HISTORIA DE LA MEDICINA

 

 

De bibliotecas médicas y bibliotecarios

 

From medical libraries and librarians

 

 

Lic. Esther Mayor Guerra,I Lic. Elaine Duperet CabreraII y Lic. Ileana Castillo AsensioIII

I Hospital Provincial Docente Clinicoquirúrgico "Saturnino Lora Torres", Santiago de Cuba, Cuba.
II Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas, Santiago de Cuba, Cuba.
III Hospital Infantil Norte "Dr. Juan de la Cruz Martínez Maceira", Santiago de Cuba, Cuba.

 

 


RESUMEN

Se brinda una panorámica sobre el origen del Día del Bibliotecario Cubano, el surgimiento de las bibliotecas en Cuba, y la evolución histórica y situación actual de la primera biblioteca médica de la provincia de Santiago de Cuba, con énfasis en la labor de sus bibliotecarias desde su apertura hasta la fecha. Asimismo se abordan aspectos relacionados con los servicios ofrecidos en las bibliotecas de ciencias de la salud y las competencias que deben poseer sus bibliotecarios y documentalistas en el siglo XXI. Finalmente, se expresa el reconocimiento a aquellos compañeros que con tanto amor y dedicación iniciaron esta actividad, y facilitaron a los profesionales de ciencias de la salud del territorio el acceso a la información.

Palabras clave: Día del Bibliotecario Cubano, bibliotecas, bibliotecas médicas, bibliotecarios, competencias profesionales, Cuba.


ABSTRACT

An overview is provided of the origin of the Cuban Librarian´s Day, the emergence of libraries in Cuba, and the historical development and current situation of the first medical library in Santiago de Cuba province, with emphasis in the work of its librarians from their opening to date. Also aspects related to the services offered in the libraries of the health sciences and the competences that its librarians and documentalists should have in the XXI century are discussed. Finally, the recognition is expressed to those partners who began this activity with so much love and dedication, and they facilitated the professionals of health sciences of the territory the access to the information.

Key words: Cuban Librarian´s Day, libraries, medical libraries, librarians, professional competences, Cuba.


 

 

INTRODUCCIÓN

El día del bibliotecario se celebra en Cuba el 7 de junio en homenaje a Antonio Bachiller y Morales, uno de los más insignes intelectuales cubanos, considerado como el Padre de la Bibliografía cubana, quien fuera periodista, historiador, abogado y bibliógrafo. Bachiller y Morales se destacó por sus aportes en la investigación de aspectos de la historia de América, prestó también importantes servicios a la docencia universitaria y a la Filosofía. Esta fecha tuvo su origen en 1950 por iniciativa del periodista César García Expósito.1

Desde 1995 la Asociación Cubana de Bibliotecarios en coordinación con la Sociedad Cubana de Ciencias de la Información, otorga el sello conmemorativo Antonio Bachiller y Morales a profesionales e instituciones bibliotecarias que hayan mantenido un desempeño sobresaliente. Asimismo, desde el 2005 confieren varios premios a los miembros que tengan una actitud consecuente con el código de ética de la profesión bibliotecaria.2

La primera noticia que se tiene de una biblioteca en Cuba se halló en el testamento del presbítero Nicolás Estebes Borges, Vicario General del Obispado de La Habana, fallecido a inicios del año 1665, en una de cuyas cláusulas decía: "Declaro que tengo una librería de mil cuerpos de libros poco más o menos, quiero y es mi voluntad que esta se coloque en la Iglesia Parroquial de esta ciudad en la parte y lugar donde más bien les pareciese a sus Señorías Ilustrísimas y dicho Señor Maestro de Campo Gobernador, entregándola con cuenta y razón a algún eclesiástico que cuide de ella para que se valgan los requeridos y amados predicadores y teólogos, y si hubiese Iglesia Catedral en esta ciudad se mude para ella para dicho efecto".3,4

