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Dr. Joaquín L. Dueñas y Pinto1

Me cabe la honra, esta noche, de rememorar a uno de los médicos más distinguidos de nuestra patria, que ha dejado hermosa estela de su ejecutoria entre nosotros y que por circunstancias diversas que han concurrido en mi persona, me obliga a realizar esta labor, bien consciente de la incapacidad con que vamos a afrontarla. Resultará justificada, sin embargo, ante la concurrencia que me escucha y, muy especialmente, ante los médicos aquí presentes, porque el doctor Joaquín L. Dueñas a quien nos referimos en ésta, nuestra peroración, ha sido sin duda alguna una de las grandes autoridades científicas que hemos contado entre nosotros; y si esto no fuese bastante explícito, en los siguientes párrafos, en los cuales voy a concretar en lo posible su inmensa ejecutoria científica, todos los aquí presentes van a excusarme por haber echado sobre mis hombros una carga quizás imposible de llegar a abarcar en todos sus aspectos, si no me hubiese obligado a ello la convicción que ha llevado a mi mente los ruegos de una hija cariñosa en la que se puede decirse que se concentra de manera intensa eso que se llama amor filial, a pesar de haber transcurrido más de cuarenta años de la desaparición del amado padre, para que yo ocupase la tribuna en esta noche.

Existe además un deber por mi parte como médico de niños y profesor que he sido durante más de cuarenta años de nuestra Universidad, de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles, que tanta relación tiene con el papel más importante, como veréis
más adelante, de la actuación de ese gran médico, para perpetuar en todo momento su memoria.

De este modo, resulta evidente que un interés extraordinario exista en nosotros, no ya como simples profesionales sino también como compañeros de especialidad.

También nos obliga a ello nuestra condición de padres de familia, ya que el doctor Dueñas ha sido en el seno de nuestra sociedad el médico de niños más conceptuoso hasta el presente, al que deben la vida tal vez muchos de los hombres que me escuchan y el que ha impreso por su actuación como médico consultante, una acción benefactora incalculable para la defensa de ese inmenso capital que para nuestra sociedad significa la defensa de tantos niños que de otro modo hubieran tal vez desaparecido. Debo significar nuevamente que la insistencia de su hija, doctora Josefina Dueñas, cayó en surco preparado, por la circunstancia de haber estado empeñado durante todo el tiempo en nuestro ejercicio profesional con ese mismo ideal que tuviese durante su existencia ese grande hombre al que llamo "nuestro Maestro", que tanto beneficio ha hecho a nuestro país.

Las circunstancias que en estos momentos nos une estrechamente a tan importante problema son bien fáciles de explicar, pues Cuba necesita de manera cierta de un contingente de jóvenes médicos conocedores de la práctica de la medicina infantil, para que no solamente se lleguen a desarraigar de nuestro pueblo una serie de creencias que resultan anacrónicas y peligrosas en el momento científico actual, sino que también realicen, como lo harán de una manera cierta, una acción frente a los que, dejando de cumplir con su deber como hombres de ciencia hayan permitido estancar sus conocimientos pediátricos en la misma fecha en que adquirieron sus títulos de médico, pues en estos últimos decenios las grandes innovaciones científicas, los grandes progresos de la higiene principalmente deben asegurar el aumento de nuestra población infantil para constituir en el porvenir eso que debe ser el ideal de todo cubano: "el hombre sano de alma y sano de cuerpo", base segura para el éxito de nuestro desenvolvimiento en el seno de los pueblos libres en el futuro.

Joaquín L. Dueñas y Pinto nació en La Habana el 4 de julio de 1859, siendo su padre el ilustre educador don Joaquín Andrés de Dueñas.

Se graduó de Bachiller en Artes en 1873 y en 1878 obtuvo el título de Bachiller en Medicina y Cirugía. Recibió su Licenciatura dos años más tarde y en el mes de diciembre de 1881 hizo su grado de Doctor en Medicina y Cirugía.

Desde el momento de su graduación el doctor Dueñas inició una labor científica extensa que mantuvo a través de su vida.

