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RESUMED 2001;14(2):37-40

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Editorial

Enfermedades emergentes y reemergentes: amenaza permanente

En los últimos años la situación sanitaria mundial ha estado dominada por la prevalencia de las enfermedades transmisibles las cuales representan una pesada carga de morbilidad y mortalidad para muchos países, especialmente los subdesarrollados. En ese panorama las llamadas enfermedades emergentes y reemergentes ocupan el lugar más importante.

Las enfermedades infecciosas emergentes son aquellas recién descubiertas las cuales causan serios problemas de salud local o internacionalmente. En los últimos 20 años se han descubierto más de 30 nuevos gérmenes productores de nuevas enfermedades o síndromes. En 1992, un informe publicado por el Instituto de Medicina de las Naciones Unidas, llamaba la atención sobre ciertos signos indicadores de que la lucha contra las enfermedades infecciosas distaba mucho de ser un éxito.

Dentro de este grupo de enfermedades se incluyen la infección por el HIV, agente causal del SIDA, la fiebre hemorrágica producida por el virus Ebola, con un alto potencial de diseminación y que ha causado pánico en algunos países africanos; nuevas formas del cólera, la enfermedad de los legionarios, la enfermedad de Lyme, el síndrome pulmonar por hantavirus, la colitis hemorrágica con síndrome hemolítico urémico debido a E. coli enterohemorrágica, la nueva variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jacob, que se considera asociada con la encefalopatía espongiforme bovina, entre otras.

Como enfermedades reemergentes se consideran aquellas supuestamente controladas, en franco descenso o prácticamente desaparecidas, que vuelven a constituir una amenaza sanitaria y que frecuentemente reaparecen en proporciones epidémicas. La tuberculosis ha sido un ejemplo de enfermedad reemergente, en parte debido a la asociación con la infección con el VIH a nivel mundial; el cólera en el continente americano, donde no se reportaba desde hacía más de 100 años; la peste en la India y Perú; el dengue que se ha expandido en la mayoría de los países de América Latina. Enfermedades prevenibles por vacunas como la difteria y la poliomielitis afectan nuevamente a naciones que llevaban años sin ellas por descenso en las coberturas de inmunización, deficiencias técnicas, graves problemas económicos u otros del orden social.

Con la aparición de enfermedades exóticas en países desarrollados, se incrementa la resistencia a los antimicrobianos a causa del amplio y mal uso, hasta tal punto que la farmacorresistencia se está convirtiendo en uno de los principales obstáculos para el control de estas infecciones. La emergencia o reemergencia ante estas enfermedades está, además, influenciada por: el deterioro de la infraestructura de la salud pública, los cambios demográficos, el crecimiento de la población y de su estructura etárea; los cambios conductuales como la promiscuidad sexual y la drogadicción; las alteraciones ecológicas como la deforestación, los movimientos internacionales de personas con el traslado de microbios de una región a otra y el transporte de mercancías.

Panorama mundial

Desde 1992, la alarma se ha extendido por el mundo entero. La OMS han instado a los estados miembros a fortalecer la vigilancia con vista a la rápida detección de las enfermedades reemergentes y a la pronta identificación de las nuevas. Las enfermedades infecciosas que ocasionan el 25 % de todas las atenciones médicas a nivel mundial amenazan a la salud pública y contribuyen de modo importante a elevados costos de la atención sanitaria. A nivel mundial continúa siendo la principal causa de muerte.

El paludismo se mantiene como una gran carga sanitaria para la humanidad; por año se diagnostican entre 300 y 500 millones de casos, poco más de 2 000 personas corren el riesgo de contraerlo; con más del 90 % de los casos en el África, al sur del Sahara. Los cálculos sobre la mortalidad son de 1,5 a 2,7 millones de defunciones.

El SIDA ha continuado su tendencia ascendente y los estimados de ONUSIDA para diciembre de 1997 eran de 30,6 millones de personas viviendo con el VIH/SIDA, con 16 000 infecciones por día. Se señala que para el 2010 se habrá duplicado o triplicado la mortalidad en los menores de 5 años.

El cólera resurge con fuerzas en distintas regiones del mundo. Incursionando en las Américas con más de un millón de casos y en África 55 000 y 33 000 defunciones; también, aparece en Asia un nuevo biotipo, el vibrión colérico 0139. Brotes devastadores ocurren en los campos de refugiados de Ruanda así como en Afganistán, Brasil, Guinea-Bissau y Somalia en los últimos años.

La peste ha causado serios estragos en la India, cuando se acababan de cumplir 100 años del descubrimiento de su agente causal. La fiebre amarilla en Kenya, la fiebre del Valle de Riff en Egipto, el dengue en centro y suramérica, con 240 000 casos y en Australia, la fiebre hemorrágica boliviana en Bolivia. Otras fiebres hemorrágicas como las producidas por virus Marburg y Ebola han causado verdaderos desastres en los países africanos. El más reciente brote por virus Ebola en Uganda causó más de 100 casos, con una letalidad superior al 50 %.