De igual manera, la obra cultural más importante fundada en Cuba en el siglo XVIII fue la Real Sociedad Patriótica, en 1793, llamada más tarde Sociedad Económica de Amigos del País, la que fue centro de reuniones de los elementos más cultos de la época y sirvió de núcleo a las bibliotecas nacionales de la gran mayoría de Iberoamérica.5

Por otra parte, la Biblioteca Nacional de Cuba se instituyó en 1901 en el Castillo de la Fuerza, pero la pobreza del fondo documental, la escasez y poca preparación técnica del personal y el desinterés oficial, impidieron que se desarrollara una verdadera actividad bibliotecaria. Posteriormente, en 1958, se inauguró el nuevo edificio de la Biblioteca Nacional, sin presupuesto alguno para la adquisición de libros; por supuesto, que continuaba sin realizar la labor desarrolladora de los bibliotecarios, pues era imposible que desempeñara su papel con un inmueble muy bello, pero vacío. La misma suerte corrieron las demás bibliotecas del país.3,4,6

Para el universo bibliotecológico el siglo XIX fue una época de grandes renovaciones. Muchos autores consideran el año 1850 como el principio de la catalogación moderna. Durante todo el siglo XX, las principales actividades informativas, bibliotecarias, archivísticas y bibliográficas se desarrollaron paulatinamente, condicionadas por su propia manifestación.3

Luego del triunfo de la Revolución, las bibliotecas cubanas cambiaron el panorama de la actividad bibliotecaria, pues estas y sus bibliotecarios debían contribuir a toda la actividad científica creadora.

Con la creación de los diferentes ministerios, surgieron sus propias bibliotecas especializadas. Así, el Ministerio de Salud Pública, en 1965, decidió crear el Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (CNICM), debido a la crítica situación que existía en Cuba respecto a la información biomédica, como resultado del bloqueo impuesto por el imperialismo norteamericano.7

La dirección del CNICM orientó la organización de las bibliotecas en los hospitales de toda la isla. Las primeras fueron las de los hospitales "Calixto García", "Freyre de Andrade", Nacional "Enrique Cabrera" y el Provincial de Santiago de Cuba,8 de manera que se hizo indispensable la formación del personal idóneo.

 

BIBLIOTECAS MÉDICAS

En las ciencias médicas las bibliotecas brindan un aporte esencial al perfeccionamiento del conocimiento -- desde las tablas de arcilla hasta los documentos digitales --, cuya relación ha quedado registrada en diferentes medios y soportes, elementales para el estudio y desarrollo de la medicina, y se ha ido fortaleciendo e incrementando, para así brindar todos los servicios, desde referencias básicas hasta información especializada. La biblioteca, además, ha cumplido un servicio primordial y social, al apoyar la docencia, la investigación y la asistencia.9

Asimismo las bibliotecas especializadas en ciencias de la salud trabajan para satisfacer las necesidades del profesional que labora en la asistencia, la docencia y las actividades investigativas, y colaboran, además, en la formación de estudiantes de las ciencias médicas, ya sea en pregrado o en posgrado. En esto radica la importancia de las bibliotecas de los diferentes centros de salud.

Al respecto, la primera biblioteca médica en la provincia de Santiago de Cuba, ubicada en el Hospital Provincial Docente Clinicoquirúrgico "Saturnino Lora Torres" para honor de quienes laboran en él, arribó a su 53 aniversario, con una enorme historia en su pasado, así como grandes anécdotas de bibliotecarios y médicos, que juntos han formado un gran equipo. La biblioteca se inauguró el 28 de enero de 1960, cuando el Hospital comenzó a brindar sus servicios en el edificio que aún ocupa, pero su ubicación en aquel entonces, fue en el segundo piso, donde hoy está el salón de reuniones; luego fue trasladada al sexto piso y allí se ha mantenido hasta la actualidad. Sus fondos se encuentran disponibles para todos los usuarios, y son restaurados continuamente para evitar su deterioro y además facilitar que sean consultados por las generaciones venideras.

