PERFIL BIOGRÁFICO

 

 

Clara Elena Pérez Frómeta: prestigiosa enfermera y pedagoga santiaguera

 

Clara Elena Pérez Frómeta: prestigious nurse and pedagogue from Santiago

 

 

Lic. María Antonia Pérez Lora y Lic. Yanitza Castellano Rodríguez

Facultad de Enfermería "Máximo Gómez Báez", Santiago de Cuba, Cuba.

 

 


RESUMEN

Se exaltan las cualidades humanas, la actitud profesional y la condición revolucionaria de la enfermera santiaguera Clara Elena Pérez Frómeta, quien se destacó como educadora y por su dedicación, solidaridad y humanismo dejó una huella imborrable en las nuevas generaciones de estudiantes.

Palabras clave: personalidad médica, enfermera, profesionalidad.


ABSTRACT

The human qualities, the professional attitude and the revolutionary condition of Santiago nurse Clara Elena Pérez Frómeta are highlighted, who stood out as educator and as a result of her dedication, solidarity and humanism she left an indelible print in the new generations of students.

Key words: medical personality, nurse, professionalism.


 

 

LOS INICIOS

Clara Elena Pérez Frómeta, quien ejerció una función significativa como enfermera y pedagoga, nació el 18 de agosto de 1930, en la villa primada Nuestra Señora de Asunción de Baracoa, pero fue en Santiago de Cuba donde radicó definitivamente.

Estudió la carrera de enfermería (1950-1953) en un local ubicado dentro del antiguo Hospital Civil "Saturnino Lora". Este último año fue trascendental en la vida de Clara Elena, pues ella se convirtió en testigo del acontecimiento que estremeció a Santiago de Cuba aquel 26 de Julio, hecho en el que mantuvo una actitud valiente al colaborar con los revolucionarios que, dirigidos por Abel Santamaría, tomaron dicho hospital.

Asimismo, la vida de esta ejemplar enfermera muestra su total entrega desde la asistencia en unidades hospitalarias, donde nunca temió ejercer la profesión, pues tenía todo lo que no le puede faltar a un profesional de la salud, el sentido profundamente humano.

Su labor como enfermera no puede desvincularse de la impartición de diferentes programas que contribuyeron a elevar los conocimientos en los estudiantes de esta carrera difícil y de plena consagración. Su constancia la acompañó hasta el último momento que estuvo activa, su vocación fue diaria, amó su profesión, a pesar de ser una labor de mucho sacrificio, y encontró el agradecimiento de personas con las cuales se identificó por la sencillez que la caracterizaba.

En quienes la conocieron, trabajaron con ella o fueron sus alumnos, hay un eterno reconocimiento por todo lo que hizo al desarrollar las potencialidades de los que escogieron esta profesión. Como planteaba Amaro,1 el propio personal de enfermería no ha logrado legitimar el orgullo de su profesión y ello se debe, entre otros factores, al desconocimiento de su historia.

 

UNA APROXIMACIÓN A SU MUNDO

Cursó la educación primaria en una escuelita pública de Matachín, pero tanto era el empeño por ser enfermera, que al terminar la secundaria se presentó a la convocatoria para los exámenes y aprobó, a pesar de que los padres querían que fuera maestra.

Se graduó de enfermera en 1953 y a partir de 1954 desarrolló su labor en el Hospital Civil de Baracoa, pero en 1958 se trasladó a Santiago de Cuba para trabajar en el Hospital Civil "Saturno Lora"; centro que en 1960 ocupó el nuevo edificio inaugurado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

En 1965 se desempeñó como directora de la escuela de enfermeras en el Hospital Militar "Dr. Joaquín Castillo Duany" de esta ciudad. La experiencia acumulada en el ejercicio de su profesión le hizo ser exigente, con lo cual se ganó el respeto de los estudiantes. En ella estuvo presente el maestro cuando afirmó: "La más noble de las ocupaciones y quién sabe si la más grata es la de enfermero".2

Ser directora de esta escuela le permitió enseñar a comprender a los estudiantes el lugar que ocupan los pacientes, pues son como parte de la familia, así como también a atenderlos con cuidado y mucho amor, sustentado en el principio de la ética médica que plantea: respetar el decoro, el pudor y la dignidad de las personas bajo nuestra atención.3

No le fue fácil como dirigente debido a las dificultades que afrontó. Al respecto expresó que no iba a formar enfermeras, sino ayudar a desarrollar sus potencialidades, pero la propia vida se encargó de demostrarle que sí influyó en el desarrollo de estas, lo cual se evidenció en los muchos estudiantes egresados que cumplieron satisfactoriamente con su quehacer como profesionales de la salud, hasta llegar a la excelencia.

