Ignacio González Labrador1 y Emilia Miyar Pieiga2
Se realizó una revisión sobre diferentes criterios de la conveniencia, presencia y frecuencia de las relaciones sexuales durante el proceso de gestación, y brindamos resultados de algunos trabajos realizados al respecto. Los tabúes, los prejuicios, la desinformación y muchas veces el desconocimiento alrededor de este tema que tanta atención precisa, han llevado a que se le investigue poco o se trate de forma equivocada.
DeCS: EMBARAZO; SEXUALIDAD; CONDUCTA SEXUAL.
La conveniencia de la actividad sexual durante el embarazo, el puerperio inmediato y sus consecuencias ha estado sujeta durante largo tiempo a especulación. La sexualidad siempre ha estado impregnada de misterio, oscurecida por razones varias, encarcelada en la ignorancia y objeto de humor compartido en gran medida por el mismo sexo.1 Sin embargo, la sexualidad como expresión de la personalidad, es única, personalizada e irrepetible, llegando a ser un sello personal de cada pareja, y por tanto cuando se enfrenta el proceso reproductivo (gestación) debe existir un proceso de aceptación y adaptación a él, y a la variación del disfrute sexual en la medida de las posibilidades y deseos.
El embarazo constituye un período crucial en la vida de una pareja.
Los cambios que se producen en la mujer gestante afectan, cambian y modifican
todo su ser biosicosexual lo que trae también cambios en la sexualidad
femenina, pero no tan solo en ella pues también afecta al padre de la
futura criatura y esto puede ser visto en los deseos sexuales del hombre durante
el embarazo de su mujer. Se reportan algunos cambios como por ejemplo la disminución
del interés sexual del hombre al final del embarazo, o incluso antes,
de forma invo-luntaria y sin razón consciente, con excepción del
miedo a dañar físicamente al feto o a la mujer, y no con poca
frecuencia en relación con la prohibición por el médico.2
El hombre ha desarrollado un comportamiento sexual más allá de
la misiones reproductivas, y cuando se aceptan como tal surge entonces las interrogante;
¿deben modificarse o abandonarse las relaciones sexuales durante la gestación?
Estudios antropológicos demuestran prácticas muy dispares, desde
varias tribus que restringen la actividad sexual por temor a que el esperma
ciegue o hiera al embrión, hasta otras civilizaciones (los chukchees
y los azandas), que las fomentan porque imaginan al embrión como algo
líquido que debe ser solidificado y nutrido por el esperma.2
En las zonas tropicales de América del Sur en grupos primitivos, existe
lo que los antropólogos denominan couvade; es decir, a lo largo de la
preñez el hombre comparte con la esposa las restricciones y ritos que
imponen sus culturas, su religión, se abstienen de comer determinados
alimentos, de concurrir a distintas actividades sociales de las cuales la gestante
está excluida, incluso de usar ciertos artefactos domésticos.
Esta actividad se mantiene incluso en el momento del parto, donde el hombre
juega un papel fundamental, todos los cuidados son para él, siendo esta
actividad una forma de reafirmación del sexo masculino ante el resto
de la tribu.2,3
Otros pueblos primitivos creían que el coito continuado después
de la concepción era esencial para mantener el embrión, creían
que el semen servía para nutrir al feto en desarrollo; sin embargo, la
mayoría de ellos prohibía al acto sexual durante el último
mes de gestación sobre la base de que podría matar al niño
o causar parto prematuro, observación esta última interesante
pues esta preocupación aún subsiste en sociedades modernas.4
Los efectos del embarazo sobre las funciones y sensaciones sexuales no son
uniformes, para unos la gestación puede ser un período de mayor
conciencia y goce sexual, en cambio otras mujeres no notan cambios, o experimentan
disminución de sus deseos sexuales.
Algunas parejas encuentran que bien avanzada la gestación hay incomodidad
producida por el globuloso vientre femenino y se hace necesario modificar las
posiciones coitales, y se reporta la posición látero-lateral o
la entrada por detrás como más aconsejables, manejables y agradables
para las mujeres. Específicamente se piensa que durante el último
trimestre del embarazo, se pierde interés sexual en las féminas
por su apariencia física, o por temor a dañarlas, lo que hace
que disminuya la libido.4
Existe el mito de que las mujeres no sienten deseos sexuales durante el embarazo.
