Escuela Nacional de Salud Pública
América M. Pérez Sánchez1 y Xiomara Martín Linares2
La orientación humanista del profesional de la salud es el resultado de un proceso que debe desarrollarse a todo lo largo de su formación en la Educación Superior, por lo que es necesario un pensamiento axiológico que le permita comprender la base ideológica de su desempeño laboral a la luz de las exigencias de la época. El convulso período que abarca el último siglo de la existencia de la humanidad, se ha caracterizado por la caducidad y crisis de muchos de los valores (morales, estéticos, religiosos, políticos, etc.) que se consideraban eternos e inamovibles en épocas anteriores. Esto ha estado condicionado por la presencia de problemas reales y cotidianos con que ha tenido que enfrentarse la sociedad, y que han generado el surgimiento de nuevos valores y la conformación de sistemas de valores opuestos que se contraponen, incluso, en el plano internacional. En la medida en que la propia dinámica del desarrollo social generó la aparición del pensamiento axiológico, en el pensamiento médico se hace cada vez más necesaria una interpretación axiológica de las cuestiones abordadas en este, así como de las respuestas dadas a los problemas generados en la relación profesional de la salud-paciente como resultado del desarrollo alcanzado en la esfera de la ciencia y la técnica en el sector de la salud. La educación en valores es un proceso continuo que comienza con la atención y educación del niño en la familia y se extiende hasta la Universidad. Para un profesional de la salud no sólo es importante recibir una educación rica en valores que coadyuve al fortalecimiento de su formación humanista, sino también comprender en su totalidad el proceso de la valoración que subyace en la relación profesional de la salud-paciente.
DeCS: ACTITUD DEL PERSONAL DE SALUD, RELACIONES MEDICO-PACIENTE; ETICA PROFESIONAL/educación; PRACTICA PROFESIONAL/tendencias.
La educación en valores es un proceso continuo que comienza con la atención
y educación del niño en la familia y se extiende hasta la Universidad,
y llega a la educación posgraduada.
Para el profesional de la salud no sólo es importante recibir una educación
rica en valores que coadyuve al fortalecimiento de su formación humanística,
sino también comprender en su totalidad el proceso de la valoración
que subyace en la relación profesional de la salud-paciente.
El carácter humanista del profesional de la salud es el resultado de
un proceso que debe desarrollarse a todo lo largo de su formación en
la Educación Superior, por lo que es necesario un pensamiento axiológico
que le permita comprender la base ideológica de su actuación en
su entorno laboral a la luz de las exigencias de la época.
El convulso período que abarca el último siglo de la existencia
de la humanidad, se ha caracterizado por una época en que han caducado
y entrado en crisis muchos de los valores (morales, estéticos, religiosos,
políticos, etc.) que se consideraban eternos e inamovibles en épocas
anteriores. Esto ha estado condicionado por la presencia de problemas reales
y cotidianos con que ha tenido que enfrentarse la sociedad, que han generado
el surgimiento de nuevos valores y la conformación de sistemas de valores
opuestos que se contraponen, incluso, en el plano internacional.
Todo cambio de programa político, código moral, sistema jurídico,
política cultural o estrategia económica lleva aparejado consigo
determinada apreciación de los valores que lo justifican y le otorgan
validez. De todo esto se deduce la necesidad de una comprensión valorativa,
que ayude a la interpretación de las causales de todos estos cambios,
lo que sólo es posible en los marcos de la Axiología.1
El desarrollo de las ideas axiológicas en América Latina se encuentra
vinculado con el proceso de rechazo a la corriente filosófica del positivismo,
el cual tuvo una gran significación teórica y social en nuestro
continente al enfrentarse a la escolástica, representar un acercamiento
a la ciencia (sobre todo las ciencias naturales) y un rechazo al dogmatismo.
Ya en las primeras décadas del pasado siglo, comienza a rechazarse el
positivismo, atendiendo a las fuerzas retrógradas que esta doctrina ostentaba
y a las limitaciones teóricas que cada vez más ponía en
evidencia.
El desconocimiento del carácter social del hombre, su consideración
como ser natural, puramente biológico, y el marcado empirismo de esta
corriente, denota la necesidad del cambio y el rechazo de esta.
De esta forma, la preocupación por establecer un pensamiento axiológico
se manifiesta en América Latina desde las primeras décadas del
siglo XX a través de dos vertientes: el sociologismo francés representado
por Durkhein y Bouglé y la fenomenología, representada
por Max Scheler y Nicolai Hartmann, que tuvieron en América
Latina a su más ferviente seguidor en Antonio Caso, filósofo
mexicano.