Su patrimonio lo engrosan títulos y ejemplares únicos, donaciones de diversas latitudes, además de una extensa hemeroteca con múltiples publicaciones periódicas, que bordea toda la pared, la sala de lectura y la sala de navegación. Dicha biblioteca tampoco se ha quedado en el recuerdo de los años y ha tenido que insertarse a las bibliotecas de nuevo tipo; hoy presta servicios automatizados y tradicionales, de modo que es considerada una biblioteca hibrida, subordinada administrativa y metodológicamente a la Vicedirección Docente y al Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas, respectivamente. En sus inicios la biblioteca contaba con un bibliotecario empírico de apellido Carcasés; luego se incorporaron Osálida Neyra y Norma González.

En 1968 algunos representantes del CNICM impartieron un curso para formar bibliotecarias médicas -- una por provincia -- en aulas preparadas para ese fin, en el mismo edificio, de manera que la primera graduación se produjo en octubre de 1970.10

Una vez graduada Dolores Meléndez Suárez, primera bibliotecaria médica de la provincia, fue ubicada en la mencionada biblioteca del Hospital Provincial. Pocos meses después, en febrero de 1971, surgió la propuesta de crear el Centro de Información de Ciencias Médicas (CPICM) y, en consecuencia, comenzó la búsqueda del personal que en él laboraría, y entre ellos fue elegida Dolores. Así se propició que, en 1973, al arribar a la provincia las primeras bibliotecarias formadas en la Escuela de Bibliotecología Médica en La Habana, fuera asignada allí, en la biblioteca insigne, la primera técnico procedente de dicha Escuela: Mirtha Iris Cedeño Rodríguez.

A través de los años esta biblioteca ha sido escenario para la formación de infinidad de estudiantes de las ciencias médicas y otras especialidades, está presente en jornadas científicas nacionales e internacionales, congresos y foros de ciencia y técnica. En ella se trabaja en proyectos de investigación, la redacción de publicaciones que abordan el quehacer de las bibliotecas en ciencias de la salud, de literatura básica para la especialidad de Gestión de Información y en la elaboración de materiales complementarios para cursos cortos y diplomados; igualmente, existe un personal con categoría docente y docentes sin categorizar, pues todas brindan cada día lo mejor de sí, a fin de servir y alfabetizar a sus usuarios.

Ante la necesidad de que los profesionales estén preparados para enfrentar los retos de la era de la información, se imparten talleres y cursos sobre alfabetización informacional (ALFIN). Hasta el momento han sido alfabetizados 746 profesionales y otros han recibido talleres motivacionales desde su escenario de trabajo, para no interrumpir su labor diaria. Por otra parte, los residentes reciben actualización a través de los cursos de Metodología de la Investigación, diplomados, módulos de maestrías, entre otros.

Debido al surgimiento y avance de Internet, muchos profesionales aún consideran que las bibliotecas dejarán de cumplir su función; no es así, estas seguirán existiendo y serán adaptadas a los cambios.

Si bien es cierto que numerosos usuarios tienen acceso a la información desde sus puestos laborales, ello demuestra que necesitan adquirir conocimientos, habilidades y actitudes para lograr un buen uso y acceso a la información, pues es preciso conocer cómo localizarla, utilizarla, organizarla, trasmitirla y compartirla con sus colegas, de modo que se transforme en conocimiento colectivo y social, y facilite la transformación en organizaciones de aprendizaje.

 

Alfabetización informacional

Según García Ballesteros11 la función de la biblioteca en la era de la información, pasa a adquirir un protagonismo definitivo en la alfabetización informacional, con la creciente complejidad y cantidad de recursos informativos en Internet, al mismo tiempo que pone de manifiesto nuevas posibilidades de abordar una autoformación permanente, y obliga a alcanzar nuevas habilidades, para que cada individuo establezca una relación eficaz con la información que conduzca a la generación de conocimiento.

La búsqueda de información científica es una necesidad de los profesionales de la salud en la realización de diversos estudios e investigaciones, por lo que la carencia de destrezas al respecto, es motivo de preocupación. Hoy la ALFIN es la respuesta a esta inquietud.

