Vol.
9, No. 3 Mayo-Junio, 2005 ISSN 1028-4362
En
este número:
Vigilancia en
salud: Apuntes sobre su desarrollo histórico.
|
Vigilancia
en salud: Apuntes sobre su desarrollo histórico
Dra. Gisele Coutin Marie*
Antecedentes
históricos
El
concepto de Vigilancia en Salud como se conoce en la actualidad,
es el producto de una larga evolución cuyos orígenes
pueden remontarse a la antigüedad, pues la costumbre de observar,
registrar, recolectar y analizar hechos y a partir de ellos decidir
qué acciones tomar, ha sido atribuida por algunos autores,
al propio Hipócrates. Sin embargo, las primeras medidas
que pueden considerarse como acciones de vigilancia ocurrieron,
sin duda alguna, durante las grandes epidemias que asolaron a
Europa en los siglos XIV y XV de nuestra era, particularmente
la pandemia de peste bubónica que diezmó a la población
del mundo habitado de entonces y que desató tal terror,
que las autoridades sanitarias se vieron obligadas a tomar precauciones
para impedir la propagación de la misma, tales como prohibir
el desembarco de personas sospechosas de padecer la enfermedad,
establecimiento de cuarentenas para los barcos y el aislamiento
de casos (1,2).
Aunque el aislamiento de pacientes leprosos se practicaba desde
la época de Moisés, realizarlo en gran escala requería
de la existencia de una sólida organización gubernamental
y de servicios de salud rudimentarios, condiciones que se dieron
en las grandes ciudades de Europa y sobre todo en los puertos
de Venecia, Génova y Marsella, en los cuales se fundaron
los primeros lazaretos para apestados en 1403, 1467 y 1526 respectivamente
y donde además se establecieron ordenanzas que prohibían
las reuniones públicas durante los períodos de epidemias.
En la propia ciudad de Venecia surgió la idea de nombrar
al “Proveeditori de la Sanità”, funcionario encargado de
velar por la salud de la población, mientras que Palma
de Mallorca en 1475 se constituía la “Morbería o
Junta de Sanidad”, una de las primeras instituciones de su tipo
y que era responsable del control y la vigilancia de epidemias.
En 1546, Girolamo Fracastoro con su libro “De contagione et
contagiosis morbis et forum curatione”, dio un vuelco a la
interpretación de las enfermedades infecciosas y de las
epidemias, dejando en claro el concepto de enfermedad contagiosa
y las formas posibles de contagio, lo que contribuyó a
reforzar el concepto de la necesidad de aislar a los enfermos
y de proteger a los contactos. Sin embargo, las medidas tomadas
para la vigilancia y el control de epidemias durante los siglos
XVI y XVII fueron bastante arbitrarias y anticientíficas.
De ello dan fe las palabras de Ingrassias, historiador de la epidemia
de peste en la ciudad italiana de Palermo en 1665, quien proponía
Auro, foco et furcâ (dinero, fuego y horca) para
controlar las epidemias (3,4,5).
En el siglo XVII ocurrieron varios hechos importantes que tuvieron
gran influencia en el desarrollo de la vigilancia, al demostrarse
la utilidad del análisis de datos estadísticos en
Inglaterra, con el trabajo de John Graunt “Natural and Political
Observations made upon the Bills of Mortality of London”
publicado en 1662. En este trabajo Graunt definió las leyes
básicas de la natalidad y la mortalidad y además
desarrolló varios conceptos cardinales para la vigilancia
en salud, como los de tasas de mortalidad, tasas específicas
por causa de muerte y los patrones de mortalidad de una población.
Mientras que en Alemania Herman Von Leibniz en 1680, abogó
por el establecimiento de un consejo de salud y la aplicación
del análisis de los datos de mortalidad para tomar las
medidas de salud necesarias.