Otras aristas interesantes de esta gran mujer están relacionadas con su propia profesión, tal es el caso de su participación activa desde 1965 hasta 1975 en los acuartelamientos que se realizaron en el Hospital "Dr. Joaquín Castillo Duany".

Un dato significativo fue el hecho de haber sido ascendida en 1973 a subteniente de la reserva de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

En su trabajo como educadora se distinguió por su constante preocupación hacia aquellos alumnos que vivían en lugares distantes, de manera que se trabajaba en equipo para conocer todo lo relacionado con ellos.

Por otra parte, se destacó por su sentido de la solidaridad y sus cualidades personales de sencillez, modestia, optimismo, así como su carácter amable, gentil y cortés, además de su valioso sentido de responsabilidad, la distinguieron siempre.

No hubo pretextos para justificar el no cumplimiento de una tarea. En la ciudad de Bayamo se le acogió y se le brindó apoyo en aquellos meses de entrega y de pasión para contribuir al desarrollo de la enfermería.

Aplicó verdaderos métodos de exigencia, que no significaba exigir por exigir, lo cual la hizo merecedora de la estima de todos; no ofendía, decía lo que debía decir de manera franca y transparente.

Su cargo como Asesora Docente de Enfermería en la antigua provincia de Oriente fue una etapa muy importante a partir de 1975, así como su desempeño, hasta 1987, como Jefa de Departamento de Enfermería del Politécnico de la Salud No. 1.

Teniendo en cuenta las experiencias obtenidas como enfermera en ejercicio, cooperó significativamente con el equipo nacional de docencia médica, así como también brindó su valiosa contribución en controles de ayuda, revisión y cambio de programas.

En 1977 fue seleccionada Presidenta de la Sociedad Cubana de Enfermería en Santiago de Cuba y en 1979 fue nombrada tesorera del Consejo Científico de Santiago de Cuba.

 

PRINCIPALES APORTES

Participó en numerosos cursos y eventos científicos que contribuyeron a profundizar en la labor asistencial. No hubo descanso para ella y también realizó otras actividades que demostraron su postura revolucionaria.

Según Clara Elena, la clave, lo esencial que debe tener un enfermero es un alto sentido humano, proteger al paciente y prepararlo psicológicamente para enfrentarse a cualquier proceder, pensar que es nuestra familia, mantener una armónica comunicación con él, mostrar interés por lo que hace y tener sentido de la observación, entre otros aspectos.

En cuanto a la relación médico-enfermera, la consideraba vital para poder realizar satisfactoriamente los pases de visitas, que en aquellos tiempos se hacía de manera conjunta, cuyo denominador común era el paciente, lo cual consistía en ir cama por cama, informarle al médico el estado que presentaba, todo lo relacionado con la administración de medicamentos y procederes realizados. En fin, era una actividad diaria que contribuía a estrechar los lazos entre ambos. Cuando el médico no estaba por cualquier causa, obligatoriamente la enfermera tenía que actuar y accionar, no había otra alternativa, estaba en peligro la vida de la persona.

 

¿Porque insistió tanto tiempo en realizar esta profesión?

Es una visión que tiene que ver con la vocación, con lo que gusta y entonces se hace con todo el amor. A la medicina y a la enfermería hay que amarlas, aun cuando se dice que es un sacrificio y que se trata de una carrera difícil porque hay que entregarse en cuerpo y alma, pero sencillamente se está cumpliendo con el deber. Al igual que otras profesiones, son muchas horas, días y años dedicadas a este arte humanitario.

El 27 de agosto del 2013 dejó de existir esta valerosa santiaguera, que tocó con sus manos ávidas el mundo del sacerdocio de la enfermería. Sus fecundas vida y obra invitan a continuar indagando y reflexionando en torno a esta excepcional mujer de Baracoa, de Santiago y de Cuba.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1. Amaro Cano MC. Historia de la enfermería en Cuba. La Habana: Editorial Ciencias Médicas; 2004.p. 79.

2. Martí Pérez J. Obras completas. La Habana: Editorial de Ciencias Sociales;1975.

3. Cuba. Escuela Nacional de Salud Pública. Principios de la ética médica. La Habana: Editora Política; 1983 [citado 12 Dic 2013]. Disponible en:http://www.polgalvan.sld.cu/contenido/etica medica.htm

 

 

Recibido: 4 de febrero de 2014.
Aprobado: 22 de marzo de 2014.

 

 

María Antonia Pérez Lora. Facultad de Enfermería "Máximo Gómez Báez", Sánchez Hechavarría, esquina Plácido s/n, Santiago de Cuba, Cuba. Correo electrónico:malora@facenf.sld.scu.cu