La influencia del positivismo en el estudio del campo de la salud también
ha reflejado su esencia contradictoria. Esta corriente interpreta los fenómenos
sociales sobre la base de la negación de las leyes objetivas del desarrollo
social, y reduce las ciencias sociales solamente a la descripción de
determinados hechos, por lo que trae consigo un reduccionismo del hombre a un
ser puramente biológico, sin tomar en cuenta las condiciones sociales
presentes en el proceso salud-enfermedad.
Atendiendo a los postulados de esta doctrina, la práctica médica
se orienta a superar las alteraciones de la salud del individuo, es decir la
enfermedad. El punto de partida de cualquier análisis, es solamente el
análisis de la enfermedad. Se olvida así al hombre como ser social,
y el marcado carácter humano que debe prevalecer en la atención
médica.
De este modo, de igual forma que en el pensamiento teórico en general, la propia dinámica del desarrollo social generó la aparición del pensamiento axiológico, no es menos cierto que en el campo de la salud ocurre otro tanto, y en la medida como se desarrolla el pensamiento médico, se hace cada vez más latente la necesidad de una interpretación axiológica de las cuestiones abordadas en este y de la respuesta a los problemas generados en la relación médico-paciente, como resultado del desarrollo alcanzado en la esfera de la ciencia y la técnica en el sector de la salud.
En el desarrollo filogenético de las formas psíquicas del reflejo
al igual que la conciencia, y como uno de sus componentes, surge la valoración.
La relación selectiva con el mundo circundante es un rasgo de toda la
materia viva, en el hombre esta adquiere una dimensión diferente, una
dimensión humana, que se basa en la valoración consciente de la
realidad.
La conducta de los animales se encuentra predeterminada genéticamente,
o es el producto de reflejos condicionados formados bajo la coincidencia, en
tiempo o en espacio, de dos o más estímulos, uno de los cuales
necesariamente posee una significación biológica vital directa
para él; en ellos está ausente la concientización de la
relación entre sus necesidades y los objetos y fenómenos de la
realidad, lo cual constituye una condición necesaria de toda valoración.
Una condición indispensable en la formación de la valoración
es la presencia de la conciencia y autoconciencia, la comprensión del
lugar ocupado por el sujeto en el mundo de las cosas y de su relación
con este mundo.
A.N. Leontiev señala que: "en la sensibilidad de los animales
no se diferencian las propiedades externas de los objetos de su capacidad de
satisfacer unas u otras necesidades."2
El reflejo valorativo de la realidad surge con el advenimiento de la conciencia
en el proceso del trabajo social. El trabajo, la actividad práctica de
los hombres dirigida a la producción de los bienes materiales, constituye
el factor fundamental bajo cuya influencia surge no sólo la conciencia
en su integridad, sino también la valoración como uno de sus componentes.3
"El surgimiento tanto del trabajo como de la conciencia (incluido su componente
valorativo) es el resultado de un largo y complejo proceso de intercondicionamiento,
en el cual el papel rector pertenece al trabajo como forma cualitativamente
nueva de interrelación con la naturaleza, basada ya no sólo y
no tanto en la adaptación al medio, como en su transformación
en correspondencia con los fines y necesidades del hombre".3
El hombre en la medida que realiza sus fines, valora su actividad y sus resultados,
y establece una correlación entre estos últimos con los fines
anteriormente propuestos.
La presencia de determinadas necesidades constituye la base de la relación
práctica del hombre con el mundo que le rodea y el motor propulsor de
su actividad. La posibilidad de elegir entre infinitas variantes de acción
dentro de esta misma relación, constituye una expresión de su
capacidad valorativa y de su libertad individual.
A.M. Korchunov señala que: "La valoración es un componente
inseparable de la conciencia formado bajo la influencia de la práctica.
La práctica en su desarrollo no sólo engendra el ser funcional
de las cosas, su significación, su valor, sino que forma también
la capacidad subjetiva, con ayuda de la cual se define el valor de las propiedades
naturales y de los factores sociales".4
Ante la gran dimensión social del hombre, y como consecuencia de las
disímiles relaciones humanas en que este participa, surgen determinadas
preguntas como: ¿cuál es el sentido de la vida ?; ¿cuál
es el sentido de la vida del profesional de la salud?