Durante el siglo XVIII se incrementaron las medidas de control
y en Francia aparece en 1712 el primer Reglamento dictando disposiciones
sanitarias para impedir la introducción de la peste. La
epidemia de Marsella durante 1720 provocó tal hola de protestas
y tuvo tal repercusión en el continente europeo, que en
España se creó definitivamente la Junta Suprema
de Sanidad, primera institución administrativa regular
de la historia sanitaria española, la cual posteriormente
se replicó en las colonias del continente americano, fundándose
la Junta Superior de Sanidad en Cuba en 1807. En 1779, en Alemania,
Johann Peter Frank publicó el primero de los seis volúmenes
de su obra “System einer vollständigen medicinischen
Polizey”, el desarrollo del concepto de Policía Médica
representó el primer intento de análisis sistemático
de los problemas de salud y del establecimiento de medidas gubernamentales
para la protección de la salud y se extendió a la
salud escolar, prevención de accidentes, salud materno
infantil y control de la calidad del agua y de los desechos líquidos
(6).
El término de Policía Médica o Policía
Sanitaria disfrutó de gran popularidad en todo el mundo
hasta finales del siglo XIX e inicios del XX, relacionado fundamentalmente
con el control de las enfermedades transmisibles y el saneamiento
del medio ambiente. En Cuba, durante la etapa en que Carlos J.
Finlay fungió como Jefe de Sanidad, se creó un Cuerpo
de Policía Sanitario destinado al control y aislamiento
de los enfermos de Fiebre Tifoidea, Difteria y otras enfermedades
infecciosas que eran atendidos en sus casas (7).
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La
Vigilancia en Salud en el siglo XIX
El siglo XIX se caracterizó por el auge de las estadísticas
sanitarias y William Farr tuvo mucho que ver con eso, pues durante
su etapa como “Compiler of abstracts to the General Register
Office of England and Wales” (1839—1879), hizo grandes aportes
a la vigilancia mediante la recolección, análisis
y evaluación de los datos de estadísticas vitales,
así como las publicaciones de los mismos.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, la realización
de las Conferencias Sanitarias, que nacieron de la necesidad de
reglamentar las cuarentenas e impedir la importación y
propagación de enfermedades, representaron otro impulso
para la vigilancia y aunque los acuerdos sanitarios internacionales
suscritos en ellas, no resultaron un compendio de todas las medidas
necesarias, su principal aporte fue que suprimieron definitivamente
las medidas extremas y las reemplazaron por sistemas más
sencillos. La primera de estas conferencias se realizó
en París en 1851 y en la conferencia del año 1892,
celebrada en Viena, se aprobó el Primer Código Sanitario
Internacional. El número de estados que suscribían
los acuerdos de las mismas fue aumentando progresivamente y en
la conferencia celebrada en París en 1911 participaron
cuarenta estados (8,9,10).
En América también se efectuaron estas conferencias
y en la 7ma Conferencia Sanitaria Panamericana que tuvo lugar
en la Habana, entre el 5 y 15 de noviembre en 1924, se aprobó
el Código Sanitario Panamericano, que tuvo entre sus fines
la prevención de la propagación de epidemias, la
adopción de medidas cooperativas entre países para
impedir introducción y propagación de enfermedades,
la uniformidad de la recolección de datos estadísticos
y de las medidas adoptadas, así como la estimulación
del intercambio de información (11,12).
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La Vigilancia en la época
contemporánea
En el Octavo Congreso Internacional de Higiene y Demografía
celebrado en París entre el 18 y el 21 de agosto de 1900,
se aprobó el Sistema Internacional de Nomenclatura de Enfermedades
y Causas de Muerte, más conocido como Clasificación
de Bertillon, que se aplicó en la mayoría de los
países y que se decidió revisar cada diez años
para garantizar su actualización. Este sistema para la
clasificación de enfermedades y causas de muerte representó
otro impulso para la consolidación de las actividades de
vigilancia a nivel mundial (13).
