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Cuaderno de Historia No. 84, 1998
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El Dispensario Tamayo y la enseñanza de la medicina en la Atención Médica Primaria en Cuba*

* Trabajo presentado en III Jornada Científica de Residentes y II de la Facultad de Salud Pública. Diciembre 20 de 1991.

Introducción

La enseñanza de la medicina en la atención médica primaria es una conquista reciente de la docencia de las ciencias médicas en la etapa del pregrado.

En Cuba oficialmente comienza en los primeros años de la década de 1970 cuando ésta se lleva a las consultas de los policlínicos comunitarios docentes al ponerse en práctica la fase III del plan de estudios integrado.

Sin embargo existe en nuestro país un antecedente en los primeros años del presente siglo en el que podemos identificar la enseñanza médica de pregrado impartida en la atención primaria.

El doctor Diego Tamayo Figueredo, eminente internista y patriota cubano, al ser nombrado en 1900 profesor titular de Patología Médica en la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de la Habana encontró que su cátedra carecía de servicio clínico.

Para tratar de remediar en parte esta falta llevaba extraoficialmente a sus alumnos a la sala Santa Cruz de medicina interna, que él dirigía en el Hospital Nuestra Señora de las Mercedes y allí les mostraba los pacientes cuyas enfermedades les explicaba en sus clases teóricas en la Facultad. No conforme con esto al comenzar a trabajar en el Dispensario Tamayo, fundado por él, llevaba también a este centro de atención médica primaria a sus alumnos para que completaran su aprendizaje.
En el presente trabajo nos proponemos dar a conocer este hecho que ha pasado inadvertido para los historiadores médicos y los estudiosos de la historia de la enseñanza de la medicina en Cuba hasta el presente.

Dispensario Tamayo

Al ocupar el doctor Diego Tamayo Figueredo la Secretaría de Estado y Gobernación, durante la primera ocupación militar de los Estados Unidos, se propuso crear el Dispensario de Pobres, que poco después llevaría su nombre.1

El 22 de agosto de 1900 quedó constituido su Consejo de Dirección presidido por el sabio doctor Carlos J. Finlay Barrés y ese mismo día aprobó la Secretaría de Estado y Gobernación las bases y reglamentos de la institución.

En reunión de 9 de septiembre siguiente el Consejo de Dirección acordó darle el nombre de Dispensario Tamayo y el 1 de noviembre de ese año se llevó a cabo la inauguración con el calificativo de Dispensario de Pobres, en un acto en que el doctor Tamayo Figueredo tuvo a su cargo el discurso central.

Algo más de tres meses después, el 12 de febrero de 1901, recibió el Consejo de Dirección comunicación de la Superintendencia de Beneficencia, con un endoso del Gobierno Militar, por la que se autorizaba el cambio de nombre por el de Dispensario Tamayo, con el que se mantiene hasta el presente, como Policlínico Tamayo.

El Dispensario al ser inaugurado ocupó la casa No. 74 de la calle Monte. En junio de 1902 el doctor Tamayo Figueredo, que desempeñaba entonces la Secretaría de Gobernación en el gabinete del presidente don Tomás Estrada Palma, cedió una casa del Arsenal, propiedad del Estado Cubano, situada a la izquierda de la calzada frente a la antigua capilla, donde se le trasladó ese mes.

Años más tarde al dinamismo del propio doctor Tamayo, director en esos momentos de la institución, se debió la construcción de un nuevo edificio en la esquina de las calles Zulueta (actual Agramonte) y Apodaca, inaugurado en diciembre de 1908, lugar que todavía ocupa.

Los servicios médicos que integraban el dispensario al ser inaugurado eran los siguientes: medicina interna, cirugía general, ginecología, vías urinarias, enfermedades nerviosas, oftalmología, otología, nariz y garganta, enfermedades de los niños, ortopedia y enfermedades de la piel.

Posteriormente, a medida que surgieron nuevas necesidades, se establecieron las consultas de otras especialidades, como las de corazón y pulmones, partos, radiología, laboratorio clínico y el Departamento de Cirugía Dental.

A pesar de que a este Dispensario se le consideró generalmente como dedicado exclusivamente a las enfermedades pulmonares, error nacido de la gran cantidad de enfermos de dichas afecciones que acudieron en los primeros tiempos a las consultas, consecuencia lógica de las necesidades y miserias de gran parte del pueblo y la ausencia durante los primeros años de república burguesa de dispensarios y sanatorios antituberculosos, desde su inauguración fue un verdadero policlínico general con los diferentes servicios que hemos enumerado antes.

Dr. Diego Tamayo Figueredo (1852-1926)
Figura 6. Dr. Diego Tamayo Figueredo (1852-1926).

La enseñanza de la medicina en el Dispensario Tamayo

Poco después de renunciar el doctor Tamayo a su cargo de Secretario de Gobernación, en noviembre de 1902, ofreció al Consejo de Dirección del Dispensario, el 9 de enero del siguiente año, dar gratuitamente una consulta de medicina general lo que le fue aceptado ese día. A partir de entonces el doctor Tamayo pudo contar con un servicio de atención médica primaria para su cátedra, que no disponía de servicio clínico.

El 7 de marzo de 1907 entró a formar parte dicho profesor del Consejo de Dirección, como vocal, y en la misma sesión fue nombrado Director interino hasta el 13 de julio siguiente en que fue elegido, por unanimidad, Director en propiedad, cargo que ocupó hasta su fallecimiento.