¿Qué significado tiene decir que el hombre es libre en sus propias
decisiones?; ¿puede el hombre disponer libremente de sí mismo,
escoger un comportamiento en determinadas circunstancias? Poniendo el ejemplo
del diagnóstico de la muerte encefálica, ¿a través
de que vía se llega a un consenso en relación con el momento de
retirar los aparatos a ese paciente?
La real y adecuada respuesta a todas estas interro-gantes que se enmarcan en
situaciones diferentes que devienen de la complejización de la actividad
humana, sólo es posible en los marcos de la valoración, ante la
presencia de un pensamiento axiológico que sea capaz de responder a la
problemática del hombre, sin alejarlo del contexto social en que se desarrolla
y de su propia esencia.
En el contexto sociocultural se establece una integración de la ciencia
con la vida social y un nexo entre esta última y los problemas de la
civilización, que influyen de una forma positiva o negativa en la solución
o agravamiento de estos problemas, lo cual conduce, como resultado de ello al
despertar de una conciencia valorativa sobre el trabajo del conocimiento científico
y sobre el valor de la propia ciencia.
Un elemento importante dentro de todo sistema social lo constituye el desarrollo
de la actividad científica, que recibe a su vez la influencia de otros
elementos del sistema social como son: la economía, la política,
la religión, el arte y la propia ciencia como ingrediente de la cultura.
Todo este proceso conduce a la formación de un determinado sistema de
valores que impera en la sociedad y que está presente también
en la ciencia.
Surge la siguiente interrogante: ¿es posible que las ciencias médicas
desarrollen su objeto de estudio fuera de los marcos de la valoración,
atendiendo a que su objeto de estudio constituye la prevención y curación
de la enfermedad y la preservación y promoción de la salud?
Cada ciencia, en su desarrollo, genera un cúmulo de problemas a resolver
que implican un proceso valorativo de análisis y una posición
diferente ante la solución de cada uno de ellos. Podemos deducir de ello
que los problemas generados al hombre por las llamadas ciencias técnicas,
nunca serán iguales a los generados por las ciencias humanísticas.
No obstante, la solución de los problemas vinculados con las ciencias
tecnológicas si se deshumaniza y se basa solamente en dar una respuesta
técnica, nunca será una adecuada respuesta y ella en sí
misma generará nuevos problemas que de mantenerse con este mismo corte,
nunca serán solubles del todo.
Juan Cesar García en su libro" Pensamiento social en Salud
en América Latina ", define a la medicina, como: "La ciencia
y el arte de precaver y curar enfermedades del cuerpo humano. En su significado
más amplio, medicina es un campo, región o parte de la sociedad
constituida por prácticas y saberes que se diferencian de otros que se
dan en esa misma sociedad. La forma más simple para diferenciar estas
prácticas sería la de señalar su objetivo más obvio:
la prevención y curación de la enfermedad y la preservación
de la salud".5
En la interrelación "médico-paciente" (profesional
de la salud- individuo-paciente) entran a jugar parte un conjunto de factores
como son: el contacto directo con la subjetividad de la persona enferma por
parte del médico, el sistema de valores conformado por ese individuo-paciente,
su mundo valorativo que se encuentra presente desde el mismo momento en que
el paciente se pone en contacto con el médico y este le pregunta ¿Qué
se siente? Hemos encerrado entre comillas la relación médico-paciente
ya que esta tarea no sólo le concierne al médico, sino a todo
el personal paramédico que se encuentra en contacto con el enfermo, el
cual ante todo es un ser humano con determinada afección, que incluye
en el proceso de su curación no sólo el tratamiento a su padecimiento,
sino también su valoración como ser humano.
La valoración como el proceso mediante el cual se refleja subjetivamente
la realidad objetiva en forma de necesidades, intereses y fines del sujeto valorante
se encuentra en la base de la relación médico-paciente; ella constituye
el objeto de estudio de la ciencia denominada axiología y que tiene como
base el reconocimiento de la significación social objetiva que poseen
los objetos y fenómenos de la realidad atendiendo a sus propiedades funcionales
al ser incluidos en la actividad práctica y que denominamos valor.
El reflejo valorativo de la realidad posee dos formas de significación:
significación social objetiva cuyo contenido del reflejo está
dado por el componente cognoscitivo o valor, y una significación para
el sujeto que está mediatizado por las necesidades, intereses y fines
del sujeto valorante, que constituye el componente no cognoscitivo.