Esta época suele ser descrita como una época de beatitud en que
los más caros deseos de la mujer están satisfechos, se les pinta
como totalmente absorbidas por la gestación y no pueden interesarse en
otra cosa. Si quienes la rodean, y su pareja en particular, se figura que el
embarazo es un estado asexuado y paradisíaco para ella, será muy
difícil expresar deseos sexuales, y esos meses pueden convertirse en
un árido desierto sexual.
Es imposible desde luego generalizar sobre el deseo sexual durante el embarazo,
a causa del carácter altamente individualizado y personalizado de la
sexualidad humana; sin embargo, está demostrado que la mayoría
de las mujeres continúan experimentando deseos y necesidades sexuales
durante la gestación.5
Durante una gestación normal se puede mantener la actividad sexual habitual
(siempre que no existan evidencias de infección genital u otra complicación)
sin temor a que se produzca algún daño fetal, pero la actividad
sexual debe evitarse cuando exista amenaza de aborto o parto pretérmino.6
La opinión más generalizada es que la actividad sexual no suele
causar daño antes de las últimas 4 semanas de gestación,
los riesgos y beneficios de las relaciones sexuales al final del embarazo no
se han establecido con claridad, no se ha logrado demostrar que influyan como
causa de parto pretérmino, rotura de membranas amnióticas, hemorragias
o infección.6
Hay autores que plantean como causa de parto prematuro el exceso de relaciones
sexuales durante la gestación.7 Estudios
realizados plantean que durante el orgasmo femenino se libera oxitocina (sustancia
química que se libera en la hipófisis materna en las últimas
semanas del embarazo), y se dice que los efectos combinados de la oxitocina
y las contracciones uterinas de orgasmos intensos y prolongados pueden ser lo
suficientemente poderosas como para empezar al parto en forma prematura.6
Aunque no todos los autores están de acuerdo, se especula con la posibilidad
de que el orgasmo en el tercer trimestre del embarazo pueda estar relacionado
con algunos casos de partos prematuros, clínicamente parece que el orgasmo
femenino, avanzado ya el tercer trimestre de la gestación, puede motivar
en ocasiones el inicio del trabajo de parto, o por lo menos tener una íntima
asociación temporal con él.7
No puede afirmarse con certeza que este mecanismo tenga relación con
el parto pretérmino, pues en estudios con 25 pacientes que tuvieron partos
pretérminos se comprobó que no había ninguna relación
entre coito, orgasmo, otras experiencias sexuales y el modo de nacimiento.2,8
Es importante tener en cuenta que son muchos los factores, aparte de los biológicos
propios de la gestación, que se ponen en juego para determinar tipos
de conducta sexual durante el embarazo.5 La
conducta de la mujer ante la maternidad, la calidad y/o ausencia de la pareja,
el nivel cultural y sus expectativas, así como otras condiciones individuales
ejercen considerable presión sobre la conducta sexual. La presencia de
complicaciones médicas y la preocupación ante la posible pérdida
de la gestación, sin dudas influyen en el comportamiento sexual de la
mujer. Cuando la mujer queda embarazada, su cuerpo inicia una serie de tremendos
cambios fisiológicos que pueden afectar a cada mujer de manera diferente,
y no solo en su sexualidad, sino en todo su estado de ánimo, lo que a
su vez repercute sobre el deseo y disposición sexual.
Durante el primer trimestre del embarazo se observa una marcada variación
en los modelos de conducta y capacidad de respuesta sexual. Las mujeres que
experimentan náuseas y vómitos durante este período tienen
una disminución de su interés por la actividad sexual y una reducción
de esta, mientras que otras presentan un aumento de la libido. Los cambios del
cuerpo pueden hacer dolorosa la estimulación, como ocurre con la vasocongestión
mamaria (la turgencia, la sensibilidad y la hiperalgia aumenta a medida que
avanza la gestación). Esto se hace evidente desde los primeros meses
y toda esta sintomatología aumenta durante el acto sexual debido a la
mayor afluencia de sangre al área ya congestionada.5,6,8
Se reporta un aumento de la actividad sexual durante el segundo trimestre de
la gestación a diferencia de lo que ocurre en el tercero, cuando se produce
una considerable reducción de la actividad sexual acompañado de
un aumento de la fatigabilidad y una disminución de la líbido.