Hasta el inicio de la segunda mitad del siglo XX la Vigilancia
fue concebida como un conjunto de medidas relacionadas con la
observación de la evolución de enfermos con patologías
infectocontagiosas y del monitoreo de sus contactos y estuvo basada
en el control individual, aunque posteriormente, el término
se aplicó a la observación de enfermedades en las
comunidades, sobre todo después del Ensayo de Campo para
la vacunación antipoliomielítica en los Estados
Unidos en 1955, donde se demostró la utilidad de la vigilancia
para la detección de eventos adversos a la vacuna y la
identificación de los lotes causantes de estos, efectuada
por el Servicio de Inteligencia de Epidemias (EIS), creado durante
la Guerra de Corea en 1951 (14).
El término utilizado entonces para identificar la vigilancia
fue el de "vigilancia epidemiológica"
y se consideró que: "La vigilancia epidemiológica
no es más que una de las aplicaciones del método
epidemiológico y de un conjunto de técnicas y estudios
en la práctica médica rutinaria".
Con el transcurso del tiempo se fueron desarrollando varias definiciones
para la vigilancia epidemiológica:
“La observación activa y permanente de la distribución
y tendencias de la incidencia mediante la recolección sistemática,
la consolidación y la evaluación de informes de
mortalidad y morbilidad, así como de otros datos relevantes"
(Langmuir, 1973) .
“Un conjunto de actividades que permiten
reunir la información indispensable para conocer en todo
momento la conducta o historia natural de la enfermedad, detectar
o prever cualquier cambio que pueda ocurrir por alteraciones en
los factores condicionantes, con el fin de recomendar, oportunamente
sobre bases firmes las medidas eficientes indicadas, que lleven
a la prevención y control de la enfermedad" (Fossaert
y colaboradores, 1984)
"Se entiende como la comparación
y la interpretación de información obtenida de programas
ambientales y de monitoreo en salud, así como de otras
fuentes adecuadas, con el fin de proteger la salud humana a través
de la detección de cambios adversos en el estado de salud
de las poblaciones, los cuales se pueden deber a factores ambientales
peligrosos, todo ello con el fin de proporcionar la información
necesaria para una intervención efectiva" (OMS, 1990)
.
La Vigilancia constituye un proceso sistémico, ordenado
y planificado de observación y medición de ciertas
variables definidas, para luego describir, analizar, evaluar e
interpretar tales observaciones y mediciones con determinados
propósitos. El concepto de Vigilancia Epidemiológica
ha evolucionado hasta el de Vigilancia en Salud,
ya que este último es un reflejo de las necesidades actuales
de los Sistemas de Salud y en nuestro caso, una herramienta importante
para poder dar cumplimiento a las estrategias y programas del
Ministerio de Salud Pública. Por tanto, en Cuba, se utiliza
desde 1994, la definición de Vigilancia en Salud desarrollada
por el Centro para el Control de la Enfermedades (CDC) de Atlanta:
"El seguimiento, recolección
sistemática, análisis e interpretación de
datos sobre eventos de salud o condiciones relacionadas, para
ser utilizados en la planificación, implementación
y evaluación de programas de salud pública, incluyendo
como elementos básicos la diseminación de dicha
información a los que necesitan conocerla, para lograr
una acción de prevención y control más efectiva
y dinámica en los diferentes niveles de control".
La Vigilancia en Salud Pública
resulta esencial en el proceso de prevención y control
de las enfermedades y factores de riesgo y en la promoción
de la salud; es una herramienta vital en la ubicación de
los recursos del sistema de salud y en la evaluación de
la eficiencia de los programas de prevención y control.
Se convierte así en un elemento importante de la función
de evaluación, especialmente en la medición del
impacto, y es esencial para el desarrollo de políticas
apropiadas. El eslabón final en la cadena de la vigilancia
es la aplicación de los datos a la promoción de
la salud y a la prevención y el control (15, 16, 17, 18).