El valor a su vez en su estructura, posee un carácter dicotómico,
por lo que este puede ser objetivo, subjetivo, puede poseer una connotación
social positiva y una connotación social negativa (antivalor). Existe
una jerarquía de valores ya que estos pueden ser altos (superiores) y
bajos (inferiores); los valores son relativos, por cuanto ellos constituyen
el objeto de la valoración, por lo que podemos decir que poseen un carácter
histórico concreto, varían en dependencia de la necesidades, intereses,
fines, relaciones afectivo-emocionales y experiencias precedentes del sujeto
valorante, lo que permite que se establezca un patrón comparativo de
valoración para él.
El valor como fenómeno de la conciencia social orienta la actuación
de los hombres, constituyen los sueños que orientan el quehacer de los
mismos y son una expresión ideológica de sus intereses.
La actividad científica desarrollada por dos sujetos diferentes, situados
en condiciones socioculturales diferentes, poseen la misma interpretación
lógica, epistemológica y metodológica, sin embargo, orientaciones
valorativas diversas dentro de esta, se traducen en objetivos diversos que alcanzan
resultados diferentes.
Existen varios planos de análisis de los valores, uno de ellos se presenta
a través del sistema objetivo de valores que constituye la parte constitutiva
de la propia realidad social; otro se manifiesta a través del proceso
de subjetivación, concienciación y formación de valores,
que a su vez constituye la forma en que el sistema de valores se refleja en
la conciencia. Y el último es el sistema de valores instituidos y reconocidos
oficialmente, de los cuales emana la ideología oficial, la política
interna y externa, las normas jurídicas (derecho) y la educación
formal estatal o institucionalizada.
Mucho se habla de la crisis de valores que caracteriza la existencia de la
humanidad en la época actual, esta crisis se define como conmociones
sociales en períodos de transición de la sociedad que origina
cambios, los cuales pueden ser progresivos, regresivos y de reacomodamiento.
La respuesta a la pregunta de por qué se producen esas crisis, reside
en que la causa de ellas está en la ruptura significativa que se da entre
los sistemas de valores pertenecientes a los tres planos anteriormente señalados.
Los síntomas que identifican esa crisis se manifiestan ente la perplejidad
e inseguridad de los sujetos sociales acerca del verdadero sistema de valores,
surge la duda de qué considerar valioso y qué considerar antivalioso.
A veces se la atribuye valor a lo que hasta el momento se consideraba indiferente
o antivalioso, y se produce así un cambio de lugar de los valores en
el sistema jerárquico subjetivo, donde se le otorga mayor prioridad a
valores tradicionalmente más bajos y viceversa.
Es por eso que el médico o profesional de la salud tiene que partir
del reconocimiento, en primer lugar, del conjunto de valores que imperan en
ese mundo concreto, en el cual cada ser posee ciertas formas peculiares de valorar
la realidad que le rodea y que, en algunos casos, no coincide plenamente con
el conjunto de valores sociales imperantes en esa sociedad, pero que sin embargo,
mediatiza la relación.
Se hace indispensable, a la hora de analizar las disímiles problemáticas
que surgen en el marco de la relación anteriormente mencionada, desarrollar
una cultura axiológica que permita solucionar éstas con un adecuado
grado de aceptación por parte de los implicados.
Una forma de corroborar lo anteriormente señalado lo constituye el análisis
de diferentes problemas inmersos en el proceso salud-enfermedad.
Analicemos el caso de la calidad de la atención médica a través
de la relación médico-paciente.
A través de esta relación, la calidad de la atención médica
puede parecer diáfana y clara en un análisis simple e inicial
del problema.
Cada persona, atendiendo al grado de desarrollo cultural que posee, interioriza
determinados patrones de valoración que le permiten establecer determinadas
expectativas en relación con la calidad de la atención médica.
El grado de desarrollo de esas expectativas puede ser infinito atendiendo al
proceso de formación de valoraciones que reflejan diferentes aspectos
de la interrelación del paciente en la atención médica.
Toda relación práctica del hombre con el mundo que le rodea posee
como base inicial la satisfacción de determinadas necesidades que constituyen,
a su vez, la fuente de la valoración. ¿ Cómo se manifiestan
estas necesidades a través de la relación entre el médico
y el paciente?
El grado de aceptación que siente el paciente cuando son satisfechas
sus expectativas ante la dolencia que lo aqueja, constituye la forma como sus
necesidades son resueltas. ¿ Cómo es que realmente el médico
llega a resolverlas?