Anteriormente se refería el término formación de usuarios desde el punto de vista del uso de los recursos de la biblioteca. Con el surgimiento de Internet y la disponibilidad de redes, intranets, páginas web, portales, sitios, entre otros; ha tomado auge el término alfabetización, que ha despertado el interés de los gestores de información ante la complejidad, diversidad y cantidad de la información disponible y la falta de competencias en el uso de la información y el acceso a ella.

De hecho, la carencia de habilidades para identificar la información de valor, o el desconocimiento de los métodos y las técnicas de búsqueda y recuperación, representan una desventaja ante los avances alcanzados por aquellos países que han prestado una atención prioritaria al desarrollo de las normas de alfabetización en información.12

La cantidad de información que actualmente se genera está dispersa; por tanto, se dificulta su revisión por parte de los especialistas, y es aún más difícil la documentación sobre ciencias afines, que a veces también es necesaria. El profesional de la salud tiene, en ocasiones, limitaciones para el acceso, la consulta y el análisis en tiempo y espacio, debido al trabajo continuo y abnegado que realizan. Esta es una de las razones que justifican la existencia de la biblioteca y el profesional de la información, en condiciones específicas que determinan su permanencia como intermediario entre la información y el usuario; además ha sido el factor fundamental para el elevado nivel del desarrollo profesional que las nuevas generaciones de bibliotecarios hoy asumen como un reto. El bibliotecario actual, sin dudas, ha tenido una evolución en su perfil.

 

Competencias profesionales

Muchas son las fuentes y diversos son los investigadores13-18 que han abordado la temática de las competencias profesionales, pero las autoras de este trabajo consideran de relevancia el artículo "Competencias profesionales de los bibliotecarios de ciencias de la salud en el siglo XXI",19 publicado en la revista ACIMED, en el cual se asevera que las bibliotecas de este siglo, también llamadas bibliotecas modernas o bibliotecas de nuevo tipo, han incorporado a las funciones tradicionales, inherentes a la razón que les dio origen desde el mismo surgimiento de la humanidad, nuevas acciones relacionadas con el diseño de servicios de valor agregado, el procesamiento de la información de forma automatizada y el surgimiento de entornos virtuales; condicionadas todas ellas por el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs).

Actualmente se ha producido un proceso de incorporación gradual de nuevas condicionantes, derivadas del desarrollo de la llamada sociedad de la información, de las cuales resulta una biblioteca renovada con bibliotecarios y documentalistas que distan mucho de ser simples prestadores de libros, y deben tener, además, una visión de futuro y un pensamiento estratégico para identificar las oportunidades dentro y fuera de su medio, así como asumir nuevos retos políticos, sociales o culturales, y actuar como un catalizador del cambio. Se busca satisfacer cualquier necesidad informativa de los usuarios, se rompe con los límites, se objetiva la necesidad de información y se evacua una carencia que provoca incertidumbre, debido a la falta de conocimiento.20,21

En ese sentido, los estudios superiores del bibliotecario entraron en una nueva etapa de desarrollo que incluye las primeras convocatorias de la maestría en Bibliotecología y Ciencias de la Información, la culminación de una serie de doctorados, la inclusión de la carrera en el proceso de universalización de la enseñanza y, más recientemente, la convocatoria al primer Programa de Doctorado en Ciencias de la Documentación, que se dictará en Cuba por parte de la Universidad de Granada, España, como una de las tantas alternativas y respuestas a los cambios cruciales que la educación cubana enfrenta en la actualidad.3

Por ello, dicho profesional ha rebasado sus recintos tradicionales -- bibliotecas, archivos, centros de documentación y de información -- y su labor alcanza cualquier instancia, donde se genere, cree, manipule y acceda a la información.22

El siglo XXI ha comenzado con el tema de las bibliotecas, la información y el conocimiento y se dice que el profesional de la información será un gerente del conocimiento en la red.23 Sin embargo, solo aquellas sociedades capaces de garantizar a sus ciudadanos el acceso a las fuentes del conocimiento y la cultura podrán afrontar con éxito los retos del futuro y superar la brecha digital.

