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Revista Cubana de Medicina General Integral, octubre-diciembre, 1995

Página Cultural

Sífilis y gonorrea; parte de su historia

Miguel A. Lugones Botell,1 Isabel Molinet Duarte,2 Tania Yamilé Quintana Riverón3 y Mario Vázquez Sánchez4
  1. Especialista de I Grado en Ginecología y Obstetricia. Policlínico Docente "Jorge Ruiz Ramírez", Playa. Ciudad de La Habana.
  2. Especialista de I Grado en Dermatología. Asesora Técnico Docente de la Vicerrectoría de Posgrado. Instituto Superior de Ciencias Médicas-Habana. Ciudad de La Habana.
  3. Especialista de I Grado en Medicina General Integral. Policlínico Docente "Jorge Ruiz Ramírez". Playa. Ciudad de La Habana.
  4. Especialista de II Grado en Ginecología y Obstetricia. Asistente. Facultad de Medicina Finlay-Albarrán. Marianao. Ciudad de La Habana.
Desde la referencia utilizada por muchas generaciones de estudiantes de medicina como recordatorio memorístico y que se refiere a la familia sifilítica y su naturaleza sorprendentemente destructora y que dice: "Hubo una vez en Torbay, un hombre que pensó que la sífilis se había ido. /Ahora tiene tabes, / y niños con tibias en sable, / y cree que él es la reina de mayo;" puede decirse que tanto la sífilis como la gonorrea han tenido una fascinación arrolladora en su historia a lo largo de mucho tiempo. La palabra sífilis deriva del latín de un poema titulado "Syphilis sive morbus gallicus", escrito en el siglo XVI por un médico llamado Fracastorrus. En este poema, Sífilis era el nombre de un héroe pastor que resultó castigado porque levantó altares prohibidos en la montaña.

Una epidemia de sífilis arrasó Europa durante los siglos xv y xvi, lo que dio como resultado miles de muertos, pues no había ninguna terapéutica eficaz: sólo se disponía de las plegarias. El miedo a la enfermedad condujo a la incorporación de uno de los 14 Santos de Urgencia de la Iglesia: San Dionisio fue el Patrono de los sifilíticos. En Munich, existe en la biblioteca del estado Bávaro, una breve plegaria de intercesión a este santo. En cada una de las esquinas inferiores, hay pintado un penitente con una erupción cutánea, cuya cabeza mira al cielo en súplica.1

Ambas entidades han sido descritas desde la antigüedad.1 Hay escritos chinos que datan de hace más de 2 500 años que describen una infección en la uretra tratable con esencia de soja. Una enfermedad de transmisión sexual, que podía haber sido la gonorrea, fue la que la Biblia describe que afectó a Sara, la mujer de Abraham, según aparece en Génesis, capítulo 12. La misma infección puede haber sido la plaga que se extendió por la corte del faraón y sus concubinas. Las alteraciones de la fertilidad debidas a esta infección podrían también haber sido la causa de la incapacidad de Sara para concebir, hasta muy tardíamente.

El libro del Levítico describe una enfermedad que era de transmisión sexual. Moisés, no solamente describe la contagiosidad de la gonorrea, sino que además da normas para prevenir el contagio y la diseminación. En el libro de los Números podemos aprender más sobre las enfermedades de transmisión sexual que tienen lugar en tiempo de guerra. Esta enfermedad -probablemen te la gonorrea- tuvo lugar cuando los israelitas guerreaban contra los madianitas. Moisés discutió el significado del problema y prohibió las relaciones sexuales durante el tiempo correspondiente al inicio de los síntomas. Como hoy sabemos, valía de muy poco.

Pero también se pueden encontrar más descripciones de la enfermedad en el papiro de Eber. No solamente se describen los síntomas de una uretritis aguda en estos escritos, sino también se da una fórmula que permite la cura por medio de la instilación intrauretral de aceite de sándalo.2

Hipócrates (del 460 al 355 antes de Cristo) hace una de las primeras descripciones científicas de la infección gonocóccica. Disecó la uretra de los hombres que estaban infectados por este agente y notó la existencia de modificaciones en el tejido epitelial, a la vez que una secreción. Describió el hallazgo de la estenosis uretral que con tanta frecuencia acompaña al problema. Galeno fue el que acuñó el término gonorrea.1

  1. Los avances en el conocimiento médico en los siguientes 900 años se desconocen. No obstante, una ley del siglo XII en Londres, prohibe a los dueños de burdeles el contratar mujeres que padecieran de escozor en los genitales. Se podía interpretar, referido a las mujeres que tuvieran molestias, hasta la sensación de ardor al realizar la micción.
En el año 1300 John Ardeme, cirujano de Ricardo II y Enrique IV de Inglaterra, fue el primero en utilizar el término purgación. El origen de esta palabra es poco claro y puede hacerse referencia a la palabra francesa clap ploir, que significa buba; a le clapier, casa de prostitución; o a la palabra clappers, que eran unos instrumentos para hacer ruido y que se utilizaban para advertir la proximidad de los leprosos.

