La Habana. Como escritor científico el doctor Aballí enriqueció de manera notable la bibliografía médica cubana, tanto por el número cuanto por la brillantez de sus aportaciones. Sería imposible en esta síntesis biográfica dar a conocer toda esa enorme producción, esparcida, en su mayor parte, en publicaciones científicas nacionales y extranjeras. Citaré sin embargo, algunos de sus más importantes trabajos: "Médula ósea en la anemia experimental" (1902), importante monografía en la que el autor detalla los experimentos por él realizados al respecto en el Laboratorio Carnegie, de Nueva York; "Estudio de las hemoconias"(1902), en el que revela el hallazgo de estos corpúsculos en la sangre de los conejos; "Sobre el método de coloración de Goldhorn" (1902); "Contribución al estudio de la atrofia infantil. Aparato digestivo y anexos en el atrófico" (1903); "Nota experimental sobre la decapsulación del riñón" (1903); "Anatomía Patológica de la Fiebre Amarilla" (1904), notable trabajo escrito en colaboración con el doctor Juan Guiteras, que vio la luz en Handbook of the Medical Sciences, Nueva York; el no menos importante estudio sobre el "Esclerema en la gastroenteritis infantil" (1906); y una interesante monografía que tituló "Tratamiento de los trastornos gastrointestinales del lactante" (1918) y "Los laboratorios de la leche y sus relaciones con la clínica", publicado en la Revista de Pediatría, La Habana, 1918. En ese mismo año dio a la luz en la Revista Médica Cubana un brillante estudio relativo al "Tratamiento de las formas clínicas bronco pulmonares de la influenza". En él da a conocer el éxito con que empleó, en el tratamiento de esa enfermedad, los mismos medios que los usados en la bronconeumonía. En colaboración con el doctor Rafael Nogueira publicó, en 1922, otro estudio sobre la "Estenosis pilórica del recién nacido y su tratamiento", y en colaboración con el doctor Agustín Castellanos se cuentan dos trabajos de suma importancia científica: "La prueba de Rosenthal para la insuficiencia hepática en la infancia" (1925) y "Sodokú en Cuba, primer caso comprobado en un lactante", este último vio la luz en el Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría (1930). Además de los citados, debo agregar, aunque espigando entre la vastísima producción científica del doctor Aballí, los siguientes trabajos: "Sobre un caso de sínfisis pericárdica con asistolia a repetición" (1916), "Sobre un caso de distrofia familiar de origen desconocido" (1919), "Sarcoma primitivo del riñón" (1919), "Insuficiencia suprarrenal en el recién nacido" (1922), "Sobre un caso de cirrosis atrófica en un niño de nueve años" (1922), "Sobre la aerofagia en los niños" (1922), "Lecciones de Patología Infantil" (1922), "Tricocefaliasi en la infancia" (1922), "Conferencia sobre acidosis" (1923), "Contribución al estudio de la hipertrófia pilórica" (1923), "Necesidad de uniformar las clasificaciones de los trastornos gastrointestinales del lactante" (1923), "Cirrosis hepática tipo Laennec en una niña" (1924), "Discracia endotelioplasmática" (1925), "Esplenomegalias en la infancia" (1927), "Mielomas múltiples en un niño comenzando antes de los 17 meses" (1927), "¿Puede el pronóstico de las anemias infantiles ser sostenido solo por los hemogramas?" (1927), "Sobre un caso de temblor post-encefálico" (1929), "De los tumores cerebrales en la infancia" (1929), "Las supuraciones pulmonares en la infancia. Bronquiectasias y abscesos del pulmón" (1929), "Las corticopleuritis tuberculosas en la infancia" (1929), "La evolución de la Clínica Infantil en Cuba" (1929), "Linfosarcoma de la válvula iliocecal en un niño de cinco años de edad" (1929), "Organización y extensión que debe dárseles a las enseñanzas universitarias para que el alumno pueda cooperar con el máximum de sus energías e iniciativas a los trabajos de investigación" (1930), "Mortalidad infantil en Cuba" (1931), "Sobre la disentería bacilar en la infancia en Cuba" (1936) y "El problema de la brucelosis en Cuba; sus aspectos: clínico y sanitario" (1937) como Vicepresidente del IV Congreso Médico Nacional (1917), y designado ponente para uno de los temas oficiales, el doctor Aballí mereció calurosas felicitaciones al tratar el que le puso por título, "Tratamiento de los trastornos gastrointestinales de la pequeña infancia". En 1940, ante el Congreso Nacional de Pediatría celebrado en La Habana, pronunció igualmente brillante conferencia. Un año después, especialmente invitado por la institución femenina habanera Lyceum Lawn Tennis Club a participar en el cursillo, por ella auspiciado, sobre puericultura, pronunció una sabia y notable conferencia que versó sobre "El fantasma de la acidosis y manera de llegar a su real interpretación en las enfermedades de los niños". En 1942, desde la docta tribuna de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, abogó, en un concienzudo trabajo, sobre los medios para cortar la propagación de la poliomielitis. En 1947 fue objeto de un magno y cariñoso homenaje nacional, propiciado por sus numerosos discípulos y admiradores del gremio médico cubano en ocasión de cumplir sus cuarenta años en el ejercicio de la enseñanza de la pediatría. Fácil y galano escritor, de dicción impecable, y dado el saber que contenían todos sus trabajos, estos merecieron su reproducción en publicaciones científicas de diversos países, en muchas de las cuales colaboró y en cuanto a Cuba, una buena parte de sus contribuciones escritas pueden consultarse, entre otras, en las páginas del Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría, Revista Médica Cubana, Revista de Medicina y Cirugía de La Habana, Revista de la Sociedad Cubana de Pediatría, revista Finlay, revista Vida Nueva y especialmente en Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. En la sesión dedicada por esta prestigiosa institución (diciembre 22 de 1941) a recordar al doctor Raimundo de Castro y Allo, con motivo del centenario de su nacimiento, estuvo a cargo del doctor Aballí la representación de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana y leyó al efecto un bellísimo e interesante trabajo que tituló "El Dr. Raimundo de Castro Allo, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana". El doctor Aballí perteneció a infinidad de instituciones científicas, tanto nacionales como extranjeras. Además de las ya citadas, fue merecidamente honrado con otras muchas distinciones, tales como: Presidente del V Congreso Panamericano del Niño; Presidente de la Sociedad Cubana de Pediatría; Miembro Correspondiente de la Sociedad Médica de Guayaquil, Ecuador; de la American Pediatric Society de Nueva York, EE.UU.; de la Academia Médica de Buenos Aires, Argentina; de la Academia Médica de Uruguay; Miembro de Honor Activo de la Sociedad Mexicana de Puericultura; Miembro de Honor del VI Congreso Panamericano del Niño; Vocal del Consejo Nacional de Tuberculosis; Presidente de Honor de la Sociedad Cubana de Pediatría y de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana; Miembro de Honor de la Sociedad de Pediatría de Colombia; Miembro Pediatra de la Comisión Oficial de Enfermedades Infecciosas; Presidente de Honor de la VIII Jornada Pediátrica de Santiago de Cuba y Profesor Honorario de las Facultades de Medicina de las Universidades de Nueva York y Buenos Aires. Vocal de numerosos patronatos e instituciones benéficas, ostentó, además, el grado de Gran Oficial de la "Orden Finlay", la mas alta condecoración con que honra Cuba a sus más prominentes médicos.

* Artículo en: Delgado Fernández G. Repertorio Biográfico Cubano. tomo I. Aa-AGUIAR 1956:37-45. Obra inédita. Original en biblioteca particular del Dr. Gregorio Delgado García.
** (1903-1964). Correspondiente de la Academia de Historia de Cuba. Correspondiente de la Sociedad Geográfica de la Isla de Cuba, etc. Historiador Oficial de la Provincia Habana (1942-1952).


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