Al respecto, en el diseño de las competencias profesionales del licenciado en Tecnología en el perfil de Gestión de Información en Salud, se tuvo en cuenta que estas capacidades permitan resolver las necesidades de las especialidades que lo integran, lo que ayudará a lograr un salto de calidad en los departamentos donde laboren los egresados, para contribuir a la eficiencia del sector de la salud.24

Fernández Valdés19 describe los elementos que no se pueden obviar al pensar en qué competencias profesionales deben poseer los bibliotecarios y documentalistas de las bibliotecas de ciencias de la salud en el siglo XXI:
- Conocimientos de la organización donde se encuentra situada la unidad de información.
- Conocimientos para administrar los recursos informativos.
- Conocimientos para administrar los servicios informativos.
- Uso de las TICs para adquirir, organizar y diseminar información.
- Conocimientos para comprender y participar en la elaboración y aplicación de las políticas de información.
- Conocimientos para participar de forma activa en la investigación en el área de información.
- Desarrollo de capacidades didácticas.
- Conocimientos para reconocer, localizar, evaluar, organizar y utilizar la información de forma efectiva.

Al referir a las bibliotecas médicas y sus bibliotecarios, se está resumiendo conocimientos, habilidades y actitudes, los cuales les convierte en miembros activos de los equipos de salud, que impregnen de la profesión al equipo interdisciplinario, dominen la terminología médica y los aspectos más importantes de la unidad donde trabajen, tengan capacidades para dirigir y, sobre todo, sean capaces de generar nuevos conocimientos con un alto compromiso ético y de responsabilidad.

 

CONCLUSIONES

Finalmente se desea reconocer a las bibliotecarias, por preservar el alma y el pensamiento de civilizaciones pasadas, por su responsabilidad, cuya función constituye un imprescindible servicio, a través de una tarea integradora, para todos los que buscan: investigadores, docentes, estudiantes, creadores; en especial se desea recordar a las formadoras de generaciones, pues su enseñanza, siempre oportuna, ha perdurado hasta hoy. Por ello, junto al mayor respeto, se les ofrece, cada 7 de junio, el más sincero y merecido homenaje (figura).

Antes de concluir, se mencionan los nombres de aquellos que, con tanto amor, esfuerzo y dedicación, iniciaron la labor de facilitar el acceso a la información a los profesionales de la salud; algunos se encuentran jubilados o cambiaron el rumbo de sus vidas, y otros ya no están físicamente, descansan en la eternidad. El testimonio de gratitud para estas queridas personas: Carcasés, Norma González, Osálida Neyra Socarrás, Dolores Meléndez Suárez, Georgina Calá Babastro, Mirtha Iris Cedeño Rodríguez, Miriam Rubio Lazo, Cirelda Ramírez Castro, Marlene Fernández, Margarita Cabrera, Melvis Cuspinera Manzanedo, Norma Molina, Mayra Pequeño, Mirna Camejo Otero, Eulalia del Carmen Salinas Vargas, Delfina Cortón Romero, Julia Núñez Beltrán, Isabel Garzón, Ofelia Morens Chillón, Juana Libia Vinent y Ana Elena Delgado Orduño. A ellos, primera generación de bibliotecarios médicos en Santiago de Cuba, ejemplos para los nuevos técnicos y profesionales de la información, gracias por toda una vida de entrega.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Recibido: 3 de mayo de 2013.
Aprobado: 3 de mayo de 2013.

 

 

Esther Mayor Guerra. Hospital Provincial Docente Clinicoquirúrgico "Saturnino Lora Torres", avenida de los Libertadores s/n, entre calles 4ta y 6ta, reparto Sueño, Santiago de Cuba, Cuba. Correo electrónico:esther.mayor@medired.scu.sld.cu