El regreso de Colón al Nuevo Mundo y la explosión de sífilis en la Europa Continental tuvo como resulta do que se originara gran confusión. De todos son conocidas las teorías precolombina y colombina en cuanto al origen de la sífilis. Los pacientes que padecían tanto la gonorrea como la sífilis, llevaron a muchos a creer que ambas enfermedades estaban relaciona das y que la gonorrea era un síntoma temprano de la sífilis. Hay que recordar que por aquella época se creía que el origen de las enfermedades se debía a los humores y al aire3 y los problemas que planteaba la sífilis no podían ser resueltos por los hombres del Renacimiento, pues el hombre del siglo xv era científicamente poco desarrollado. Este siglo dio figuras de la talla de Girolano Fracastorius y de Paracelso. El primero bautizó la enfermedad con el nombre de "sífilis" -esto para algunos historiadores- y recomendó el guavacol y los mercuriales como tratamiento, y el segundo afirmó que madres sifilíticas daban hijos sifilíticos.

Por esta época y durante mucho tiempo se utilizaron los mercuriales para el tratamiento de la sífilis. Este trata miento mató más enfermos que la propia sífilis, si a esto añadimos que en algunos hospitales, después de la cura, le propinaban al enfermo una tunda de palos para castigar "la carne pecadora".

Hunter fue uno de los que creyó que la gonorrea era un síntoma precoz de la sífilis y se inoculó a sí mismo con el pus de la uretra de un paciente con gonorrea y contrajo la sífilis. Murió, según algunos historiadores de un aneurisma sifilítico de la aorta. Fue un mártir de la ciencia.

Bell, en 1700, inoculó a estudiantes de medicina y fue capaz de determinar que sífilis y gonorrea eran entidades clínicamente diferentes. Sin embargo, esta idea no se aceptó de inmediato, debido a la fuerte influencia de Hunter en toda la época.

Las disputas sobre el origen determinaron que a la sífilis se le conociera como "enfermedad de La Española", "mal francés", "mal napolitano", etcétera.

No fue hasta mediados de 1800, cuando un médico nacido en Baltimore, Phillip Reicort, que practicaba la medicina en París, llevó a cabo más de 1 000 estudios y fue capaz de demostrar de forma inequívoca que sífilis y gonorrea eran entidades diferentes. Veinte años después, Sims describió tumores inflamatorios en la mujer y los relacionó con la gonococcia. Esto fue comprobado por Werthein , que cultivó el pus de las trompas.1

Los hitos fundamentales de la historia posterior de ambas afecciones incluyen la introducción de la sulfamida y la revolución ocasionada por el descubrimiento de la penicilina, que pasa por los aportes clínicos hechos en el siglo xix por Hutchinson, Ricord, Fournier y Hallopeau. Fue un decir común durante mucho tiempo de todo aquel que practicó el tratamiento con los mercuriales: "Por una hora con Venus, veinte años con Mercurio".

La sífilis parece haber cambiado su forma inicial virulenta a una menos rápida y a una infección más predictible. Es posible que la enfermedad haya cambiado menos que sus víctimas y que la propia tecnología; un público en algunas ocasiones más educado, en otras más preocupado por la aparición de otras enfermedades más acuciantes, sobre todo por su mortalidad, consulta más pronto al médico. Pero a pesar de todo y de los avances de la ciencia, estas infecciones siguen siendo un importante problema de salud y, probablemente seguirán siéndolo en el futuro, quizás por mucho tiempo.

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

  1. Spence RM. Gonococcia. Clin Obstet Ginecol 1983; 1(3):129-31.
  2. Charles DM. Sífilis. Clin Obstet Ginecol, 1983.
  3. Lugones Botell M. Hipócrates. Rev Cubana Med Gen Integr 1990; 6(3):461-3.
Recibido: 11 de octubre de 1994. Aprobado: 31 de enero de 1995.

Dr. Miguel Lugones Botell. Calle 74 No. 2904, apartamento 3, entre 29 y 29-A, Buenavista, Reparto Alturas del Almendares, Municipio Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.

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