Un porcentaje mínimo consideró que se perdía el interés
sexual por ellas, atribuido a su apariencia física, a su incomodidad
o al temor a lesionar el feto. Otras causas citadas que influyen en la disminución
de las relaciones sexuales en el tercer trimestre de la gestación fueron
la torpeza para realizar el coito debido al aumento progresivo del vientre,
o por indicación médica.2,8
Master y Jonhson resumen la respuesta sexual durante la gestación según sus resultados con:5,8
- Marcadas diferencias en las pautas de conducta sexual en el primer trimestre
de la gestación, en unas gestantes hay disminución del interés
sexual y frecuencia del coito, y en otras se produce todo lo contrario.
- En el segundo trimestre el 80 % de las gestantes sintieron renovarse su sexualidad,
en función tanto del deseo, como de la respuesta física. Se han
reportado orgasmos en mujeres previamente anorgásmicas durante la gestación,
y esto viene dado porque los genitales sufren cambios anatómicos y funcionales
que favorecen la relación sexual, de manera que el pene es comprimido
más estrechamente que lo habitual y las contracciones rítmicas
de la plataforma orgásmica son más pronunciadas.3,6
- En el tercer trimestre se observa una pronunciada caída de la frecuencia
del coito, debido a incomodidad que produce la gestación avanzada.
El momento de reemprender la actividad sexual en el posparto es un asunto de
interés práctico, tanto para la mujer como para el varón.
El tema puede verse influido por la episiotomía de curación lenta
y tórpida, tejidos de granulación, sangramiento vaginal persistente,
depresión posparto (sobre todo con el primer hijo, por el proceso de
adaptación mayor al recién nacido), el hombre puede sentirse rechaza
do por la presencia del niño que llega a ser su rival como centro de
atención y afecto por parte de la mujer, y aunque muchas parejas reanudan
las relaciones sexuales pocas semanas después del parto, es importante
aconsejar individualmente al respecto.
Los cuidados médicos del posparto no serían completos si no se
presenta a la pareja la posibilidad del uso de métodos anticonceptivos
y se les brinda la información necesaria al respecto, y es también
un buen período para brindar consejo sexológico si lo precisan.
En torno a este tema tan polémico, podemos concluir diciendo que tanto el embarazo como la sexualidad han sido considerados como tabúes, e incluso la profesión médica ha dudado de su investigación. Hasta hace poco los ginecoobstetras guardaban silencio al respecto y la pareja se sentía intimidada para abordar el tema con el médico, inclusive entre ellos mismos. Estamos empezando a aprender cómo las parejas normales y sanas responden en sus vidas personales a este hecho, al irse superando los tabúes existentes se han ido esclareciendo temores ancestrales. El embarazo, como también la sexualidad, pueden convertirse en una parte de la vida llena de gozo y satisfacción.
A review of the various criteria about the convenience, presence and frequency of sexual relations during pregnancy was made and the results of some papers are also presented. Taboos, prejudices, distorted information and lack of knowledge about this topic that requires so much attention have led to insufficient research or to wrong analyses of the subject.
Subject headings: PREGNANCY, SEXUALITY, SEX BEHAVIOUR.
Recibido: 8 de mayo de 2001. Aprobado: 3 de julio de 2001.
Dr. Ignacio González Labrador. Calle 66-A # 2905 entre 29 y 29 A, municipio
Playa, Ciudad de La Habana, Cuba.
1 Especialista de I Grado en Ginecoobstetricia. Profesor Asistente.
Máster en Pedagogía de la Sexualidad Humana.
2 Especialista de I Grado en Pediatría. Profesora Asistente. Máster
en Pedagogía de la Sexualidad Humana.