A pesar de que los pacientes disponen de diversas vías para valorar
en qué medida la competencia técnica del médico y del servicio
de salud en general se está aplicando en su caso, y en esto influye grandemente
la experiencia precedente que este posee, la principal forma de análisis
se encuentra en la evaluación que éste hace del grado de interés
que el médico manifieste en su caso, y el carácter humano que
impregne en dicha relación interpersonal.
Las necesidades sociales básicas del paciente, inmersas en su mundo
valorativo, reflejan en él un modo de expresión y satisfacción
influido decisivamente por la situación de salud que enfrenta el sujeto
enfermo.
La necesidad de conocimiento del mundo y de sí mismo en el paciente,
se encuentra fundamentalmente dirigida a la comprensión de lo que sucede
con su salud. Este necesita poder valorar y comprender su estado de salud y
esto, en la mayoría de los casos, no se logra si no es tratado por el
médico en toda su dimensión de una forma valorativa.
En el caso de niños discapacitados que no tienen la capacidad de realizar
un análisis valorativo de su estado de salud y de la competencia técnica
del médico, solo el desarrollo de una relación afectiva, llena
de calor humano, es capaz de superar la falta de razonamiento lógico
de estos. Más aún, el proceso de valoración, que debe estar
presente en el médico y su equipo de salud, al analizar estos casos,
debe extenderse a la familia como ayuda inmediata para lograr un resultado más
efectivo en el tratamiento. En estos casos la relación médico-paciente
se extiende a la relación médico-paciente-familia, donde el proceso
de la valoración constituye la base fundamental de ella. El médico
y todo su equipo de salud, necesita de una nueva filosofía, en que se
tomen en cuenta cada una de las necesidades que tienen tanto el enfermo como
la familia y brinde no sólo la mucha o la poca ciencia que el caso permita,
sino en ocasiones ofrezca comprensión, apoyo y solidaridad humana ante
una situación irremediable. Esto no es más que una forma de valoración.
La causa de esta situación radica en que en el proceso de valoración
de la realidad por parte del hombre, no sólo influye en sus necesidades,
intereses y fines, sino también como parte fundamental de este estan
presenten las relaciones afectivo-emocionales que directamente se expresan en
la forma sensorial de reflejar el mundo circundante, y que en estos casos, desempeña
un papel fundamental.
Para este paciente, este componente afectivo-emocional adquiere una dimensión
muy grande, ya que el mismo se siente indefenso ante su problema de salud y
espera sólo del médico la posible solución a su afección.
La sociedad, en sus múltiples formas de manifestación y desarrollo,
exige de formas de regulación de la conducta humana.
Según el filósofo mexicano Eduardo García Maynez,
existen diversos órdenes normativos que históricamente han regulado
la conducta del hombre, estos son: 1) la moral; 2) la religión; 3) los
convencionalismos sociales; y 4) el derecho.
La complejidad de las relaciones sociales lleva aparejada la interconexión
de estas formas de regulación de la conducta social presentes en cada
una de las esferas de la vida en sociedad.
El derecho constituye una forma de regulación de la conducta humana
mediante normas y reglas de conducta de obligatorio cumplimiento y refrendadas
por el Estado.
La moral, regula la conducta de los individuos mediante patrones y formas de
comportamiento que generalizan las experiencias de las relaciones humanas.
La religión constituye una concepción del mundo que condiciona
la conducta del hombre y que se expresa a través de acciones determinadas
como cultos, que están basados en la creencia de uno o más dioses.
Los convencionalismos sociales se basan en un conjunto de numerosas normas
que atañen a los buenos modales, costumbres, etcétera.
A lo largo de la medicina y como resultado del objetivo eminentemente humanitario
de la misma, la labor del médico y los profesionales de la salud en general
ha estado regida por principios y requisitos ético-morales.
La ética es la ciencia que estudia la moral, ella se divide en ética
normativa y teoría de la moral. La primera investiga el problema del
bien y del mal, establece el código moral de la conducta, señala
cuales aspiraciones son dignas y cual es el sentido de la vida. La segunda,
investiga la esencia de esta última, su origen y desarrollo, las leyes
a que obedecen sus normas y su carácter histórico.
La ética profesional constituye la prolongación de la ética
general vigente en la sociedad.
La ética médica está constituida por normas y conductas
entre los trabajadores de la salud en sus elaciones con el hombre sano o enfermo,
entre sí y con la sociedad.
La deontología médica está constituida por deberes específicos
de los trabajadores de la salud.