Durante los primeros años de médico se interesó particularmente en el estudio de la Neurología, contribuyendo con diversos aportes importantes a esta rama de la medicina. También realizó estudios sobre ciertos tópicos dentales y demostró un vivo interés por la Antropología. En este sector su trabajo: "Los parecidos faciales" fue comentado favorablemente por diversas autoridades nacionales y extranjeras, debiendo citar entre estos últimos al destacado sabio francés Charles Richet.

Ya por el año 1884 comienza el doctor Dueñas a interesarse en el estudio de la enfermedades infecciosas en el cual iba a alcanzar más tarde un particular relieve científico.

A partir de 1891 sus trabajos se dirigen casi exclusivamente hacia el campo de la pediatría continuando sus observaciones brillantísimas sobre enfermedades infecciosas y haciendo repetidas contribuciones al siempre importante tema de las diarreas infantiles. También se ocupó el doctor Dueñas de la alimentación del lactante en los trópicos: de las pielitis, las pleuresías, la etiología de la tuberculosis infantil, etc.

Entre sus publicaciones más brillantes debe destacarse su trabajo sobre la relación entre el escorbuto y las anemias perniciosoides refractarias en el niño. Este tema, señoras y señores, ha sido revivido en los últimos años por los interesantes trabajos de D' Amato, en Italia y de Suelzer y May, en los EE.UU. de América, los cuales han demostrado que, efectivamente, la carencia de vitamina C interviene en la producción de anemias megaloblásticas en el niño.

La envergadura de las publicaciones del doctor Dueñas queda perfectamente demostrada, por el tipo de las revistas en que aparecieron muchos de sus trabajos, siendo colaborador asiduo de los Archivos de Pediatría de New York y de los Archivos de Pediatría de Buenos Aires. Muchas de sus publicaciones locales que vieron la luz en la Crónica Médico Quirúrgica, Revista Médica Cubana y Revista de Medicina y Cirugía, fueron reproducidas o comentadas por diversas autoridades americanas y europeas.

Su reputación científica queda consolidada cuando en el año 1907 fue seleccionado para desarrollar los capítulos de Dengue y de Muermo en el Tratado Enciclopédico de Pediatría de. Pfaundler y Schlossmann Esta contribución del doctor Dueñas fue de un valor extraordinario pudiendo decirse que los capítulos por él escritos constituyen verdaderas joyas de la Clínica Pediátrica aún en la actualidad.

El entusiasmo científico de Joaquín Dueñas no se limitó a la publicación de numerosísimos trabajos y a la presentación de un número también considerable de conferencias; realizó, además, una labor extraordinariamente activa en diversas sociedades científicas y contribuyó también al desarrollo de diversas revistas médicas. Fue miembro prominente de la Sociedad Antropológica de Cuba y de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, ostentando en ésta el cargo de Secretario, al que fue reelecto en dos ocasiones.

Su personalidad científica rebasó los límites del campo pediátrico nacional. Fue ponente en diversos congresos internacionales y ocupó en casi todos ellos cargos de presidente o secretario de las secciones de pediatría.

Aparte de la aceptación de sus trabajos en las principales revistas extranjeras y de haber sido seleccionado colaborador de la Enciclopedia de Pfaundler y Schlossmann, hechos ya señalados, su reputación internacional quedó acreditada por diversos honores que justificadamente le fueron conferidos. El doctor Dueñas fue nombrado colaborador de los Archivos Italianos de Pediatría por el profesor Soma, su director; fue invitado a participar en el Mitin de la American Medical Association, en Boston, en el año 1906, y para cerrar con broche de oro este brillante historial fue electo miembro de número de la Sociedad Pediátrica de París pocas semanas antes de su muerte.

Su extraordinaria competencia en el importante campo de la Epidemiología queda ilustrado por una larga lista de contribuciones: sus brillantes conceptos sobre las fiebres reinantes presentados en la memorable sesión del 17 de agosto de 1893 a Estudios Clínicos precedieron en varios meses a los trabajos de Achard y Besaudé sobre las fiebres paratíficas. Su brillante monografía sobre el diagnóstico de la fiebre amarilla es un aporte valioso al estudio de la citada enfermedad. Señaló además el doctor Dueñas los inconvenientes de uso exagerado de la quinina, que prevalecía en aquella época. Por su gran capacidad en el terreno epidemiológico fue llamado para formar parte de la Comisión Nacional de Salubridad y seleccionado en los EE.UU. de América como miembro de la Comisión Americana de Fiebre Amarilla, presidida por el coronel Lee.