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Vigilancia
en salud en Cuba. Antecedentes históricos
Los antecedentes históricos más
remotos de la vigilancia en Cuba datan de 1509 en que se registra
cómo los behiques tenían la práctica de aislar
a los enfermos y proponer los sitios para el enterramiento de
cadáveres. A partir de 1544 la Iglesia asumió varias
funciones sanitarias, entre ellas las del registro de nacimientos
y fallecimientos así como los enterramientos en las iglesias,
el establecimiento y la administración de cementerios y
medidas frente a epidemias. La adopción de medidas frente
a epidemias fue función también de los Cabildos,
primera institución de gobierno que se instauró
en cada pueblo, quienes compartieron con la Iglesia las funciones
de administración de la salud en la Cuba de los siglos
XVI y XVII (19, 20).
El establecimiento definitivo del Real Tribunal
del Protomedicato, primera organización de Salud Pública
verdadera, el 13 de abril de 1711, el cual llegó a contar
con más de 100 delegaciones en todo el país, facilitó
un mejor control de las actividades de vigilancia, pues esta institución
tenía entre sus funciones las de regulación del
ejercicio de la medicina, supervisión de farmacias y la
orientación de medidas sanitarias en general (21).
Durante el siglo XIX se crearon las Juntas
Superior, Provincial y Locales de Sanidad como organismos de la
administración de la salud pública, las cuales tenían
como finalidad atender todas las cuestiones sanitarias. El 23
de Junio de 1813, se constituyó definitivamente la junta
de La Habana y la Santiago de Cuba y en 1814 se crearon las Juntas
Locales para los principales poblados de la Isla. Durante las
primeras décadas del siglo esta estructura sufrió
algunas modificaciones y finalmente la organización de
la sanidad colonial quedó estructurada de la siguiente
manera: una Junta Superior encargada de asesorar sobre medidas
sanitarias de todo tipo a aplicar en la isla y de recibir la información
estadística; Juntas Provinciales en Pinar del Río,
la Habana, Santa Clara, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba
y Juntas Locales en los principales pueblos.
Las Juntas de Sanidad aunque contaron con
escasos recursos económicos del gobierno colonial, realizaron
una labor digna de encomio, sobre todo durante las epidemias que
azotaron a Cuba durante el siglo XIX, muy en particular la de
cólera morbo del año 1833 . Entre las funciones
de las Juntas que permitieron una mejor vigilancia estaban: el
control de epidemias y epizootias, control en puertos, cementerios
y mataderos, además la recolección de datos de morbilidad
y mortalidad y la publicación de boletines. También
se ocuparon de la calidad de las informaciones recogidas y establecieron
los “Partes Sanitarios Mensuales” y los “Estados particulares
correspondientes a la mortalidad”, que las Juntas Locales y Provinciales
debían remitir a la Junta Superior. Gracias a estos documentos
los sanitaristas cubanos dispusieron de información suficiente
para el análisis y la vigilancia de eventos de salud (22,
23, 24, 25).
El sistema de salud de la colonia fue violentamente
sacudido por las dos Guerras de Independencia, y la población
del país estuvo muy afectada por el aumento desmesurado
de las enfermedades infecciosas, sobre todo durante la Guerra
del 1895-1898. El arribo del nuevo siglo, trajo consigo modificaciones
importantes de la estructura sanitaria del país y de sus
instituciones, lo cual redundó en beneficio de las actividades
de vigilancia. Durante la primera intervención norteamericana
se crearon varios servicios importantes para la Vigilancia: Inspección
Sanitaria de Casos, Servicio de Cuarentenas, la Sanidad Marítima,
el Departamento de Inmigración, el Servicio de Vacunas
y otros. Además se dictó por orden militar la obligatoriedad
de la vacunación antivariólica y se inició
la Campaña de exterminio del mosquito Aedes aegypti, que
permitió la erradicación definitiva de la enfermedad
en 1908 (26, 27, 28).