El vínculo de la medicina con la ciencia y la tecnología, ha
generado nuevas formas de desarrollo de esta ciencia que, a su vez, encierra
nuevos problemas a resolver atendiendo a las múltiples posibilidades
que ésta ofrece en el cuidado y atención de la salud humana.
El principio ético rector de las ciencias médicas -primun non
nocere (no hacer daño)- y el humanismo expresado mediante la integralidad
de la atención del médico al paciente que incluye en sí
el respeto, la comprensión y el afecto, se resumen en la atención
terapéutica y humana a través de la valoración, la cual
a su vez implica un análisis casuístico del individuo enfermo.
Los principios éticos fundamentales y universales como el de no maleficencia,
autonomía y justicia en determinado momento de la relación médico-paciente
se particularizan atendiendo a la especificidad de cada caso.
La complejización de las relaciones sociales en la esfera médica
constituye un resultado del amplio desarrollo científico-técnico
introducido en ella.
A raíz de los años 70, con el surgimiento de la bioética,
se acrecenta la necesidad de una regulación jurídica de estos
principios mediante normas de obligatorio cumplimiento que, a su vez, fortalecen
y sistematizan estas formulaciones.
La bioética como ciencia fue fundada por Van Rensselaer Potter,
oncólogo, profesor de la Universidad de Wisconsin.
La bioética ha recibido varias definiciones como son:
El objeto de estudio de la bioética es la salud humana y la vida en
general. Su contenido está dado por discusiones clínicas, hechos
clínicos más valores.
La bioética tiene 2 direcciones de desarrollo: la ampliación
de su objeto de estudio (extensión a problemas sociales vinculados con
la salud, ambientales y relacionados con los animales de experimentación),
y la fundamentación teórica filosófica y ética,
que establece las bases generales que orientan el desarrollo de la reflexión
bioética en determinada sociedad o cultura.
Esto implica un cambio de paradigma en el análisis de los problemas
de salud, entendiendo por paradigma al estado que caracteriza la conciencia
de determinada comunidad científica.
Así hay una variación en los paradigmas médicos biomédicos
en médicos sociales, donde los paradigmas biomédicos conceptualizan
los procesos biopsíquicos humanos como procesos naturales, y los médicos
sociales conceptualizan los procesos biopsíquicos humanos como procesos
sociales históricos donde entra a formar parte la valoración.
A través del derecho médico se regula la actuación del
facultativo y sus relaciones con el resto de la sociedad, en forma de principios
generales como el de la buena fe, equidad, legalidad y justicia, lo cual es
posible partiendo del carácter humano inherente a la medicina que implica
una relación estrecha con el derecho. En toda sociedad, el hombre y su
integridad constituyen uno de los bienes de mayor protección legal. El
Estado, a través de leyes y normas, protege al menos de una forma teórica,
los derechos individuales de los ciudadanos, como son el derecho a la vida y
a la salud. (Artículo 49 de la Constitución de la República
de Cuba).
El propio desarrollo de la medicina lleva implícito un vínculo
cada vez mayor con la esfera del Derecho. Esto se explica atendiendo a que el
acto médico, que hasta hace poco era un acto esencialmente privado que
se enmarcaba dentro de un consultorio y sólo participaba el médico,
el paciente y a veces la familia, es ahora un acto que se desarrolla en los
marcos de un hospital o centro de salud y muchas personas intervienen en él,
utilizando en algunos casos los beneficios de la tecnología.
La Ley de Salud Pública o Ley No.41, aprobada el 13 de julio de 1983,
en su artículo 4, dispone que la organización de la salud pública
y la prestación de los servicios que a ella corresponde en nuestra sociedad
se basan, entre otros, en: "La aplicación adecuada de los adelantos
de la ciencia y de la técnica médicas mundiales". Esto constituye
una muestra real de lo anteriormente expresado en el caso de nuestro país,
al tener que aplicarse soluciones legales a distintos casos, surgidos como resultado
de dicho desarrollo tecnológico. La relación existente entre derecho
natural y derecho positivo constituye un problema de singular importancia en
la historia de la filosofía del derecho, el cual guarda relación
con el derecho médico.
Se denomina derecho natural según el filósofo mexicano Eduardo
García Maynez, a un orden intrínsecamente justo, que existe
al lado o por encima del positivo. Para los defensores del Positivismo jurídico
sólo existe el derecho que efectivamente se cumple en una determinada
sociedad y una determinada época. La diferencia entre ambos radica en
que el derecho natural vale por sí mismo, en cuanto es intrínsecamente
justo; el positivo, en cambio, es caracterizado atendiendo a su valor formal,
sin tomar en consideración la justicia o injusticia de su contenido.