Algunas enfermedades prevenibles por vacunas como la difteria y la poliomielitis, han reaparecido con fuerza en territorios de la antigua Unión Soviética. Enfermedades consideradas exóticas para muchos países desarrollados han aparecido como la enfermedad de Chagas en EE.UU. y Canadá, vinculadas con las transfusiones de sangre procedente de inmigrantes.

Situación en las Américas

El cólera regresó al continente americano en proporciones epidémicas en el año 1991 y se mantiene de forma endemoepidémica en muchos países. La OPS ha calculado más de 200 000 millones de dólares para controlar la pandemia en la región, la que está vinculada a factores como el saneamiento público, el tratamiento inadecuado de las aguas y el alto grado de pobreza.

En el Perú durante los últimos 40-50 años se han presentado casos de peste humana y en el último decenio han presentado brotes epidémicos.

La malaria en los últimos 10 años tiene una incidencia anual alrededor del millón de casos. Se estima que 298 millones de personas, el 37,9 % del total de la población de las Américas viven en zonas donde las condiciones ambientales son propicias para la transmisión de la malaria.

Si bien el dengue y el dengue hemorrágico tienen un alcance mundial, su surgimiento como importante problema de salud pública ha sido muy notable en las Américas, donde desde 1989 a 1993 el número de casos aumentó 60 veces en comparación con el quinquenio anterior. Hoy se ha tornado hiperendémico en muchos países de las zonas tropicales del continente americano. En los últimos 10 años, se han presentado epidemias importantes en países de la región después de un período de más de 50 años en los que la enfermedad estuvo casi ausente.

La OPS calcula más de 1,5 millones de personas infectadas por el virus del SIDA y la coinfección con la tuberculosis por lo que constituye un importante problema para la salud pública de la región.

En años recientes se han descubierto nuevos virus patógenos entre los que se cuentan a los causales de las fiebres hemorrágicas argentina, boliviana y venezolana. La fiebre amarilla afecta, fundamentalmente, a 5 países de la zona tropical, ocurren brotes pequeños en la población expuesta. Reapareció de forma notable en Perú en 1995, cuando apareció el brote más grande de la historia de este país con una letalidad de casi el 50 %.

Cuba ante la situación mundial

Nuestro país reconoce la gran importancia regional y mundial de las enfermedades emergentes y reemergentes. Cuba ha trabajado en las estrategias del plan regional de acción para detectar con rapidez la aparición de enfermedades nuevas y el resurgimiento de otras.

Dentro del plan estratégico regional se insiste en la necesidad de fortalecer de redes de vigilancia. El sistema de salud cubano tiene una red de vigilancia estructurada desde el nivel de atención primaria, por los médicos de la familia, que cubren más del 98 % del país, los cuales están preparados para detectar y alertar oportunamente ante la sospecha de aparición de estas enfermedades.

Cuba cuenta con una red de laboratorios de Microbiología, capaz de garantizar la vigilancia del comportamiento y de la resistencia de los microorganismos patógenos a los antibióticos. Esta red está estructurada de manera que en el centro de la misma, el Instituto Pedro Kourí se reciban cepas de todo el país determinándose los niveles de resistencia y si la enfermedad es adquirida o genética.

El sistema de vigilancia ha permitido el perfeccionamiento de los programas de control epidemiológico, las modificaciones sistemáticas en los esquemas de tratamiento y el uso más racional de los antimicrobianos.

El impacto de estas enfermedades en nuestro país se refleja en la epidemia de dengue durante el año 1997 cuando se produjo un brote local en el municipio de Santiago de Cuba, el cual fue detectado rápidamente con una respuesta inmediata e intensa que impidió que la misma no se extendiera a otros territorios del país.

La malaria se erradicó en 1997, pero la presencia del Anopheles albimanus, considerado el vector principal de la enfermedad en las Américas se encuentra ampliamente difundido en el país, lo cual crea condiciones ecológicas favorables para la recepción y propagación de esta enfermedad. Se mantiene, por tanto, un sistema de vigilancia sobre los viajeros procedentes de áreas endémicas para lograr un diagnóstico oportuno y evitar la transmisión de la enfermedad.

La experiencia adquirida por Cuba, le ha proporcionado un gran prestigio internacional en el manejo y control de muchas de estas enfermedades. Por su activa participación en muchos de los países donde ha estado presente nuestra colaboración no tenemos enfermedades cuarentenables ni transmitidas por vectores. En correspondencia con el Reglamento Sanitario Internacional se mantienen los controles establecidos sobre las aeronaves y buques, y una vigilancia especial sobre los viajeros con riesgo de introducción de enfermedades exóticas en el país.

La vigilancia epidemiológica sobre estas enfermedades con el respaldo de la red de laboratorios, permiten que Cuba mantenga los niveles de salud alcanzados y la posibilidad de elevar constantemente su calidad.

Dr. Daniel Rodríguez Milord
Dr. en Ciencias Médicas.
Especialista de II Grado en Higiene y Epidemiología.
Profesor Titular de la Facultad de Salud Pública.
Director de la Unidad Nacional de Análisis
y Tendencias en Salud, Ministerio de Salud Pública.

 

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