José Díaz Novás1 y Bárbara Rosa Gallego Machado2
Leyendo el artículo del doctor José Luis Valenciaga Rodríguez
sobre el estetoscopio publicado en la Revista Cubana de Medicina General Integral
del año 2003 19[3], en formato electrónico) nos motivamos a profundizar
un poco más sobre este instrumento, imprescindible en la práctica
médica y en la vida de su inventor.
La auscultación pulmonar de tipo directo o inmediato (sin el uso del
estetoscopio) era conocida ya antes de nuestra era. Referencias a los sonidos
respiratorios están en el papiro de Ebers (1500 años a.n.e.),
en los Vedas Hindúes (1400-1200 años ane) y en los escritos
de Hipócrates.1 La auscultación
torácica fue enseñada y practicada por Hipócrates,
que aconsejaba a los médicos a colocar el oído directamente sobre
el tórax del paciente para poder percibir los sonidos diagnósticos.
Desde entonces, la auscultación torácica fue mencionada por Leonardo
da Vinci, Ambrosio Paré, William Harvey, Giovanni Batista
Morgani, William Hunter y muchos otros.2
A finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX se abandonó la auscultación
directa, que fue sustituida por una nueva técnica diagnóstica:
la percusión torácica.
Fue preciso el talento de uno de los grandes de la medicina de todos los tiempos,
para que la auscultación recuperara y llegara a mostrar todo su valor
mediante el uso de un instrumento cilíndrico recién inventado:
el estetoscopio. El héroe de este descubrimiento fue un tímido
médico francés, católico, introvertido, asmático
y tuberculoso, llamado René Teófilo Jacinto Laennec
(1781-1826), quien había aprendido la percusión con Covisart,
pero para superar las limitaciones de esta técnica, desarrolló
la auscultación indirecta (mediata) utilizando el estetoscopio, inventado
por él.2
Laennec, anatomopatólogo, clínico y profesor de la Escuela
de Medicina de París, trataba de relacionar los datos de las autopsias
con los cambios observados en el enfermo vivo, para de este modo, reconocer
mejor la enfermedad.3
Al principio, auscultaba aplicando directamente la oreja al pecho del paciente
(auscultación directa), pero un día del año 1816 fue llamado
para atender a una joven afectada de una enfermedad torácica, y como
la percusión del tórax era técnicamente difícil
(debido al gran tamaño de las mamas de la mujer), y como la auscultación
directa (colocando el oído sobre el tórax desnudo de la paciente)
era inadmisible debido al sexo y a la poca edad de la paciente, Laennec
recordó que algunos días antes, había visto a unos niños
raspando un bastón de madera con un clavo y escuchando del otro lado.
Imaginó que algo semejante podría ser usado para examinar el tórax
de los pacientes, por lo que tomó un cuaderno de papel, lo enrolló
como un cilindro, lo aplicó al tórax de la paciente y, para sorpresa
suya, comprobó que podía oír mejor los sonidos pulmonares
sin tocar a la paciente.2
Laennec, que era habilidoso, fabricó un instrumento de madera
semejante a una flauta, a la que llamó cilindro, y que más tarde
bautizó su invención con el nombre de estetoscopio (en griego,
inspector del tórax). Desde septiembre de 1816 hasta agosto de 1819,
Laennec, con ayuda de su estetoscopio, su incansable laboriosidad y
su portentosa inteligencia, fue por todo París detectando signos físicos
y estableciendo correlaciones clínico-patológicas. Las autopsias
eran inevitables, debido a la elevada mortalidad por tuberculosis de los pacientes
de aquella época.2
El 15 de agosto de 1819, Laennec publicó un libro repleto de observaciones
clínico-patológicas que tituló "De la Auscultación
Mediata", en el que describió con maestría varias enfermedades
torácicas, muchas de las cuales no habían sido descritas antes;
entre las que estaban la bronquitis, la bronquiectasia, el enfisema pulmonar,
la pleuritis, el neumotórax, la neumonía lobar, el hidrotórax,
el edema pulmonar, el infarto y la gangrena pulmonar, la estenosis mitral, la
esofagitis, la peritonitis, la cirrosis (de ahí el epónimo cirrosis
de Laennec), y sobre todo, la tuberculosis.2,3
El libro presentaba una nueva terminología, la mayoría originada
en los ejemplos de día a día y en los conocimientos del griego
y el latín que él poseía. Entre estos neologismos estaban:
estetoscopio, auscultación, estertores, roncos, frémitos, sonido
de olla rajada, clangor metálico, egofonía, broncofonía,
respiración cavernosa, respiración pueril, respiración
velada y soplo. La primera edición de la obra venía acompañada
por un cilindro de madera (estetoscopio).
Laennec, por su propio esfuerzo, desarrolló la auscultación
del aparato respiratorio a un elevado nivel, tanto que, en el resto del siglo
XIX muy pocos elementos pudieron ser añadidos a todo lo que él
describió. Sin embargo, no tuvo el mismo éxito para comprender
la auscultación del corazón y los signos físicos que producían
sus enfermedades, los que requirieron el esfuerzo de muchos investigadores y
comenzaron a aclararse solamente en la segunda mitad del siglo XIX.3
Cuando Laennec muere por tuberculosis en 1826, con 45 años de
edad, ya el estetoscopio se había tornado insustituible en el examen
del tórax y muchos de los estetoscopios que se usaban habían sido
fabricados por él.
El estetoscopio se convirtió en uno de los símbolos de la medicina
y pieza central en el diagnóstico clínico. A partir de ahí
el diagnóstico podía basarse más en elementos objetivos,
una nueva era había comenzado en la Medicina.
Recibido: 28 de octubre de 2004. Aprobado: 4 de enero de 2005.
Dr. José Díaz Novás. Policlínico Docente
"Lawton". Ave. Camilo Cienfuegos entre 10 y 11, Lawton, municipio
10 de Octubre, Ciudad de La Habana, Cuba.
1Especialista
de II Grado en Medicina Interna. Profesor Titular del Policlínico Docente
"Lawton".
2Especialista de II Grado en Pediatría.
Profesora Auxiliar del Policlínico Docente "Lawton".