Atendiendo a los criterios de H. Henkel, existen dos formas de derecho
natural: derecho natural absoluto y derecho natural de contenido variable o
cambiante. El derecho natural absoluto consiste en un derecho como un orden
de normas de validez general, supratemporal, dado previamente al hombre, y que
constituye un modelo inmutable para todos los órdenes jurídicos
positivos. El derecho de contenido variable lleva implícito diversas
concepciones como la que concibe al derecho natural como un derecho de una circunstancia
histórica concreta o la que lo concibe en relación con el concepto
de derecho natural, que hace referencia al acervo de normas culturales que sirven
de base a los ordenamientos históricos y que conduce hacia un derecho
natural de contenido cambiante ya que las normas que lo determinan pueden ser
entendidas como forma concreta de una cultura jurídica.
La justeza del derecho natural radica en una regulación justa de la
convivencia humana que se encuentra integrada por normas que se adapten a las
peculiaridades de los casos que deben resolver.
Partiendo de su objetivismo axiológico, para este filósofo mexicano,
la obligatoriedad del derecho no depende de los requisitos formales con lo que
intuya el legislador, ni del hecho de su efectividad en una sociedad determinada,
sino de la justicia de su contenido. Lo que determina, según sus puntos
de vista, la validez objetivamente de un precepto no depende de la forma o estructura
lógica del mismo, ni de las condiciones en que fue formulado, sino de
su materia. De aquí deviene el reconocimiento de que la determinación
de la justeza de un precepto es una cuestión filosófica y exige
la presencia de una axiología jurídica.
Es muy importante el reconocimiento de que una norma será considerada
válida u obligatoria, si ella establece prescripciones valiosas de acuerdo
con un cuadro axiológico objetivo. Al conjunto de las normas que poseen
validez en sentido axiológico, García Maynes lo denomina
derecho justo o derecho intrínsecamente válido.
La relación entre el grado de cumplimiento de las normas jurídicas
y su grado de justeza, radica en que en la medida en que los destinatarios consideren
que las normas son justas, así será el grado de cumplimiento de
las mismas, y viceversa; si se consideran dichas normas injustas, se tenderá
hacia la desobediencia y el desacato. Sólo a través de la valoración
que realiza el destinatario de dicha norma acerca de lo justo o no de la misma,
es que ésta se hará mayor o menor eficaz, atendiendo al grado
de aceptación y cumplimiento que él realice con relación
a ella.
De este modo, a través del proceso de valoración se vincula la
justeza de la norma, su grado de cumplimiento y su eficacia, que constituye
el elemento fundamental en el análisis de las normas en el derecho médico.
Cabe reconocer lo acertado de la valoración realizada por este autor
con respecto a la relación entre derecho natural y derecho positivo,
presente en la filosofía del derecho. La necesidad de la presencia de
una filosofía del derecho o de una axiología jurídica para
delimitar la justeza o no del Derecho por parte del autor, constituye uno de
sus principales méritos. El precepto justo para Maynez es el objetivamente
válido, y la validez del mismo consiste en el contenido de la norma.
Se reafirma el carácter valorativo de la misma de acuerdo con un cuadro
axiológico objetivo.
El reconocimiento del derecho justo o intrínsecamente válido
atendiendo a su sentido axiológico, debe constituir el punto de partida
en el análisis del derecho médico. La solución legal ante
determinado dilema médico nunca podrá ser una solución
formal exenta de valoración. Cada caso específico en la esfera
médica requiere de una valoración particularizada de los condicionantes
que requieren de una solución. Esta es la explicación lógica
racional de por qué un mismo problema no tiene una similar aceptación
jurídica en todos los países o momentos históricos concretos.
Aquí intervienen un conjunto de factores éticos, morales, culturales,
religiosos, ideológicos y hasta políticos, atendiendo a la idiosincrasia
del país en cuestión, que reflejan la diferencia en cuenta al
sistema de valores imperantes en cada sociedad y su particularización
concreta atendiendo al caso en cuestión. Otro elemento que se deberá
tomar en cuenta es el condicionamiento relativo e histórico concreto
que poseen los valores y que varían atendiendo a exigencias epocales,
lo que implica un cambio de estos al nivel social e individual particularizado
en el individuo concreto.