En 1903 Carlos J. Finlay asumió la
Jefatura de la Sanidad de la República de Cuba y en 1905,
junto con un conjunto de notables médicos cubanos, entre
los cuales se pueden citar Enrique Barnet, Juan Guiteras, José
López del Valle, Antonio Díaz Albertini, Arístides
Agramonte, Mario García Lebredo y Hugo Robert publicó
el “Manual de Práctica Sanitaria”, cuya primera parte está
dedicada a las Enfermedades de Declaración Obligatoria
y la segunda a la Profilaxis General y Saneamiento. Este manual
constituyó una magnífica muestra del desarrollo
alcanzado por la Salud Pública y la Epidemiología
cubanas. Mientras que el 22 de febrero de 1906 se aprobaba por
decreto presidencial el primer código sanitario cubano,
las “Ordenanzas Sanitarias”, que sentaban las bases legales de
toda la actividad sanitaria incluida la vigilancia (29).
El 7 de julio de 1924, el Doctor José
López del Valle, Director General de Sanidad de Cuba, invitado
por la Liga de la Cruz Roja Internacional pronunció una
conferencia en París, cuyas proféticas palabras
aún tienen vigencia en nuestros días (30):
“… Cuba, por su situación geográfica,
por su proximidad y relaciones constantes con países donde
reinan de manera endémica la viruela, el paludismo… y otras
enfermedades parasitarias, tiene que mantener activa y constante
vigilancia… nuestro territorio está constantemente amenazado
por la llegada de individuos infectados…”
A pesar de que Cuba había sido pionera
en el mundo de la unificación de todos los servicios de
la administración de salud en un solo organismo de carácter
ministerial, aprobado desde 1909, la Secretaría de Sanidad
y Beneficencia, el deterioro económico y la inestabilidad
política que caracterizaron la situación del país
durante el período de 1925 hasta 1940, afectaron las actividades
de la salud pública e implicaron también el deterioro
de la vigilancia. La promulgación de una nueva constitución
y la institución del Ministerio de Salubridad y Asistencia
Social, no implicaron modificaciones sustanciales en esta situación
pues la misma estuvo siempre a merced de los rejuegos políticos
de los gobernantes de turno (31).
Después de 1945 el debilitamiento
del sistema de salud pública nacional se hizo mayor. La
falta de organización, el estancamiento burocrático
de las instituciones, la corrupción gubernamental, la proliferación
de organismos autónomos y la existencia de diferentes tipos
de prestación de servicios (mutualista, privado y público)
entre otros aspectos, impidieron la toma de medidas efectivas
para la protección de la salud de la población y
afectaron de igual modo todas las actividades de la vigilancia
. Esta situación se mantuvo hasta 1959 (32, 33).
La Vigilancia en Salud
después del Triunfo de la Revolución
Con el Triunfo de la Revolución comenzó
una arrolladora transformación del país en todos
los ámbitos de la salud pública, incluido el de
la vigilancia. Desde los primeros años de la década
del 60 se desarrollaron programas contra las enfermedades infecciosas,
que constituían las principales causas de morbilidad y
mortalidad en el país. En esta etapa inicial tuvo un papel
determinante la creación e implementación de Sistemas
de Vigilancia, que hicieron posible alcanzar resultados exitosos
en el control de las enfermedades prevenibles por vacunas, en
el paludismo y la tuberculosis, entre otras. En 1960 se creó
el Servicio de Erradicación del Paludismo (SNEP), en 1961
el Sistema de Vigilancia de la Enfermedades de Declaración
Obligatoria (EDO), en 1979 se estableció un Sistema de
Información Directa (SID), con la finalidad de eliminar
algunas deficiencias del EDO y lograr el conocimiento inmediato
acerca de situaciones de alarma epidemiológica y para enfermedades
sometidas a vigilancia nacional e internacional, problemas sanitarios
de alimentos, problemas de higiene escolar y problemas de higiene
ambiental (34).
En 1962 se creó el Sistema de Vigilancia
del Agua de Consumo, en 1970 el de Vigilancia de la Calidad del
aire exterior, en 1977 el Sistema de Vigilancia Alimentaria y
Nutricional (SISVAN), en 1991 el Sistema de Vigilancia contra
el Cólera y en 1994 el de Vigilancia de la Salud Escolar.