Fig. 13. Dr. Joaquín L. Dueñas Pinto (1859-1910).

Su labor en el ejercicio de la profesión ya vemos que fue muy activa y destacada. Durante sus años de exilio en los EE.UU. de América, obtuvo la licencia para ejercer la profesión en el estado de la Florida primero y en de Pennsylvania después.

De vuelta a la patria, además de la exigencia de atender una numerosa clientela, el doctor Dueñas desempeñó diversas plazas en los servicios públicos. Fue médico del hospital Las Ánimas en 1899 y 1900. Médico Visitante de la Escuela Industrial de La Habana para niños huérfanos, de la Sala de Niños del Hospital No 1 y del Dispensario "Tamayo".

Por su gran prestigio científico y profesional fue llamado en diversas ocasiones para formar parte de tribunales para la provisión de cátedras o la adjudicación de premios en la Universidad de La Habana.

Para completar tan extensa hoja de servicios y demostrando una vez más su condición de hombre superior que avanzaba sobre su época en conocimientos, el doctor Dueñas contribuyó de una manera importantísima a la formación del primer Colegio Médico en nuestro país y se preocupó debidamente de los problemas sociales de la infancia, como lo demuestra su trabajo en el Servicio de la Inspección Médica Escolar de La Habana.

Como político fue patriota de ideas liberales, fue ejemplar como jefe de familia, cariñoso esposo y amantísimo padre. En el ejercicio de su profesión fue compañero intachable y trabajador asiduo.

De toda esta labor prolija y fecunda se deduce que hay que coincidir con el doctor Grande Rossi en que "Dueñas no poseía una cualidad que sobresaliera sobre las otras pues todas eran igualmente notables en el ilustre especialista".

La muerte prematura de Dueñas en una etapa quizás la más activa de su vida científica fue una pérdida irreparable para la pediatría cubana, como dijera en una oración a su memoria el doctor Jesús Alfredo Figueras, nuestro compañero de curso, a la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana en abril de 1911:"Los niños de Cuba han perdido a su mejor amigo, la medicina cubana está de duelo".

Hemos hablado hace unos momentos de lo que podían llamarse las condiciones excepcionales que el doctor Dueñas desempeñara como padre en el seno de su distinguida familia; de ello resulta una demostración palpable la terrible impresión que su espíritu recibiera llegando a anonadar todas estas condiciones especiales antes expuestas de su capacidad sin límites, fue cuando en el año 1905 tuvo la desgracia de perder a su único hijo varón, ya en los momentos en que recibiera el título de Ingeniero Civil en nuestra Universidad Nacional. Se observó cómo en ese período de cerca de dos años su producción científica se extinguiera súbitamente, pero hombre de lucha, al fin hubo de reponerse de tan terrible dolor buscando en el trabajo y producción científica un lenitivo a tan terrible pena. Después de esta circunstancia que hacemos resaltar como una condición brillante de su carácter, el doctor Dueñas hubo de alcanzar sus más altos honores, realizando el sueño dorado de toda su vida, ser seleccionado para formar parte de la Sociedad de Pediatría de París. Es después de esta jornada gloriosa, en el año 1910, que retorna a su patria si bien cargado de honores, pero ya herido de muerte, sucumbiendo tristemente para todos en diciembre de 1910.

Permitidme, señoras y señores, que nosotros, siguiendo una natural consecuencia de esa triste desaparición convengamos en la importancia tan considerable que hubiese tenido para el desenvolvimiento de los trabajos de Pediatría en nuestro país el que esta vida tan fructífera, tan grande para el desenvolvimiento de esa Ciencia entre nosotros sufriese una desaparición tan prematura, a la edad de 51 años.