Una vez más se manifiesta la necesidad de un enfoque axiológico
en el análisis de los dilemas médicos, que no podrán ser
nunca los mismos, atendiendo al carácter humano presente en la relación
médico paciente.
Cada dilema médico lleva implícito una respuesta que no siempre
coincide y que por ello no necesariamente debe considerarse como injusta. Aquí
actúan los factores ya anteriormente mencionados que influyen en la conformación
de valores de cada región o época histórica. Un ejemplo
lo constituye la consideración del momento de la muerte. En su ponencia
al I Simposio Internacional de Muerte Encefálica, el doctor Daniel
Wickler planteó que "... el momento de la muerte se localiza
en el acontecimiento de la pérdida total e irreversible de la facultad
cognitiva del yo...". Este punto de vista ha sido interpretado como una
propuesta fascistoide en favor del exterminio y en contra de la identidad personal
de los dementes y los que se encuentran en estado vegetativo.6
En nuestro país se considera que una persona en estado de muerte encefálica
está muerta, el planteamiento del diagnóstico de muerte encefálica
tiene su fundamentación en el Decreto no. 139 de 1983, que es el Reglamento
de la Ley de Salud.
Todos estos elementos teóricos se han tomado en cuenta a la hora de diseñar el Programa de Filosofía y Salud que se imparte en la actualidad en las especialidades médicas. Se ha partido de la integración de los contenidos filosóficos con los problemas médicos y salubristas que se manifiestan a través de contenidos tales como:
- La concepción dialéctico-sistémica de la actividad.
- Problemas del sentido de la vida.
- Medicina e ideología.
- Sistema de valores y las concepciones de la ética médica y la
bioética.
- Problemas globales y su incidencia en la salud.
- Medicina y esferas del saber humano.
El Programa de Filosofía y Salud está estructurado a través de cuatro grandes temas que se imparten utilizando los medios activos de enseñanza como: la utilización de las técnicas de grupo o participativas, utilización de la técnica de video, etc. y que son:
- Tema 1. Individuo, sociedad y cultura.
- Tema 2. Política social y política de salud.
- Tema 3. Producción espiritual, medicina y salud.
- Tema 4. El enfoque social de la medicina y la salud.
La estructuración del pensamiento axiológico sirve como base para el estudio y desarrollo de la teoría de los valores y responde también a la necesaria fundamentación teórica (filosófica y metodológica) de la reflexión bioética.
Para tomar decisiones frente a los dilemas éticos es preciso contar
con una teoría basada en principios, modelos y valores que proporcionen
una adecuada metodología sobre la cual el profesional de la salud puede
regular su actuación.
Sólo bajo un condicionamiento axiológico es posible comprender
cabalmente la relación médico-paciente. Su creciente complejidad
determinada por el propio desarrollo de las Ciencias Médicas exige un
pensamiento valorativo.
The humanistic orientation of the health professional is the result of a process that should be developed along his training in Higher Education and that's why it is necessary an axiological thinking allowing him to understand the ideological basis of of his acting in his working activity to the light of the demands of this time. The convulsive period embracing the last century of the existance of humanity has been characterized by the caducity and crisis of many of the values (moral, aesthetic, religious, political, etc) that were considered eternal and immovable in previous periods. This has been conditioned by the presence of real and daily problems the society has to face and that have generated the appearance of new values and the conformation of systems of opposed values that contrast themselves even at the international level. As the own dynamics of the social development brought about the appearance of the axiological thinking, it is increasingly necessary in the medical thought an axiological interpretation of the questions approached in it and of the answers given to the problems arising in the health professional-patient relationship resulting from the development attained in the spheres of science and technique in the health sector. The teaching of values is a process that begins with the attention and education of the child in the family setting and extends to the University. For a health professional it is not only important to receive an education rich in values contributing not only to the strengthening of the humanistic formation, but also to understand completely the process of asessment underlying in the health professional-patient relationship.
Subject headings: ATTITUDE OF HEALTH PERSONNEL; PHYSICIAN-PATIENT RELATIONS; ATHICS, PROFESSIONAL/educacion; PROFESSIONAL PRACTICE/trends.
Recibido: 6 de septiembre del 2002. Aprobado: 12 de diciembre del 2002
América M. Pérez Sánchez. Escuela Nacional de Salud
Pública. Línea e I, Vedado. Ciudad de La Habana.
1 Doctora
en Ciencias Filosóficas. Profesora Titular.
2 Licenciada en Economía Política.
Asistente.