Con el transcurso de los años se incluyeron otros sistemas
como el Sistema de Vigilancia de Enfermedades Transmisibles, con
sus subsistemas de vigilancia específicos (ERA, EDA, Hepatitis,
Meningoencefalitis Meningocóccica, Parálisis Flácida,
Tuberculosis, SIDA, Lepra, Enfermedades transmitidas por alimentos,
etc). Además otros con diferentes alcances y desarrollo
como: la vigilancia toxicológica, la red de monitoreo de
la calidad del aire, la vigilancia química y microbiológica
de los alimentos y la vigilancia relacionada con el programa de
control de vectores. Entre estos sistemas, es válido destacar
por su trascendencia histórico política, al Sistema
de Vigilancia creado para la reducción de la mortalidad
infantil, el que permitió junto con el cambio en las condiciones
de vida de la población cubana disminuir la tasa de mortalidad
infantil desde 38.7 por 1000 nacidos vivos en 1970 hasta 6.3 en
el año 2002. En total, más de 30 sistemas y subsistemas
de vigilancia (35, 36).
Durante el año 1991 el Ministerio
de Salud Pública elaboró un documento programático:
“Objetivos, Propósitos y Directrices para incrementar la
salud de la población cubana 1992-2000” en el que se definieron
metas y objetivos de salud hasta el año 2000 y se delineó
la estrategia para lograrlo. Esto implicó la necesidad
de monitorear determinados indicadores y de evaluar sistemáticamente
el estado de salud de la población, a mediano y a largo
plazo y a la vez establecer sus tendencias y evaluar el impacto
de los programas de intervención (37, 38).
Además para lograr la erradicación
antes del año 2000 de la difteria, tos ferina, tétanos
neonatal, rubéola, parotiditis, sarampión, hepatitis
B, sífilis congénita y la lepra, las que constituían
enfermedades transmisibles responsables de una parte de la morbilidad
de la población, se hizo necesario el montaje, monitoreo
y evaluación de Sistemas de Vigilancia que permitieran
medir en el tiempo la eficacia del trabajo de todo el equipo de
salud .
Las condiciones económico-sociales
que caracterizaron la situación del país en la década
de los 90 y en especial a los años 1993-1994, con las consecuentes
limitaciones en los recursos materiales y financieros, los cambios
ocurridos en los perfiles de riesgo, morbilidad y mortalidad de
los últimos veinte años, con un predominio de las
enfermedades no transmisibles, el deterioro ambiental y sus implicaciones
en la salud de la población, especialmente en las zonas
urbanas, y la emergencia de nuevos problemas como la Neuropatía
Epidémica, pusieron de manifiesto la necesidad de perfeccionar
los sistemas de vigilancia epidemiológica en todos los
niveles de la organización de salud, los sistemas de detección
activa y la capacidad de respuesta, de modo que permitieran identificar
cambios a corto plazo y ejecutar las alternativas de intervención
más rápidas, oportunas y eficientes.
La vigilancia efectuada por todos estos
sistemas, partía de la información que brindaba
el médico en el nivel primario de atención y se
había desarrollado básicamente a través de
una red de unidades de atención médica, higiene
y epidemiología, institutos nacionales, laboratorios de
química y microbiología así como los recursos
humanos disponibles para esa actividad en los diferentes niveles
del Sistema Nacional de Salud: municipal, provincial y nacional,
resultaba insuficiente y no estaba en condiciones de enfrentar
las nuevas necesidades del sistema (39, 40).
Las Unidades de Análisis
y Tendencias en Salud: Fortalecimiento de la Vigilancia en Salud
El perfeccionamiento de la vigilancia
trajo como consecuencia una mayor integración y un mayor
nivel de análisis y de utilización de la información
que ésta generaba; además, obligó al Ministerio
de Salud Pública a reformular algunos aspectos conceptuales
y estructurales de la vigilancia en consonancia con los conocimientos
existentes sobre la misma en el ámbito internacional y
en aras de lograr un mayor beneficio para la toma de decisiones,
sobre una base más científica en los diferentes
niveles y de acuerdo con la política de descentralización
de las instancias de gobierno. Entonces se tomó la decisión
de ampliar el enfoque hacia la Vigilancia en Salud Pública
y crear las Unidades de Análisis y Tendencias en Salud
(UATS) como instancias integradoras de toda la información
de la vigilancia en el nivel central y en todas las provincias
y municipios del país durante el período 1993-1995.