Vamos a referirnos a un hecho doloroso para este infortunado país, ello indiscutiblemente lo constituyen las circunstancias de que de manera inesperada para la mayor parte de los médicos que ejercían la Medicina Infantil en aquella época, el doctor Dueñas en 1891 no fuese favorecido por la adjudicación de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles de la Universidad, no obstante los brillantes ejercicios de oposición que realizara. Esto, que parece una cuestión que no tiene a primera vista tanta importancia, se reflejó de manera notable en la influencia y progreso que pudiéramos haber notado con eficiencia extraordinaria si esta circunstancia adversa para nuestra Universidad no hubiese ocurrido. Verdad es que después de haber el doctor Jober obtenido esa cátedra hubo un período difícil de examinar en el sentido de un mejoramiento de dicha enseñanza universitaria. No pensamos desde luego, que un estancamiento absoluto se produjera, los hechos y la labor realizada en la Universidad de La Habana por los doctores Lavín, Montalvo y otros fue digna de encomio; pero la enseñanza de la Pediatría no adquirió toda la importancia que hubiera podido tener si el doctor Dueñas hubiese ocupado esa Cátedra de Niños.

Especialmente queremos señalar cómo el doctor Dueñas se antepuso a las condiciones actuales de nuestra producción científica. Realizó una conexión íntima con las investigaciones del laboratorio para el esclarecimiento de los diagnósticos clínicos y estuvo en este aspecto constantemente auxiliado por el doctor Juan N. Dávalos que en el Laboratorio de la Crónica Médico Quirúrgica contribuyó notablemente a dicha labor científica.

Es preciso pues, concebir la historia médica del doctor Joaquín L. Dueñas, primero por su dedicación todavía no definitiva hacia la Clínica Infantil y en la que sus trabajos neurológicos fueron importantes, como por ejemplo: "El cerebro ante la ciencia moderna", "¿El volumen y forma del cerebro están siempre en relación con el grado de inteligencia del individuo?", "Afasia", "Los parecidos faciales", etc. Otra fase francamente del estudio y trabajo epidemiológico que aclara entre nosotros conceptos equivocados como lo fueran por ejemplo su contribución al estudio clínico de las diarreas infantiles, su monografía sobre las fiebres paratíficas, "Sobre las fiebres reinantes", su estudio sobre la tuberculosis infantil y su diagnóstico, los exclusivamente dirigidos a modificar la dietética del niño en nuestro país: "La alimentación de los niños en Cuba"; al lado de las ya mencionadas deficiencias alimenticias como hemos ya expuesto; al considerar su estudio sobre las enfermedades de Barlow; todo ello de importancia es verdad que relativa en relación con el momento actual, pero algunas que sentaron bases y dieron, desde luego, a su personalidad toda la importancia que adquiriera no solamente en nuestro país, sino en el extranjero.

Nuestra actuación en este momento, para relataros siquiera sea a grandes rasgos, las cualidades de ese grande hombre que en nuestro país desempeñó importante papel para la defensa del niño, solo puede corroborar lo que otros distinguidos compañeros pensaron sobre él.

Por nuestra suerte durante nuestra juventud en que tuvimos contactos grandes con el doctor Domingo Lorenzo Madan, por él llegó a nuestros oídos repetidas veces todo lo que valía Joaquín Dueñas.

Su desaparición será, no obstante el tiempo, siempre llorada; como dijera el doctor Montané en feliz frase: "¡ Dichoso él ! Su nombre figurará al lado de los inolvidables, de don Nicolás Gutiérrez, Torralbas, Felipe Poey, los Mestre, Montalvo y otros, que son timbres de gloria para la patria".

Exclamemos para finalizar lo que es para nosotros un dogma: Rememoremos siempre aquellos cuya gloria no se extinguirá jamás, grandes en todos los momentos; aun los destellos de sus brillantes actuaciones llegan como luz vivísima y ejemplar para norma de los que marchen a la conquista del futuro.


1 Conferencia pronunciada el 30 de octubre de 1951, en el Ateneo de La Habana. Este fue el último trabajo del doctor Aballí, que murió nueve meses después (22 de julio de 1952).

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