Durante su larga ejecutoria al frente de la institución, el profesor Tamayo Figueredo le dió un sentido de orientación francamente docente al Dispensario, con lo que se adelantó en mucho a la enseñanza médica de su época. Los estudiantes no sólo practicaban en él mientras cursaban la asignatura de Patología Médica, sino que continuaban como ayudantes, según su vocación, en otros servicios hasta el final de la carrera.

Después de la jubilación profesoral del doctor Tamayo, a partir del 1 de junio de 1923, su sustituto el eminente cardiólogo doctor José M. Martínez Cañas, continuó sus funciones docentes en el Dispensario hasta la clausura de la Universidad de La Habana por la dictadura del general Gerardo Machado en diciembre de 1930.

En los Anuarios Universitarios ha quedado reflejada la actividad docente que se llevaba a cabo en la institución. En el de 1904 se dice que dos veces por semana, martes y viernes, el doctor Tamayo daba consultas de 4 a 6 pm., en las cuales "los alumnos después de examinar los enfermos, hacen el diagnóstico y formulan tratamiento apropiado en presencia del profesor. Por término medio los alumnos ven cada mes de ochenta a noventa enfermos nuevos".2

En el de 1906 se expone que con igual periodicidad y horario se daban las dos consultas en las que los estudiantes realizaban las mismas actividades y se agrega: "En este Dispensario, al que han concurrido durante el último año 7 820 enfermos que han recibido 22 967 consultas, encuentran los alumnos un material clínico abundante y variado, al que se agrega la asistencia a domicilio de determinados enfermos de afecciones agudas, que realizan los estudiantes bajo la inmediata dirección y vigilancia del profesor".3

En el de 1910 se habla de una sola consulta, los sábados de 3 a 6 pm., donde el alumno tiene a su disposición de 30 a 40 enfermos y todos los elementos necesarios para un diagnóstico científico.4

En esta forma se continuó hasta la clausura de la Universidad en diciembre de 1930, pues hasta esa fecha la cátedra de Patología Médica contó con el Dispensario.

El doctor Mario Dihigo Llanos, que cursó la asignatura de 1915 a 1916, a dejado un interesante testimonio del doctor Tamayo en su labor docente en el Dispensario:

"Los alumnos que asistíamos a las consultas de los sábados en el Dispensario Tamayo y vimos al doctor derramar su ciencia y su bondad sobre tanto desheredado no podemos olvidar aquella sala rectangular, provista de bancos donde aguardaban los enfermos y al extremo de la cual estaba situada la mesa del doctor Tamayo, rodeado de sillas ocupadas por sus alumnos.

Allí aprendimos a recetar las píldoras del doctor Blancard, el agua de la salud y el vino de quina y cola. Allí nos enterábamos de lo que era el precepto hipocrático.

Cuando un enfermo le decía que estaba muy aliviado, el doctor Tamayo le preguntaba si se habían terminado las medicinas que estaba tomando. Si contestaba afirmativamente, se dirigía al alumno que hacía las recetas y le ordenaba:

- Aplica el precepto hipocrático.

Y, por si había algún alumno nuevo, aclaraba:

- Decía Hipócrates: lo que aplicado mejora continuado cura

Era tal la afluencia de pacientes y, por otra parte, se detenía tanto en el examen de los mismos, que fue necesario desviar a algunos de ellos hacia la consulta que se ofrecía simultáneamente en un cuarto contiguo. Hacia allí se enviaban los pacientes que aún no habían sido tratados por el doctor Tamayo y que habían de ser atendido por dos alumnos de quinto año.

Desde que estaba en el cuarto año solicité una de esas plazas y, al comenzar el último de la carrera [quinto], comencé a desempeñarla. Como las recetas se despachaban en la farmacia del propio dispensario y nosotros no teníamos personalidad profesional, por orden del doctor Tamayo firmábamos con su nombre".5

Consideraciones finales

Como queda demostrado la enseñanza de la medicina de pregrado en la atención médica primaria tuvo un largo antecedente en la llevada a cabo por los profesores de Patología Médica de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de La Habana, en el Dispensario Tamayo, de 1903 a 1930.

Por no haber sido nunca considerada oficialmente como una unidad docente dicha institución, ni la enseñanza que en ella se impartía corresponder a las exigencias específicas de un plan de estudios médicos, es por lo que consideramos ese aprendizaje como un antecedente y no el inicio de tan importante actividad en Cuba. Su verdadero comienzo tuvo lugar mucho tiempo después cuando en los primeros años de la década de 1970 numerosos policlínicos comunitarios fueron convertidos en docentes para que los estudiantes de medicina recibieran en ellos la enseñanza correspondiente a la fase III del plan de estudios integrado, en todas las Escuelas de Medicina del país.

Referencias bibliográficas

  1. Fuentes Fernández, C.: Tamayo, fundador del Dispensario Tamayo. Rev. Vida Nueva. 72 (1-3): 17-21. La Habana, Julio-Septiembre, 1953.
  2. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1902 a 1903. Imp. M. Ruiz y Cía., La Habana, 1904, Pág. 119.
  3. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1904 a 1905. Imp. M. Ruiz S. en C., La Habana, 1906, Pp. 138-139.
  4. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al curso académico de 1908 a 1909. Imp. Avisador Comercial, La Habana, 1910, Pág. 175.
  5. Dihigo Llanos, M.: Recuerdos de una larga vida. Cuad. Hist. Sal. Pub. No. 60. De. Orbe, La Habana, 1974, pp. 127-128.
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