Estas unidades se concibieron como verdaderas
Unidades de Inteligencia Epidemiológica capaces de brindar
el conocimiento oportuno y relevante de la situación de
salud existente y prospectiva, con vistas a apoyar con una base
científico-técnica el proceso de toma de decisiones.
La Red Nacional de Vigilancia en Salud conformada incluye en la
actualidad, 14 unidades provinciales y 169 unidades municipales,
en las que trabajan más de 300 profesionales y técnicos
de diversas especialidades médicas y no médicas
(epidemiólogos, bioestadísticos, geógrafos,
sicólogos, sociólogos, veterinarios, matemáticos,
informáticos, especialistas de la ciencia de la información,
entre otros).
Durante sus 11
años de existencia las Unidades de Análisis y Tendencias
en Salud han tenido importantes logros, entre los que se pueden
citar: desarrollo de sistemas de vigilancia para múltiples
problemas emergentes (ejemplos de los más recientes son
el del Síndrome Respiratorio Agudo Severo, Dengue, Enfermedad
de Creutzfeldt–Jacob, el Virus del Nilo Occidental, entre otros);
la elaboración y diseminación de metodologías
de análisis de datos de vigilancia, de estratificación
epidemiológica y confección de pronósticos
para eventos de salud; la confección de Atlas de Salud
para todas las provincias del país y la elaboración
del Cuadro de Salud del país sistemática y periódicamente;
el establecimiento de metodologías nacionales para la evaluación
y vigilancia de la opinión de usuarios y prestadores de
los servicios de salud; participación en los puestos de
mando convocados para los principales eventos agudos que ha enfrentado
el país, como la epidemia de dengue y la campaña
de erradicación del mosquito Aedes aegypti; implementación
de la Biblioteca Virtual de Vigilancia en Salud, en el sitio web
de Infomed, la cual ha permitido el acceso de la comunidad médica
nacional e internacional a algunas de las principales fuentes
de información que generan las UATS.
Debe destacarse
como aporte esencial en estos años el desarrollo del Componente
Alerta-Acción del Sistema de Vigilancia en Salud, que a
través de los Reportes diarios de incidencias relevantes
de salud del país, los Reportes semanales de incidencias,
la Evaluación semanal del comportamiento esperado de eventos
de salud seleccionados, la Evaluación semanal del comportamiento
de la infestación por Aedes Aegypti , los Reportes técnicos
de vigilancia en una primera etapa con evaluaciones epidemiólógicas
rápidas(cualitativas o cuantitativas) y la Vigilancia Epidemiológica
internacional sistemática, oportuna y le han conferido
una connotación esencial y relevante en el proceso de Alerta
temprana y Respuesta oportuna ante el escenario sanitario nacional
e internacional (41).
Hoy, al arribar a su décimo aniversario,
las UATS al igual que el mítico gigante Argos, con sus
100 ojos alertas y vigilantes, constituyen un escudo para la protección
de la salud del pueblo cubano, y cada día hacen realidad
su lema:
“Ver después no vale, lo que
vale es ver antes y estar preparados”
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correspondencia a:
Dra. Gisele Coutin Marie
gisele.coutin@infomed.sld.cu
Espeialista 1er grado
Bioestadística. Msc Informática en Salud. Unidad
de Análisis y Tendencias en Salud
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Unidad de Análisis y Tendencias en Salud
Ministerio de Salud Pública
Calle 23 Esq. N. Plaza de la Revolución
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Edición: Lic. Nancy Sánchez Tarragó Consejo
Asesor:
Dr. Daniel Rodríguez Milord
Dr.
Jorge L. Martínez Pérez
Dr. Waldo Jorrín Ibáñez
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